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jueves, 26 de abril de 2018

Canoa en todo el país.




Nunca como ahora ser joven en este país tan violento ha sido tan peligroso.

Armando Enríquez Vázquez

En 1975 cuando se estrenó la película Canoa, el slogan en las carteleras era “En 1968 ser o parecer estudiante era más peligroso que ser delincuente”. Sólo habían pasado 7 siete años de la masacre y Luis Echeverría el orquestador del asesinato de los jóvenes en la Plaza de las 3 Culturas estaba a punto de salir de la política nacional dejando la estela negra del genocida que es. Canoa hablaba de cómo el discurso oficial y el de la intolerante iglesia católica mexicana exhortaron a la población más ignorante a temer al futuro del país y por extensión aniquilarlo.
Hoy que han pasado casi cincuenta años del suceso que conmovió y sigue indignando a gran parte de los mexicanos y que los políticos mexicanos y sobre todo los Priístas siguen minimizando y ocultando, el ser joven sigue siendo peligroso.
Durante los últimos tres sexenios la falta de políticas públicas reales que beneficien a los jóvenes ha provocado que una gran cantidad de ellos se dediquen al crimen organizado y no organizado, pues sus expectativas de crecimiento y mejora de su vida es nulo o poco alentador. Incluso en la tranquilizadora y evasora jerga oficial se creo la palabra Nini.
Tanto el PRI, como el PAN y sobre todo el PRD junto con Morena, antes integrantes del PRD, han contestado a este problema con programas populistas y demagógicos como becas que en nada resuelven el problema y sigue promocionando que los jóvenes busquen salidas económicas fáciles.
Aunado a ese problema que provoca que un gran número de los muertos del narcotráfico y/o del crimen sean hombres y mujeres jóvenes, existe un problema que en especial al gobierno de Peña Nieto le importa poco o nada y que ha crecido de manera alarmante durante su mandato de reformas estructurales fallidas: La desaparición de niños y jóvenes en el país.
El asesinato impune de estudiantes y el crecimiento de la trata de adolescentes parecieran no existir a los ojos de unas autoridades que han demostrado su incapacidad para llevar a cabo la única razón real de la existencia del Estado, la seguridad de los ciudadanos.
No son sólo los 43 jóvenes de Ayotzinapa que tanto reclaman una izquierda igual de demagógica y que al gobierno increpan a diario. No, se trata de más de doce mil niños, adolescente y jóvenes que no están mas en sus casas. En sus salones de clase. En los deportivos u lugares donde acostumbraban jugar y practicar deporte. Se tratas de miles de familias, amigos y compañeros destrozados por ausencia de un ser querido. La impunidad y la incapacidad de todos aquellos que desde un lugar en el aparato de la seguridad del país ha fallado en realizar sus labores la mayor de las veces por la mezquina corrupta actitud que desde la Presidencia de República permea hasta el más siniestro y estúpido de los policías que puede golpear impunemente a un joven como Marco Antonio Sánchez Flores y abandonarlo a su suerte sin que nadie en el gobierno haga nada por castigar con todo el peso de la ley a estos gorilas uniformados es una afrenta para todos los mexicanos.
La palabrería vacía de todos los políticos y sus propuestas de campaña demuestran como sus asesores y sus mentes no alcanzan a dimensionar realmente el problema que enfrentan los jóvenes mexicanos. No se trata de crear oportunidades, ni de dar becas, lo que importa es asegurarle al joven que va a salir de casa y regresar vivo todos los días.
Lo más preocupante de todo es que tras el primer debate entre los candidatos presidenciales no se ve que ninguno de los tres más importantes tenga una propuesta clara para atacar la problemática. López Obrador que cree que todo se arregla con dinero y ya tiene pensada una beca para los jóvenes, como le suele ocurrir no se da cuenta de la estupidez que encierran sus ocurrencias no pensadas, jamás el Estado podrá igualar las sumas que ganan los jóvenes dedicados al crimen. Meade no sale del discurso populista que enarbola las falsas banderas de las oportunidades a los jóvenes y a Anaya creo que ni siquiera lo escuché tocar el tema.
Sobre las buenas intenciones de López Obrador están la sombra de sus nexos con los abarca y la protección que el partido que el preside y dirige ha lanzado a favor del ex delegado de Tláhuac y nexos con el cartel que envenena a la juventud que estudia en Ciudad Universitaria. Sobre las Meade las nulas acciones del gobierno de Peña Nieto.
En México perdemos al futuro del país no sólo porque los criminales los están matando o utilizando, si no lo más grave porque los políticos y gobernantes lo permiten y lo avalan con su inacción e indiferencia.

jueves, 22 de marzo de 2018

Mujeres y necropolítica en México.



No se trata únicamente de feminicidios, existen de crímenes de otra índole contra las mujeres principalmente que el gobierno minimiza y pareciera justificar al ocultarlos. 


Armando Enríquez Vázquez

Conmemoramos a las mujeres en su día, hay quienes lo celebran y los que hasta cínicamente utilizan la fecha para desde lo políticamente correcto para quedar como unos “caballeros” o para ligar por anticlimático que esto parezca.
Todos sabemos que aparte de la importancia de la fecha y la necesidad de exigir que se cumplan la mayoría de las demandas de las mujeres, en materia social, laboral, de derechos, para el gobierno mexicano la fecha sólo es una oportunidad más para demagógicamente presumir cosas que rápidamente se pueden anular consultando los datos de las organizaciones serias sobre mujeres en México y el nulo actuar de los fierentes órganos de gobierno o de cualquiera de los tres poderes de la nación.
De acuerdo con Peña Nieto las mujeres nunca han estado mejor en México que en su sexenio. Lo cual es totalmente falso. De acuerdo con la ONU en México se cometen 7 feminicidios al día. Lo que lleva a la cifra récord de más 12, 800 mujeres asesinadas en México desde 2012. Los estados con el mayor número de feminicidios son: Colima, Chiapas, Zacatecas y Morelos, pero esto es en porcentaje porque lo números reales pondrían al Estado de México en un primerísimo lugar, el número de habitantes del Estado de México nada tiene que ver con la población de Colima o de Zacatecas. Los feminicidios se duplicaron desde que Peña Nieto gobernó la entidad y la nula acción de Eruviel al respecto han dejado un negro panorama a Alfredo del Mazo Maza quien como fiel escudero de los dos gobernadores evita hablar de dos municipios como Ecatepec y Naucalpan que están densamente poblados y donde los feminicidios han aumentado desde 2006.
El PRI, y el PAN en menor grado y hasta el PRD, han consentido de manera tácita, si no es que activamente, la violencia de género, la trata pero sobretodo la misoginia.
No se trata únicamente de feminicidios, existen de crímenes de otra índole contra las mujeres principalmente que el gobierno minimiza entregando de manera populista una tarjeta de salario rosa a las mujeres o hablando de igualdad de cuotas en puestos de elección popular.
El problema de la trata se a ha agravado en México desde los gobiernos y los líderes priístas, baste recordar los casos impunes de Mario Marín ex gobernador de Puebla y de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre.
De acuerdo con una investigación realizada para el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República y publicada en el periódico El Economista publicada el año pasado se calcula de manera conservadora que en México se dieron medio millón de casos conforme a las pocas cifras oficiales existentes, la mayoría de estos casos tienen como víctimas a jóvenes mujeres. La desaparición de mujeres en México es también alarmante y de acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia en México de 2010 a 2014 este delito creció en 974%. Y de acuerdo con datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio en el primer semestre de 2017 se contabilizaron 3,174 adolescentes desaparecidas únicamente en el Estado de México, Jalisco, Colima, Guanajuato y CDMX. Pero de los demás estados se carece de datos, aun cunado se tiene documentado el papel que Tlaxcala juega en la trata de mujeres. Pero al Senado y a los diputados y al Ejecutivo esto no importa porque no han hecho nada para combatirlo.
En México nada de celebrar, porque nos faltan muchísimas mujeres año con año víctimas del crimen organizado la mayor parte de ellas, de parejas machistas, de la misoginia y la falta de educación, pero sobre todo de un gobierno populista que no tiene empacho en decir estupideces para recordar la fecha, pero que en el papel y la realidad poco, muy poco ha hecho en defensa de la mujer. Que carece de una política de Estado para enfrentar lo que pasa día a día a las mexicanas.
Pareciera que desde los primeros asesinatos en Cd. Juárez hace ya casi dos décadas a la fecha el gobierno es parte de una política de eliminación de las mexicanas, aunque sea de manera tácita como dije al inicio.

