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lunes, 16 de diciembre de 2019

La Doncella de Monterrey y otras heroínas regias




Durante la Batalla de Monterrey una bella y extraña mujer asistió y confortó a heridos de ambos bandos. Nada más se sabe de ella. Existen al menos otras dos de las que sabemos algo.

Armando Enríquez Vázquez

En los pasajes que nadie te explica a fondo sobre la historia de México, siempre centralizada por nosotros los chilangos y los habitantes de los estados cercanos y más habitados o que han tenido más gobernantes federales, se encuentra la desconocida Batalla de Monterrey en septiembre de 1846, así como las mujeres que se sabe que participaron en los hechos.
La Guerra de Invasión de Estados Unidos a mediados del siglo XIX se llevó a cabo en muchos frentes, muchos de los cuales se perdieron por la incompetencia de los militares y gobernantes mexicanos, al entreguismo y la traición como sucedió con la Alta California, con Nuevo México, Utah, Arizona y Nevada. Otros sitios fueron heroicamente defendidos a pesar de su lejanía de la capital y la indiferencia del gobierno central, por ejemplo, la Baja California, Nuevo León, Chihuahua, Durango, Sinaloa.
En el caso de Nuevo León, la capital del estado sufrió una de las más grandes batallas de la guerra que descarada e inexplicablemente tanto a los libros oficiales de historia nacional, como los historiadores panfletarios de los gobiernos del PRI, han olvidado contar y cantar la valentía y heroísmo de los regiomontanos y neoloneses en general, a pesar de que grandes mexicanos como Guillermo Prieto escribieron a detalle acerca de los hechos.
Entre las mujeres y héroes que destacaron por su valentía y osadía se encuentra la historia de una mujer a la que sólo se conoce como la Doncella de Monterrey y que parece una leyenda urbana, pero afortunadamente conocemos un poco o mucho más acerca de otras de estas destacadas mujeres.
Zacharias Taylor al frente de las tropas norteamericanas llegó a las puertas de Monterrey el 21 de septiembre de 1846 y durante los siguientes dos días regiomontanos y muchos neoloneses que llegaron a la capital del estado lucharon con bravía por la libertad y la soberanía del país. La batalla de Monterrey, se peleó casa por casa. Entre los muchos regiomontanos que se sacrificaron o que fueron asesinados por las tropas norteamericanas se cuenta la historia de una misteriosa mujer a la que se conoce como la Doncella de Monterey, de acuerdo con la narración del soldado americano, más tarde político y escritor llamado Abiel Abbot Livermore quien fue el primero en escribir acerca de la Doncella de Monterrey. En su libro sobre la guerra con México y en el capítulo de la Batalla de Monterrey, el hombre describe haber observado a una joven que de  manera diligente y entre los balazos y ofensivas de ambos ejércitos se escabullía para confortar a soldados mexicanos y norteamericanos heridos y moribundos, llevándoles pan, agua y en ocasiones vendando sus heridas, finalmente la joven fue alcanzada por una bala y permaneció muerta al lado de los soldados desde la tarde del 21, hasta el 22 cuando según Livermore fue enterrada por los norteamericanos. Esto sucedió en uno de los frentes de la Batalla conocido como el Fortín de la Tenerías. Esta joven que fue además honrada por un soldado poeta y compositor norteamericano llamado John Hill Hewitt quien compuso una cursi balada para esta joven que atendió a mexicanos y norteamericanos heridos titulada The Maiden of Monterrey.
Aunque la historia nacional no logra reconocer al personaje lo cierto es que hubo verdaderas heroínas regiomontanas a lo largo de los tres funestos días para la capital neolonesa como es el caso de Josefa Zozaya que está documentada por historiadores nacionales y se conoce su biografía antes y después de la batalla. Josefa Zozaya, llamada también Chepita, llevó a cabo las mismas tareas que la Doncella y otras más del lado de las tropas mexicanas. María de Jesús Dosamantes fue más allá y se dice que desde el 19 de septiembre había pedido al General Ampudia participar de manera activa en la defensa de Monterrey, obviamente el general se negó en un principio, pero terminó cediendo y bajo las órdenes del coronel José López Uraga y vestida como capitán del ejército luchó en el fuerte de La Ciudadela montada a caballo. Ahí esta valiente mujer regiomontana desconocida por todos lo mexicanos perdió la vida.
Creo que la primera historia es sólo la manera en que los soldados norteamericanos se impresionaron de la participación de decenas de mujeres frente a su invasión de nuestro territorio. Pero los gobiernos de nuestro país son lo que han olvidado de contar la historia de estas brillantes y destacadas mujeres que defendieron con la vida a la patria.

imagen: wikipedia.org

martes, 16 de abril de 2019

Isabel Ramírez Castañeda la primera arqueóloga mexicana.




Isabel Ramírez no es oficialmente la primera arqueóloga mexicana, como tampoco fue la primera mujer en hacer investigación arqueológica en México, pero en realidad sí lo fue.

Armando Enríquez Vázquez

En México que para muchas cosas lo importante es un titulo y una acreditación que en realidad no significan nada; oficialmente la primera mujer reconocida como arqueóloga logró su titulo universitario en la segunda parte de la década de los cincuenta, pero la realidad es que antes de Beatriz Barba en México hubo al menos dos mujeres que se dedicaron en cuerpo y alma a la arqueología, siendo víctimas de las descalificaciones y prejuicios machistas de sus contemporáneos y colegas científicos.
Zelia Nutall la extranjera que llegó a México, se enamoró de el y de las culturas originarias y una mexicana de la que poco se sabe, pero los testimonios y fotografías que existen de ella la colocan como la primera arqueóloga mexicana de facto: Isabel Ramírez Castañeda.
Isabel nació en la Ciudad de México, en Milpa Alta a finales del siglo XIX, el año fue 1881. Isabel formó parte de las mujeres que estudiaron en Normal para convertirse en maestra y se dedicó a enseñar a niños de jardín de niños. En 1906 se integró a las clases del Museo Nacional, antecesor del Museo Nacional de Antropología, donde se iniciaba la impartición de clases de arqueología.
Isabel Ramírez Castañeda además de español hablaba náhuatl, lo que la ayudó a lo largo de su carrera para traducir y servir de interprete entre los investigadores extranjeros con los que trabajó y las comunidades que habitaban los sitios arqueológicos cercanos a la Ciudad de México.
Isabel se encargó de la clasificación de las piezas arqueológicas de la colección del Museo Nacional primero ayudando al arqueólogo alemán Eduard Seler, y concluyó con Leopoldo Bartres. Una de las cosas que se reconocen del trabajo de Isabel Ramírez es la capacidad para describir y dibujar las piezas encontradas en los sitios de investigación. En 1912 fue publicado su primer trabajo, titulado: Apuntes acerca de los monumentos de la Parroquia de Tlalnepantla. Que gracias tal vez al machismo imperante al interior de círculos de la sociedad y sobre todo de la ciencia tardó tres años en ver la luz. Tradujo diferentes documentos del náhuatl y se sabe que tenía ciertos intereses en la literatura pues de acuerdo con el texto de Mechthild Rutsch, Isabel Ramírez Castañeda (1881-1943) una antihistoria de los inicios de la antropología mexicana. La mujer es mencionada en la correspondencia entre dos grandes intelectuales de principios del siglo XX Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña, este último es quien menciona a Ramírez Casteñada en una de las misivas, haciendo notar su presencia en una de las conferencias.
Seler regresó a México en 1910 para asumir el cargo como primer director de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americana ideada por Franz Boas y la Universidad de Columbia. Los primeros alumnos de la institución fueron Isabel Ramírez, Werne von Horschelman, Porfirio Aguirre y José Calvo. Fue en la siguiente generación en la que ingresó Manuel Gamio a quien muchos consideran el padre de la arqueología en México, pero que es un personaje controvertido por sus ideas y su desprecio por las mujeres, mucho de la desaparición de Ramírez de la historia de la antropología mexicana se debe a que para hombres de ciencia como Gamio las mujeres eran sólo fuente del trabajo mecánico y más burocrático y no competentes investigadoras.
Isabel trabajó tanto con Seler como con Boas a los que acompaño en diferentes excursiones a sitios arqueológicos, entre ellas una excursión que Seler organizó a Palenque en 1911.  La importancia de los trabajos de Ramírez y su compromiso con su trabajo la llevaron a ocupar diferentes cargos en el Museo Nacional, desgraciadamente la situación del país y el machismo predominante al interior de la profesión la fueron recluyendo tanto académica como profesionalmente y mientras por un lado en 1918 se le nombraba encargada de la sección de Folklore del Museo Nacional al poco tiempo se le revocaba el nombramiento por falta de presupuesto del gobierno.
Isabel Ramírez continuó durante esos años en la docencia y tratando de tomar diferentes cursos en pedagogía. En 1917 bajo la dirección de Andrés Molina Enríquez, en ese momento director del Departamento de Etnología del Museo Nacional, Isabel se concentró en la creación de un libro que apoyara la instrucción bilingüe español-náhuatl.
Isabel Ramírez regresó a trabajar al Museo Nacional, pero su amor y dedicación fueron recompensados con un puesto de guardiana del Museo, en el que ganaba menos que el investigador con puesto más bajo.
Isabel Ramírez Castañeda murió el 26 de marzo de 1943 en la Ciudad de México, su obra, trabajo y vida es un misterio lleno de preguntas sin contestar, su imagen poco a poco se va recuperando gracias a otras arqueólogas e investigadoras que se topan con menciones de Isabel en sus trabajos de investigación.


