Mostrando entradas con la etiqueta Raymond Chandler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Raymond Chandler. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de septiembre de 2015

Patricia Highsmith la novela negra en su máxima expresión.



Entre los escritores que más me entusiasma leer se encuentra esta texana, que a pesar de ser reconocida a nivel mundial como una de las más sólidas escritoras de Thrillers aún permanece sin reconocer en su país.
Armando Enríquez Vázquez.
Uno de los libros leídos en mí adolescencia que más me perturbó fue Ese dulce mal.  Con su personaje que sin darse cuenta cruza la delgada línea de la obsesión y cae en la locura. Así es la literatura de Patricia Highsmith perturbadora porque parte de los hechos más triviales y de los sentimientos más comunes que tiene el ser humano, para cruzar líneas morales y éticas, una literatura  amoral, ambigua. Hoy al contemplar una foto de la autora en su juventud creo que todo queda claro.
La imagen de una fascinante, atractiva y dura joven curtida por las bromas de una madre que resentía en más de una forma haberla tenido. Una mujer que sintió a lo largo de su vida que había sido abandonada en más de un sentido. Una mirada cargada de un odio contenido nos llega desde la inocua imagen, misma que podría perfilar el que muchos de aquellos que la conocieron la calificaran como una mujer horrible. La belleza que la hizo sexualmente atractiva a hombres y mujeres. Como uno de los personajes de sus libros.
Patricia Highsmith nació en Forth Worth, Texas el 19 de enero de 1921, su verdadero nombre fue Mary Patricia Plangman. Su infancia y adolescencia no fueron sencillas.  Sus padres fueron Jay Bernard Plangman y Mary Coates un par de artistas, a los que imagino más como bohemios o hípsters contemporáneos. El embarazo no parece haber sido del agrado de ninguno de los dos Bernard insistió en lo inconveniente que era para él, tener un hijo en ese momento y Mary a pesar de decir que si deseaba al bebé bebió aguarrás en un intento por abortar. Nueve días antes del nacimiento de Patricia, la pareja se divorció. Patricia se crió durante sus primeros años en casa de su abuela materna quién la enseñó a leer y puso a su disposición de la niña su biblioteca. Su madre se volvió a casar cuando Patricia tenía tres años de edad. Con Stanley Highsmith, la familia se mudó a Nueva York, cuando Highsmith cumplió 12 años regresó por un año a Fort Worth a casa de su abuela en lo que ella definió como el año más triste de su vida. Ese año Highsmith conoció a su padre biológico, el encuentro fue breve, de diez minutos cuando mucho en los que Jay Bernard se limitó a tomar la mano de su hija en ese primer encuentro. Hubo otras reuniones pero la relación fue siempre fría.
Highsmith estudió en Barnard College y se graduó en filología inglesa. De 1942 a 1948 Highsmith vivió entre Nueva York y México, como muchos jóvenes escritores norteamericanos que buscaban emociones fuertes y exóticas que eran incapaces de encontrar en su país. En 1943 intentó cruzar por primera vez la frontera, pero el número exagerado de libros en sus maletas y su máquina de escribir se lo impidieron. Librado el obstáculo y habiendo enviado un buen número de sus libros de vuelta a Nueva York, Highsmith se adentró en el país, durante esa década la escritora viajó de manera constante a nuestro país, se aficionó al tequila y a Taxco.
En 1950 publicó su primera novela Extraños en un tren. Que de inmediato se convirtió en un éxito literario y rápidamente Alfred Hitchcock se interesó por los derechos de la obra para realizar una de sus obras maestras. Highsmith, nunca se reunió con el director de cine y según contaba ella, sólo en una ocasión habló por teléfono con él, estando Hitchock en California y ella en Nueva York. En esa ocasión Hitchcock se quejó del trabajo del guionista con el que contaba y al cual despidió para contratar a Raymond Chandler, quien fue el responsable del tratamiento final del guión. Highsmith nunca conoció a Chandler. 



