sábado, 12 de abril de 2014

Helia Bravo Hollis, una vida entre cactáceas.




La primera mujer titulada como bióloga en nuestro país, fue una de las personas que más hizo por la botánica en México.

Armando Enríquez Vázquez.

Imaginen una mujer bajo el sol de las zonas áridas del país investigando y documentando las cactáceas, ahora imaginen a esa mujer en una época cuando algunas luchas armadas brotaban de los rescoldos de una revolución que no se terminaba de apagar. En un país de prejuicios, de muy pocas científicas. Helia Bravo Hollis en la década de los 30 viajaba por el país clasificaba e identificaba a las plantas que como el país, parecían agrestes y llenas de espinas. Y nunca se quejó de ningún tipo de discriminación por su género.
La Doctora Helia Bravo Hollis nació en la Ciudad de México, en lo que se conocía como la Villa de Mixcoac,  el 30 de septiembre de 1901. Durante su infancia, en 1908, le fue otorgado un diploma por buen aprovechamiento en sus estudios de primaria firmado por el entonces presidente de la República, el General Porfirio Díaz, y el secretario de Justicia e Instrucción Pública y Bellas Artes Justo Sierra. Su padre maderista fiel fue fusilado cuando el Presidente Madero fue asesinado.
Durante sus años preparatorianos conoció al profesor Isaac Ochoterena. Bajo su tutela la joven publicó su primer trabajo en la Revista Mexicana de Biología en 1921. Ochoterena fue uno de los primeros botánicos investigadores de México. Su influencia en la joven Helia la llevó a cambiar su interés por la medicina por una pasión por la biología y sobre todo por la botánica. La primera asignatura que el profesor Ochoterena le dio a Bravo Hollis fue la de observar la vida de los protozoarios en un caldo de cultivo a base de paja.  Helia, habla de él en sus memorias. Bravo Hollis afirma que Ochoterena no sólo le inculcó, a ella y a sus compañeros, el amor por la biología, sino que además les inculcó el gusto por la cultura.
En 1927 y cumpliendo con las materias propias de su carrera, en ese entonces la carrera de biología era parte de la facultad de filosofía,  Helia se convirtió en la primera bióloga titulada de nuestro país. En 1929 la Universidad alcanzó su autonomía y Ochoterena quedó como encargado de lo que se convertiría con el tiempo en el Instituto de Biología. Ochoterena nombró a Helia  como encargada del herbario y le encargó el estudio de las cactáceas, esto es de una de las familias de plantas con las que más identificamos a México; Cactus, nopales, chollas, en  total existen más de 700 especies en nuestro país y más del 75% de esas especies, son endémicas de nuestro país, es decir no existen en ningún otro lado. Así Bravo Hollis comenzó a viajar por el país apuntando, recolectando y fotografiando diferentes cactáceas.
Helia Bravo Hollis, a lo largo de su vida, clasificó y estudió cientos de plantas y en su honor se ha utilizado su nombre para bautizar a muchas de estas especies, por ejemplo Heliabravoa chende, un género de cactácea que tiene su hábitat en la zona desértica de Tehuacán. Airocarpus bravoanus, una cactácea endémica de San Luis Potosí, Opuntia bravoanus, Opuntia heliabravoana, y Opuntia heliae que son especies de nopal. Mammillaria hahniana ssp bravoae. Una cactácea bulbosa endémica de la Sierra Gorda de Querétaro.
Helia Bravo Hollis escribió más de 160 publicaciones, pero no solo se dedicó su vida a las cactáceas, al mismo tiempo que estudiaba su carrera de bióloga en la Universidad Nacional, estudió biología marina en el Pomona College y también dedicó parte de su vida al estudio de la flora acuática de nuestro país.
La doctora Bravo Hollis fue galardonada con múltiples condecoraciones a lo largo de su vida. La última que recibió en vida se la otorgó el Presidente Ernesto Zedillo en el año de 1999, al decretar a la Barranca de Metztitlan, en el estado de Hidalgo como Reserva de la Biosfera. Barranca que la doctora había explorado muchas veces en su juventud.
Helia Bravo Hollis murió el 26 de septiembre de 2001 a 5 días de cumplir 100 años.
La Universidad Autónoma de Puebla bautizó su jardín botánico con el nombre de la eminente científica mexicana en la zona del desierto de Tehuacán. En 1991, la directora de teatro Jesusa Rodríguez le compuso una canción tituladas Las suculentas.


Publicado en thepinkpoint.com.mx el 4 de abril de 2014
imagen: desproporciónaurea.wordpress.com