martes, 22 de agosto de 2017

Moleskine la libreta de los hípsters, escritores y artistas verdaderos.





La libreta con su banda elástica y sus espacios internos desapareció en la década de los ochenta, años después una firma italiana la puso de moda de forma exitosa gracias a un escritor.

Armando Enríquez Vázquez.

El éxito de la marca es tal, que hoy encuentras libretas con las portadas amarillas y Los Simpson grabadas en ella, de Juego de Tronos, Batman, Peanuts, hasta de Hello Kitty y por supuesto la clásica y sencilla pasta de cuero liso negro o café.

Moleskine se ha convertido en los últimos años en un producto de consumo popular, sobre todo entre los hípsters que la llevan con su tablet a todos lados.

La historia de la marca, aunque es muy reciente y de acuerdo con el sitio de la misma inicia en 1997 en una empresa italiana, se quiere relacionar directamente con una marca francesa que de acuerdo con el sitio de Moleskine era la predilecta de artistas gráficos como Picasso y de escritores de la talla de Ernst Hemingway. Pero todo eso no es más que un cuento y el verdadero éxito de Moleskine se encuentra en haber detectado una oportunidad de negocio que probó ser más que redituable.

Lo único cierto es que sí existió una casa en Francia que se encargaba de hacer estas libretas con pasta de cuero, un elástico que le permite cerrar sin dañar las hojas o páginas, asi como mantener papeles y apuntes sueltos, además de las cejas al interior de las solapas de la misma. Cierto es también que un escritor y periodista llamado Bruce Chatwin, autor de un libro titulado The Songlines, en el que el autor habla de los aborígenes australianos y en un capítulo describe su libreta de apuntes encuadernada en piel con bandas elásticas para cerrarla y de las cuales compraba una buena dotación cada vez que viajaba a Paris hasta que un día le informaron en la papelería que el hombre que elaboraba este tipo de libretas en la ciudad de Tours había muerto y sus hijos habían cerrado el negocio, por lo que ya no habría más libretas Moleskine, fue el encargado de crear el mito de la libreta y darle nombre a la marca. De acuerdo con Chatwin estas libretas eran conocidas como Vrai Moleskine, por la condición y textura de las pastas.

La descripción de Chatwin de la libreta en su libro, comenzó a crear la imagen de la libreta perfecta para viajeros, periodistas y escritores. En su libro Chatwin dice que prefiere perder el pasaporte a su Moleskine, en la que siempre incluye datos de donde y como devolverla en caso de extravío y la existencia de una recompensa por su devolución.

Moleskine se convirtió en el santo grial de las libretas. Por eso en 1997 una pequeña empresa editora de Milán, llamada en ese entonces Modo & Modo, decidió fabricar la libreta descrita por Chatwin.  La mejor manera de comercializar el producto fue no hacerlo el objeto a desear per sé, si no la creación de un aura de creatividad a su alrededor. Todo aquel poseedor de una Moleskine es al menos un creador en potencia. Así definió la estrategia Samantha Rossi directora de proyectos de Modo & Modo, la estrategia de las libretas de Moleskine al New York Times en 2005.

La empresa creció y vendía por la época de la entrevista mencionada cerca de 4 millones de libretas al año. En 2016 Moleskine fue comprado por un grupo empresarial belga llamado D’Iteren que es dueño también una distribuidora automotriz y de una empresa de vidrios para la industria automotriz. Moleskine produce además de libretas, mochilas, lápices, plumas, carteras, luces para leer, diferentes artículos para oficina, libros. Aunque sus oficinas principales permanecen el Milán.

Bruce Chatwin murió el 18 de enero de 1989, sin saber que la descripción de su libreta de apuntes durante sus viajes habría de dar pie a una marca icónica del siglo XXI entre escritores, artistas, posers y hípsters.

imagen moleskine.com

lunes, 21 de agosto de 2017

Edith Cavell la enfermera espía de la I Guerra Mundial.





En 2015 se cumplieron cien años de que esta valiente enfermera fue fusilada por los alemanes por traición.