   
Su segunda novela fue publicada con seudónimo, pues sus editores la habían etiquetado como una escritora de misterios y la novela de Highsmith trataba de algo totalmente diferente: La relación homosexual de una mujer. El precio de la sal, publicado también como Carol  y firmado como Claire Morgan, no fue un éxito en una sociedad de posguerra que quería ver todo de esa manera idílica e irreal que muchas veces se vende como la sociedad americana, para colmo de males el final del libro lejos de condenar moralista y anglicanamente a la protagonista, le daba un final feliz.
Highsmith se mudó a vivir a Europa, Inglaterra y Francia en un principio, finalmente se estableció en Suiza.
No sólo Extraños en un tren fue llevada al cine, se han hecho dos versiones de su novela el Talentoso Señor Ripley, la primera francesa, titulada a Pleno Sol y estelarizada por Alain Delon, más tarde se hizo una versión norteamericana que conservó el título de la novela y que estelarizó Matt Damon en el papel de Tom Ripley. De la serie de cinco novelas estelarizadas por el personaje, el director alemán Wim Wenders tomó la tercera El juego de Ripley, para crear el clásico del cine El Amigo Americano, en la que Dennis Hopper interpreta a Tom Ripley. Otras de sus obras han sido adaptadas al cine con menor o mayor grado de éxito y conforme avanza el siglo XXI, más norteamericanos voltean a ver su obra y comienzan a valorarla. No sólo su bisexualidad la enfrentaba a la puritana sociedad norteamericana, también su postura política en contra del Estado de Israel y a favor de la causa palestina, pueblo al que los israelitas han tratado de la misma manera en que fueron tratados por los Nazis. Highsmith tenía prohibido a sus editores publicar sus libros en Israel. Y a la pregunta expresa de que si creía que eso era importante para los israelíes, ella contestó que no creía que lo fuera, es más talvez ni siquiera la conocían en Israel, pero más allá de cualquier consideración acerca del reconocimiento o el dinero, ella estaba contenta de ser fiel a sus ideas, de oponerse a las barbaries que los israelíes han cometido en medio oriente.
Highsmith nunca tuvo una relación duradera, mucho menos hijos. Mi imaginación funciona mucho mejor si no tengo que hablar con la gente. Declaró en alguna ocasión y entre sus obsesiones, su trabajo y su alcoholismo se convirtió en una mujer que gustaba y apreciaba como muchos otros su soledad. Gustaba de sus animales y se dice que alguna vez llegó a una cena con una col en un saco y algunas decenas de caracoles que ella misma criaba y los presentó a los comensales como su compañía para la noche.  
Debe existir una chica, en espera de ese beso en la oscuridad. De una promesa susurrada, los cisnes en el lago, el sol en el parque. Un trabajo para ella y otro para él. La bandera ondeando libre y con energía infinitamente. La eterna historia del joven apuesto que conoce a la hermosa chica, la búsqueda y captura de ese amor puro y amoroso, que puede ser lo mejor, pero yo no lo veo así. Nunca lo haré. Simplemente no creo que deba ser así.
Declaró en otra ocasión.
Los personajes de Highsmith como ella misma declaró son hombres y mujeres que se sienten desplazados por el siglo XX. Graham Greene elogiaba la obra de la escritora y aunque ella confesó que había platicado con el escritor y hasta tenía su teléfono no eran grandes amigos o mucho menos.

El 4 de febrero de 1995 víctima de varias enfermedades Patricia Highsmith murió en Locarno, Suiza. Sus extraordinarias novelas y narraciones cortas la sobreviven.

publicado el 24 de agosto de 2015.

martes, 17 de enero de 2012

Cuatro Duros

¿QUIÉN NO HA SOÑADO CON SER EL TIPO DEL QUÉ SE ENAMORAN LAS RICAS HEREDERAS Y ATRAPA A LOS MALEANTES?

Armando Enríquez Vázquez

“Tienes que verle el lado bueno, aún cuando no tenga ninguno”. Dashiell Hammet.

Todos, desde Phillip Marlowe hasta Hellboy, son el mismo, ese antihéroe, duro, urbano, solitario y lleno de creencias, como todos los escépticos, diría Unamuno. Pepe Carvalho y Biscuter, buscando entre sus investigaciones, el platillo perfecto. Héctor Belascoaran Shane en la oficina compartida con un tapicero, un ingeniero y un plomero. Wallander en la fría Suecia, las pinturas repetitivas de su padre, más cercano al detective privado que al policía sueco que es. Y así, con tantos otros que recorren las calles sucias de las ciudades que sus autores les han creado o recreado, en las cuales nos perdemos junto con ellos en busca de los horrores del mundo, o por lo menos de un vaso de la bebida local y una buena pelea. De un beso y una traición. Hundidos todos en la misma porquería recibiendo los golpes ontológicos de la vida y los físicos de maleantes y policías por igual. Porque, ¿Quién quiere ser Roscharch, maloliente, sólo, intransigente y con un código de ética rígido y personal que se ha de cumplir aun a costa de la vida propia? Todos.

Los grandes héroes y antihéroes de la actualidad, esos que están en la fantasía de todos, están en la novela negra de los años treinta, cuarenta y cincuenta. Disfrazada de literatura chatarra; novelas, folletines y cuentos nutrieron no sólo a la imaginación del norteamericano promedio y de las pantallas de Hollywood, si no del mundo entero.

Recuerdo a Sam Spade (Humphrey Bogart), el personaje de Dashiell Hammet, acariciar el cuello de Mary Astor en El Halcón Maltés y decirle lo triste del hecho de que ese hermoso cuello vaya ser colgado. Michael Sarracin dispararle con amor y compasión a muy corta distancia en la sien a Jane Fonda para después ante el juez argumentar ¿Sacrifican a los caballos o no? En la película del mismo nombre y basada en la novela homónima de Horace McCoy. A Bogart y Bacal en The Big Sleep, el amor ideal del detective, la novela de Raymond Chandler.

