viernes, 18 de agosto de 2017

Historia de ranchos de aquí y por allá: Massey Fergusson.





Nadie conoce mejor las necesidades del campo que los agricultores y la historia de esta empresa inicia en las zonas rurales de Canadá, Irlanda y Estados Unidos.

Armando Enríquez Vázquez

La historia de una de las empresas más importantes en la fabricación de vehículos e implementos agrícolas tiene forzosamente que nacer en el campo, junto con las yuntas y las tierras aradas, de la mano de hombres que han palpado la tierra fértil y la han cultivado. Lo curioso es que esta historia tiene aires de campo de diferentes tierras y de diferentes tiempos.
Daniel Massey, pertenecía a una familia de migrantes originarios de Cheshire en Inglaterra, que se estableció en el noreste de Estados Unidos, más de ciento cincuenta años antes del nacimiento de Daniel, el cual ocurrió el 24 de febrero de 1798. Con la llegada del siglo XIX y tal vez más oportunidades o menos penurias la familia decidió migrar al norte, a Canadá. A orillas del Lago Ontario el padre se dedicó a cultivar la tierra, Daniel fue enviado a Nueva York con familiares y obtuvo algo de educación formal después todavía siendo un niño regresó a Canadá y Mientras su padre se dedicaba a trabajar en el ejercito canadiense, Daniel, a los 14 años, era el encargado de la operación de la granja, pero esto no duró mucho y Daniel abandonó el seno familiar a los 19 años para dedicarse a diferentes labores, principalmente a dirigir cuadrillas de recién llegados a Canadá a talar las áreas boscosas para convertirlas en tierra de cultivo y vender las granjas.
Alrededor de 1830, Massey compró uno de los terrenos y se dedicó a trabajarlo y dar hogar a su familia. Daniel Massey se casó en 1920 y tenía 10 hijos. Pero la vida de agricultor no le gustó mucho y para 1844 cedió el manejo de la granja a su hijo Hart, para el dedicarse a diseñar y fabricar implementos de labranza. En 1847 se asoció con el dueño de una fundición y un taller de herramientas y comenzó los fundamentos de lo que hoy es Massey-Fergusson. Pero antes mucho antes de que esto sucediera, Hart se unió a su padre y años después le compró el negocio en 1856, año en el que Daniel Massey murió el 15 de noviembre.
Fue la visión de Hart la que convirtió a la empresa de una compañía pequeña, en una industria que llamó la atención de los agricultores de aquel país, gracias a la innovación, la adquisición de licencias de venta y la agresividad con la que Hart Massey atacó los mercados de Canadá y del norte de Estados Unidos. La importancia de la marca fue tal que se convirtió en una de las dos con más participación de mercado en Canadá y en 1891 convenció a su principal competencia para crear una sola empresa que se llamó Massey-Harris.
John Harris el dueño de la segunda empresa al igual que Hart era hijo del fundador, Alanson Harris, A Harris, Son and Co Ltd en 1870 otra empresa dedicada a la creación de implementos agrícolas y aunque Alanson no había sido jamás agricultor, pero había vivió toda su vida en una comunidad rural de Ontario, Canada. Alanson nació el 1º de abril de 1816. Para finales del siglo, la operación de Harris estaba en manos de John y ante las amenazas en el mercado decidió unirse con Massey,
Tan sólo siete años antes de la unión entre Massey Harris nació en Irlanda del Norte, Harry Ferguson, el 4 de noviembre de 1884 en County Down, hijo de un agricultor, Harry fue obligado por su padre a abandonar la instrucción para dedicarse al trabajo en la granja, algo que  Harry odiaba. Harry no tardó mucho en abandonar la granja y unirse a su Hermano Joe en Belfast, donde el segundo había establecido un taller de reparaciones para bicicletas y automóviles. Ferguson comenzó a correr motocicletas y se fue acercando también a una de las más atractivas novedades del siglo XX; la aviación.
Inquieto, moderno y rechazando su origen rural Harry voló por primera vez un avión en 1909, un avión construido por el propio Harry, y también se convirtió en piloto de automóviles de carreras. Pero dentro de él estaba el interés por mejorar los niveles de vida de los agricultores, así que, durante la I Guerra Mundial, comenzó a diseñar y patentar implementos y tractores que facilitaran la vida de los campesinos de Irlanda del Norte. Las innovaciones e inventos de Ferguson cruzaron el Atlántico y Henry Ford se interesó en el joven y lo invitó a trabajar con él, pero Ferguson prefirió su independencia y mantenerse en Belfast. En 1926, patentó su patente más importante, un sistema para los tractores que se sigue utilizando hoy día, mientras que en Canadá cuatro años después en 1930, Massey -Harris construía el primer tractor diseñado por la empresa.
Ferguson llevó a cabo un acuerdo únicamente de palabra con Ford para que este fabricara tractores con el sistema hidráulico de Ferguson. Esto con el tiempo terminó con un litigio que obligó a Ferguson a buscar nuevos proveedores.
La búsqueda terminó con la fusión entre Massey-Harris y Ferguson. En 1958 la empresa fijo su nombre actual Massey-Ferguson.
Harry Ferguson murió el 25 de octubre de 1960 en Gloucestershire, Inglaterra.
Desde 1994 Masey-Ferguson forma parte del corporativo de AGCO, una empresa dedicada a implementos, maquinaria y vehículos para el campo. 

