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martes, 9 de junio de 2020

La increíble e infinita historia de Los 100





¿Cuántas veces debes acabar con los demás para justificar tu forma de ser? La respuesta está en cada temporada de Los 100.

Armando Enríquez Vázquez.

Esta lectura está plagada de spoilers es bajo tu decisión continuar.
Justo cuando inicia la séptima temporada y final de Los 100 en la televisión abierta, vi en Netflix la sexta, de la que ya había visto hace un año los primeros capítulos, pero que el esperar semanalmente el estreno me desesperó, sobre todo para una línea argumental que era de esperar.
Si algo nos han demostrado el creador de la serie es que la trama de cada una de las temporadas es circular, la serie es una demostración del Eterno Retorno, del que tanto hablaba Nietzsche.
La serie que se estrenó en 2014 y ha sido desarrollada a lo largo de sus siete temporadas por Jason Rothenberg basado en la serie de cuatro novelas homónimas de la escritora de ciencia ficción Kass Morgan nos habla de un grupo de habitantes de La Tierra que huyen a la estación espacial cuando ellos presumen que los humanos han sido aniquilados, las necesidades lo hacen enviar a 100 jóvenes a explorar el planeta tras algunas décadas para averiguar si este es habitable y descubren que no solo es habitable sino que existen especies animales y de hombres que pueden ellos acabar para habitar de nuevo el planeta.
En el caso de la serie de televisión, las seis temporadas previas a la final tiene una estructura circular que se repite sin falla: En una sociedad más o menos estable, el cambio de una de las variantes provoca una crisis que pone en peligro su existencia y los obliga a luchar con grupos humanos diferentes al de los protagonistas y siempre de alguna manera u otra Clarke Griffin (Eliza Taylor) se encarga de aniquilarlos para reestablecer un frágil equilibrio, en el último capítulo de cada temporada se boceta lo que puede o parece ser el próximo problema en la historia de estos sobrevivientes espaciales.
En ese tenor la quinta temporada termina con la destrucción del planeta Tierra y los sobrevivientes en una nave militar con capacidad para la criogénesis y que buscará el planeta donde los últimos terrícolas podrían establecerse.
Así pues, la sexta temporada inicia con Clarke y su séquito de colaboradores y antagonistas despertando y llegando a un nuevo planeta que puede soportar vida como la conocemos, han pasado más de 200 años y en su descenso al nuevo planeta, Clarke, Bellamy (Bob Morley), el villano simpático de la serie John Murphy (Richard Hammon), Emory (Luisa de Oliveira), Echo (Tasya Teles), Charmaine Diyoza (Ivana Milicevic) y Octavia (Marie Avgeropoulos) llegan a una ciudad llamada Sanctum que está vacía, un eclipse los vuelve violentos e irracionales y al terminar el fenómeno descubren como siempre que no están solos, que el planeta se encuentra habitado por una monarquía de humanos que salieron también de la tierra muchos años antes del desastre original buscando planetas habitables y que ha aprendido a ocultarse en los momentos de los eclipses para sobrevivir. Los gobernantes los ven como invasores peligrosos hasta que descubren que Clarke es portadora de la sangre negra, llamada por los terrícolas como Nightblood. A partir de este tipo de sangre y de chips que guardan la memoria del individuo, la clase reinante de Sanctum encabezada por Rusell Lightbourne VII, lo que describe el número de cuerpos que ha ocupado, se ha perpetuado en el poder escogiendo los mejores cuerpos para ellos. Seres humanos asesinados para ser ocupados por la conciencia de un muerto, lo que es una versión moderna y futurista de The Invasion of Body Snatchers, película que aparte es uno de los grandes argumentos de la ciencia ficción y que se ha filmado en diferentes versiones a lo largo del siglo pasado y lo que va de este, empezando con la original de Don Siegel en 1956, el remake de 1978 de Philip Kaufman, mi versión favorita con Donald Sutherland, hasta la versión de 2007 estelarizada por Nicole Kidman y dirigida por James McTeigue y Oliver Hirschbiegel. La gran diferencia es que aquí la usurpación del cuerpo se lleva a cabo a través de un chip y de una forma u otra está perfectamente justificada.
Como en las temporadas anteriores, pretextando actuar en contra de algo poco ético, Clarke terminara actuando de peor manera que sus antagónicos. Una de las acciones que aplaudí de esta nueva temporada fue la muerte de la madre de Clarke, Abigail Griffin (Paige Turco) un personaje más que despreciable y al que soportamos por seis temporadas, con una de las actitudes más detestables entre los diferentes personajes que han desfilado a lo largo de la serie, pero siempre tratando de ser agradable y la figura maternal para Clarke a pesar de haber asesinado al padre de Clarke al denunciarlo al gobierno de la estación espacial y hacer que sea lanzado al espacio, esta dualidad en el personaje muy bien lograda habla de la extraordinaria capacidad histriónica de Turco.
La sexta temporada es también una vil repetición de la segunda temporada cuando los jóvenes enviados a La Tierra se encuentran con una civilización utópica, en su fachada, que habita al interior de una montaña y que para sobrevivir se aprovechan y matan a los habitantes de la superficie terrestre.
Lo increíble de esta serie es y sigue teniendo la capacidad de enganchar a la audiencia a partir de la misma historia, matizada de diferente manera, con algunos nuevos personajes y con el sacrificio de otros que se han vuelto familiares.
Se acaba de estrenar la temporada final, la cual veré en unos meses, pero ya se anuncia que CW encargó a Rothenberg el primer capítulo de la precuela que cuenta la historia anterior a la guerra que despobló el planeta y obligó a la migración a la estación espacial. Así que debemos prepararnos para que nos cuente la misma historia ad infinitum.