publicado en blureport.com.mx el 14 de marzo de 2018

domingo, 1 de enero de 2017

De justicieros y desgobierno.




No es la primera vez que ciudadanos mexicanos deciden luchar en contra de todos aquellos que atentan contra su tranquilidad y patrimonio.

Armando Enríquez Vázquez

Ya sabemos cómo en nuestro país infinidad de cosas parecen ponerse de moda, buenas, malas o absurdas, entre las últimas de ellas, al menos en el área metropolitana de la Ciudad de México, es la aparición de ciudadanos dispuestos a enfrentar la inseguridad con sus propias armas a falta de una respuesta contundente de los gobiernos de Eruviel Ávila y Miguel Ángel Mancera. Desde el ajusticiamiento de los asaltantes del camión de pasajeros a la altura de la marquesa, los justicieros parecen haber cobrado fuerza, primero en los municipios conurbados de la Ciudad de México y ahora ya al interior de la misma. A pesar de que los populistas y demagogos encargados del gobierno y de la seguridad de ambas entidades, lo nieguen o evadan los temas.
Desde Naucalpan hasta la delegación Benito Juárez, la violencia en contra de la violencia se ha convertido en un asunto ciudadano, Los particulares toman las armas en sus manos y ejecutan a aquellos asaltantes que perturban la seguridad de la ciudadanía, con la solidaridad de quienes siendo testigos desaparecen o dicen no haber visto nada. Esto hace cada día más obvia inutilidad de los cuerpos policíacos y de justicia de los gobiernos del Estado de México y de la flamante CDMX (Marca Registrada), en donde la cantidad de cámaras en las calles y el famoso C4 no sirven, ni tienen curiosa y corruptamente, la misma eficiencia que las cámaras de fotomultas que tanto presume y quien sabe que tanto beneficien al Jefe de la CDMX (Marca Registrada), Miguel Ángel Mancera.
El caso extremo sucedió en San Miguel Totolapan, Guerrero, donde un grupo de ciudadanos hartos de la impunidad de los secuestradores de la región y de su líder por todos conocidos, incluidas por supuesto las autoridades, respondieron ojo por ojo al secuestrar a la mamá de Raybel Jacobo de Almonte, líder de los secuestradores conocidos como Los Tequileros, para negociar la liberación de un hombre secuestrado el fin de semana. Lo peor de todo es que la negociación que resultó un éxito, fue observada sin intervención alguna del mediocre gobierno de Héctor Astudillo, otro de esos gobernadores priístas que sirve para nada y para nada. Guerrero es hoy en día uno de los estados más violentes e inseguros de nuestro país. Una verdadera desgracia nacional.
El ejército es sin duda el chivo expiatorio de una política en la que los gobiernos estatales y municipales han decidido renunciar a dar seguridad a sus habitantes, mismos a los que friegan con sus lemas y mítines en cuanto inician los procesos electorales, pero a los que no dudan en convertir en la carnada de sus principales aliados en el crimen organizado, como hemos visto a lo largo de los años y de manera escandalosa en el caso de Ayotzinapa donde las redes entre PRD, PRI, Morena y los grupos criminales de la región son tan fuertes que el gobierno no ha podido dar una respuesta clara sobre la desaparición de los normalistas.
 Funcionarios en todos los niveles y poderes de la federación que cada día vez más demuestran su contubernio con el crimen organizado, deciden que la ciudadanía es sólo un daño colateral de sus negocios con la delincuencia a la que protegen. Por ejemplo en el caso de Guerrero, Héctor de Mauléon ha documentado en sus columnas de El Universal, lo infiltrado que se encuentran en el gobierno de Astudillo y el PRI de Guerrero por el crimen organizado, así como la impunidad que gozan priístas y criminales. ¿Cómo esperan los guerrerenses entonces que el gobierno de esa entidad les brinde seguridad y estabilidad?
Ni que decir de estados como Tamaulipas o Coahuila donde la paz desapareció hace mucho, algunos de los ex gobernadores de ambas entidades son requeridos por la justicia internacional por su clara alianza con el crimen organizado y protegidos por sus correligionarios en México desde la presidencia de la República.
Y así, en una guerra que hoy se critica desde el interior del partido en el poder, pero a la cual no se le ha modificado nada, a excepción de recursos, el ejército y la marina han intentado reestablecer la seguridad combatiendo a un enemigo y a muchos traidores que desde los gobiernos municipales y locales han sido los primeros en dar la espalda, emboscar y tener al crimen organizado al tanto de los movimientos de las fuerzas federales.
No es la primera vez que ciudadanos mexicanos deciden luchar en contra de todos aquellos que atentan contra su tranquilidad y patrimonio. En 2013, surgieron los grupos de autodefensas en Michoacán, un grupo civil tan exitoso que asustó no sólo al crimen organizado, si no al patético gobernador de Michoacán Fausto Vallejo que se encontraba aliado con ellos.   
Las autodefensas michoacanas no pudieron culminar su labor, gracias al gobierno federal y su enviado Alfredo Castillo quien se encargó de regresar el estado a las manos de los criminales. José Manuel Mireles, líder fundador del movimiento, se ganó ser el preso político más destacado de este sexenio de desgobierno por atreverse a organizar a parte de los michoacanos para defenderse, algo que tanto el gobierno federal y el estatal demostraron ser incapaces de hacer.
Los justicieros tienen a diferencia de las autodefensas, la ventaja de trabajar en solitario y con la solidaridad de aquellos a los que protegen de las acciones de criminales y delincuentes. Las autoridades lo único que están haciendo es callarse la boca junto con los medios porque el fenómeno los ha rebasado. Ha quedado al descubierto, una vez más, la total incompetencia de las policías, procuradurías, como la del Estado de México que en su incapacidad y su falta de honestidad acerca de los avances y descubrimientos en investigaciones, se limita en voz del Procurador del Estado de México a dar datos, pero no nombres ni certezas, narrativas creíbles como dicen los periodistas hoy. Ni cuerpos legislativos preocupados por investigar que está pasando al interior de los otros poderes.
Ya ni hablar del Procurador de la CDMX (Marca Registrada) porque como la mayoría de los funcionarios de Miguel Ángel Mancera, Rodolfo Ríos es mudo y desprecia el hablar con los medios mientras no sea a modo. Incluso es absurda la posición del Jefe de gobierno, representante del estado de derecho en la capital del país cuando justifica el actuar de un justiciero que con valor civil o frente a la divulgación de una foto se presentó a declarar frente a unas autoridades de la capital que seguramente no lo estaban buscando ya.
Es claro que no es lo mismo el crimen organizado que las bandas de asaltantes y ladrones solitarios, que pululan por el país, pero la fuerza de los ciudadanos organizados o trabajando desde el anonimato de una pistola es algo que debe preocupar a los gobiernos, porque lo único que pone de manifiesto son la incapacidad de las llamadas autoridades para proteger a la ciudadanía y la ingobernabilidad en la que vivimos actualmente.  