publicado con otro titulo el 3 de agosto de 2017 en thepoint.com.mx
imagen Massey Ferguson.com

jueves, 17 de agosto de 2017

Una sencilla serie de humor negro.





Entre los estrenos de 2017, en materia de series se encuentra Imposters. Una serie pequeña pero de gran intensidad.

Armando Enríquez Vázquez

Entre los estrenos de 2017, en materia de series se encuentra Imposters, una serie norteamericana producida por el canal Bravo y que, a pesar de parecer una serie menor, es una de las más divertidas, inteligentes y llena de vueltas de tuerca, como toda buena serie de estafadores debe ser, que he visto este año.
En medio de los clásicos sitcoms de gags fáciles y trillados, de las series de policías y asesinos que se resuelven en un sólo capitulo, los creadores de la serie, Paul Adelstein y Brook Adams, así como los escritores lograron una serie redonda, llena de humor negro. Una serie que se sostiene a lo largo de una primera temporada de diez capítulos con giros en la trama, guiños para el espectador y una serie de trucos en el guión que mantienen el interés por la serie y los personajes.
La trama es sencilla; Al llegar a casa después de casi un mes de haberse casado Eza Bloom (Rob Heaps), la encuentra vacía, su esposa, ha desaparecido y con ella toda la fortuna de Ezra. Ha sido víctima de un equipo de estafadores dedicados a engañar a solteros con dinero y problemas para relacionarse con los demás, a partir de tramas sencillas envuelven a sus prospectos a partir de la belleza y juventud de Maddie Jonson (Inbar Lavi) de quien invariablemente, se enamoran. Las estafas terminan en el altar. Pocos días después de la boda, Maddie desaparece y los deja sin nada, excepto un video disculpándose y amenazando con exponer secretos negros de ellos o su familia si se atreven a denunciarla. Así conocemos a tres parejas victimas de Maddie: Ezra Bloom, Richard Evans (Parker Young) y Jules Langmore (Marianne Rendón), que iniciarán el largo viaje para encontrar a Maddie y pedir las explicaciones necesarias, además del dinero.
Tal vez, contada así no resulte atractiva, pero lo que sigue en la trama, cuando Ezra, Richard y Julesse encuentren y lo hacen en medio de un nuevo trabajo. Aquí no va ni la mitad de la serie. Convierte cada capítulo en nuevas situaciones, con nuevos planteamientos y una historia que al mismo tiempo que se complica, integra nuevos personajes, igual de extraños y cínicos, como Lenny Cohen (Uma Thurman) encargada de solucionar de manera drástica cualquier problema que surja al interior del equipo de estafadores, bajo las órdenes directas del Doctor (Ray Proscia), un cirujano, encargado de investigar y proporcionar toda la información de futuras víctimas a los estafadores, jefe de la banda y quién se lleva el 70% de las ganancias obtenidas, y de los que Maddie y sus compañeros parecen ser sólo una célula entre otras que controla El Doctor.
Sí además incluimos en la mezcla agentes del FBI encubiertos, lo que en un principio parecía una serie de lugares comunes, se transforma en una serie llena de intrigas dentro de la intriga y otras intrigas menores.
Imposters, tiene sus guiños a películas que también tratan sobre el tema de estafas y trucos como la señal entre Max (Brian Benben) y Richard, homenaje a El Golpe.
Imposters está llena de amargura, de mala leche, de cinismo y ganas de vengarse. La justicia institucional y la justicia que los hombres por su propia mano ejecutan, códigos que crean vínculos dentro de una sociedad donde los códigos y reglas son creados para que los hombres mismos que juran defenderlos, los puedan romper y violar en aras muchas veces de cosas tan absurdas y concretas como la gloria personal. Una serie donde para actuar fuera de la ley hay que crear leyes y códigos propios que pueden resultar igual de endebles que los que rigen a la sociedad en general.
Pero también está llena de empatía entre aquellos que no pueden, o mejor dicho deben, ser empáticos. De camaradería entre los incapaces de creer en la solidaridad, de amor entre los descorazonados, y donde todo queda colgando de los hilos que prometen una segunda temporada con un aura aún más trágica y llena de humor negro que la primera, si es que Bravo llega a confirmarla. 
Es una serie de traidores traicionados, de traicioneros buena onda y de traicionados traidores, Imposters, es un buen ejemplo de una serie ligera de gran humor negro.