En uno de los primeros cuentos acerca de detectives en la revista Black Mask: “Three Gun Terry” escrito por Carroll John Daly, se podía leer: “Tengo una pequeña oficina que a la entrada dice: “Terry Mack, Investigador Privado”, lo que significa que a pesar de lo que quieran creer, no soy un ladrón, ni un policía. Yo juego con mis reglas particulares, de manera independiente”.

Los siguientes cuatro narradores fueron forjadores de ese personaje que desde entonces es tan atractivo para el lector o el espectador de cine. Cuatro escritores capaces de cambiar la percepción de lo que era la novela policiaca. Cuatro escritores para leer con regocijo.

Hasta la tercera década del siglo pasado la novela policía estaba prácticamente conformada de lo que se llama “Whodunit?” o “¿quién lo hizo?”; a partir de una serie de pistas muchas veces engañosas y artificiosas para el lector, el investigador descubría al culpable del crimen y el orden era restablecido de nuevo, así lo hacían Sherlock Holmes, el Padre Brown, y más tarde Ellery Queen o Hércules Poirot.

Pero tras La I Guerra Mundial y “La gran depresión”, era difícil creer en la existencia de un orden que se pudiera restablecer. Las duras calles y los personajes tramposos y corruptos salieron a flote de sus escondrijos, el crimen era una conspiración y no un evento que destruyera un pequeño núcleo social.

Así eran los personajes de Dashiell Hammet, Raymond Chandler, Ross Macdonald y de Horace McCoy.

Los primeros dos son sin lugar a dudas los escritores más conocidos del género. Raymond Chandler nació en Chicago en 1888 y no fue sino hasta los 45 años, después de haber sido despedido de su trabajo como ejecutivo en una compañía petrolera por alcohólico y ausentista, que decidió convertirse en escritor. Con el tiempo diría: “Sí, bien los ingleses no siempre son los mejores escritores, lo cierto es que son los más aburridos”.

Dashiell Hammet nació en 1894 en Maryland, a su muerte el New York Times publicó en su obituario; “Ha muerto el principal escritor de novela de detectives de los Estados Unidos” aunque él se definía de otra manera “He sido tan mala influencia para la literatura norteamericana, como cualquier otro escritor que me venga a la mente”. Hammet tampoco fue un escritor desde el inicio primero fue detective de la infausta compañía Pinkerton.

A estos dos escritores les debemos los personajes de Sam Spade y Phillip Marlowe, los cuales siempre confundo pues ambos fueron interpretados en el Cine por Humphrey Bogart.

Muy parecido es el detective de Ross Macdonald: Lew Archer, Nada más que Lew es menos arrabalero, es más sofisticado. Su nombre es un homenaje a Hammet pues lleva el apellido del socio muerto de Sam Spade. Macdonald es un seudónimo y el verdadero nombre es Kenneth Millar, nació en California en 1915, pero su infancia y adolescencia transcurrieron en Canadá. Macdonald murió en 1983 de Alzheimer.

En cuanto a los personajes McCoy, son los verdaderos desheredados, McCoy no creó un detective memorable, pero creó personajes entrañables tanto en “They Shoot Horses don’t They?”, como en “Kiss Tomorrow Goodbye” descastados y siempre perdedores, traidores, traicionados y mentirosos, sucios oportunistas los personajes de McCoy no tienen salvación porque no están resolviendo ningún caso, están cometiendo todos los delitos morales y sociales posibles.

Horace McCoy nació en Pegram, Tennessee en 1897, durante la I Guerra Mundial sirvió en la incipiente fuerza aérea de los Estados Unidos fue herido en el campo de batalla, en una acción memorable donde tras ser muerto el piloto, tomó los controles del avión y después de haber derribado al avión enemigo y ser herido dos veces por ametralladoras enemigas logró llevar de vuelta su aeronave a Francia. Recibió la Cruz de Guerra del gobierno francés por su heroísmo.

A su regreso de la guerra y hasta los años 30 trabajo en el Dallas Journal, como editor deportivo. Al final de la década de los 20 comenzó a escribir historias en revistas de las lamadas “Pulp”, entre ellas la famosa Black Mask. Después partió a Los Ángeles donde intentó ser actor, pero su trabajo consistió básicamente en escribir guiones para westerns, melodramas de crimen y otras cintas que hoy han sido olvidadas, uno de sus trabajos y por el cual no se le dio crédito en la película fue la escritor asistente en King Kong. En 1948 publicó el clásico Kiss Tomorrow Goodbye que fue llevado a la pantalla con James Cagney en el papel protagónico. McCoy murió en 1955 y para pagar su funeral su esposa tuvo que vender sus libros y su colección de discos de Jazz.

Vale la pena darse una vuelta por los libros de estos cuatro duros.

Publicado en thepoint.com.mx el 17 de Enero de 2012