Armando Enríquez Vázquez

Desde el momento en que cayó muerta por las balas de pelotón de fusilamiento alemán, Edith Cavell se convirtió en la primera mártir inglesa de la I Guerra Mundial. Su figura como salvadora de soldados heridos sin importar el bando para el que lucharan la revistió de un halo. A lo largo del tiempo que ejerció su profesión durante la guerra ayudó a cientos de soldados aliados a regresar, sanos a Inglaterra, su famosa frase final frente a los alemanes que la fusilaron: “No basta con el patriotismo, no debo tener odio, ni resentimientos en contra de nadie”, muestra el temple de esta mujer.

Edith Cavell, enfermera de profesión y espía por convicción, de acuerdo con lo que reveló la investigación de Stella Rimington, quien fungió de 1992 a 1996 como Directora-General del MI5, que es como se conoce al servicio de inteligencia británico, en un programa de la BBC sobre el centenario de la muerte de la heroína inglesa.

Edith Louisa Cavell nació el 4 de diciembre de 1865, en el poblado de Swardeston en Inglaterra. Hija de un vicario, su educación fue suficiente para permitirle trabajar como institutriz en Inglaterra y en Bélgica. Pero tuvo que abandonar su trabajo en Bruselas, para regresar a Londres y cuidar a su padre que estaba en enfermo.

Una vez que el padre hubo recuperado la salud. Cavell decidió estudiar enfermería y tomó los cursos necesarios en el Hospital de Londres en 1900. Siete años después, fue contratada por la escuela de enfermería de Bruselas que acababa de ser inaugurada. Cavell ayudó a formar enfermeras no sólo en el hospital en Bruselas, sino en diferentes hospitales de Bélgica. También escribió artículos para diferentes revistas sobre enfermería. Cuando estalló la I Guerra Mundial Cavell se encontraba con su madre en Inglaterra, pero a la brevedad regresó a Bruselas, sólo para encontrar el país y la ciudad invadidos por las tropas alemanas.

Una mujer alta, pálida, delgada, que regía su vida por las reglas, incluso aquellas que ella misma imponía y carente de sentido del humor de acuerdo con el testimonio de una de las enfermeras que trabajó para ella en una entrevista para la BBC en 1962, armó una red amateur de espionaje, como definió Rimington de espionaje, que se dedicó no solo a ayudar a soldados aliados a cruzar las frontera alemana, si no pasó secretos de inteligencia en pedazos de tela escondidos en los zapatos, pañuelos y tacones de los soldados que iban de regreso a Inglaterra. Los alemanes dictaron una ley donde aquellos que ayudaran a ciudadanos de la alianza a salir de la zona ocupada por los alemanes, serían acusados de traición. Los primeros en beneficiarse de esta peligrosa actividad de Cavell fueron un coronel y un sargento ingleses, en noviembre de 1914. A partir de ese momento Cavell y sus conocidos lograron ayudar a 200 soldados a regresar a Inglaterra y de acuerdo con cifras extraoficiales fueron más de 900 soldados.

A finales de julio de 1915 dos de los colaboradores belgas de Cavell fueron detenidos por la policía militar alemana y cinco días después los alemanes entraron en el hospital de Cavell y la arrestaron.

De acuerdo con el Gobernador Militar de Alemania en Bélgica, El general Moritz von Bissing, Cavell era consciente de su culpabilidad como espía.

Detenida en la prisión de St. Gilles, el juicio al que fue sometida fue muy corto y fue encontrada culpable de traición y condenada a la muerte. El veredicto fue una verdadera sorpresa y cubetada de agua fría para todos los gobiernos aliados. Los representantes de los gobiernos de Estados Unido y España en Bélgica trataron de interceder en favor de la enfermera. Pero la respuesta de los alemanes fue una rotunda negativa. El Conde Harrach, uno de los oficiales alemanes en Bélgica contestó:

“Prefiero ver a la señorita Cavell fusilada que al más humilde soldado alemán herido y lo único que lamento es no poder fusilar a otras tres o cuatro ancianas inglesas.

La mañana del 12 de octubre de 1915 Edith Cavell fue fusilada en Bruselas. Su ejecución causó de inmediato una reacción mundial de repudio a los alemanes. Los ingleses crearon canciones, panfletos y películas como propaganda. Incluso una montaña en Canadá fue bautizada con su nombre. El mismo Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, escribió:

“Todo mundo debe sentirse asqueado por el acto de barbarie de los soldados alemanes al asesinar a grandiosa y gloriosa mujer.”