publicado el 19 de diciembre de 2016

domingo, 13 de noviembre de 2016

Cámaras de seguridad.




Las cámaras de seguridad son gran aliado en la seguridad, lo que ha sido demostrado en todos los países, pero en México, esas mismas cámaras funcionan de manera selectiva y a modo de los conveniencias de los funcionarios.

Armando Enríquez Vázquez

Una de las obligaciones irrenunciables del Estado es mantener la seguridad de los habitantes. Hoy a manera de eufemismo se dice en los medios que la percepción sobre la inseguridad por parte de los habitantes de México va en aumento. Tristemente no se trata de una percepción, la realidad es que este es sin lugar a dudas y de acuerdo a las cifras oficiales el más inseguro de los sexenios. El número de muertos, secuestros y asaltos crece mes a mes y los resultados de Peña Nieto y los miembros de su gabinete en materia de seguridad es muy pobre.
En ese cinismo que ha caracterizado a Peña Nieto y al definido por él como nuevo PRI, tanto el presidente de ese partido como diferentes funcionarios del gobierno federal han apuntado su dedo flamígero en dirección del ex presidente Felipe Calderón como responsable del estado de inseguridad y violencia en el que vivimos. Tanto Enrique Ochoa, como Renato Sales parecerían preparar argumentos para la campaña del 2018, cuando la realidad es que el actual gobierno ha demostrado ser una farsa en esos rubros, o peor aún, ciñéndonos a esas declaraciones se puede concluir que la actual inseguridad en el Estado de México, es responsabilidad de Peña Nieto y no de su actual gobernador Eruviel Ávila.
En el caso de la inversión que los gobiernos federal y estatales hacen en materia de seguridad la verdad es que la pobreza de los resultados es más que evidente y por lo tanto se trata de un despilfarro más del erario público.
Como ejemplo pongamos la CDMX (Marca Registrada) donde el Jefe de Gobierno presume de un sistema de cámaras de vigilancia, que no sirven para nada y cuando en las últimas semanas los diarios y medios de comunicación tradicionales hacen públicos una serie de videos donde se dan a conocer asaltos en diferentes zonas de la CDMX (marca Registrada) lo mejor que tiene que decir Miguel Ángel Mancera es que este tipo de videos dan una mala imagen de la Ciudad. Había que aclararle a Mancera que la creciente mala imagen de la CDMX (Marca Registrada) es por la incapacidad de su procurador para resolver casos importantes en esta ciudad, la corrupción del poder judicial de la capital y las prebendas que su gobierno da a grupos criminales en aras de mantener a los grupos clientelares del PRD y ejemplo claro es el documento insultante que entregó como borrador de una Constitución para la capital y en la que favorece a grupos criminales como las asociaciones de ambulantes.
Lo cierto es que la capacidad de las autoridades a todos los niveles para justificar su ineficiencia es proporcional a su falta de compromiso para brindar seguridad a los ciudadanos. El hecho de que entre las autoridades de la CDMX (Marca Registrada) y las del Estado de México siempre encuentren en el otro al responsable de violencia e inseguridad en sus entidades, solo pone de manifiesto la nula voluntad por resolver la situación o en el peor de los casos la negación a enfrentarse de los cuerpos policiales y de administración de justicia al crimen organizado.
Aquí y por eso es que debería ponerse sobre la mesa de discusión el crecimiento del área de la CDMX aunándole municipios como Naucalpan, Ecatepec, Atizapán, Culhuacán, Chalco, Nezahualcóyotl, Huixquilucan, entre otros, para poder manejar con una política única la zona metropolitana y no con esas vaguedades que permiten a los criminales valerse de las fronteras estatales para cometer sus fechorías con la anuencia de los policías de las diferentes entidades.
A raíz de la ejecución de cuatro asaltantes de autobuses de pasajeros y la aparición de sus cuerpos en La Marquesa, nos queda claro la ineficiencia y apatía de las autoridades del Estado de México y de la CDMX (Marca Registrada) por resolver de manera conjunta el problema, están más preocupados en encontrar al ciudadano ejecutor que en reconocer que la situación los ha rebasado y la ciudadanía se ha visto obligada a tomar la justicia en manos propias.
Pero también pone de manifiesto el hartazgo de los ciudadanos con la nula actuación de la autoridades, cuando no el contubernio de estas con el crimen organizado.
Hace también unas semanas Jorge Luis Preciado, senador por el PAN propuso legislar a favor de la de que los ciudadanos porten armas, lo que en sí parece un sinsentido y una aberración. Lo que quiere reconocer de manera oficial el senador es la incapacidad del Estado por brindar seguridad a sus gobernados y la claudicación de los legisladores, una vez más, a ser parte del gobierno y de soluciones inteligentes.
Para la diputada Lía Limón del Partido Verde, uno de los partidos menos transparentes y más serviles de la partidocracia, la solución está en la censura; en acabar con las narco series. Su pequeño cerebro le impide ver la magnitud del problema y la responsabilidad de todos los poderes de gobierno en él.
Para Presidencia de la República la visión es aún más pobre y por lo tanto se ha propuesto recortar el gasto dedicado a la seguridad nacional para 2017, cuando el país está en el camino de la ingobernabilidad.
Tanta inversión en cámaras de seguridad, tanto cacareo sobre la eficiencia de los cuerpos policiacos, vuelvo al ejemplo de la CDMX (marca registrada) donde los casos más importantes desde la llegada de Miguel Ángel Mancera continúan sin resolverse o se resuelven con argumentos sui generis como el de la modelo colombiana de la colonia Nápoles. Las cámaras son en efecto un gran aliado en la seguridad, lo que ha sido demostrado en todos los países, pero en México, esas mismas cámaras parecen funcionar de manera selectiva y a modo de los conveniencias de los funcionarios de la capital, son las cámaras ciudadanas operadas en celulares y puestas en las redes sociales las que se han encargado de mostrar a criminales y crímenes comunes en la ciudad, para enojo del incapaz Jefe de Gobierno.
Son esas cámaras, al igual que el justiciero anónimo de La Marquesa, quienes ponen en evidencia el estado de vulnerabilidad en la que se vive en México y son esas evidencias las que enfurecen a muchos corruptos funcionarios y jueces que se dedican a hacerse de la vista gorda frente a los crímenes o a soltar a ladrones, asesinos y narcotraficantes de manera casi inmediata a su detención para permitirles seguir delinquiendo, lo que solo demuestra como el sistema judicial es uno de los principales cómplices del crimen organizado en nuestro país. Si no basta ver cuántas veces habían ingresado los muertos de La Marquesa a diferentes penales.
Un ciudadano no se convierte en vengador anónimo porque así lo prefiera, lo hace como única manera de manifestar el hartazgo y a desesperación frente a un sistema de seguridad corrupto, incapaz e insuficiente. Un justiciero anónimo es el producto más evidente de un estado que no puede otorgar a sus ciudadanos. Es el resultado de lo fallido en el sistema de justicia de un sistema donde los jueces son más corruptos que los mismos criminales. La sociedad no sale a las calles de su comunidad para convertirse en autodefensas como respuesta de apoyo al gobierno, si no ante la ausencia del mismo. Hoy en México mientras los jueces liberan a narcotraficantes como Rafael Caro Quintero o  Ernesto Fonseca Don Neto, el gobierno convierte en preso político de un sexenio fallido en brindar seguridad a los mexicanos a un hombre como José Manuel Mireles, un mexicano que sólo organizó a otros ciudadanos para defenderse del crimen que el PRI con Fausto Vallejo a la cabeza del gobierno y de su hijo como negociador con el narco entregó al crimen organizado, un hombre que liberó a Michoacán y que se atrevió a enfrentar al prepotente y entreguista comisionado priísta Alfredo Castillo.
En México crecen los linchamientos, los ciudadanos que toman la ley en sus manos, pero para Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Mancera, Eruviel Ávila y todos los políticos lo importante es mostrar una imagen maquillada de México al exterior, porque para ellos aquí no pasa nada