publicado en mamaejecutiva.net el 9 de abril de 2019
imagen: scoopnest.com

martes, 2 de abril de 2019

María Rebeca Latigo de Hernández, los derechos del migrante la lucha de una vida.



Antes de la demagogia actual o de la moda por desprestigiar o validar al migrante, una mujer mexicana luchó por sus derechos.

Armando Enríquez Vázquez

Nunca me cansaré de contar la historia del día que en 2001 en el invierno de Milwaukee conocí a Narciso Alemán, su esposa Rita, una enorme mujer en todos los sentidos de ascendencia nórdica y con la compartía un proyecto en aquellos años, me presentó a su marido. Narciso era un hombre moreno de ancho bigote y pelo negro como el de muchos mexicanos que nunca producen una cana. Narciso estrechó mi mano y se presentó en perfecto español.
- ¿De dónde eres? – pregunté
- De México, de la parte ocupada, de Texas.
La familia de Narciso era parte de esas familias de origen mexicano que no abandonaron el territorio texano cuando los bribones dirigidos por el cuatrero Sam Huston y el mercenario Steve Austin se apoderaron de todo ese territorio que pertenecía a México.
A lo largo de la historia de la nación texana, primero y más tarde ya como una estrella de los Estados Unidos un grupo de mexicanos con raíces que anteceden la de los sajones sufrieron de la discriminación e injusticias que los racistas norteamericanos impusieron, incluso en los negros que los ayudaron a apoderarse de Texas. La comunicación, los lazos y los nexos entre mexicanos de aquí y de allá además de algunos anglosajones, en la frontera con de Texas con Coahuila, Nuevo León, Chihuahua y Tamaulipas se mantuvo en buen estado. Con la Revolución esa relación aumentó porque miles de familias mexicanas cruzaron la frontera en busca de la paz que no encontraban de este lado de la frontera en la mayoría de los casos y en otros porque los conspiradores pensaban que era más fácil operar de manera clandestina, sólo para toparse con peores condiciones de discriminación y violencia que en nuestro país.
En esos años surgió una mujer que junto con su marido luchó desde diferentes trincheras para hacer valer los derechos de los migrantes mexicanos de una manera que nadie ha hecho hoy que quienes intentan cruzar la frontera enfrentan con la estupidez racista de Trump y sus seguidores. Su nombre María Rebeca Latigo de Hernández. Olvidada por décadas en los cajones de la ingrata historia de México que no reconoce a los mexicanos allende las fronteras y por la racista y sesgada historia norteamericana. Latigo de Hernández fue recordada gracias a un Doodle en 2018 al conmemorarse los 122 años de su natalicio.
Nació el 29 de julio de 1896 en Garza García, hoy parte de la zona conurbada de Monterrey en el estado norteño de Nuevo León. Su padre era maestro y ella siguió el ejemplo, incluso dio clases en la ciudad de Monterrey antes de casarse en 1915 a la edad de 19 años.
Junto con su esposo Pablo Hernández Barrera, María Rebeca Latigo, se mudó a vivir a San Antonio Texas en 1918. Allí establecieron una tienda de abarrotes y una panadería, Además María Rebecca comenzó a interesarse por la condición de los migrantes mexicanos y a publicar pequeños textos denunciado los maltratos y discriminación que sufrían. Todo esto desde la ilegalidad en la que vivían ella y su esposo, pues la pareja no obtuvo papeles de residencia legal hasta 1928.
Para 1932 María Rebeca se convirtió en la primera locutora mexicana en la radio de San Antonio en uno de las primeras emisiones de radio en español en Estados Unidos, desde el micrófono María lanzaba sus mensajes como activista de los migrantes. El programa que se transmitía por la KABC-radio de San Antonio y que duraba media hora pronto pasó a durar una hora debido a su gran popularidad. En 1960, Latigo de Hernández, se convirtió en pionera de la televisión chicana al tener un programa llamado La hora de la mujer en un canal local de San Antonio.
Unos años antes en 1929 María Rebeca y su marido fueron parte de la constitución de un organismo llamado “La Orden de los Caballeros de América” encargada de velar por los derechos civiles y educativos de los mexico-americanos y los migrantes de habla hispana. Latigo de Hernández y su marido fueron claves y estuvieron presentes a lo largo de la lucha y la historia de los chicanos, ese importante grupo social y étnico identificado únicamente con mexicanos y sus descendientes en tierras americanas que el gobierno de Nixon borró en los setenta con el denigrante vocablo “latinos” que terminó rasando a los miembros de todas las nacionalidades latinoamericanas y a sus descendientes como una sola comunidad.
María Rebeca fue promotora de la educación bilingüe y de la equidad en la calidad de la misma en las amplias zonas habitadas por mexicanos y sajones como habitantes nativos. Durante la década de los años veinte aprendió el oficio de comadrona y algunos principios de enfermería al convertirse en la ayudante principal del médico encargado de cuidar la salud de su padre. Fue una incansable luchadora social que tomó partido por las trabajadoras de la empresa Pecan & Shell en 1938. Escribió muchos artículos y al menos un libro a favor de los derechos educativos, sociales y humanos de los migrantes y de las mujeres trabajadoras. En 1932 fundó la Asociación Protectoras de Madres y en 1934 La Liga de Defensa-Pro Escolar para defender los derechos de los niños chicanos a una educación de calidad. Los Hernández fueron feministas en un país que acababa de conceder el voto a la mujer.
En 1939 formó parte de una comisión que viajó desde San Antonio a la Ciudad de México para entrevistarse con el presidente Lázaro Cárdenas y fortalecer así los nexos entre las comunidades de mexicanos que vivían en Estados Unidos y el país que era su origen o el de sus ancestros.
Durante la II Guerra Mundial se dedicó a la venta de bonos de guerra y a escribir artículos para los medios que se publicaban en español. Dos de sus hijos, tuvo 10, se enrolaron en el ejército americano. Formó parte de la campaña de Franklin Delano Roosevelt para la presidencia entre la comunidad mexicana de Texas.
En 1945 publicó México y los cuatro poderes que dirigen al pueblo, libro escrito en español y en el que declaraba la importancia de la familia como base de valores y del activismo político social que se compromete no sólo con los miembros de la familia, sino con la comunidad y la nación.
Activa políticamente en 1970 se unió al partido chicano “Raza Unida”. Fue siempre una defensora de mantener el español vivo entre la comunidad chicana y una de las primeras promotoras del bilingüismo en Estados Unidos.
En 1980 murió su esposo. a quien ella siempre reconoció como el compañero y motor de su lucha a lo largo de toda la vida. María Rebeca Latigo de Hernández murió de neumonía el 8 de enero de 1986 en Texas rodeada de los 5 hijos que aun vivían, de 19 nietos y 23 bisnietos de acuerdo con el libro Notable American Hispanic Women escrito por Diane Telgen. 

publicado en mamaejecutiva.net el 25 de marzo de 2019
imagen: inverse.com

martes, 19 de febrero de 2019

Josefina Niggli, una voz méxico-americana.




Nacida en Monterrey Josefina Niggli es uno de los primeros nombres de una cultura que nos cuesta trabajo reconocer de ambos lados de la frontera.

