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viernes, 29 de septiembre de 2017

Fue diecinueve otra vez.




La participación ciudadana ha ido más allá de la ayuda física, económica y material, manifestándose en mensajes a través de redes sociales.

Armando Enríquez Vázquez

De la misma forma que hace 32 años la llamada sociedad civil ha rebasado cualquier actuar de los gobiernos federal y local, no se trata de hablar de ls pésima y patética reacción del Jefe de Gobierno Miguel Ángel de Mancera, que sin pensar en la ciudadanía que tenía la urgencia de desplazarse desde el sur de la CDMX (Marca Registrada) a buscar familiares o llegar a casa, decidió dar gratis un servicio inexistente de Metrobús. Desde las estaciones llenas de mexicanos en espera de transporte que al paso de los minutos y las horas no llegaba, veían a otros miles de mexicanos caminar en ambos sentidos de las aceras de Insurgentes sur con tratando de alcanzar su destino. Ni que decir de la nula solidaridad de muchas de las rutas de transporte público concesionado que de la misma forma suspendieron su servicio, la respuesta; miles de automovilistas solidarios acercaban a cuantos podían llevar, incluidos algunos subidos en las cajuelas, a su destino final aliviando a la ciudad de manera solidaria y prestando el servicio que Mancera canceló. En 1985, el entonces Jefe de Gobierno Ramón Aguirre, obligó a todos los transportes públicos del entonces Distrito Federal a dar servicio a los ciudadanos que lo necesitaban. Una de las pocas buenas acciones del corrupto regente guanajuatense de esos días.
Las palabras y acciones del jefe de gobierno han resultado ridículas y cobardes, hasta el mismo Enrique Peña Nieto se ha visto más líder que el hombre que sin hacer una sola acción social a lo largo de cinco años se ostenta como gobernante.
La participación ciudadana ha ido más allá de la ayuda física, económica y material, manifestándose en mensajes a través de redes sociales, de dar a conocer de manera más rápida y efectiva listas de sobrevivientes para tranquilizar a familiares y conocidos de algunas víctimas.
Somos una sociedad que se precia y demuestra ser solidaria en los momentos de tragedias en los que ni etiquetas partidistas pueden dividirnos. Somos una sociedad que debe mantener el impulso de esta fuerza que sobrepasa a cualquier político populista o no populista pero sinvergüenza, mezquino y egoísta como los que abundan en nuestro país. No he visto a ninguno de los llamados presidenciables echar el hombro con los ciudadanos al pie de un edificio, o acarreando víveres, medicinas y herramientas, ni siquiera dirigiendo un centro de acopio. No, ellos se resguardan en las sombras para su próxima campaña la cual deberíamos sancionar desde el inicio.
Jóvenes, que como hace 32 años ponen toda su energía en remover escombros, avisar, mover y trasladar víveres, herramientas y medicamentos a lo largo y ancho de una ciudad que cuando se necesita se gobierna y rige sin la necesidad de cualquiera autoridad, que como vimos desde 1985 resulta insuficiente ante una tragedia como la que vivimos.
Claro que también mientras las manos removían escombros para sacar a los atrapados entre los escombros, una serie de malandros sacaba lo peor del ser humano y se dedicaba a asaltar a los ciudadanos, y la policía que no estaba en los sitios de los derrumbes, tampoco estaba donde tenía que estar cuidando a la ciudadanía y a sus bienes. Otros suben noticias falsas a las redes sociales tratando de provocar caos en aquellos de buena voluntad y hasta de desprestigiar los esfuerzos ciudadanos desde las redes. Los poco solidarios dueños de El Universal dedicaron sus esfuerzos a imprimir una edición vespertina el mismo día 19 tratando salvar el déficit de la empresa vendida al PRI. O peor Televisa inventando un verdadero fake news para mostrar a las personalidades que financian ese medio nefasto en la historia de nuestro país, priístas y otros poderes fácticos del país. Estamos obligados una vez más evaluar la relación de los medios de comunicación tradicionales y su forma habitual de manipular la información que ha quedado una vez más al descubierto.