lunes, 25 de enero de 2016

Canoa en la actualidad.



Han pasado casi cuarenta y ocho años del genocidio cometido en Tlatelolco, y en México ser o parecer joven continúa siendo uno de los mayores delitos que se pueden cometer.

Armando Enríquez Vázquez

 En 1968 ser o parecer estudiante era un crimen. Así decía el cartel publicitario de la película Canoa, dirigida por Felipe Cazals y escrita por Tomás Pérez Turrent. Canoa narra los trágicos sucesos ocurridos en la comunidad de San Miguel Canoa en el Estado de Puebla el 15 de septiembre de 1968, cuando bajo el mando del cura del lugar los habitantes del pueblo lincharon a cinco trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla, creyéndolos estudiantes comunistas. La película se estrenó apenas ocho años después del crimen, en un México que conociendo la represión efectiva que ejercía el gobierno de Luis Echeverría, tenía muy presente la calidad del asesino y cómplice de la masacre del 2 de octubre también de 1968, que el PRI había sentado en Los Pinos.
Han pasado casi cuarenta y ocho años del genocidio cometido en Tlatelolco, y en México ser o parecer joven continúa siendo uno de los mayores delitos que se pueden cometer. Hoy no son los estudiantes las únicas víctimas, ni sus filiaciones ideológicas, si no todos aquellos que aún tienen y gozan de un futuro y de la inocencia. El número de ninis sigue en aumento, la desaparición forzada muy presumiblemente con fines de trata de jóvenes en nuestro país es muy alta y lo mismo sucede en el caso de niños y adolescentes que ven el crimen organizado la única manera de obtener los supuestos beneficios económicos que la educación en su estado actual jamás le darán.
Satanizar a la juventud, sus ideas, sus ideales y su rebeldía es la salida más fácil de una sociedad conformista y en nuestro caso la mejor manera para justificar lo injustificable; la complicidad del Estado en la desaparición de jóvenes en todos los estratos económicos de nuestra sociedad, el encubrimiento y complicidad de las autoridades e instituciones con el crimen organizado. Recordemos el caso de Mario Marín y la pederastia que promovió en Puebla.
Los 43 de Ayotzinapa, son tan sólo la punta del iceberg de una realidad que nos debería doler a todos, que nos debería indignar; obligarnos a exigir soluciones y detenciones entre los políticos que sirven de tapaderas de estos crímenes. Porque después de quince meses de impunidad y estupidez oficial en el caso de los normalistas guerrerenses, no es el único, no se trata de un caso aislado. El número de mujeres jóvenes, adolescentes y niñas cuyas fotografías aparecen pegadas en los pizarrones de las estaciones del Metro, en los monitores de las estaciones del Metrobús, en las pantallas de Canal Once, en las portadas de los periódicos rojos y ocasionalmente en las estaciones de radio, debería preocuparnos a todos.
En el más reciente caso que se ha dado a conocer a nivel nacional, el gobierno de Veracruz ha demostrado su incapacidad para investigar y resolver de manera rápida, a pesar de haber detenido a varios de los policías involucrados, lo sucedido a cinco jóvenes que hacían uso de uno de nuestros derechos constitucionales; transitar de manera libre por nuestro territorio. Los policías al parecer secuestraron a los jóvenes, una adolescente de 16 años entre ellos y los entregaron a un grupo criminal. ¿A cuál? Quien sabe, así de eficiente es la fiscalía veracruzana.
Lo terrible, si es que todavía puede haber algo peor, es que como en el caso de Ayotzinapa al tratar de tapar un hoyo se descubre otro. Se anuncia el descubrimiento de fosas en Veracruz con un número de cuerpos que supera al de los desaparecidos, pero el hecho queda en eso, en un macabro hallazgo. Parece qué tanto para las autoridades estatales como federales, el que aparezcan cuerpos es un accidente más en la investigación, pero todos esos cuerpos en algún momento fueron mexicanos y alguien los debe de haber llorado y echado de menos, familiares que se han enfrentado a las negligentes y prepotentes autoridades. Aunque también, es cierto que en muchos de los casos nadie reclama los cuerpos por estar involucrados con el crimen organizado y tratar de evitar represalias, la realidad es que el número de levantones y secuestros como suceden en Guerrero no sólo puede implicar a delincuentes o de otra manera entonces la mayor parte de los habitantes de los pueblos del estado están habitados por delincuentes, lo cual es absurdo.
México se ha convertido en una enorme fosa donde miles de mexicanos son enterrados anualmente y a nadie parece importarle el asunto. Incluso ante el aumento de homicidios en la capital del país, las autoridades tienen una repuesta fácil y estúpida: En la Ciudad de México la mayoría de los asesinatos se dan entre particulares, en riñas, no son consecuencia del crimen organizado. Esa es la manera de razonar de Miguel Mancera y su séquito de tontos.
No importa lo que digan el presidente y sus paleros; en México la impunidad permite el crecimiento del crimen a todos los niveles.  Al presidente y sus funcionarios les preocupan más los guiones telenovelescos y en lugar de hablar y decirnos donde está el dinero del Chapo, prefieren los reflectores que implica la nota rosa de acusar a Kate del Castillo. La canciller minimiza las alertas de viaje del gobierno norteamericano, diciendo que estas alertas son algo común, claro que lo que evita decir es que son comunes en los países que representan un peligro para viajar y México lo es. El más reciente caso es el de los surfistas australianos desaparecidos en Sinaloa.
Si lo pensamos un poco, resulta perfectamente entendible, porque el presidente Enrique Peña Nieto en otra de sus ocurrencias que hasta parece servilismo, otorga una condecoración como la Orden del Águila Azteca a un dictador asesino como lo es el Rey Salman bin Abdulaziz al Saud de Arabia Saudita, si está acostumbrado a perdonar criminales como Humberto Moreira y Rafael Caro Quintero, si a lo largo de sus tres años de desgobierno ha premiado a personas como Fidel Herrera con un consulado en España.