Armando Enríquez Vázquez

Existe y siempre ha existido un muro racista, clasista, despectivo entre los mexicanos y aquellos mexicanos que nacieron, o tuvieron por diferentes razones, las de libre albedrio emigrar a Estados Unidos. Términos como “Pocho” nacen de ese desprecio por el paisanos nacidos en el extranjero que tampoco son muy bien queridos por los sajones protestantes. Existen otros que siendo hijas o hijos de norteamericanos nacidos en nuestro territorio se identifican con él de muchas maneras y la influencia de nuestro país es parte de su herencia social y cultural, de la misma manera nos cuesta trabajo reconocerlos y a los americanos también, ese es el caso de Josefina María Niggli.
Niggli fue una talentosa escritora, dramaturga y también fotógrafa que nació en nuestro país, en la ciudad de Monterrey el 13 de julio de 1910, Sus padres fueron dos inmigrantes norteamericanos de origen europeo, su padre Frederick Niggli era un ingeniero que trabajaba en la naciente industria cementera regia. Su madre era violinista. Josephina, como también se escribe su nombre, vivió entre Nuevo León y Texas durante su infancia y adolescencia, incluso llegó a vivir una temporada en la Ciudad de México, la incertidumbre y los continuos cambios de poder debidos a la Revolución, así obligaron a su familia.
Nigli estudió en la Universidad del Verbo Encarnado en San Antonio, Texas y más tarde en la Universidad de Carolina del Norte. Se graduó como en filosofía e historia en la primera y se doctoró como dramaturga.
Niggli fue la primera voz exitosa en todos los niveles entre lo que hoy se conoce como hispanos y que en los años previos a la muerte de la escritora se conocía como cultura chicana, un nombre con mucho mayor ideología y postura política que el que hoy se utiliza para rasar a la poderosa cultura méxico-americana. Niggli escribió tres novelas. La primera “Mexican Village” publicada en 1945, fue la primera novela de un escritor mexico-americano en ser publicada por una editorial noretamericana. “Mexican Village” fue tan exitosa que pronto se convirtió en película titulada “Sombrero” con las actuaciones de Ricardo Montalbán, Cyd Charisse y Pier Angeli. La segunda se llamó “Step Down Elder Brother” publicada en 1947, en 1964 publicó una tercera novela titulada “A Miracle for Mexico”, fue autora de libros de cuentos y muchas obras de teatro. Escribió incluso una pastorela llamada “The Defeat of Grandfather Devil”. Con la producción de “Sombrero” Niggli incursionó en Hollywood y durante muchos años fue guionista de diferentes empresas productoras de cine y televisión, escribió guiones para la popular serie Ethel Barrymore Theater entre otros.
Rodolfo Usigli consideraba que un desierto teatral de cuatro siglos la voz de Josefina Niggli era una de las tres únicas voces que era realmente mexicana y se lamentaba que Niggli no escribiera en español para que sus compatriotas disfrutaran de esa visión y su sentido del humor. A pesar del elogio Niggli consideraba a Usigli un burgués de la Ciudad de México incapaz de entender la experiencia de los provincianos del norte como ella, al menos eso dice Elizabeth Coonrod Martínez en su biografía sobre la dramaturga escrito en 2007 y publicado por la Universidad de Nuevo México. Al parecer la relación entre ambos dramaturgos era mucho más cordial de lo que pretende la investigadora norteamericana, Josefina trabajó en la Universidad Nacional Autonóma de México en la década de los años cuarenta al lado de Usigli. Usigli escribió el prologo de un libro de obras teatrales de la autora y le dedicó la obra “Corona de Sombras” sobre el Imperio de Maximiliano y Carlota.
Josefina nunca escribió en español, pero siempre se sintió mexicana, y creía que su labor era mostrarle al norteamericano común un México real y alejado a las fantasías y nociones preconcebidas que en muchos casos subsisten hasta la segunda década del siglo XXI en el imaginario norteamericano sobre México y los mexicanos.
Niggli fue profesora de la Universidad de Carolina del Norte de 1942 a 1944 y de la Universidad del Oeste de Carolina donde además fue la directora del Departamento de Teatro y profesora de guionismo y periodismo de 1956 a 1975.
Josefina Niggli murió el 17 de diciembre de 1983 en Cullowhee, Carolina del Norte.
En septiembre de 2010 un bibliófilo y abogado texano llamado Bill Fisher montó un exposición en San Antonio con la obra fotográfica de Niggli, existen textos que la escritora publicó en revistas especializadas acerca de la fotografía y las fotografías que reproduce José Antonio Rodríguez en su estupendo libro “Fotógrafas en México 1872-1960” muestran una mirada innovadora, conceptual que tenía la artista al momento de realizar su fotografías. Años antes, en 2003 bajo la insistencia del extraordinario escritor regiomontano David Toscana la Secretaría de Cultura publicó la novela ¡Apártate, hermano mayor!


publicado en mamaejecutiva.net el 11 de febrero de 2019

martes, 4 de diciembre de 2018

Adelaida Argüelles hablando por los estudiantes 50 años antes de 1968.




Esta desconocida luchadora social mexicana peleó por los derechos de los estudiantes y de la Universidad.

Armando Enríquez Vázquez.

Hace unos meses mientras recopilaba información para escribir la semblanza biográfica de Mimí Derba me topé con un extraordinario libro titulado “De armas tomar” de Ángel Gilberto Adame, publicado por Random House en 2017. En su libro el escritor rescata una serie de semblanzas de mujeres que lucharon desde diferentes tribunas por causas sociales durante y después del momento armado de la Revolución y entre ellas llamó mi atención la semblanza de una mujer que permanece desconocida para México y los mexicanos; Adelaida Argüelles Espinosa, zacatecana de nacimiento y sin duda una de las primeras, si no es que la primera estudiante luchadora por la autonomía de la Universidad Nacional hoy Autónoma de México. Anterior incluso al movimiento liderado por José Vasconcelos en 1929.
Adelaida nació el 4 de mayo de 1898. A los doce años abandonó la capital del estado junto con su abuela, sin que se indique a donde se mudaron. El asesinato de Madero la encuentra reunida de nuevo con sus padres en la ciudad de Querétaro de donde la familia se traslada a la Ciudad de México donde su padre tiene una oferta laboral y Adelaida junto con su hermana terminan sus estudios en la Escuela Normal. Adelaida se une a los jóvenes del Ateneo de México y con tan sólo 15 años dicta conferencias en la Universidad Popular Mexicana, un instituto de carácter privado creado por los miembros del Ateneo.
En 1915, jóvenes de diferentes procedencias crearon un organismo estudiantil al que llamaron Congreso Local Estudiantil del Distrito Federal del cual Adelaida fue electa vicepresidenta, unida a la política carrancista, este congreso organizó diferentes acciones en apoyo del Presidente y de la promoción de la democracia en la capital del país. Adelaida comenzó a publicar artículos en“El Pueblo”, un diario que era carrancista.
Adelaida se conviertió en reconocida oradora y conferencista.
En julio de 1917 los senadores de la República decidieron que la Universidad Nacional debía pasar a estar bajo la tutela de la Secretaria de Gobernación, Adelaida convocó por medio del Congreso Local Estudiantil, a diferentes organizaciones estudiantiles y académicas para enviar al Senado un documento expresando la oposición a esta decisión por que ponía en riesgo la libertad de catedra. Sensible a los llamados de estas instituciones Carranza modificó la propuesta y la Universidad Nacional terminó bajo el mando del Departamento de Bellas Artes, algo que el jefe constitucionalista selló firmando frente a Adelaida y otros líderes estudiantiles una bandera de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, según lo cuenta Ángel Gilberto Adame.
Otra de las cosas que se sabe de Adelaida es que en 1917 recibió una mención honorífica en un gran concurso literario convocado por el Gobierno de Carranza, por su cuento “Gentes de antes”. En 1918 abandonó el activismo para dedicarse de lleno a la docencia, fue parte de las mujeres a las que Vasconcelos confió su estrategia educativa y dirigió diversas escuelas. Gracias a la militancia política de su cuñado, opuesta a la de los sonorenses en el poder la carrera de Adelaida se vio truncada. Se casó en 1928 y se dedicó a acciones de voluntariado. Cuando en la década de los años cuarenta hubo un gran brote de polio en México Adelaida se dedicó a combatirlo, pero de acuerdo con el escritor algo en el actuar de la zacatecana molestó a la hija de Miguel Alemán Valdez, aunque no se dice que ni por qué. Lo que fue suficiente para que Adelaida se alejara de nueva cuenta de los reflectores, o tal vez la alejaran.
Adelaida se retiró a la vida privada, a la literatura y a intentar recolectar todos los cuentos escritos por su padre.
Adelaida Argüelles murió el 12 de abril de 1992 en la Ciudad de México a los 93 años.
Los datos que recopiló Ángel Gilberto Adame sobre esta mujer provienen del archivo privado de Adelaida que conserva su sobrino. La historia de esta ejemplar mujer debería ser más estudiada y difundida, para poder colocarla en el lugar de su justa medida.


publicado en mamaejecutiva.net el26 de noviembre de 2018
imagen: wikipedia.org

viernes, 16 de noviembre de 2018

Rosa Rolanda una flor muy especial en la cultura mexicana.