Es momento de ayudar de la mejor manera posible, pero también tenemos que hacer una reflexión muy amplia sobre como la corrupción y el desprecio de aquellos que manejan el país nos afecta a todos. En un principio el gobierno de Peña Nieto rechazó la ayuda de Suiza, tal como lo hizo De la Madrid, para poder ocultar y manipular la imagen de México, pero en épocas de las redes sociales se supo, se hizo público y EPN tuvo que aceptar la ayuda.
Es el momento de revisar las reglas de construcción una vez más y demandar como ciudadano el juicio político de los jefes delegacionales de Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, y Benito Juárez, Christian von Roehrich de la Isla, que escondidos detrás de escritorio han decidido no hacer nada por la ciudadanía, así como al titular de Secretaria de Desarrollo Urbano que es responsable de como se ha horadado el suelo de la capital a diestra y siniestra a fuerza de ganar dinero para él y sus subalternos, hoy más que nunca como ciudadanos debemos exigir a estos seudo funcionarios y personas que ostentan cargos de elección popular rendir cuentas a la ciudadanía. Meyer Klip es otro de los corruptos que debe responder a la ciudadanía. Claudia Scheinbaum y Víctor Hugo Lobo, por su parte se han visto más interesados en los ciudadanos y más cautos en sus declaraciones. No se trata de hacer leña de árboles no caídos sino podridos, se trata de darnos cuenta qué es la ciudadanía como siempre la que mejor responde ante una tragedia, pero es esa fuerza y esa comunión ciudadana la que debe no permitir a estos corruptos tener poder de decisión. Es indudable pensar que la enorme obra que se está realizando a espaldas de la estación del Metro Coyoacán debe ser responsable de los daños a edificios de la zona de Avenida Coyoacán y Amores, lo mismo debe ser con algunas de las construcciones nuevas que sin mayor compromiso que untar la mano de funcionarios y delegados se siguen erigiendo en las delegaciones ya mencionadas. La muerte de niños y adultos en una escuela es una tragedia, pero muestra la corrupción en materia de construcción. Será interesante saber también cómo responde la autoridad en casos como los del campus del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey Ciudad de México donde al menos oficialmente murieron cinco estudiantes al derrumbarse alguna estructura al interior de la institución educativa, o que va hacer en el caso del Estadio Azteca que pretende albergar juegos de la liga MX y el juego de la NFL. Hoy en ciertos casos se necesita que al final se proceda de manera penal contra quienes resulten responsables no como en 1985 cuando una serie de corruptos constructores fueron exonerados por un gobierno priísta que no era tan corrupto como los que hoy tienen sede en la CDMX (marca registrada) el federal y el local.
Confieso que es un orgullo el ver como después de 32 años se ha avanzado en muchos de los casos de la forma en que los capitalinos reaccionamos frente a una tragedia que como la de 1985 sacuden el corazón de la Ciudad de México, a pesar de sus pésimos gobernantes y de sus corruptos funcionarios. Como hace 32 años veo hombres y mujeres de todas clases socioeconómicas unidos en el esfuerzo de llevar a la luz algún sobreviviente. Me da gusto ver que todos los que hablaron en contra de la construcción del segundo piso se equivocaron y la obra que nunca sabremos cuanto costo porque el corrupto Andrés Manuel se protegió en la opacidad que tanto le gusta, por lo menos estuvo bien realizado. Hoy los grupos de estudiantes de ingeniería y arquitectura van ayudando a determinar los daños en los edificios, con apoyo y certificación del CENAPRED. Al parecer tenemos una mejor educación frente al momento mismo de la tragedia. Tenemos un espíritu y una gran conciencia sobre que hacer y que no hacer en esos momentos y los siguientes. Quienes parecen no tener ese espíritu solidario con la ciudadanía son las autoridades mismas y mucho menos un ególatra como Miguel Ángel Mancera.
Son días difíciles y tendrá que venir una reflexión ciudadana en cuanto al poder que tenemos. Sí 1985 marcó el parteaguas de la participación ciudadana y la demostración de la incapacidad y la corrupción del PRI, 2017 podría ser el año en que los partidos políticos y los políticos queden expuestos por su mezquindad, oportunismo y avaricia por una ciudadanía poderosa y organizada no sólo en momentos de tragedias.