imagen cw

miércoles, 6 de marzo de 2019

La misma burra pero revolcada y sigue siendo entretenida.



La historia parece el loop del eterno retorno y sin embargo tiene características que la siguen haciendo entretenida, divertida y atractiva.

Armando Enríquez Vázquez

A principios de 2018, cuando se estrenó la quinta temporada de Los 100, me detuve en el quinto capítulo, me pareció más de los mismo y había otras historias que quería ver. Por fin meses después retomé la quinta temporada de la serie de ciencia de ciencia ficción que sin ser la más original, ni la más complicada en cuanto a trama tiene “no sé qué, que qué sé yo”, antes de concluir la temporada en la televisión Los 100 había firmado ya la sexta temporada para 2019 y a ver que cuantas más en el futuro, pues irónicamente después de cinco temporadas en el último episodio de la quinta entrega se lee: “Fin del primer capítulo”.
La sorpresa fue que a pesar de estar en lo correcto desde mi primera presunción hace más de seis meses, la serie continuó atrapándome. A lo largo de la cinco entregas se cuenta la misma historia de supervivencia en cada una de ellas, y siempre termina tras trece capítulos con el fin de una amenaza para el grupo o para la humanidad que sólo entreabre la puerta a una nueva desgracia. A lo largo de esas cinco temporada han muerto diferentes personajes que han formado parte importante de la trama en su momento y con los que los espectadores empatizan, algo que la hace interesante pues sabemos que los productores están dispuestos al menos en ese sentido a dar pasos interesantes, pero el núcleo principal, aunque habría algunos de estos que me gustaría que ya desaparecieran de la serie, se mueve de un lado a otro emocional y dramáticamente para siempre ser los sobrevivientes a la siguiente temporada.
La flexibilidad creativa y narrativa de la serie obedeciendo las reglas internas de los personajes que se han mostrado al espectador es una de las cosas que la hacen atractiva, aunque la trama sólo sea pan con lo mismo, pues la reacción de los personajes en lo particular es diferente matizando a los personajes con rasgos de villanos o héroes dependiendo la temporada y la manera en que la amenaza global los afecta, pero en el fondo todos siguen siendo ellos mismos, ninguno de ellos actúa de una manera gratuita, ni inesperada.
Existen temas y acciones de la premisa original que se han olvidado, pero que obviamos puesto que como espectadores hemos aceptado ya la premisa inicial de un planeta que ha evolucionado después de mutar tras el apocalipsis nuclear que obligó a los habitantes del planeta a dejar la superficie para refugiarse en la órbita terrestre.
Los 100 es una serie llena de mujeres muy poderosas desde la primera temporada; Clarke (Eliza Taylor), Octavia (Marie Avgeropoulos) y Raven (Lindsey Morgan) son los tres personajes femeninos más importantes que han navegado a lo largo de 5 temporadas, miembros de los cien jóvenes expulsados de la estación espacial para sobrevivir en un planeta en teoría inhabitable, las tres jóvenes con sus historias particulares siguen siendo parte del atractivo narrativo de la serie. Los 100 ha incrementado el poder de sus personajes femeninos y en la nueva temporada donde dos de las principales; Clarke y Octavio se han endurecido tras la catástrofe nuclear con la que termina la cuarta temporada, al grado de volverse egoístas y tiranas. Clarke al verse obligada a sobrevivir sola en la superficie del planeta devastado por la más reciente catástrofe nuclear y que durante seis años ha deambulado en compañía de la última “Neblida”, una niña llamada Madi (Lola Flanery) a quien Clarke considera su hija. Octavia al convertirse en la cabeza de los sobrevivientes de la tierra y verse obligada a tomar decisiones moralmente cuestionables para lograr la supervivencia de su gente lo que la convierte en una temible tirana, se ven acompañadas por un nuevo personaje militar: Charmaine Diyosa (Ivana Milicevic) que llega por algún saltó en el tiempo espacio y junto con un gran número de peligrosos prisioneros disputa a los habitantes de la tierra el último rincón habitable del planeta.
Además, están las matriarcas eternas de la serie la despreciable Abigail Griffin (Paige Turco), la madre de Clarke siempre dispuesta a tomar decisiones en contra incluso de su familia para salvarse ella, Indra (Adina Porter) la temible guerrera terrestre que acoge y se convierte en la mentora de Octavia. También está Emory (Luisa d’Oliveira) la bandida y compañera del cobarde y traidor John Murphy uno de los personajes masculinos que ha sobrevivido a las cinco temporadas junto con el hermano de Octavia, el otro líder destacado de los jóvenes llegados a La Tierra; Bellamy (Bob Morley).
Uno de los grandes aciertos de la serie es haber tenido a lo largo de cinco temporadas un reparto espectacular en cuanto a número de actores que cobran cierta relevancia en la trama, incluso como Emory que se convierten en personajes importantes dentro de la trama, lo que ha permitido que las acciones puedan tener los desenlaces necesarios y la maleabilidad narrativa para convertir a sus personajes en desechables por temporada, como en la segunda temporada donde todo un grupo de sobrevivientes al apocalipsis original son aniquilados por Clarke y Bellamy para que sus iguales sobrevivan. O las muertes de personajes que significaban una carga para el desarrollo de otros y de la trama como Finn o Lexa.
La sexta temporada habrá de plantear retos interesantes, aunque de una vez puedo anticipar que será por mucho la que más se parezca a la primera y por lo tanto será más de los mismo.