Nacida en Los Ángeles, California esta artista, llegó a México del brazo de uno de los grandes artistas gráficos del siglo XX para vivir aquí y aquí desarrollar su talento.

Armando Enríquez Vázquez

Una vez más en esa vasta galería que representa a los artistas que habitaron en nuestro país durante siglo XX y a los que la crítica oficial de arte en nuestro país pretende opacar al presentar únicamente a tres muralistas y a la mujer de uno de ellos, hace poco me sorprendió conocer la obra de una extraordinaria artista que se dedicó a la danza, la pintura, la fotografía, el diseño de vestuario, entre otras cosas pues también se habla de ella como una extraordinaria cocinera.
Rosa Rolanda, cuyo verdadero nombre fue Rosemonde Cowan Ruelas, y a la que también se le conoce por su nombre de casada Rosa Covarrubias, en un principio Covarrubias llamó a su enamorada Rosa Rolando y fue años después Diego Rivera quien transformó el apellido Rolando por Rolanda, nació en la ciudad de Los Ángeles el 6 de septiembre de 1895, su madre era mexicana-americana, de nombre Guadalupe Ruelas. Rosa era una verdadera belleza y desde muy joven entró en contacto con diferentes artistas que influyeron a lo largo de su vida, ayudándola a desarrollar sus múltiples talentos.
Mientras estudiaba el bachillerato encontró su pasión por el arte, dedicada a las clases de danza impartidas por Marion Morgan, quien fue una coreógrafa de relevancia a principios del siglo XX en Estados Unidos. En 1916, un año después de haber terminado la preparatoria Rosa Rolanda fue seleccionada entre 300 bailarinas para viajar a Nueva York siendo parte del grupo de bailarinas de Morgan. El viaje a la Urbe de Hierro fue decisivo en la vida de Rosa pues rompió en ese momento con sus raíces en Los Ángeles, permaneció en Nueva York donde se dedicó a bailar en Broadway y viajó a Europa siendo parte de las famosas Ziegfield Follies. Rosa Rolanda era aficionada a la pintura y a la escultura y se movía en círculo de artistas neoyorkinos que incluía a Georgia O’Keefe, quien fue amiga de Rosa Rolanda durante toda su vida.
En 1924 conoció al artista gráfico mexicano Miguel Covarrubias, apodado “El Chamaco” otro de los grandes artistas mexicanos borrado por esa minimalista narrativa oficial de la cultura nacional. Rosa era diez años mayor que el pintor y caricaturista, en 1926 viajó con él a México, se casaron en 1930 y Covarrubias, además de presentarla en el círculo de artistas mexicanos; Diego Rivera, Frida Kahlo, Carlos Chavez, entre otros, la animó a desarrollar su pintura. Lo mismo hizo en su momento Tina Modoti, otra de las amistades que la norteamericana hizo en nuestro país, al incitarla a tomar fotografías. El mundo creativo de Rosa Rolanda se amplió. Sus pinturas que muestran la influencia de la obra de su marido y de Rivera, tienen una gran fuerza y representan esa mirada del extranjero que cuando no se conforma con el mexican curious, enriquece la visión del país, sus habitantes y costumbres por lo certero que se vuelve eliminando el paternalismo y autocomplacencia de muchos artistas mexicanos incluyendo a los mismo Rivera y Kahlo.
Los autorretratos de Rosa Rolanda muestran que la mujer era consciente de su belleza y como tal se representa en sus lienzos. Su retrato de Dolores del Río muestra a la diva del cine nacional como un ser etéreo, algo que la frágil figura de la actriz nos muestra de manera sutil a lo largo de su filmografía. Diego Rivera utilizó a Rosa Rolanda como modelo para algunas pinturas. Las abundantes fotografías que existen de la artista en Internet, entre ellas una llena de misterios realizada por Modoti, muestran esa belleza que se centraba en unos enormes y almendrados ojos suspicaces, sensuales y poderosos.  
En cuanto a la fotografía Rosa Rolanda se especializó en la fotografía de retrato y entre sus fotos existen algunas de Frida Kahlo recostada en el pasto que llaman la atención por que la pintora no está posando.



La pareja vivió en la Isla de Bali durante nueve meses, estudiando la cultura local. En 1950 Miguel Covarrubias fue designado director del departamento de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes, pronto se enamoró perdidamente de una bailarina 30 años menor que él de nombre Rocío Sagaón, algo que enfrió la relación amorosa de casi treinta años con Rosa Rolanda, separados, pero jamás divorciados, Rosa Rolanda sobrevivió a Covarrubias quien murió en 1957. Rosa Rolanda se quedó en México y continuó con su obra artística, así como relacionándose con el medio artístico que pululaba por la capital mexicana.
Como muchos extranjeros que llegan a México y se deslumbran ante muchas de las cosas que a nosotros nos parecen intrascendentes, Rosa Rolanda quedó fascinada por la cocina de nuestro país, por sus ingredientes y por sus sabores. Rolanda era una mujer que tenía un talento para cocinar de acuerdo con los que la conocieron y conocieron su cocina. En la cocina de su casa construyó un anafre de carbón y un metate donde ella misma se dedicaba a moler el maíz para hacer las tortillas. Para la artista la primera cocina del mundo era la china, la segunda la mexicana y la tercera la francesa.  
Rosa Rolanda murió en la Ciudad de México en 1970, el heredero de su obra fue su amigo el arquitecto Luis Barragán, quien siempre la alentó a continuar con sus creaciones, tras la muerte de Covarrubias. A pesar de sus desavenencias con Miguel Covarrubias Rosa Rolanda visitó la tumba de su marido semanalmente hasta su muerte.
Gracias a Juan Rafael Coronel Rivera la obra de esta más que importante artista grafica se ha ido revalorando y se montó una exhibición de la artista en la Casa Estudio de Diego Rivera en 2011.

publicado en mamaejecutiva.net el 5 de noviembre de 2018
imagenes udualpress.com
                pintorasmexicanas.blogspot.com

martes, 6 de noviembre de 2018

Dos fotógrafas mexicanas de principios del siglo XX.



María Amparo Hernández y María Santibañez fueron dos fotógrafas que desarrollaron su labor en las primeras décadas del siglo pasado y pocos las recuerdan.

Armando Enríquez Vázquez

La primera vez que acerca de la obra de estas singulares y extraordinarias fotógrafas mexicanas fue en el maravilloso libro de José Antonio Rodríguez Fotógrafas en México 1872-1960 editado por Turner, Canopia y Fomento Cultural Banamex.
La primera que llamó mi atención fue María Amparo Hernández y el autorretrato que aparece en las hojas del libro, la fotografía muestra a una mujer fuerte con el rostro inclinado hacia abajo, pero la mirada en alto enfrentando a la cámara, mirada inquisitoria que muestra la determinación y carácter en la fotógrafa. María Amparo llevó a cabo su trabajo en el ámbito de las revistas de espectáculos y entre las fotos que realizó hizo llamativos semidesnudos para publicaciones como Revista de Revistas, México al día y Todo entre otras.
Poco se sabe de María Amparo, pero lo que se conoce de su obra revela una mirada muy sensual y sexual del cuerpo femenino, a través de celebridades y actrices. Su obra se puede decir que es única en el mundo de la fotografía mexicana de principios del siglo XX.
Desgraciadamente no existen muchas muestras de su trabajo y de su vida no se conoce más. Se sabe que tenía un estudio en la calle de Camelia que más tarde traslado a la calle de República de Cuba. Entre las fotografías que se conocen de Amparo Hernández se encuentra un semidesnudo de la hermana de la actriz Guadalupe Velez, Josefina, una serie de Amparo Arozamena y otras publicadas de celebridades de la época en sus bañeras.
La otra es María Santibañez cuya fotografía es totalmente de estudio, representante de una escuela llamada pictorialista, que fue un movimiento que se caracterizó por sus fotografías de estudio muy actuadas y que quieren marcar la diferencia entre las fotografías realizadas por la gente común y corriente y la de fotógrafos que se pretenden artista. Es un movimiento muy maniqueo y elitista. Santibañez fue discípula de Martín Ortiz quien en un principio firmaba su obra como Mack. La fotógrafa tenía un estudio primero en la calle de Bolívar y mas tarde en avenida Juárez. Su fotos se publicaron en Jueves de Excélsior, Rotográfico y El Universal Ilustrado.



