lunes, 21 de febrero de 2011

Entre Top Gear y Sarkozy.


En menos de un mes dos incidentes que involucran la visión que en Europa se tiene de los mexicanos han desatado diferentes reacciones en nuestro país.







Armando Enríquez Vázquez


El primero, de todos conocido, se convirtió en un escándalo mediático, de proporciones absurdas, cuando los tres conductores del programa automovilístico Inglés Top Gear se refirieron a los mexicanos como gordos flojos y flatulentos. La respuesta por parte de miles de compatriotas no hizo esperar, eso sin contar a los petulantes conductores de radio y televisión que como siempre que sucede algo así, se envuelven en la bandera, que esconde la frase “como quiero al rating”, como niños héroes y saltan desde el Ajusco o desde San Ángel al Periférico. La mayoría de los mexicanos nos sentimos insultados, discriminados, agredidos y en el menor de los casos ridiculizados. Mucho se ha dicho y escrito acerca del asunto, yo lo único que agregaría al estéril debate y gracioso drama de facebooks y twiters saturados, de las suplicas en las redes sociales del programa y por parte de conductores de parar el linchamiento virtual de que fueron objeto por unas y unos mexicanos gordos, flatulentos, flojos, que saben usar internet, saben en muchos casos inglés y somos intolerantes cuando se habla de nosotros. Nadie absolutamente nadie, ni siquiera los creadores del Mastretta aprovecharon la ocasión para promover el carro, no vi un solo reportaje por parte de los indignados medios hablando de estos ingenieros mexicanos, de sus logros del carro y de sus características. Estábamos tan cegados por la luz de las teas que enarbolábamos al cruzar el Atlántico en la red, para quemar Buckingham y colgar en la Plaza de Trafalgar a los conductores, que se nos olvido lo más importante de todo. Que después de décadas de ser maquila de las grandes compañías automotrices, un grupo de ingenieros nacionales ha desarrollado un auto nacional aprovechando toda la experiencia que las empresas de autos extranjeras han dejado en el país. En fin, nada más mexicano que eso.
Acto dos. El presidente francés Nicolás Sarkozy, no sólo arrogante y testarudo, es ignorante. Pero lo mexicanos lo somos más. El esfuerzo del gobierno y de varios empresarios mexicanos por difundir nuestra, cultura, nuestras tradiciones y tratar de atraer el turismo que tanta falta nos hace para dejar de depender del cada vez más escaso petróleo, los llevo a crear de la mano del gobierno de Francia el Año de México en la nación gala. 26 millones de euros se invirtieron para mostrarle a los franceses el otro México, que no es el de los gordos flojos flatulentos, ni el de los narcotraficantes, Sin embargo resulta que el presidente francés, el mismo país de los injustos y racistas juicios en contra de Dreyffus y Mata Hari, quiere enseñar a nuestras corruptas instituciones a hacer justicia.
Creo que pocas veces hemos visto alguien tan culpable como Florence Cassez tras las rejas, pocas veces nos ha quedado claro que tanto víctimas como autoridades concuerdan en que la susodicha es responsable de los delitos que se le imputan. Sin embargo, el gobierno francés cree qué ese país tropical de América Latina, que somos, en el cual la corrupción y la injusticia son parte de nuestro diario vivir, ha cometido una gran injusticia con una de sus ciudadanas. Desde el principio y quien sabe que oscuros motivos alienten al Presidente Sarkozy ha tratado de liberar a esta criminal. Sus esfuerzos han sido en vano pues no ha podido demostrar la inocencia de la mujer y su ignorancia de las leyes internacionales lo han llevado a darle esperanzas falsas a los padres Florence, quienes curiosamente conocían a la pareja de la joven, jefe de la banda de secuestradores, y disfrutaron de su hospitalidad en la casa del secuestrador en México. Todos dormían tranquilos cuando las casas de seguridad de la banda estaban al fondo del mismo terreno. Así, o más sospechoso.
El último intento de los franceses por regresar a Cassez a Francia falló. Lo cual llevó a las cancillerías de ambos gobiernos a una serie de dimes y diretes que terminaron en una pataleta infantil del gobierno de Francia que manera unilateral y por más arbitraria decidió dedicarle el Año de México en Francia a una secuestradora. Dignamente el gobierno mexicano decidió cancelar la celebración.
Pero al parecer el hecho de que nuestras tradiciones, nuestra cultura, nuestra comida, que para nada parece vómito frito con queso, bueno a veces, sí los chilaquiles se baten mucho o si a los huevos a la mexicana les agregamos queso podemos lograr esas semejanzas, pero el sabor, el sabor es celestial, no se puedan difundir . Al parecer, no es algo que al grueso de la población le interese. Son más importantes cinco minutos de denostación en la televisión, que 365 días de México en sus mejores manifestaciones. No veo a nadie exigiendo al gobierno francés una disculpa por llamarnos corruptos, injustos y mucho menos por querer anteponer a nuestra centenaria cultura el nombre de una criminal, que abusó, maltrató y torturó a mexicanos.
¿Dónde está la tradicional intolerancia mexicana, perdón el orgullo nacional, frente a los que hablan mal de México y actúan contra él?
Una cosa es cierta el mexicano es racista, y peor que eso es clasista, las televisoras, en especial Televisa, muchas de las estaciones de radio más populares no se quedan atrás, promueven los valores de la intolerancia y el discurso de que el ser diferente es malo. Esas son las mismas que arengaron a los mexicanos a atacar a los conductores de Top Gear con una rabia inusitada, esos mismos intransigentes ni siquiera parecen entender que lo que ha hecho Sarkozy es diez mil veces más grave que el humor ramplón y estúpido del programa inglés. Será porque se ven más reflejados en ese tipo de personajes que en el discurso seriamente ofensivo de un gobierno que no pretende hacer reír sino amedrentar al gobierno mexicano. Tristemente flojos como somos nos gusta más el escándalo de las flatulencias que análisis y la reflexión.



Publicado 21 de Febrero de 2011