jueves, 15 de julio de 2021

Equinox una serie pagana.




Poco a poco vamos conociendo la historia a fondo lo que en un principio era una desaparición comienza a convertirse un secuestro, para transformarse en siniestra y perversa historia de un pacto pagano.

Armando Enríquez Vázquez

¡Gracias Netflix! Más allá de las tonterías estadounidenses que semana a semana dominan los estrenos de la plataforma, de vez en cuando aparece una serie, sobre todo europea extraordinaria.

No había visto que la plataforma estrenó Equinox, una serie danesa. Muchas de las grandes series que he visto en la década pasada son danesas. Así que siempre me atraen, en el entendido que la nacionalidad no las vuelve en dignas de verse, pero sí marca una línea en la manera de tratar los diferentes temas, contra la visión melodramática y cursi que abunda en la mayoría de las series norteamericanas, las nórdicas tienden a ser bastante duras y poco autocomplacientes. Así sucede con Equinox.

Equinox es una serie basada en el podcast Equinox 1985 de la danesa Tea Lindeburg; guionista, escritora, directora de cine y televisión, y que ha creado y escrito también la serie para Netflix sobre la desaparición en 1999 de Ida (Karoline Hamm), una chica que acaba de terminar su bachillerato y durante el viaje de celebración junto con 21 de sus compañeros desaparecen del camión en el que viajan en un extraño incidente. Sólo cuatro sobrevivientes; Torben ( Peder Holm Johanssen) el chofer del camión que queda en coma y sale de él cuatro años y los tres amigos más cercanos de Ida; Jakob (August Carter), Amelia (Fanny Leander Bornedal) y Falke (Ask Truelsen) La vida de estos cuatro personajes de una u otra manera quedara destruida. Pero el personaje más roto es Astrid (Danica Curcic), la hermana menor de Ida.

Equinox inicia 21 años después de la desaparición de los jóvenes preparatorianos. Astrid vive en el norte de Dinamarca, lejos de la ciudad de su infancia. Divorciada y madre de una niña pequeña, Astrid trabaja en una estación de radio local. Una noche recibe una llamada a la cabina de un hombre que dice ser Jakob y saber que le pasó a Ida, al momento en que Astrid intenta cuestionar al hombre, éste cuelga. Ida a partir de ese momento regresa al pasado y la visión de un extraño bosque en el que habita un siniestro personaje que asemeja un conejo. Astrid abandona su vida para con el pretexto de entender que le sucedió a su hermana y va en busca de Jakob.

La historia no es sencilla, estructurada entre el presente y el flashback poco a poco vamos conociendo la siniestra verdad de una sociedad contemporánea en la que los ritos paganos pre-cristianos siguen existiendo y Ostara la diosa de la fertilidad y de la primavera se encuentra presente en la Dinamarca contemporánea.

No se trata de un simple thriller sobrenatural como lo clasifican en algunos sitios de internet. No es tampoco una serie de terror como tal. Es una narración donde la mitología se mezcla con las narraciones infantiles, con la sociedad moderna y con las clásicas explicaciones siempre ambiguas pero determinantes de la siquiatría y la psicología. La actuación de Viola Maritnssen que interpreta a Astrid a los nueve años es muy buena y lleva todo el peso a lo largo de diferentes secuencias a lo largo de la serie, con toda la contención que la joven actriz le imprime a su papel, el personaje se vuelve entrañable con su aire melancólico. No se trata de un pacto demoníaco, pero sí de contratos con los dioses que se han incumplido y perturban el orden cosmogónico.

Como suele suceder en este tipo de historias, la investigación y la forma en que esta estructurada la historia, poco a poco vamos conociendo la historia a fondo y lo que era en un principio una desaparición comienza a convertirse una especie de abducción, para más tarde transformarse en la siniestra y perversa historia de un pacto pagano.

Los padres de Ida y Astrid se separan tras la desaparición, pero ambos son importantes para Astrid y la búsqueda de Ida. Mientras Dennis (Lars Brygmann), el padre, ha reconstruido su vida con una nueva pareja e intenta ser lo más racional aceptando la muerte de su hija, Lenne (Hanne Hedelund), la madre permanece en la vieja casa familiar con el cuarto de Ida como lo único intacto y limpio al interior de la vivienda. Esperando el regreso de Ida, Lenne tiene la certeza de que Ida está viva y Astrid es la única que puede traerla de vuelta a casa.

Jakob y Falke se han convertido en meros fantasmas de seres humanos cargan con su culpa; la esquizofrenia y paranoia de cada uno los han convertido en seres exiliados de la sociedad, ambos han llegado a vislumbrar la realidad de lo sucedido, y a intuir no sólo su papel en ello si no la importancia de Astrid dentro de la continuación de la trama. Por su parte Amelia ha huido de Dinamarca para crear una secta religiosa en Rumania y hasta aquel país viaja Astrid tratando de encontrar las razones de la desaparición de Ida.

El papel de Jakob no sólo es detonar la latente curiosidad de Astrid, en un inicio es gracias a la atracción sexual y emotiva que siente Ida por él y a su conocimiento de una antigua religión que todo habrá de suceder, ¿o no? Porque Lenne también tiene un par de secretos, al igual que Dennis y la misma Astrid va recordando lo que se ha escondido en el fondo de su alma.

Equinox es una serie que vale la pena ver, para quitarnos la autocomplacencia melosa de los melodramas habituales.

P.D. Si alguien en Netflix lee esto, por favor compren otras series del norte Europa que son extraordinarias como Jordskott, Springfloden, Mammon, Bedrag, Heimebane o las belgas Beau Sejour o Nieuwe Buren


publicado originalmente en roastbrief.com,mx en febrero de 2021

Imagen Netflix.

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