publicado en roastbrief.com.mx el 10 de diciembre de 2018
imagen CW

miércoles, 20 de julio de 2016

Colony y los 100 ciencia ficción para adultos.




Dos series que valen la pena ver.

Armando Enríquez Vázquez
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No cabe duda que la ciencia ficción es uno de los géneros más atractivos y más explotados tanto en el cine como en la literatura para jóvenes. Sin duda el ver a un joven liberar a otros de la opresión dictatorial de un sistema manejado por adultos, es uno de los grandes temas de este siglo, desde la saga de Harry Potter, que debe luchar contra el ser malvado que intenta dominar el mundo de los magos sin importar a quien deba eliminar, La trilogía de Los Juegos del Hambre, también esta protagonizada por una joven Katniss Everdeen o la trilogía de Divergente, son los jóvenes los que tienen la palabra y el poder de compra en las librerías y taquillas de los cines.
Pareciera que en el fondo uno de los temas principales es acabar con ese mundo de los adultos que los oprime y que, gracias a la osadía, esos jóvenes, a su visión fresca y en el caso de Harry Potter a su destino, pueden siempre modificarlo para bien. A diferencia de las últimas décadas del siglo pasado cuando la ciencia ficción de manera indiscutible era representada por un grupo de hombres y mujeres en una nave que viajaba por el espacio o atravesando portales en el tiempo y espacio para enfrentar aventuras de todo tipo.
En la televisión, la ciencia ficción está de capa caída en general, con sus excepciones, la inquietante y maravillosa primera temporada de Mr. Robot y las primeras dos temporadas de Orphan Black, cuya cuarta temporada acaba de iniciar y espero recobre la fuerza de las primeras dos temporadas, además del admirado, cada vez más, Doctor Who, en los últimos años sólo hemos visto series que tienden a desplomarse ante lo obvio y lo absurdo, tal es el caso de Hemlock Grove de Netflix que pareciera que su creador nunca se imaginó una segunda o tercera temporada. Sense 8, una serie demasiado comprometida con su agenda sexuale como para poder ser clara en su propuesta, su ejecución y resolución y eso ya sin hablar de series como Helix, Continuum y similares que son totalmente intrascendentes o demasiado enredadas para poder ser entendidas.
Sin embargo, hay dos series ciencia ficción que quiero recomendar. Son series cuyo público objetivo puede ser de mayor edad y aun así divertir y entretener a los jóvenes, son series además de verdadera ciencia ficción.
Los 100, es la primera, llegó a su tercera temporada y renovó ya para una cuarta. A diferencia de otras series de ciencia ficción protagonizadas por jóvenes, Los 100 inició como una especie de El señor de las moscas en un futuro lejano. Los cien jóvenes a los que hace referencia el nombre de la serie, son el paso siguiente y cruel de una dictadura no derrocada a tiempo y desesperada por sobrevivir, que experimenta con sus habitantes más sacrificables, intentando saber si La Tierra, el planeta que tras un holocausto nuclear tuvieron que abandonar sus antepasados para refugiarse, mantener y desarrollar una civilización confinados en una estación espacial que orbita al planeta, puede ser de nuevo habitable. Los 100 es a pesar de sus altibajos en el guión y los abruptos cierres y cambios en la trama, una de las series de ciencia ficción mas sólidas o por decirlo de otra manera una de las menos desestructuradas en la televisión actual.