publicado en blurreport.com.mx el 21 de enero de 2016.

jueves, 26 de febrero de 2015

Desaparecer a México.


Las cifras oficiales y extraoficiales no mienten a diferencia de las autoridades.

Armando Enríquez Vázquez

¿De que se extrañan los funcionarios de nuestro gobierno cuando la ONU dice que en México las desapariciones forzadas están generalizadas en gran parte del territorio nacional? ¿Cómo se atreven a mostrarse molestos por la respuesta del organismo internacional a los datos amañados que la cancillería presentó en Ginebra?
Yo quiero invitar a los secretarios de Gobernación y Relaciones Exteriores a caminar por cualquier estación del metro de la Ciudad de México para que se den cuenta de la cantidad de comunicados  del Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA) que están pegados en los pizarrones de comunicación con mexicanos de todas las edades que no están en sus casas. Qué vean cuantas veces aparecen diferentes llamados de la Alerta Amber en los canales de televisión pública. Qué revisen a las fuentes serias que constantemente mandan mensajes en las redes sociales sobre personas desaparecidas.
¿Qué no leen los periódicos de nota, para darse cuenta que más allá de los cuerpos que a diario aparecen en Estado de México, el país está lleno de fosas con cadáveres que carecen de una identidad?
Creo que es  muy significativo y a la vez muy aterrador que exista una generación de futuros mexicanos considerando posibilidad de desaparecer como algo normal.
En noviembre de 2014 el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED) dio a conocer que el año pasado fue el peor en cuanto a número de desaparecidos en la historia de México. Hasta octubre de 2014 el RNPED recibió 5,098 denuncias por desaparición. Esto es que lejos de vivir seguros los mexicanos, vivimos en un estado fallido que cada día pierde más terreno frente al crimen organizado. Lo más triste e indignante es que este registro forma parte de la Secretaria de Gobernación, entonces ¿Por qué se molesta el Secretario del ramo con las recomendaciones de la ONU? ¿Qué no sabe a lo que se dedican las diferentes aéreas de la dependencia a su cargo?
Cinco mil desapariciones fueron denunciadas en diez meses. ¿Cuántas no lo fueron?
En México todos los días hay ciudadanos que desaparecen, víctimas de la incapacidad del gobierno de proteger a la población. Víctimas de una política de seguridad que lejos de proporcionar a los mexicanos la tranquilidad, se ha dedicado a señalar con un dedo temeroso a todos los posibles culpables sin actuar en su contra ni por equivocación.
Un gobierno que incapaz de reconocer a las fuerzas del orden, ha sido sobrepasado por la iniciativa privada que salió al paso y la defensa del ejército antes que el gobierno federal. El presidente tuvo que rectificar y hablar bien de las fuerzas armadas esta semana.
Un gobierno federal que en casos como el de Michoacán ha decidido actuar en contra de los ciudadanos y a favor de los grupos del crimen organizado. Un gobierno empeñado en minimizar lo que pasó en Iguala y que va más allá de la desaparición de los estudiantes, en Guerrero el problema del crimen organizado y de la represión no radica en un presidente municipal que después de meses de haber sido detenido al parecer no ha dicho nada y la autoridad competente, en este caso la rápidamente fatigable PGR, parece no estar preocupada por obtener una declaración del corrupto exfuncionario o no nos ha dicho nada de lo que este personaje haya confesado, a diferencia de todos los sicarios de medio pelo que de manera casi inmediata confesaron todos los horrores cometidos para conveniencia de las autoridades. No el problema va más allá de la esfera municipal y a pesar de ser obvio ninguna autoridad parece querer darse cuenta y no termina con el corrupto ex gobernador y su familia.
En México desaparecen personas en Chihuahua, en Tamaulipas, en el Estado de México, todos los días. ¿Dónde están César Duarte, Egidio Torres y Eruviel Ávila, los tres gobernadores miembros del partido oficial y cuyas entidades están en la misma situación o a veces peor que Guerrero y Michoacán?, la política del presidente Enrique Peña Nieto, sus funcionarios y mercadólogos se han centrado en atacar las plazas perredistas ignorando las priístas o los estados de Jalisco y Coahuila que también siendo gobernados por priístas se encuentran a la cabeza en la lista de desapariciones desde 2007.
Una gran parte de estas desapariciones forzadas tiene que ver con la trata de personas. Ese lado B del crimen organizado que el gobierno no quiere reconocer, ni atacar. Porque desde hace más de una década personajes del PRI se han visto envueltos en este tipo de delitos sin que el instituto político, ni sus miembros se atreva a señalar a personajes tan deleznables como Mario Marín o Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, quienes han sido descubiertos como pederastas y tratantes de blancas, sin que ninguno de los dos este en la cárcel o haya enfrentado un proceso legal o ni siquiera haya sido expulsado del partido político.
En ese sentido habrá que reconocer al gobierno de la Ciudad de México que inició cerrando antros en los que se sospechaba de trata, pero estas acciones se detuvieron y no han atacado lugares como las calles del centro donde es claro que se ejerce la prostitución.
Otro número importante de desapariciones están relacionadas con secuestros y el asesinato de los secuestrados.
En el México de la simulación, el cinismo y la corrupción me temo que los funcionarios pretendan hacernos creer en un futuro no muy lejano que los mexicanos desaparecen por arte de magia, combustión espontánea o por mala leche. Hasta la fecha el número de desapariciones las investigaciones en el caso de las desapariciones por las instancias locales y federales tan solo alcanzan el 1%.
La crisis económica que se vislumbra tras las elecciones y la desaparición diaria de decenas de mexicanos parece que pondrá próximamente a los mexicanos en la lista de las especies en peligro de extinción.

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martes, 23 de diciembre de 2014

De género.



