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jueves, 23 de enero de 2014

Margarita Chorné y Salazar, la primera profesionista en Latinoamérica.




Durante el Porfiriato las mujeres comenzaron a buscar su igualdad con los hombres y en 1886 se le concedió el primer título profesional a una mujer en toda Latinoamérica.

Armando Enríquez Vázquez


La profesión que otorgó el primer título de profesionista a una mujer en México fue la odontología y la primera profesionista fue Margarita Chorné y Salazar. De hecho fue la primera mujer profesionista de toda Latinoamérica.

Margarita Chorné y Salazar nació en la Ciudad de México el 22 de febrero de 1864. Su padre Agustín Chorné, uno  de los primeros odontólogos de México, pero también durante años fue Joyero Oficial de la Catedral de México, oficio que había heredado a la vez de su padre. Su madre de nombre María de la Paz Salazar.

Margarita en su infancia al mismo tiempo que estudiaba la primaria estudiaba música. Ya cuando estudiaba la secundaria, la curiosidad y el apego a su padre la llevaban a asomarse al consultorio de su padre, donde también trabajaba su hermano Rafael. Poco a poco fue metiéndose en el consultorio y ayudando primero con el registro de los pacientes, mas tarde con la limpieza y cuidado del instrumental de su padre y poco a poco fue aprendiendo tanto de su padre como de su hermano, comenzó a leer los libros en francés y revistas en inglés sobre la materia que tenían su padre y hermano. En 1886 se decidió a presentar el examen para acceder al título de odontóloga.

En ese año se sabe que había unos 43 dentistas en la Ciudad de México, todos ellos hombres, aunque existen registros de que 1833 una norteamericana de nombre Anne Page ofreció sus servicios como dentista en un hotel del centro de la Ciudad de México. Durante los años de 1882 y 1883  Mademoiselle Duval, una francesas hizo lo mismo presentándose como dentista cirujana egresada de la Facultad de Paris. No existía una escuela de odontología y los estudios se cursaban por tutoría, para presentar el examen era necesario contar con una carta de un dentistaya establecido avalando los conocimientos del solicitante, así mismo como tres cartas de personas de reconocida solvencia moral que certificaran que el solicitante era una persona decente y cristiana, enviar una solicitud de examen al director de la Escuela de Medicina y pagar 100 pesos.

El examen se llevó a cabo el 18 de enero de 1886. De acuerdo con las crónicas de la época se trato a Margarita con una severidad exagerada como tratando de demostrarle que no había cabida para mujeres en una profesión que era solamente practicada por hombres, como lo harían al año siguiente con Matilde Montoya la primera médico mexicana. Pero los conocimientos y seguridad de Margarita bastaron para que aprobara por unanimidad el examen. Los diarios más progresistas dieron la bienvenida a Margarita Chorné y el ejemplo que daba a las jóvenes mexicanas. Chorne contaba con 21 años al momento de hacer el examen. Pero la prensa conservadora deploraba ese mismo ejemplo pensando que lo que Margarita había hecho iba en agravio directo de los pilares de la familia mexicana, pues como era posible que una mujer trabaja en campor masculinos en lugar de cuidar de su hogar.

En 1906 el gobierno francés a través de su embajada en México le informó a Chorné de que se le había otorgado la cruz del mérito, dos años después en, 1908 Margarita recibió por parte de el Institut du midi en Toulouse, Francia un diploma y una medalla, ambos reconocimientos le fueron otorgados a Margarita Chorné por haber sido la primera mujer en América Latina en obtener su título como profesionista.

Margarita Chorné se casó y ejerció su carrera por cuarenta años, lo que desmintió a los alarmistas que veían en las mujeres profesionistas el fin de la familia.

Margarita Chorné y Salazar murió en 1962 a los 98 años de edad. En 1887 Matilde Montoya se convirtió en la primera médico mexicana y en 1898 María Asunción Sandoval de Zarco se convirtió en la primera mujer abogada de nuestro país. Antes de terminar el siglo XIX al menos otras dos mujeres obtuvieron su titulo como dentistas.   

publicado en thepinkpoint.com.mx el17 de enero de 2014
Imagen: odonto.unam.mx

martes, 15 de junio de 2010

La historia del voto femenino


Los derechos que por ley debían de ser naturales a las mujeres han implicado una larga lucha y muchas heroínas.