Algo que es digno de mencionar en la serie es que sin autocomplacencia alguna esta dispuesta a sacrificar a personajes importantes y también a hacerlos sufrir infiernos personales de toda índole. Las partes que aun presentan ciertas fallas tanto en la narrativa como en el desarrollo de situaciones y personajes tiene que ver con Clarke, el personaje principal, y la manía de presentarla como un silente y desalmado Clint Eastwood en ocasiones, para en otras regresar a una especie de Laura Ingalls violenta, cosa que no sucede con el personaje de Octavia que no puede estar mejor escrito. La serie vale la pena de ser vista y sin que sea un referente, o vaya a serlo, es una de esas series con una gran capacidad de crecimiento pues son muchos los personajes, las tribus, las situaciones y líneas argumentales. Los 100 a diferencia de muchas otras series que pretenden ser del género tiene elementos de ciencia y tecnología que por si mismos cuestionan muchas de nuestras formas de pensar sobre el futuro y el desarrollo tecnológico, como debe ser toda buena ciencia ficción. La Tierra, sus habitantes y sus desarrollos que en teoría los acabaron son un mundo ancho y ajeno en la trama de Los 100 que puede ser y ha sido explotado a lo largo de las tres temporadas que lleva al aire.
La otra serie a la que quiero referirme se estrenó este año y ya firmó su segunda temporada. La historia orwelliana extraterrestre nos sitúa en un mundo actual que ha sido invadido por extraterrestres. El área metropolitana de Los Ángeles dividida por un muro como el Muro de Berlín, pero extraterrestre que ha separado a amigos y familias. Se trata de Colony y con esa descripción inmediatamente podemos pensar en mil ejemplos similares a esta trama. Cierto, nada nuevo bajo el sol. ¿O sí? ¿Qué pasa si el matrimonio protagonista tiene un hijo desaparecido del otro lado del muro del que no saben nada? Ok, nada nuevo es cierto. Es más, ese recurso es de melodrama barato. ¿Qué tal si el marido intenta ir a buscar al hijo y trata de cruzar el muro de manera ilegal? ¡Bahhh, clásico! ¿Qué tal si lo descubren y es obligado a trabajar con los colaboracionistas para descubrir a la resistencia terrestre? Mmmm, puede ser interesante a pesar de que sigue sonando a lugar común. ¿Qué tal si la esposa es parte de esa resistencia sin que el marido lo sepa y se ofrece a dar a los insurgentes la información que pueda recabar de su esposo? Y eso es solo el primer episodio de la serie.
Colony es sin duda una de las series más inteligentemente escritas del inicio de este año, con un número importante de vueltas de tuerca, que la hacen impredecible. Colony está lleno de aventuras, de intrigas, de seres humanos, sus pasiones y sus acciones más ruines, así como de la presencia tácita de seres extraterrestres que controlan y observan todo.
Colony aún tiene que pasar esa prueba de fuego que muchas series no resisten y que se llama segunda temporada. Todo está ahí para crear una serie llamativa que dure varias temporadas. Hasta ahora los primeros diez capítulos de la serie no tienen desperdicio y vale mucho la pena ver la serie.

publicado en roastbrief.com.mx el 18 de abril de 2016