Se sabe un poco más acerca de Santibañez, sobrevive más de su obra que de la obra de Hernández. En 1920 ganó un concurso organizado por el diario El Universal y esta fotografía premiada, sirvió de portada en El Universal Ilustrado el 29 de abril de 1920. La fotografía es un retrato de la socialité Graciela de Lara. Ese premio y esa fotografía salvaron a Santibañez de muchas deudas y la pusieron en la atención de los medios y críticos de arte. En 1926 se le conoce como una artista de moda, mientras que ella se consideraba una fotógrafa por vocación.
Santibañez se inició en la fotografía a los 12 años y a los 19 ya se había independizado de Ortiz. Mucho del trabajo de Santibañez era para clientes particulares.
En el blog Fotografía en México aparece un recorte de periódico con un par de fotografías de María Santibañez, sin que se especifique las fechas de las mismas.
Ambas fotógrafas se pierden en la historia, lo poco que conocemos de su obra, las rescata como creadoras sui generis de inicios del siglo XX. Anteriores a otras mujeres mexicanas y extranjeras en nuestra tierra que se convirtieran en baluartes de la fotografía, como Tina Modotti y Lola álvarez Bravo entre otras menos conocidas de las que se hablara en su momento.

publicado en mamaejecutiva.net el 29 de octubre de 2018
imágenes Fotógrafas en México edit. Turner
               miguelangelmorales-fotografos.blogspot.com

miércoles, 29 de agosto de 2018

Rosa Torre González la primera autoridad electa en México.




Dentro de la historia que los lobos sonorenses y los que los siguieron borraron de mexicanas ejemplares antes y durante los días de la Revolución está la de esta gran yucateca.

Armando Enríquez Vázquez

En México de principios del siglo XX, la lucha ideológica se libró muchas veces al sur de la República, del noroeste llegaron los bárbaros que la terminaron a punta de traiciones, de balazos y una ambición desmedida, pero quienes también por su machismo acabaron hacer a un lado y minimizar a las mujeres que en muchos ámbitos brillaron antes, durante y después de la lucha armada y todo lo que el género había logrado durante el Porfiriato, fue anulado por los “generalazos” de Sonora.
Entre estas brillantes mujeres se encuentra una Yucateca de la que casi nadie ha oído hablar; Rosa Torre González.
El barrio de Santa Ana en Mérida es uno de los cuatro barrios históricos que formaron la ciudad en sus inicios, durante mucho tiempo vivieron en él jornaleros y artesanos, Hoy se distingue por un famoso mercado y la iglesia en honor de Santa Ana. En ese histórico barrio nació Rosa Torre González el 30 de agosto de 1890. Estudió en el famoso Instituto Literario para Niñas que dirigió la famosa maestra yucateca Rita Cetina Gutiérrez, de la que otro día escribiré, y que fue fundamental en la educación de las mujeres en Yucatán a lo largo del siglo XIX. Más tarde estudió en la Escuela Normal de Profesores.
Cuando Madero viajó a Mérida durante su campaña presidencial en 1909 Rosa Torre González fue de acuerdo con algunas fuentes, una de las dos mujeres que recibió al coahuilense en la capital de Yucatán. También se dice que fue espía a favor de las fuerzas de Constitucionalistas durante la dictadura de Victoriano Huerta, así como enfermera en las batallas de Rosa Blanca, Pocboc y Halachó en la península yucateca que comandó el general constitucionalista Salvador Alvarado, quién fuera gobernador del estado de 1915 a 1917. Es en el curso de esas batallas cuando Rosa Torre conoce a Elvia Carrillo Puerto, hermana de Felipe y conocida como La Monja Roja. Alvarado fue uno de los pocos revolucionarios convencido que la liberación de la mujer de sus roles convencionales era de vital importancia para llevar a cabo una verdadera revolución.
Rosa Torre fue docente de la normal estatal y desde su lugar en el aula promovió la participación de la mujer en la vida política y social, en enero de 1916 formó parte de las organizadoras del Primer Congreso Feminista en Yucatán y en nuestro país, celebrado en Mérida, a él acudieron más de 600 mujeres del estado del sureste. A finales de ese mismo año se llevó a cabo el Segundo Congreso Feminista en Yucatán y en esa ocasión solamente acudieron 250 mujeres, en ambos congresos las mujeres hicieron hincapié en sus derechos, en la necesidad de obtener derechos constitucionales similares a los de los hombres, entre ellos el poder ejercer su voto y del fracaso de la revolución por lograr condiciones de igualdad. En estos congresos la representante del gobierno de Venustiano Carranza y principal promotora de ambos congresos fue Hermila Galindo, cuya ponencia sobre la sexualidad de la mujer causó escandalo entre las participantes conservadoras del Congreso quienes pidieron que la ponencia de Galindo no fuera leída en público. En el segundo, Torre González fue la representante de Galindo.
En 1919, Rosa Torre González participó en la fundación de la Liga de Mujeres “Rita Cetina Gutiérrez”, nombrada así en honor de la educadora y cuyos ideales socialistas empatizaban con los del líder yucateco Felipe Carrillo Puerto.
Como el gobernador Felipe Carrillo Puerto y su hermana, Rosa era militante del Partido Socialista del Sureste, que la postuló como regidora del municipio de la capital yucateca.
En noviembre de 1922 Rosa fue electa como regidora de Mérida, esto la convirtió en la primera mujer en el país en ser electa para un puesto público, lo más relevante de la elección de Rosa es que en esos momentos en México la mujer no tenía derecho a ejercer su voto, por lo que su elección nos habla de la mentalidad de los votantes yucatecos de esa época quienes además al año siguiente habrían de elegir a Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Dzib como las primeras tres diputadas en el país cargo que les fue revocado con el asesinato de Felipe Carrillo Puerto, gobernador de Yucatán y hermano de Elvia. Siendo las funciones de los regidores puestos de rotación en cuanto a responsabilidades, tal vez para evitar la corrupción que se lleva a cabo hoy en día con los diferentes encargados por años de puestos de elección, Rosa Torre ocupó la Regiduría de Prensa y Beneficencia, la de Espectáculos, Salubridad e Higiene, la Comisión de Nomenclatura de Calles y Padrón Municipal. Rosa Torre ejerció su cargo hasta la caída de Carrillo Puerto.
Durante su gestión como regidora Rosa Torre publicó El Boletín Municipal, dedicado a hacer del conocimiento público las actas de sesiones y los avisos públicos. Actuó como censora de películas y conforme a un texto que escribió titulado: Mi actuación en el H. Ayuntamiento de Mérida en el año de 1923, también se encargó desde la parte de la beneficencia a dotar de servicios de emergencia médica a los pueblos del municipio de Mérida. Con el derrocamiento de Carrillo Puerto y su posterior asesinato, Rosa Torre como todos los funcionarios leales a Carrillo Puerto dejo el puesto y fue víctima de los hombres de Juan Ricárdez Broca, el de la huertista que se autonombró gobernador de Yucatán, quienes como ella misma describió catearon su casa.
El resto de la vida de Rosa Torre González transcurre desde ese silencio al que fueron obligadas desde el olvido la gran mayoría de las importantes mujeres de la Revolución Mexicana, se sabe que regresó a su labor como profesora y en 1947 participó en el Primer Congreso Interamericano de la Mujer celebrado en Guatemala. Fue miembro del Ateneo Mexicano de Mujeres que presidía Julia Nava de Ruisánchez.
Fue una de las pocas feministas reconocida como veterana de la Revolución Mexicana.
Rosa Torre González murió el 13 de febrero de 1973 en la Ciudad de México.


publicado en mamaejecutiva.net el 20 de agosto de 2018
imagen, wikipedia.org

martes, 17 de julio de 2018

El mundial de futbol del que nadie te ha hablado.