publicado en roastbrief.com.mx el 17 de abril de 2017
imagen: bravo.com 

miércoles, 16 de agosto de 2017

Hanna Hammarström y los cables del teléfono.





Innovar, crear e inventar para satisfacer las necesidades de la creciente industria telefónica sueca, fueron sólo algunos de los logros de esta empresaria sueca del siglo XIX.
Armando Enríquez Vázquez
Entre las empresarias desconocidas del siglo XIX se encuentra Hanna Hammaström, dueña de un importante monopolio. Luchando en un mundo de hombres y tecnología, fue capaz de mantener su conciencia de género en una época donde nadie hablaba ni de derechos humanos, ni de equidad de género.
Hanna Hammarström nació en Estocolmo el 4 de noviembre de 1829, su padre fue un comerciante dedicado al algodón y la seda. Par Hammarström creía firmemente en dar un oficio a sus hijos sin importar el sexo, por lo que en algún momento empleó a Hanna y esta terminó aprendiendo a trabajar el alambre a partir de máquinas, lo que le permitía enrollarlo y venderlo a diferentes empresas dedicadas a confeccionar diferentes artículos femeninos como sombreros que lo necesitaban para crear el armazón del producto.
En 1883, se fundó la empresa pública sueca de telefonía llamada Stockholms Allmänna Telefonaktiebolag. Esta empresa pretendía competir con la empresa de Alexander Graham Bell, que había instalado la primera red telefónica en Suecia, pero que resultaba muy cara para los habitantes de Estocolmo. Hanna, entonces una mujer de 54 años se enteró de lo caro que resultaba comprar el cable telefónico de cobre en Suecia, ya que este se importaba de Alemania y comenzó a experimentar con sus máquinas el producir los rollos de cable de cobre que necesitaba la industria telefónica. Hanna logró un mejor producto y más barato que el cable alemán, lo que aunado a su amistad con el magnate sueco de la telefonía Lars Magnus Ericsson le ayudó a posicionarse en un ambiente que era doblemente hostil para las mujeres; El mundo de negocios y el mundo de la tecnología. Sin embargo, Hanna Hammarström logró no sólo sobrevivir en ambos, sino que los conquistó.
Hanna Hammarström fundó y consolidó un verdadero monopolio, al convertirse en la única persona en vender cable de cobre galvanizado para telefonía en Suecia y exportando su producto a Finlandia. Su fábrica estaba situada en Estocolmo y para la operación de la misma Hanna sólo ocupaba mujeres a las que ella misma capacitaba. Para 1886, la labor y la calidad del producto de Hammarström, le ganaron el primer lugar en la exhibición sueca acerca de la energía eléctrica y maquinaria para producirla y similares.
Poco o nada más allá de esto es lo que se puede encontrar de información acerca de Hanna Hammarström, pero su vida y su actividad como empresaria en el mundo masculino a finales del siglo XIX y principios del XX son relevantes. Supongo, también que Hammarström, nunca se casó, como tampoco tuvo descendientes. Tal vez, por eso nadie se ha interesado en contar su historia.
Hannah Hammarström se mantuvo al frente de su empresa hasta su muerte en 1909. Tenía 79 años.

publicado el 31 de julio de 2017 en mamaejecutiva.net
imagen: wikipedia.org