Uno de los problemas crecientes en nuestro país y el clima de inseguridad está en los feminicidios y la falta de interés del gobierno por resolver estos crímenes.


Armando Enríquez Vázquez

Hace ya muchos años, décadas que en México se nos quiere hacer creer que desde el poder existe una política de defensa y promoción de los derechos y la igualdad de las mujeres. El colmo del cinismo oficial en los diferentes niveles de gobierno, ha llegado a crear institutos y organismos para las mujeres tanto a nivel federal como a nivel estatal, que son bonitas oficinas con funcionarias que no actúan acorde a la realidad del país sino a los que les dicta el poder. En el marco de una igualdad demagógica se proclaman acciones anti constitucionales como establecer cuotas de género para candidaturas y cargos públicos. Sin embargo al más importante de los problemas que tenemos en México en cuanto a género se refiere sigue siendo ignorado y muchas veces es obviado por las autoridades, federales, estatales, locales, eso sin contar al caso omiso que desde el poder legislativo de la nación.
Me refiero a los feminicidios, en México de acuerdo con un informe del INEGI, entre 2007 y 2013 la tasa de feminicidios en nuestro país se disparo de 1.9 a 4.4 casos por cada cien mil mujeres. Lo que da como resultado 14,955 mujeres asesinadas en  siete años, falta la estadística de este 2014.
Estas cifras son superiores, casi en un 100% al promedio mundial de feminicidios dado a conocer por la ONU a través de su oficina contra la droga y el delito. (UNODC, por sus siglas en inglés).
El Estado de México, Chihuahua y Guerrero, fueron durante ese período los estados donde un mayor número de mujeres fueron asesinadas. El Estado de México durante los años del gobierno del actual Presidente de la República que ya desde eses entonces ignoró el problema.
Existen diferentes voces que en el último mes le han  pedido al Congreso de la Unión, así como al gobierno federal y los gobiernos estatales declarar una alerta de género en diferentes estados de la federación.
Esto es porque existen ciertos patrones en algunos de estos feminicidios que harían creer al más obtuso de mente que algo está podrido en Dinamarca, o en este caso en nuestro país. Por ejemplo el hecho de una de cada tres mujeres agredidas en nuestro país sea agredida por personas diferentes a su pareja sentimental, seis mil de los casi quince mil asesinatos de mujeres se llevaron a cabo en la calle o en una carretera, esto es sus cuerpos fueron abandonados o tirados en estos lugares. Más de la mitad del total de las víctimas fueron mujeres de entre 15 y 34 años de edad.
Sin embargo, el silencio tanto de autoridades, como de legisladores y del poder judicial, los convierte en cómplices de los crímenes de género y que parecieran estar ligados a la trata y al crimen organizado más que a simples asesinatos del fuero común.
Pero esto, tristemente no puede sorprendernos, cuando el partido en el poder ha defendido a pederastas como Mario Marín y proxenetas como su presidente en el D.F. Cuauhtémoc Gutiérrez   de la Torre. El PRI ha sido incapaz desde su papel como autoridad estatal, local y federal de proteger a las mexicanas de estos crímenes desde los tiempos de los primeros feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Por otra parte el recién nombrado ombudsman mexicano Luis Raúl González Pérez dijo frente al presidente Peña Nieto que México no puede volver atrás, ni debe recuperar la engañosa normalidad previa a los indignantes hechos de Ayotzinapa y Tlataya. La verdad es que esa realidad anómala, manipulada, llena de oscuros y terribles acuerdos existe en nuestro país desde hace décadas. Que la manipulación de cifras, datos e información es uno de los pocos rubros en los que a lo largo de más de ochenta años los gobiernos de la República, los estatales y los locales han sido eficientes. En creer sus propias mentiras y en proteger a personajes muy cuestionables de la sociedad y la política. En los años y meses pasados no sólo están los ejemplos de los priístas, sino los panistas teniendo fiestas con narcotraficantes, de la defensa de a aquel hermano incómodo de Leonel Godoy, Nadie investiga si son ciertos los rumores que corren hasta en las redes sociales acerca de Gerardo Fernández Noroña financiando a grupos radicales y violentos.
Da vergüenza y provoca indignación escuchar los anuncios publicitarios de las cámaras de diputados y senadores cuando hacen mención a la equidad de género y verlos no hacer ni siquiera un pronunciamiento contra los feminicidios en nuestro territorio.
La gran excepción es Rosy Orozco que desde la tribuna legislativa en el sexenio de Felipe Calderón intentó promover legislar en contra de la trata, una labor que ha llevado a lo largo de su vida.
Son nuestras hijas, esposas y madres las que están en peligro cada vez que salen a las calles de México, para muestra están las dos estudiantes asesinadas la semana pasada en la Ciudad de México. Las decenas de crímenes que mensualmente se cometen en los municipios de Ecatepec y de Nezahualcóyotl, en el Estado de México. Las protestas de los habitantes de dichos municipios son ignoradas por el gobernador Eruviel Ávila de manera sistemática. Feminicidios que continúan sucediendo en  Ciudad Juárez y curiosamente, y de acuerdo con el INEGI, en los municipios de Acapulco, Chilpancingo e Iguala del Estado de Guerrero.
Los agravios contra la ciudadanía en nuestro país son muchos y muy graves. Pero desde la vista de los tres poderes de la nación parecen ser insignificantes y tolerables. Lo peor es que aun así tienen el descaro y el poco tacto político de decirse sorprendidos por las manifestaciones públicas en México y el mundo denunciando una política de estado que no ha funcionado ni funcionara mientras estos sordos y cansados misóginos sigan en el poder. De acusar a los ciudadanos de querer violentar el país y de separarnos a los mexicanos cuando ellos han sido históricamente los principales desestabilizadores de la economía y la armonía nacional.

publicado en blureport.com.mx el 17 de diciembre de 2014.
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martes, 15 de febrero de 2011

Se busca, Elementos de guerra fincada en el pasado.

Armando Enríquez Vázquez

¿Están los gobiernos combatiendo como se debe a la delincuencia y cómo se está previniendo y protegiendo a la sociedad?