La democracia, que imaginamos ser el paradigma de la justicia entre los seres humanos, por la cual se lucha, incluso hay quienes mueren por el concepto. Esa que nos iguala a todos los seres humanos tiene también una negra historia.
Para todos es conocido que en la Grecia antigua el concepto democracia excluía a todos aquellos que no eran ciudadanos atenienses, empezando por esclavos y mujeres. Lo que al parecer no es tan conocido es que los revolucionarios franceses eran ideológicamente cercanos a este concepto de la democracia o al menos así lo demuestra el siguiente hecho. En 1791, tan sólo dos años después de la aparición de “La declaración de los derechos del hombre y el ciudadano”, apareció en Paris, también, “La declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana.”, su autora Olimpia de Gouges, obviamente no sentía que la revolución le hubiera hecho justicia a ella, ni a ninguna mujer de la época. La recompensa por sus escritos; la guillotina en 1793.

“Hombres, ¿Acaso son capaces de ser justos? Es una mujer la que se los pregunta; y al menos no podrán negarme el derecho a preguntar…” Así comienza el texto de Olimpia de Gouges. Me recuerda a Sor Juana en el lugar común de “Hombres necios que acusáis a la mujer…” Para Gouges, la igualdad de géneros y lo complementario de ambos debían resultar en la felicidad y armonía de Francia, la opresión de la mujer y la negación de sus derechos daba como resultado la corrupción y el mal gobierno.

La lucha de la mujer, en lo que llamamos occidente, por obtener un reconocimiento social, más allá del meramente humano, ha sido larga y dura. Hace 100 años, la gran mayoría de las mujeres no podían acceder a la educación alrededor del mundo. Mucho menos a ejercer derechos y obligaciones políticas como el voto.

Se tiene documentado que durante la edad media en algunas ciudades europeas se permitía votar a las mujeres siempre y cuando fueran la cabeza de la familia. En Suecia entre 1718 y 1771 a las mujeres que pagaran impuestos se les permitía ejercer el voto. Y en 1775 la constitución de la República de Córcega, estipulaba el derecho al voto de todos los habitantes de la isla mayores de 25 años, sin importar el género. Esta ley terminó en 1769 cuando Francia se anexó la isla.

Aunque el voto de la mujer no era raro durante finales del siglo XVIII y el siglo XIX, éste no era universal y estaba basado más en las excepciones, en varias de las colonias británicas una mujer podía votar siempre y cuando pudiera comprobar ser dueña de propiedades, como una mujer casada carecía de propiedades, pues todas estaban a nombre de los maridos, solo las viudas y las solteras tenían derecho a votar.

El movimiento por el derecho de la mujer a votar se vio reforzado desde principios del siglo XIX, en diferentes países de Europa. Pero fue Finlandia el primero en aprobar el sufragio universal de la mujer en igualdad con los derechos del hombre en 1906, al año siguiente fueron electas las primeras 19 mujeres para ocupar escaños en el parlamento finlandés.

En América los primeros en reconocer el derecho de la mujer a sufragar fue el territorio de Wyoming en 1869 y en 1870 el territorio de Utah, en 1887 el Congreso de los estados unidos revocó el voto femenino en Utah, cuando una mayoría de mujeres votó a favor de la poligamia en el estado. Finalmente las mujeres norteamericanas obtuvieron el reconocimiento a votar en 1920.

En México la historia no fue diferente y a pesar de su papel en la Revolución de 1910, la mujer no fue reconocida en sus derechos por ninguno de los cabecillas de la lucha. En 1916 un grupo de mujeres crea en Yucatán el primer congreso feminista. Uno de los puntos de acuerdo de este congreso fue demandar que a la mujer se le otorgara el derecho a votar. Es hasta 1953, el 17 de Octubre que se publica finalmente en el diario oficial de la nación el derecho de las mujeres a votar y ser votadas.

En México han pasado solo 54 años desde que los derechos políticos fueron reconocidos, sin embargo, la mentalidad machista y discriminatoria de la mujer no ha cambiado mucho, sin embargo, en esos 54 años ya hemos tenido diputadas y senadoras, gobernadoras y secretarias de estado, sólo falta tener una presidenta. No sólo la mujer ha ganado puestos de importancia en el sector público, cada día son más las mujeres que encabezan empresas o tienen puestos directivos. Muchas de ellas sacrificando familia y vida para lograr sus metas personales y laborales y valdría regresar al pensamiento de Olimpia de Gouges, donde hombres y mujeres son complementarios no solo para un vida armónica, si no para una sociedad que lo sea también.

Publicado en blureport.com.mx 14 de junio 2010