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miércoles, 27 de abril de 2016

Levina Teerlinc miniaturista de los Tudor.




Bajo el servicio de cuatro diferentes reyes Tudor se extiende la sombra de una pintora de la que poco se sabe y cuyo talento debe haber sido enorme.
Armando Enríquez Vázquez.
Poco sabemos de Levina Teerlinc, su obra se perdió en la noche de los tiempos y existen algunas miniaturas que se le atribuyen, pero sin estar cien por ciento seguros de que ella sea la autora, ya que Levina Teerlinc jamás firmo una de sus obras. Sin embargo, la importancia e influencia que dejó en el mundo de los miniaturistas de la Inglaterra de los Tudor fue más que trascendental. Curiosamente una de las formas en que sabemos de su existencia y de su importancia es porque sabemos cuál fue el salario asignado a Levina por los reyes Tudor.
Levina nació en Brujas entre 1510 y 1520. Levina fue la mayor de cinco hijas. Su padre y su abuelo fueron maestros pintores, dedicados a ilustrar manuscritos. Simón Bening, con el tiempo y la llegada de la imprenta que abarató su trabajo, optó como muchos de sus contemporáneos por dedicarse a las miniaturas, arte que compartía muchas similitudes con su otra especialidad y fue seguramente quien enseñó a su hija mayor, como lo imponían las costumbres, su oficio, aunque este como muchos de los hechos en la vida de Levina no es un hecho verificable, a diferencia del hecho que tras casarse en 1545 con un inglés de nombre George Teerlinc de Blackenberge, Levina se mudó a Inglaterra.
Algunas de las crónicas la ponen de manera directa en la corte de Enrique VIII, otras dicen que Levina fue presentada al monarca por Catalina Parr, la última de las seis esposas del monarca inglés. El arte de Levina parece haber sido muy bien apreciado por Enrique VIII, que la nombró pintora de la corte. En poco menos de dos años la corte inglesa había perdido a sus dos pintores oficiales; en 1543 a Hans Holbein, el joven y al año siguiente en 1544 a Lukas Horenbout.
Levina no sólo fue nombrada por Enrique VIII, lo que era un honor para ella por ser una mujer en un mundo de hombres, sino que el salario que se le asignó fue mayor al de sus antecesores. Levinia fue una pintora importante, y su mayor destreza estaba en las miniaturas. En esos años las miniaturas se utilizaban de diferentes formas, para llevar la imagen del ser amado, sobre todo si este era un amor prohibido, escondido entre las ropas. Para presentar ante los soberanos y otros miembros de la realeza a los miembros de otras nobles familias de otros países, por ejemplo, a las princesas y mujeres casaderas a los candidatos a desposarlas. Levina se cree fue la primera artista en representar en las miniaturas escenas grupales y presentar a más de un personaje en ellas. Además, Levina utilizó por primera vez un formato oval en una miniatura, algo que pronto copiarían otros miniaturistas. Hasta ese momento las miniaturas se llevaban a cabo en formatos cuadrados o rectangulares. Se sabe que año tras año, en el primer día del nuevo año Levina le regaló a Isabel I una pintura.
Se cree que Levina escribió un tratado acerca del arte de las miniaturas, como también se cree que puede haber trabajado además en el diseño y la creación de piezas de joyería y sellos reales para la corona. A la muerte de Enrique VIII, Levina fue confirmada en su puesto como pintora real en su momento por los tres hijos que lo sustituyeron; Eduardo VI, María I e Isabel I.
Se cree también que fue Levina la que instruyó a Nicholas Hilliard quien tras su muerte la sustituiría en la corte. En 1566, Levina obtuvo el grado de súbdita inglesa, que de alguna forma es como adquirir una nacionalidad hoy en día.
Desafortunadamente no existe una obra que se pueda asegurar que sea de ella y aunque se le han atribuida algunas, no existe certeza de que así sea.
Levina Teerlinc murió el 23 de junio de 1576.

publicado en mamaejecutiva.net el 18 de abril de 2016
imagen insht.es

martes, 6 de marzo de 2012

Grace O’Malley, reina del Mar del Norte.



Armando Enríquez Vázquez
Entre los piratas de las Islas que hoy conforman el Reino Unido e Irlanda existen historias que nos gusta escuchar y leer, Sir Walter Raleigh y Francis Drake, atacando a la flota española, enriqueciendo a su majestad Isabel I de Inglaterra. Vale la pena contar la historia de una brava y aguerrida pirata que controló parte de los mares del norte de la Gran Bretaña e Irlanda y que puso en jaque a los ingleses, obligando a la reina Isabel I a entrevistarse con ella para lograr la paz en aguas inglesas.
Su nombre Gráinne Ní Mháille, también conocida como  Grace O’Malley o Granuaile, que era su apodo y significa “Gráinne, la calva”, en referencia a una de las primeras anécdotas que se conocen sobre la indomable pirata. Hija de la nobleza irlandesa, se dice que siendo niña insistía en acompañar a su padre en un viaje a España, sin embargo pretextando que el cabello largo de una mujer se puede enredar con las cuerdas de los barcos su padre evitaba llevarla consigo, por lo que la pequeña Grace cortó su cabello y logró zarpar con su padre.
Grace nació alrededor del año 1530 y se casó por primera vez en 1546 con “Donal de las batallas”, la alianza política de este matrimonio aumentó el tamaño de las tierras dominadas por el esposo quién como su apodo lo indica era amante de pelear con todo aquél que se le pusiera enfrente, lo cual lo llevó a la muerte a principios de 1560. Durante los años de su matrimonio Grace estableció su base de operaciones en la parte oeste de Irlanda, tras la muerte de Donal, Grace cambio su base a la Isla de Clare, seguida por muchos de los hombres de su esposo que a partir de ese momento le fueron incondicionales.  Desde ahí se dedicó a saquear la costa de Escocia. Grace O’Malley siempre luchó contra las coronas irlandesa y de Inglaterra, defendió su territorio y expandió su dominio. Perseguida por los ingleses, O’Malley se reunió en 1593 con la reina Isabel I tras contestar un cuestionario que la reina le envió y a la que la pirata añadió una serie de demandas, se dice que durante el encuentro ambas mujeres hablaron en Latín, y la leyenda cuenta que a O’Malley, la guardia de la reina le descubrió una daga oculta en sus ropas, la pirata argumentó que la llevaba para defenderse de cualquier traición, sin embargo, el arma le fue retirada. Otra leyenda dice que durante la entrevista la pirata estornudó y uno de los miembros de la corte inglesa le alcanzó un pañuelo, tras limpiarse Grace O’Malley tiró el pañuelo al fuego de una de las chimeneas, los ingleses ofendidos protestaron la acción, pero la rebelde mujer se limitó a explicar que para los irlandeses una vez usado un pañuelo este estaba sucio y debía ser eliminado. A pesar de en un principio respetar los acuerdos con O’Malley, la corona inglesa no tardó en incumplir los acuerdos. O’Malley luchó durante toda su vida. Lo curioso es que ambas mujeres murieron en 1605.

publicado por la revista ATM del mes de Febrero de 2012 
Imagen cortesía de pirateuniversity.webs.com