Hoy la percepción entre la ciudadanía es que la inseguridad es mayor que nunca.
En medio de la guerra contra el narcotráfico, la trata de personas y el aumento de la pornografía infantil, sabemos que como individuos somos más vulnerables que nunca. Hoy es cuando el estado mexicano debe estar a la altura de sus enemigos y hacerles frente con la mejor tecnología y la forma más rápida y efectiva para alertar y poner a sus gobernados en alerta.
La partida presupuestal para la seguridad es la más alta en la historia del país, sin embargo, la queja entre los elementos de las corporaciones a lo largo y ancho del país sigue siendo la misma. Un sueldo irrisorio, una armamento deplorable, una capacitación nula junto con una exigencia por resultados sin precedentes. Hace poco un elemento de la policía estatal de Zacatecas decía durante una manifestación por mejoras en las condiciones laborales que su jefe, el nuevo director de seguridad del estado, les decía que no podía confiar en los elementos a su cargo hasta que el número de muertos de la corporación le demostrara que eran elementos que no filtraban la información. Una muy “inteligente” estrategia que permite el asesinato de las fuerzas del orden del estado. ¿Por qué habría la muerte de policías demostrar que es una corporación segura, también podría demostrar que el Jefe de la seguridad estatal es capaz de matar a todos sus subalternos limpios con tal de infiltrar la plaza.
Hace menos de un mes un hombre defendió su casa y a los suyos en Ciudad Juárez, mató a tres hampones que entraron en su propiedad, fue detenido de acuerdo a derecho y finalmente la semana pasada fue liberado por la justicia, a la puerta de su casa ya lo esperaban los sicarios y fue asesinado junto con su esposa. Los hermanos de la activista juarense asesinada hace un mes fueron levantados a principios de la semana pasada como represalia por querer esclarecer el asesinato de su hermana. ¿Acaso nadie sabía a qué banda pertenecían los primeros sicarios? ¿A nadie se le ocurrió que este hombre podía ser víctima de un atentado que debía de ser vigilado? ¿Nadie en Chihuahua está seguro después de ser víctima de la mafia? La respuesta es obvia. Pero no sólo es Chihuahua, una muchacha desaparece de la UNAM y la última persona que la ve ni siquiera es detenida o cuestionada a fondo por la autoridad. Se cree que está viva pero ninguna autoridad del Distrito Federal l hace nada por investigar. Según el procurador mancera la capital del país es casi o más segura que lo que en su momento lo fue Foxilandia.
Todos los días oímos al vocero de seguridad nacional, al presidente, a los gobernadores minimizar el problema. El secuestro, la extorsión, la trata de personas, los narcobloqueos son sólo parte de la respuesta de los grupos del crimen organizado que van perdiendo la guerra, los ciudadanos no sólo debemos entender, ajustarnos, sino que debemos ser parte de la solución. Se nos pide se nos exige ser buenos ciudadanos y buenos mexicanos, pero la suspicacia congénita del mexicano nos pone en máximo estado de alerta y de desidia. En menos de dos meses hemos visto a la gente de la sociedad civil de Chihuahua ser aniquilada por los grupos reales de poder en el estado. Enfrente de las propias autoridades locales, de los tres poderes del estado que sirven como dicen por allá para dos cosas; para nada y para pura ch…. o a lo mejor si sirven pero a los grupos de poder real.
¿Cuántos casos de impunidad y de corrupción de los órganos de gobierno debemos de vivir para que alguien haga finalmente algo?
Hace un par de semanas apareció en varios periódicos de circulación nacional un comunicado de prensa de la PGR con los retratos hablados de varios delincuentes y la recompensa que se ofrece por la información que lleve a su captura. Es entonces cuando me pregunto ¿Cómo es posible que se asegure que vamos ganando la guerra?
Los retratos hablados eran sencillos y burdos dibujos a lápiz. Como los que desde hace años venimos viendo en la nota roja de la prensa nacional, o aquellos que utilizan en el metro para alertarnos de carteristas y asaltantes, y se encuentran pegadas en los pizarrones de aviso de las estaciones. Si uno nunca hubiera visto algunos programas de criminalística creería que la fórmula más efectiva para encontrar a los más buscados por una sociedad siguen siendo los mismos que en el Viejo Oeste americano y toda tecnología se reduciría a la buena capacidad de retratista de un dibujante. Hay que decir en aras de la ya mencionada suspicacia nacional que éste método tiene una gran ventaja, cualquiera de los retratos hablados que nos muestran amplía en varios millones de personas el número de sospechosos por lo que la captura del culpable es casi infalible. Para demostrarlo creo que cualquiera de nosotros puede, la próxima vez que vea estos carteles de “Se Busca” recortarlo, arrancarlo y hacer una encuesta entre un grupo de persona, el sujeto perseguido siempre terminará pareciéndose al jardinero del tío Juvencio o un amigo que hace mucho tiempo no vemos. ¿Podrá ser él? Mejor ni averiguarlo no vaya a ser que lo metamos en un problema de paranoia o peor aún no vaya a resultar que si es él. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de lo que le cobran a un policía por bala disparada, de la calidad de las armas y de cómo muchas veces estas se verían mejor en un museo que en las temblorosas manos de un aterrado policía frente a cinco sicarios con Kalashnikovs y granadas?
Si tenemos esta tecnología en cuanto a los retratos hablados, si es imposible vigilar a un ciudadano marcado por el crimen organizado, si somos incapaces de proteger a los elemento de seguridad del estado. ¿Qué importa quien vaya ganando la guerra? ¿Cuál es verdadero uso que se le da a la partida del presupuesto nacional que se da a la seguridad del país? ¿Cuántas cajas de lápices HB y cuantas de carboncillos necesitan nuestros criminólogos al año?
Hace poco leía un artículo que postulaba que esa descomposición del tejido social a la que nos gusta referirnos en realidad no existe y todo funciona a la perfección a pesar de la percepción de que todo está en decadencia. En el fondo existe una razón para hacer de este postulado una verdad a medias, apelar al miedo, provocar el temor sirve para controlar, para tratar de inmovilizar a la sociedad y encerrarla en casa o ghettos muy identificados. Separados por el miedo y por ciertas características somos más vulnerables, mucho más visibles. Acerca de los principales sospechosos y más buscados por provocar esta situación me gustaría hacer un retrato hablado que tan vago y burdo como los que cínicamente nos presenta incluya los rasgos de todos los políticos en funciones de los tres partidos.

publicado en blureport.com.mx el 14 de Febrero de 2011

lunes, 15 de noviembre de 2010

Educando sicarios.