publicado en blureport.com.mx el 21 de septiembre de 2017 

miércoles, 28 de marzo de 2012

Temblar en la Ciudad de Mexico.

La semana pasada la tierra nos recordó su existencia, con uno de los sismos más fuertes que ha sacudido a la nación desde 1985. ¿Podemos decir prueba superada?

Armando Enríquez Vázquez

                                                                                 
Al enlistar las características de nuestra ciudad, en algún momento tenemos que poner los temblores. 1910, 1957, 19985 son, por supuesto, fechas que marcaron a nuestra ciudad durante el siglo pasado y nuestra historia, tanto regional como nacional.
La semana pasada la naturaleza nos volvió a recordar que ahí está, ajena a pretensiones, caprichos y diseños humanos. Tan es así, que a pesar de todo nuestro desarrollo tecnológico, de todos nuestros avances, sigue siendo imposible predecir de manera alguna cuando y donde ocurrirá el próximo temblor de tierra.
Cuando hablamos de temblores de tierra invariablemente es hablamos en tiempo pasado. Una vez que pasó el temblor comenzamos a describirlo, a medirlo, a cuantificar daños y los saldos negros del mismo.
En los últimos años y predispuestos por la apocalíptica profecía para este 2012, hemos ido sumando y contando los terremotos de los últimos años; 2010 en Haití y  Chile,  y Japón en 2011 con magnitud de 9 en la escala de Richter, son los tres últimos grandes terremotos de los que tenemos memoria. Atrás en la memoria comienza a quedar el enorme sismo, de magnitud 9.1 en la escala de Richter, que afectó a Indonesia  y a todo el Océano Índico en 2004 y dejó más de 200 mil muertos y ni siquiera éste se encuentra entre los tres mayores de los que tenga memoria la humanidad.
Las imágenes son siempre las mismas, casas y edificios derrumbados, escombros, gente emergiendo de entre cascajo y polvo, son los rasgos étnicos y las particularidades arquitectónicas las que nos indican una vez tras otra que se trata de lugares diferentes en el mundo. Cámaras de teléfonos y otros gadgets portátiles son los que nos sitúan de manera segura en el momento que angustió a otros.
Al pasar el movimiento y tras la zozobra emocional, viene la reflexión. Desde la más íntima y personal a aquella universal. Siempre creemos haber aprendido al menos una lección. A nivel Ciudad de México ¿La hemos aprendido? Me decía un taxista el martes, que había tenido mucho miedo que estaba en un edificio y pensó que se iba a caer. Los daños qué observamos el martes fueron mínimos y particulares, nada que nos hiciera pensar en una catástrofe. La ciudad nunca suspendió su actividad.
Quiere decir que todas nuestras sospechas sobre la corrupción en la industria de la construcción tal vez sean infundadas. No hay que olvidar que en la escala de Richter el cambio de una decima en la magnitud no es proporcional sino exponencial, lo que significa aunque de 7.4 a 8.1 solo hay siete decimas de diferencia en realidad la diferencia entre una magnitud y otra es enorme, casi cien veces más poderoso el último. Sin embargo, creo que vivimos en una ciudad más segura, en la que se ha pensado más en la ciudadanía y su seguridad. Que la gente aun no reacciona de la manera ideal ante un temblor y olvida el “No corro, no grito, no empujo”, es normal nadie tiene los nervios de acero ante lo que puede llegar a considerar un riesgo real contra su integridad física. Pero las enseñanzas de 1985. Parecen dar sus primeros frutos.
Los temblores nos demuestran que habitamos un planeta vivo, que se transforma y que cambia, que no estamos puestos sobre una gran roca esférica que da vueltas alrededor del Sol.  Una mujer,  en una de las encuestas que aplicamos en Cadena3 el día del temblor, a la pregunta  ¿cuáles son las áreas vulnerables en la ciudad ante los temblores?  Respondió:“Lo único que sé es que cuando la tierra se tiembla no hay nada que podamos hacer.”
Existen estadísticas elaboradas por el Servicio Geológico de los Estados Unidos. que nos dicen que anualmente a nivel mundial se da un terremoto de magnitud 8 o mayor,  quince de entre 7 y 7.9 de magnitud, 135 de entre 6 y 6.9, 1319 de entre 5 y 5.9, 13,000 de entre 4 y 4.9, 130,000 entre 3 y 3.9 y finalmente más de 1,300,000 entre 2 y 2.9.
Vivimos en una zona sísmica y de algo podemos estar seguros, seguirá temblando. La única realidad es lo que se puede hacer en materia de prevención y educación.
En ese sentido podemos decir que aunque falta aun mucho la prueba, al menos el martes 20 de Marzo de 2012, fue superada.

Imagen cortesia de méxicomaxico.org
Publicado en blureport.com.mx el 27 de Marzo de 2012