En México en 1971 se llevó a cabo el II Campeonato Mundial de Futbol Femenil. Sin la aprobación de la machista FIFA y países miembros que prohibían desde finales del siglo XIX el futbol femenil.

Armando Enríquez Vázquez

A pesar de la oposición de muchos, los primeros registros de equipos de mujeres jugando futbol soccer datan de la década de los años 90 del siglo XIX en Inglaterra, para ser precisos en Londres. Las entradas para ver a equipos que eran muy populares como las Damas de Dick Kerrey o las Damas de Saint Helen llenaban los estadios superando los 30,000 espectadores y un encuentro entre ambas escuadras reunió a más de 53,000 aficionados. Entonces los opositores ganaron y se prohibieron los encuentros y los clubes de futbol femenil, por ser este un deporte que no resultaba apto para mujeres. Habrían de pasar más de 65 años para que esta mentalidad cambiara.
Mientras 1970 fue el año en que se realizó por primera vez un Campeonato Mundial de Futbol de la FIFA en México y marcó el tercer triunfo de Brasil, con ello el país sudamericano se quedó en propiedad de la famosa Copa Jules Rimet. En Italia se llevaba a cabo La I Copa del Mundo del Futbol Femenil. La Asociación Mexicana de Futbol Femenil (AMFF), fue invitada a participar, siendo la única selección del continente americano en participar. México quedó en tercer lugar al derrotar a Inglaterra 3 – 2.
En 1971 el II Campeonato Mundial de Futbol Femenil, se llevó a cabo en nuestro país. Se creó para ello la Federación Mexicana de Futbol Femenil. Menos publicitado, con menor difusión y sin la aprobación de la FIFA que el mundial varonil, participaron seis selecciones; México, Argentina, Dinamarca, Italia, Francia e Inglaterra. México disputó la final contra Dinamarca y perdió 3-1, pero sin lugar a duda logró mucho mejores resultados que lo que han hecho las escuadras masculinas a lo largo de la historia de las copas del mundo incluyendo este campeonato en Rusia. El encuentro final que se llevó a cabo en el Estadio Azteca tiene el récord de asistencia de público en el Azteca para un partido femenil con 110, 000 personas. El torneo se llevó a cabo en el Estadio Azteca y en el Estadio Jalisco en Guadalajara y la final fue televisada por Televicentro.
Se creó una mascota para el Mundial que tenía mucha más gracia que el desangelado mexicanito llamado Juanito 70, estereotipo de un mexicano como lo ven en el extranjero. Xóchitl 71, era una joven atlética, con coletas, un balón a la cintura y su uniforme puesto. Al respecto, el genial Rius publicó un número especial de Los Supermachos dedicado al mundial femenil donde junto a un rodillo de cocina y un balón de futbol aparecen dos Xóchitl 71 diciendo: “El futbol es un deporte en el cual la mujer vino a demostrar…” dice la primera Xóchitl. “…que la selección nacional varonil sale sobrando.” Concluye la segunda.



Probablemente nunca hayas escuchado hablar de las estrellas de la selección nacional que conquistaron ese segundo lugar tan menospreciado a la fecha; María Eugenia, La Peque, Rubio, que fue la primera de las mexicanas en ser reconocida en Salón de la Fama del Futbol apenas este año. Alicia, La Pelé, Vargas, una de las mejores jugadoras del siglo pasado de acuerdo con la Federación Internacional de Historia y Estadística de Futbol (IFFHS), Martha Coronado, Rebeca Lara Pérez Tejada, Patricia Hernández Montoya, Bertha Orduña, María Acela Nila Mejía, Elsa Huerta Méndez, Paula Pérez Padierna, Guadalupe Tovar Ugalde que era la capitana del equipo y por consiguiente tenía el apodo de “La Capi”, Yolanda Ramírez Gutiérrez, Elsa Salgado Pérez, Lourdes de la Rosa, Sandra Tapia Montoya, Todas ellas pioneras del desarrollo de la rama femenil del deporte en México. El entrenador Víctor Manuel Meléndez y el coordinador del equipo Efraín Pérez. En la banca de la selección nacional también estuvo a lo largo de todo el torneo una niña a la que su edad, 12 años, el mínimo era de 15 años, no le permitió jugar en el campeonato su nombre Esther Mora, y aunque no jugó Esther Mora tiene una relevancia mayor en la historia del futbol femenil de México. Esther Mora que jugó futbol desde los seis años en equipos de niños, fue la primera mujer en anotar un gol en el Estadios Azteca, a la edad de 10 años, en 1969, durante un torneo infantil, dos años antes de que se llevara a cabo el Campeonato Mundial. Más allá de ese mérito en 1975 Esther se convirtió en la primera jugadora de futbol mexicana en ser contratada para jugar en Europa. Esther jugó para el equipo profesional Alaska Lecce de la ciudad de Veglie en Italia, donde jugó a lo largo de 5 años.
Fue hasta 1988 que la FIFA reconoció al futbol femenil y le realizó un campeonato mundial de prueba en Pekín que resultó un éxito, como 17 años antes lo había sido en nuestro país. Hoy 168 de las federaciones miembro de la FIFA cuentan con un equipo femenil.


publicado en mamaejecutiva.net el 9 de julio de 2018

martes, 15 de mayo de 2018

Margo Su una vida extraordinaria



Bailarina de carpa, promotora teatral, escritora, dueña del legendario Teatro Blanquita Margo Su es sin duda una de las mexicanas más exitosas y polifacéticas del siglo XX.

