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lunes, 8 de abril de 2024

Salón de la Fama del Futbol Americano Profesional Clase 2024: Dwight Freeney

 


Miembro del equipo ganador del Superbowl XLI este defensivo fue uno de los más agresivos en sus días y un íconos de los Potros de Indianápolis.

Armando Enríquez Vázquez

Otro de los defensivos en ser reconocido y ser parte de la clase 2024 del Salón de la Fama del Futbol Americano es el linebacker y ala defensiva Dwight Freeney.

Freeney nació en Hartford, Connecticut en 1980 sus años universitarios jugó para la Universidad de Syracuse, donde impuso récords de número de atrapadas de quarterback en su año final.

En 2002, mientras las Panteras de Carolina seleccionaban a Julius Peppers otro de los seleccionados este año, el onceavo jugador en ser seleccionado y el primero por los Potros de Baltimore fue Freeney. Dos grandes linebackers de la época y que también entran en el Salón de la Fama del Futbol Americano Profesional en el mismo año.

En su primer año logró 13 capturas del quarterback enemigo, 45 tacleadas y 1 asistencia. Provocó 9 fumbles y recuperó 1. Ese año Los Colts llegaron a la postemporada y perdieron en el primer encuentro contra los Jets de Nueva York. En ese juego Freeney capturó una vez a Chad Pennington, mariscal de campo de los Jets.

En la temporada de 2004 Freeney fue el líder de la NFL en capturas del mariscal de campo rival con 16. El domingo 4 de febrero de 2004, los Potros disputaron el Superbowl XLI con los Osos de Chicago. Los Potros iniciaron perdiendo en el primer cuarto, incluso Adam Vinatieri el encargado de los puntos extras y los goles de campo de los de Indianápolis fallo el punto extra del primer touchdown de los Potros. Esa tarde a pesar de que el equipo de Indianápolis conquistó el trofeo Vince Lombardi, Freeney tuvo una actuación bastante gris, solo recuperó un balón suelto.

Ese juego dio a Freeney el único anillo de Superbowl que tiene, pero jugó otras dos finales de la NFL; en febrero de 2010 Los Colts perdieron la edición XLIV del Superbowl en contra de los Santos de Nueva Orleans y en el controversial LI en 2017 cuando los Patriotas de Nueva Inglaterra remontaron y ganaron en tiempo extra a los Halcones de Atlanta por marcador de 34 a 28. Freeney vestía el jersey de los Halcones y esa tarde detuvo a Tom Brady detrás de la línea de scrimmage en una ocasión. De hecho Freeney tuvo mejores actuaciones en los dos Superbowls que perdió que aquel primero con los Potros

Dwight Freeney jugó con los Potros de Indianápolis hasta la temporada de 2012, un total de once años, antes de que en febrero de 2013 fuera notificado de su baja del equipo, ese año firmó contrato con los Cargadores de San Diego en ese entonces, permaneció con la franquicia dos años y después pasó a los Cardenales de Arizona, después de un año fue  contratado por los Halcones de Atlanta y finalmente en la temporada 2017 Freeney jugo media temporada con los Halcones Marinos de Seattle y la otra mitad con los Leones de Detroit.

En una entrevista posterior a su elección al Salón de la Fama Freeney confesó que el quarterback que más gusto le daba atrapar era Tom Brady. Al mariscal de campo de los Patriotas no le gustaba que lo capturaran y por lo tanto al sentirse en una situación difícil siempre se deshacía del ovoide, por lo que taclearlo era para Freeney una gran satisfacción. Mientras que con el que más se divertía era con Ben Rothlisberger de los Acereros por la gran movilidad y lo escurridizo que era.

 El 10 de noviembre de 2019 el nombre y el número 93 que portaba en su jersey fueron incluidos en el aro de honor en el estadio Lucas Oil casa de los Potros.


Imagen wikipedia.org

Fuentes: https://www.youtube.com/watch?v=bMyCgNAJjLY

                 https://pro-football-reference.com/players/F/FreeDw00.htm

                https://www.profootballhof.com/players/dwight-freeney/

martes, 23 de abril de 2013

Nunca.



No murió de la manera que a él le hubiera gustado, sin embargo, mi padre murió, como el gran ingeniero que fue, conforme lo planeado y en los tiempos que el estableció. 

Armando Enríquez Vázquez

Tratando de dejarle claro al destino y al Señor Pendejo, como lo llamó Sabines, que sabía bien contar sus recursos y optimizar en sufrimiento.
Hace casi sesenta años, cuando conoció a mi madre planeó pasar la vida con ella y tener siete hijos. Siete somos.  Hace tan sólo cinco años, planeó salir de la Ciudad que tanto le disgustaba para ir a morir a provincia y así lo hizo.
“Genio y figura… se hizo todo como Armando Enríquez dijo”,  Así se expresó uno de sus amigos durante el funeral.
Adusto, serio, cariñoso como pocos y generoso como nadie. A mi padre le debo el amor por la familia, por la historia, por el trabajo. Lo sibarita y lo tragón. Le debo el candado y lo franco, que a muchos les molesta. El gusto por el futbol americano y palabras como Guandajón, Bútago, Antiparras, y esa especial manera de medir los alimentos al pedir que le sirvieran un veinte de frijoles.
Joven, a sus setenta y seis años de edad, recorrió mucho mundo y vivió en Ciudad Juárez, Mexicali, Yuma, Monterrey, Detroit, Tokio, Bilbao, Buenos Aires, la Ciudad de México, Chihuahua y finalmente en Querétaro y sin embargo siempre consideró al Corrido de Chihuahua cómo homónimo del Himno Nacional.
El último viaje del que platicamos en diciembre pasado Tenía como meta el pequeño pueblo de Guerrero, Chihuahua. El objetivo era buscar los orígenes de la familia que había encontrado en el Mitico libro para la familia Los Patrircas del Papigochi. Ese viaje se quedó en el papel y en deseo.
Mi padre amó el cocido madrileño y las gorditas de chicharrón, la merluza negra y la sopa de fideos. Sus carros Ford, sus electrónicos Sony y sus cámaras Nikon. Mi padre que como gitano recorrió durante su infancia, sólo con mis abuelos el norte del país, siguiendo la construcción de las presas hidráulicas del país. Supo al casarse no sólo construir y hacer una gran familia, sino abrazar e incluir a mucha gente a los que convirtió en miembros de esa familia enorme que formó a lo largo de tantos años.
Mi padre al llegar un nuevo comensal a la mesa decía: “¡No preguntes si quiere, sírvele!”
No hay mejor homenaje que el espontaneo, sin ponerse de acuerdo todos sus nietos cambiaron sus fotos en el WhatsApp por fotos con su abuelo. Así de grande es también para todos ellos.
La madrugada del doce de abril pasado mi padre ya no despertó.
Hoy diez días después todavía no asimiló bien su ausencia, aun no puedo medir el alcance de la tragedia. Las desconsoladas palabras de mi hija Paula me regresan a la realidad con la llana franqueza que la caracteriza y que tanto admiro.
“Lo más triste es que ya no lo voy a ver nunca.”
Donde quiera que estés gracias.
 
Publicado en blureport.com.mx el 22 de Abril de 2013