Armando Enríquez Vázquez
Rodeados de carne de cañón para los grupos del crimen organizado, de ninis, y de aspirantes a jornaleros, sin invertir en la educación de nuestros jóvenes y niños, México está perdiendo, una vez más, la llamada a ser protagonista del próximo orden mundial.
La imagen retrata a un jovenzuelo, casi un niño, el pelo revuelto a la afro. Parece salido de un comercial de pastelitos. El cinismo y la dureza de su voz no coinciden con el chamaco que bien podría estar pateando un balón en el patio de una secundaria o en un parque. Las imágenes posteriores nos lo muestran torturando con un palo a una de sus víctimas, golpeándolo como si fuera una piñata. Tomándose fotos con el resto de sus adolescentes cómplices con los cuerpos de sus víctimas, burlándose de los hombres próximos a ser ejecutados. Por cada ejecución cobra, según su declaración, 3,000 dólares. A veces para cobrar, estos púberes sicarios, asesinaban a taxistas y albañiles inocentes pues no encontraban a los hombres que se les había encomendado eliminar. El tiene doce años, fue detenido en Morelos y forma parte del cartel del Pacífico Sur. No es el primero ni será el último.
En Ciudad Juárez el alcalde declara que más de ocho mil jóvenes son delincuentes.
La mayor parte de los reclutas de “La Familia” en Michoacán son jóvenes y en las últimas semanas los medios se han concentrado en las agresiones sufridas por adolescentes a lo largo y ancho del país, de parte del crimen organizado sobre las demás ejecuciones y asesinatos. Algunos son narcomenudistas, otros simplemente daños colaterales.
Por otro lado un gran número de jóvenes que cruzan la frontera con el deseo de hacer dinero a cambio de trabajar físicamente, pues no tienen ningún tipo de estudios. Las ciudades de México se están llenando de jóvenes desencantados, sin oficio ni beneficio. O Peor, ahí están los cientos de miles de adolescentes y niños que reciben si tienen suerte una educación mediocre que marcará su futuro y el de nuestro país.
El número de jóvenes que no trabajan, ni estudian en México es cercano a los 9 millones de habitantes según el rector de la UNAM.
Cada joven que no complete la educación superior básica está condenado a subsistir en niveles de pobreza el resto de su vida.
Algo está podrido, cuando jóvenes en edad de estudiar están sucumbiendo a manos del crimen organizado, del trabajo informal en las calles, de la indolencia, de la migración. ¿Acaso ve nuestra juventud alternativa para mejorar su vida? Todo parece indicar que no, al menos de una manera honesta. Nuestros jóvenes son hijos de la generación de la crisis, esa que desde que tenemos memoria vivimos devaluación tras devaluación, crisis tras crisis producto del pillaje de los gobiernos primero priistas y ahora panistas que han visto en el país su arca personal. Qué han relegado como la última de sus prioridades la educación de sus gobernados. Uno de los derechos que otorga nuestra constitución es el de la educación, por eso se establece la educación gratuita, para evitar un pueblo analfabeta capaz de ser explotado y timado por sus gobernantes, como lo fue durante la dictadura de Díaz, al menos así lo querían los constitucionalistas de 1917.
Año tras año nuestras universidades públicas se ven en la triste necesidad de rechazar a más y más aspirantes a una educación profesional. Sin embargo se insiste cada día más adolescentes concluyen exitosamente sus estudios de secundaria y preparatoria. Ese es el doble discurso del gobierno federal dado por conducto de la SEP y el mafioso sindicato de maestros, dirigido por una mujer que no sabe leer, que se dice maestra y por otro lado, al parecer cree en ritos paganos. Cada día el presupuesto federal destina lo menos posible a la educación y ese poco que destina se lo roban el sindicato de la educación y su disidencia. Decir se lo roban implica antes que nada la farsa de que nuestros niños y niñas acuden a las escuelas a aprender y obtener conocimientos. Ellos son las principales víctimas de este atraco. No existe en nuestra educación oficial o privada la promoción de estudiar, de aprender, de leer, de experimentar.
Es cierto, una gran parte de la educación se lleva a cabo en casa, desgraciadamente padres y madres también se encuentran demasiado ocupados consiguiendo los satisfactores básicos como para educar como en antaño. Pero, además nuestros sistemas escolares son realmente rupestres, tanto los privados como los públicos. Son incapaces de dar esa especialización que se supone deben brindar los profesores.
Desde tiempos de la Colonia, y los inicios de México como nación independiente los grupos en el poder, especialmente la iglesia católica, han estado interesados en mantener la ignorancia de los gobernados. Evitar ser cuestionados, poder ser manipulados, sembrar en la ignorancia el miedo que tanto sirve para mover a las masas y hacerlos vivir amenazados por un lado y con la promesa del paraíso celestial por la otra. Hoy más que nunca esa parecería ser la política del gobierno de Calderón, para educar.
En México la educación es un negocio, un negocio que va desde el sindicato que ha convertido a una criminal en una de las personas más poderosas de la política nacional, capaz de menospreciar una de las pocas cosas que ella no tiene que es la educación. Un negocio como lo demuestran las universidades privadas que dicen crear líderes, pero a pesar, o por eso mismo, de su basamento católico lo que crean son seres mezquinos, carentes de un sentido humanista. Empresarios voraces. Nuestras universidades públicas orgullo de la nación tienen graves problemas económicos y sindicatos de trabajadores indolentes, qué, cómo en el caso del SNTE Y el CNTE absorben lo mayor parte del presupuesto.
Carecemos de medidores reales de la calidad de la educación que se imparte en nuestro país, del aprovechamiento que de ella hacen los alumnos. Año tras año se aplica la prueba ENLACE y se dan a conocer los resultados, los cuales nos indignan, pero no se hace nada por mejorar. El poderoso sindicato de maestros se opone y el debilucho secretario de educación año tras año dobla las manos. Seis está bien. Pasamos al final de cuentas.
Se hacen también evaluaciones a profesores de todos los niveles y se hace una prueba para las nuevas plazas de maestros, en el mejor de los casos porque en la mayoría los maestros ven sus plazas como algo que se puede heredar y el sindicato en muchos estados de la república lo permite. Sin embargo, la educación sigue por los suelos.
El sindicato no pelea por sueldos y condiciones de vida digna para los profesores, pelea prebendas, regala “Hummers” y mantiene a su partido político Nueva Alianza. Eventualmente paga por la producción, por parte de extranjeros, en prime time de fin de semana en Televisa, la eterna alcahueta del poder, de un programa amañado que trata de demostrar que los niños saben más que los adultos gracias a los “excelentes” maestros del SNTE.
Por su parte el secretario de educación está más preocupado por las fiestas del bicentenario que por atender la problemática educativa del país. Parece edecán más que un hombre de acción.
Es imprescindible que el gobierno haga un compromiso con las universidades públicas, darles más presupuesto, solamente la parte del PIB que la ONU marca como aceptable para el desarrollo de un país, estaría bien, para crecer la matricula de mexicanos que estudien y sean profesionistas. También es un hecho que la política educativa debe de ir de la mano de una política laboral sana que evite que nuestros más destacados universitarios terminen trabajando en el extranjero y dando sus mejores investigaciones, logros y descubrimientos en el extranjero, donde además de el reconocimiento profesional tienen una remuneración económica acorde a sus conocimientos.
En los próximos veinte años la geopolítica del mundo cambiara radicalmente como no lo ha hecho, tal vez en un milenio, el eje se moverá a el legendario Imperio Chino, La india volverá a sus tiempos de Gloria y por primera vez Iberoamérica tendrá más que voz y voto en el Mundo. Los migrantes latinoamericanos y africanos harán escuchar sus voces y controlaran Estados Unidos y Europa. ¿Dónde queremos que esté México en ese entonces? ¿Distribuyendo las drogas del mundo moderno? ¿Siendo la mano de obra de Brasil y los méxico-americanos que gobiernen lo que quede de Estados Unidos? ¿Estamos condenados a sacrificar a las próximas generaciones de mexicanos por la incompetencia y avaricia de los grupos de poder, mafias y pleitos políticos, una vez más?
Nos horrorizan los niños soldados de África, de Asia, sin embargo acá tenemos una generación de niños sicarios, narcomenudistas, halcones, mercenarios.
Es esto para lo que sirve nuestro sistema educativo. ¡Viva el bicentenario!
Publicado en blureport 15 de Noviembre de 2010