Armando Enríquez Vázquez

A raíz de un documental que vi hace poco acerca de los intelectuales y el poder en México llamado La muñeca tetona por una muñeca de trapo que aparece en la foto que da pie al filme me interesó una de las dos mujeres que acompañan en esa fotografía a personajes como Carlos Monsiváis, su tocayo y ex presidente del país Carlos Salinas de Gortari, Miguel Ángel Granados Chapa, Iván Restrepo y Gabriel García Márquez entre otros. Las únicas mujeres en la foto son Elena Poniatowska y Margo Su.
¿Quién fue Margo Su? ¿Por qué aparece en esa foto? ¿Por qué la ha olvidado la historia oficial de este país? ¿Realmente fue tan relevante esta mujer? Recordada por ser la empresaria dueña y que manejó el famoso Teatro Blanquita, uno de los lugares más emblemáticos de la cultura popular en la Ciudad de México, esta valiosa mujer se movió en mundos tan disímbolos como la farándula y la intelectualidad a lo largo de su vida.
Margo Su nació en la Ciudad de México el 21 de marzo de 1930.
Pobre en su infancia, Margarita Su López, que era su verdadero nombre, comenzó desde la primera adolescencia su vida como corista trabajando en diferentes carpas del centro de la Ciudad de México, Tenía tan sólo trece años y en esa época ganaba un salario de $3.50 que le permitía comer junto con sus compañeras en fondas de Garibaldi una buena comida corrida que costaba $1.50, pronto se distinguió bailando de pareja de un bailarín llamado Ricardo Luna. A temprana edad se casó con el empresario Félix Cervantes y entonces a finales de la década de los cuarenta la fortuna sonrío a la pareja que se sacó la lotería. Con el premio de diez mil pesos compraron un terreno en lo que es hoy el Eje Central y en esos años se llamaba San Juan de Letrán. El terreno que a principios del siglo XX había sido ocupado por el circo Orrin, ahora bajo sus nuevos dueños albergaría una carpa que evolucionaría en pocos años en un teatro a la que llamaron Margo y donde se presentaban los espectáculos típicos de las carpas; algunos cantantes, bailarinas y números cómicos.
A finales de los años cincuenta, pasados los años del desenfreno en cabarets y antros que movieron la vida nocturna de la Ciudad de México en tiempos de la II Guerra Mundial y la posguerra, la derecha moralizante se apoderó de las autoridades capitalinas y el Regente de Hierro Ernesto P. Uruchurtu decidió no sólo clausurar el Teatro Margo, sino que ordenó su demolición amparado en una supuesta falta de garantías de seguridad en el inmueble. El terreno quedó vacío, pero no por mucho tiempo. Margo Su y Cervantes levantaron un nuevo local en el mismo sitio al que nombraron en honor a la hija de ambos como Teatro Blanquita.
Margo Su se distinguió por administrar el teatro de 1968 a 1981 y más tarde de 1989 a 1991, bajo su batuta floreció de nuevo el teatro de vaudeville en México de una manera que apelaba a los mexicanos que como ella misma definió en un momento: “Estaban empezando a volverse urbanos” y preferían las comodidades que brindaba la televisión al espectáculo de las carpas.
Durante sus años como empresaria teatral Margo Su conoció y fue parte importante en la carrera de personajes como María Victoria, Pompín Iglesias, La Sonora Matancera, Pérez Prado. El 27 de agosto de 1960 fecha de la inauguración del Teatro Blanquita la actuación principal estuvo a cargo de Libertad Lamarque.
Curiosamente Margo Su no se limitó al espectáculo popular que ofrecía su teatro. Fue actriz en películas de los años 50 y 60 como Club de Señoritas, Las Leandras dirigidas por Gilberto Martínez Solares, Juventud Desenfrenada, dirigida por José Díaz Morales, División Narcóticos dirigida por Alberto Mariscal, entre otras y en los ochenta participó en las telenovelas Extraños Caminos del Amor y El Pecado de Oyuki.
Pero Margo Su fue además cercana a un importante grupo de intelectuales entre los que se encontraban Carlos Monsiváis, Héctor Aguilar Camín, Gabriel García Márquez y ejerció el periodismo cultural en La Jornada diario del cual fue una de las fundadoras. Con Monsiváis e Iván Restrepo fundó el Ateneo de Angangeo, origen de la tertulia entre intelectuales y políticos que dio origen a la famosa foto de Pedro Valtierra con Carlos Salinas de Gortari y la muñeca tetona. Margo Su, de acuerdo con Miguel Ángel Granados Chapa fue el enlace entre los intelectuales y la cultura popular. Pero por si no fuera poco Margo Su escribió dos libros Alta Frivolidad y Posesión. El primero publicado en 1989 y el segundo en 1991.
Ayudó a directores de Teatro como Abraham Oceranski a realizar proyectos escenográficos que nada o poco tenían que ver con la cultura con la que muchos la asocian y en el terreno teatral también trabajó en el escenario bajo la dirección de personajes tan importantes como Julio Castillo.
En 1993 Margo Su murió en Portland, Oregón víctima de cáncer.
Margo Su tuvo además una hermana que además de ser una de las bailarinas “exóticas” más importantes de la farándula de los años cincuenta, murió asesinada en un crimen turbio y pasional.
La historia y la vida de esta extraordinaria y polifacética mujer merece ser explorada y contada más a fondo.

publicado en mamaejecutiva.net el 8 de mayo de 2018

martes, 27 de febrero de 2018

Las filántropas de la colonia Del Valle.




En la nomenclatura de las calles de la famosa colonia Del Valle en la Ciudad de México existen un grupo de mujeres que muchos desconocemos porque fueron elegidas para ser honradas de esta manera.
Armando Enríquez Vázquez
Muy poca gente sabe quiénes fueron Concepción Béistegui, Luz Saviñón, Luz Bringas y otras mujeres cuya vida y hechos llevaron a los urbanistas de la capital a bautizar diferentes calles de la famosa colonia Del Valle en honor de estas mexicanas que en general permanecen desconocidas a los habitantes no sólo de la Ciudad de México, si no incluso de los vecinos de la ya mencionada colonia.
Probablemente la más conocida de ellas sea Luz Saviñón nacida en la ciudad de Puebla en 1850. Su padre fue un importante industrial poblano de nombre Gumersindo Saviñón, dedicado a los textiles a principios del siglo XIX. Luz Saviñón se casó con un abogado de nombre Bartolomé Saviñón y Zozaya. Sin descendencia y viuda Luz Saviñón decidió que tras su muerte, acaecida en la Ciudad de México en 1902, con su fortuna se crearan un colegio con el nombre de Colegio del Señor San José, para futuros párrocos católicos y un Monte de Piedad para prestar dinero sobre objetos a personas de escasos recursos.
La imagen que se conoce de Luz Saviñón la muestra como una persona a la que es difícil atribuir una carácter piadoso o noble, más bien retrata a una mujer dura, hosca. De acuerdo con el libro Personalidades de las Calles de la Colonia del Valle, publicado en 2012, por la institución fundada por Luz Saviñón, este Montepío fue inaugurado en 1902 por el entonces presidente Porfirio Díaz, quien además fue el primero en hacer uso de la institución al empeñar una leontina y la pluma de oro con la que firmó ese primer empeño por 35 pesos.
La institución de préstamo se ubicó en el centro de la Ciudad de México, mientras que el colegio fue establecido en Tacubaya, hoy el colegio lleva el nombre de la filántropa poblana y ambas instituciones funcionan hasta el día de hoy.
Concepción Béisteguí nació en 1820 en Guanajuato y lo único por lo que es recordada es por las palabras con las que inició su testamento:
“Yo Concepción Máxima Béisteguí y García, católica por la gracia de Dios y doncella por su benevolencia, teniendo sólo parientes ricos que no requieren de mi pecunio, lego mi alma a Dios y mis bienes a los pobres…”
Concepción Béisteguí murió el 5 de septiembre de 1873 en la Ciudad de México.
No sabemos porque era tan rica esta mujer, pero al parecer ella misma fue heredera de la fortuna de sus padres, pues como lo manifiesta en su testamento era doncella o sea jamás se casó, ni tuvo descendencia. El dinero que donó esta mujer sirvió para establecer un hospital en el centro de la Ciudad de México, en la calle de Regina número 7, que al igual que las instituciones fundadas con el dinero de Luz Saviñón aún existe y funciona. El hospital, hoy transformado en asilo se inauguró en 1886 y como en el caso del Montepío Luz Saviñon la ceremonia fue protagonizada por el General Porfirio Díaz presidente del país. El primer director del hospital fue el Doctor Joaquín Vertiz.
Historia similar es la de Luisa Martínez de Rodríguez Saro, quien al quedar viuda y no tener descendencia decidió heredar su fortuna para la fundación de un hospital que llevó su nombre.
Otras llamadas filántropas cuyos nombres aparecen en las placas de las calles de la colonia Del Valle son Luz Bringas, Ana María Mier y Doña Isabel Pesado De la Llave que comparte la calle con su esposo Don Antonio de Mier y Celis.
Ernestina Larrainzar fue una mujer dedicada a la religión a pesar de no ser monja, hija de un embajador plenipotenciario de nuestro país ante el Vaticano. Nació en Roma en octubre de 1854 en Roma, Italia. Junto con su hermana Enriqueta y el párroco Fray Manuel María Ortiz originario de Cholula, y la ayuda de su padre fundó la congregación de las Hijas del Calvario en 1885, la congregación fue reconocida por la Santa Sede en 1909 y continua activa.
En los límites norte de la colonia, bordeando con el Viaducto esta la calle de La Morena que no hace referencia a ninguna filántropa, viuda, ni doncella sino todo lo contrario. Al parecer durante La Colonia, existió en los que entonces eran las afueras de la ciudad y hoy forman parte de las calles de Xola y Viaducto, un burdel afamado regenteado por una mestiza a la apodaban “La Morena” y cuyo nombre no sobrevivió al viento del olvido que cuando sopla mata, pero que hoy junto con las damas filántropas de cierta alcurnia conforman las calles de la colonia Del Valle, que honran a diferentes mujeres mexicanas.


publicado en mamaejecutiva el 19 de febrero de 2018

miércoles, 7 de febrero de 2018

Ruth Rivera Marín la olvidada hija de Diego.



Ruth Rivera Marín tuvo una destacada carrera como arquitecta y docente que es opacada por la imponente figura de su padre y lo breve de su vida.

Armando Enríquez Vázquez

La importancia de Ruth Rivera Marín no se basa en ser hija de dos figuras importantes en la vida cultural de México; Diego Rivera y su segunda esposa Guadalupe Marín. Ruth brilló con luz propia y es referente en varios aspectos de la historia de nuestro país.
Ruth Rivera Marín nació el 18 de junio de 1927 en la Ciudad de México. Tuvo una infancia y adolescencia en la que las figuras de Diego Rivera y Guadalupe Marín la marcaron a ella y a su hermana Guadalupe. En una entrevista que concedió Guadalupe al diario El Universal en el año 2007 declaró acerca de su padre: “Tenía ideas feministas, siempre nos impulsó a ser mujeres libres…” además de esa mentalidad abierta y en esos años considerada como de izquierda y hasta comunista, Diego Rivera inculcó en sus hijas un amor por México y por todo lo que se hacía y realizaba en nuestra patria y eso esta muy claro a lo largo de toda la carrera y propuestas nacionalistas de Ruth.
Con toda la gente que había a su alrededor Ruth aprovechó y se nutrió de esa amor nacionalista y renovador que era el fundamento del momento siguiente al final de la lucha armada, tomó clases de danza moderna con Waldeen y de teatro con Seki Sano. Pero su vocación se encontraba en la arquitectura y la docencia, Ruth fue la primera mujer en egresar de la Escuela Superior de Ingenierías y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional.
Ruth Rivera Marín inició su carrera como docente en 1953 en su alma mater el IPN, ingresó al departamento de arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1952, del que era directora en el momento de su muerte. Como arquitecta participó en las obras de la reconstrucción del Teatro de la República en Querétaro en 1954.
En 1959 formó parte del comité que diseñó los planes nacionales de las enseñanzas artísticas. Ruth estaba interesada en recuperar diferentes espacios y convertirlos en centros culturales por lo que proyectó y participó en la transformación de la ex cárcel de Dolores Hidalgo y de el ex convento de monjas que existía en San Miguel de Allende.
También trabajó junto con Guillermo Rossell en la reconstrucción y montaje del museo de la Revolución Aquiles Serdán en Puebla. A lo largo de su vida Ruth Rivera colaboró con distinguidos arquitectos como Pedro Ramírez Vázquez, Ramiro González del Sordo, René Martínez Ostos y Jorge Luna en diferentes e importantes proyectos.
Su trabajo más relevante lo emprendió junto con su padre y el arquitecto Juan O’Gorman al construir y diseñar el museo Anahuacalli, que esta cumpliendo cincuenta años y en el que el muralista mexicano legó su colección de arte prehispánico al pueblo de México.
Pero su labor primordial estuvo en la promoción de la arquitectura mexicana, bajo su iniciativa como directora del Departamento de Arquitectura del INBA se crearon los Cuadernos de Arquitectura, así como diversos libros y artículos sobre arquitectura. Los Cuadernos de Arquitectura, se convirtieron en uno de los programas de mayor importancia al Interior del INBA y referente de la arquitectura mexicana.
Ruth Rivera Marín murió el 15 de diciembre de 1969 a la edad de 42 años.  
Ruth Rivera se casó en segundas nupcias con el extraordinario pintor Rafael Coronel. Con su primer esposo Pedro Alvarado Ruth tuvo dos hijos; Ruth, quien murió en 2007 y Pedro Diego mientras que con Rafael Coronel tuvo un hijo: Juan Rafael.

publicado en mamaejecutiva.net el 29 de enero de 2018
imagen mediateca.inah.gob.mx 

martes, 23 de enero de 2018

Lidia Dorantes Álvarez la riqueza científica de los alimentos mexicanos.



Esta científica mexicana estudia los diferentes productos originarios de nuestra tierra y que comemos casi a diario a los cuales encuentra cualidades sorprendentes.

Armando Enríquez Vázquez.

Siempre me ha maravillado esa conquista a la inversa que representa la invasión de los miles de productos que los europeos llevaron de América al Viejo Continente y la manera que estos se incrustaron en el gusto y las costumbres culinarias de los diferentes países europeos al grado que mucho de ellos no reconocerían la comida de sus antepasados dada la falta de los productos americanos, pero también como en un principio algunos de ellos, el maíz, por ejemplo, fueron despreciados, incluso acusados de diabólicos y venenosos entre sociedades puritanas, como sucedió con el jitomate.
Los mapas, diagramas y listas de todo aquello que viajó desde nuestro país a España, puerta de entrada, y poco a poco fue introduciéndose en los calderos y cacerolas de Europa son clara muestra de esto. También existen plantas que se abrieron paso a laboratorios gracias a los extensos manuales que recopilaron algunos de los catequizadores del Nuevo Mundo acerca del uso y conocimiento de la flora por parte de los habitantes del continente descubierto. Por eso cuando se habla de dietas, características nutricionales y medicinales me llama la atención como la mayoría de los actuales mexicanos hemos olvidado o despreciamos estos conocimientos y la tradición de una herbolaria que sólo después de la china es la más grande y antigua del mundo.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX han sido más de uno los científicos que han volteado a las plantas mexicanas y los usos tradicionales de las mismas, analizando sus compuestos y características. Gracias a este tipo de investigaciones surgió durante los años sesenta del siglo pasado la revolución sexual que cambió de manera definitiva la forma occidental de ver y practicar el sexo. La pastilla anticonceptiva surgió gracias a las investigaciones sobre una planta llamada Barbasco o popularmente Cabeza de negro de origen mexicano.
En las últimas décadas se ha desatado una obsesiva compulsión por medir lo saludable que puede ser y debe ser nuestra alimentación. Han surgido y se han puesto de moda “superalimentos” que tras una breve euforia en su consumo desaparecen de nueva cuenta, las dietas más conocidas nos hablan de valores nutricionales y recomiendan alimentos que no son fáciles de conseguir para todos los mexicanos, como bayas, quinoa, rábano negro y otros, parecería que olvidamos la riqueza de nuestra tierra.
El Instituto Politécnico Nacional tiene casi un siglo de preocuparse por este tipo de investigaciones y entre los científicos que lo hacen, acabo de descubrir a una Ingeniera Bioquímica dedicada a estudiar diferentes productos alimenticios mexicanos, la Doctora Lidia Dorantes Álvarez.
Lidia Dorantes nació en la Ciudad de México, vivió en la delegación Azcapotzalco y era hija de un hematólogo, que la llevaba a su laboratorio, donde Lidia Dorantes disfrutaba de mirar a través del microscopio, lo que indudablemente influyó de manera importante en su vocación. Lidia Dorantes, estudió y es egresada de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, tiene la maestría en Ciencia de los Alimentos también en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN y un doctorado en Tecnología de los alimentos por la Universidad Politécnica de Valencia.
Su trabajo se ha centrado en investigaciones dedicadas a diferentes alimentos mexicanos y sus características ya sea alimenticias o como en el caso del chile guajillo y los pimientos en las sustancias que contienen y que son capaces de atacar a ciertas bacterias patógenas como las Salmonellas, Escherichia Coli, y otras, La doctora Dorantes analiza como aplicar dichos compuestos en otros alimentos, sobre todo productos cárnicos para evitar su descomposición, así como utilizarlos en la protección del consumidor a través de salsas donde la cantidad de los compuestos que atacan a las bacterias sea controlado para asegurar su efectividad.
También ha trabajado con el aguacate, desarrolló junto con otra investigadora del IPN, Alicia Ortiz, una patente para la creación de una pasta de aguacate baja en calorías, así como un aceite de aguacate extra virgen. De acuerdo con estas investigaciones Dorantes ha comprobado que el aceite de aguacate es similar al de oliva, además de presentar un contenido importante de Luteína que previene la degeneración de la mácula ocular. El aguacate ha estado en la mente de la Doctora Dorantes al menos desde sus tiempos como estudiante de la maestría, pues su tesis la dedicó a las enzimas que catalizan el oscurecimiento de esta fruta.
Otra de sus investigaciones tiene que ver con la cantidad de antioxidantes en semillas como el cacahuate, el pistache o la nuez de castilla. O la acción de las micro ondas en los compuestos de ciertos alimentos.
La doctora ha sido galardonada en diferentes ocasiones en reconocimiento a sus investigaciones en 1979 obtuvo el Premio Nacional en Ciencias de los Alimentos, en 2003 el Premio Nacional de Ciencia y Tecnología en Alimentos otorgado por el CONACyT y en 2016, el Premio Nacional al Merito en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, entre otras distinciones.
La investigadora continua al frente de su laboratorio y publicando artículos científicos resultados de sus investigaciones.

publicado en mamaejecutiva.org el 15 de enero de 2018
imagen: ipn.com