Al momento de su muerte Edith Cavell, la vieja inglesa según el oficial alemán, tenía 49 años. 

publicado en mamaejecutiva.net el 8 de agosto de 2017
imagen: wikipedia.org

viernes, 18 de agosto de 2017

Historia de ranchos de aquí y por allá: Massey Fergusson.





Nadie conoce mejor las necesidades del campo que los agricultores y la historia de esta empresa inicia en las zonas rurales de Canadá, Irlanda y Estados Unidos.

Armando Enríquez Vázquez

La historia de una de las empresas más importantes en la fabricación de vehículos e implementos agrícolas tiene forzosamente que nacer en el campo, junto con las yuntas y las tierras aradas, de la mano de hombres que han palpado la tierra fértil y la han cultivado. Lo curioso es que esta historia tiene aires de campo de diferentes tierras y de diferentes tiempos.
Daniel Massey, pertenecía a una familia de migrantes originarios de Cheshire en Inglaterra, que se estableció en el noreste de Estados Unidos, más de ciento cincuenta años antes del nacimiento de Daniel, el cual ocurrió el 24 de febrero de 1798. Con la llegada del siglo XIX y tal vez más oportunidades o menos penurias la familia decidió migrar al norte, a Canadá. A orillas del Lago Ontario el padre se dedicó a cultivar la tierra, Daniel fue enviado a Nueva York con familiares y obtuvo algo de educación formal después todavía siendo un niño regresó a Canadá y Mientras su padre se dedicaba a trabajar en el ejercito canadiense, Daniel, a los 14 años, era el encargado de la operación de la granja, pero esto no duró mucho y Daniel abandonó el seno familiar a los 19 años para dedicarse a diferentes labores, principalmente a dirigir cuadrillas de recién llegados a Canadá a talar las áreas boscosas para convertirlas en tierra de cultivo y vender las granjas.
Alrededor de 1830, Massey compró uno de los terrenos y se dedicó a trabajarlo y dar hogar a su familia. Daniel Massey se casó en 1920 y tenía 10 hijos. Pero la vida de agricultor no le gustó mucho y para 1844 cedió el manejo de la granja a su hijo Hart, para el dedicarse a diseñar y fabricar implementos de labranza. En 1847 se asoció con el dueño de una fundición y un taller de herramientas y comenzó los fundamentos de lo que hoy es Massey-Fergusson. Pero antes mucho antes de que esto sucediera, Hart se unió a su padre y años después le compró el negocio en 1856, año en el que Daniel Massey murió el 15 de noviembre.
Fue la visión de Hart la que convirtió a la empresa de una compañía pequeña, en una industria que llamó la atención de los agricultores de aquel país, gracias a la innovación, la adquisición de licencias de venta y la agresividad con la que Hart Massey atacó los mercados de Canadá y del norte de Estados Unidos. La importancia de la marca fue tal que se convirtió en una de las dos con más participación de mercado en Canadá y en 1891 convenció a su principal competencia para crear una sola empresa que se llamó Massey-Harris.
John Harris el dueño de la segunda empresa al igual que Hart era hijo del fundador, Alanson Harris, A Harris, Son and Co Ltd en 1870 otra empresa dedicada a la creación de implementos agrícolas y aunque Alanson no había sido jamás agricultor, pero había vivió toda su vida en una comunidad rural de Ontario, Canada. Alanson nació el 1º de abril de 1816. Para finales del siglo, la operación de Harris estaba en manos de John y ante las amenazas en el mercado decidió unirse con Massey,
Tan sólo siete años antes de la unión entre Massey Harris nació en Irlanda del Norte, Harry Ferguson, el 4 de noviembre de 1884 en County Down, hijo de un agricultor, Harry fue obligado por su padre a abandonar la instrucción para dedicarse al trabajo en la granja, algo que  Harry odiaba. Harry no tardó mucho en abandonar la granja y unirse a su Hermano Joe en Belfast, donde el segundo había establecido un taller de reparaciones para bicicletas y automóviles. Ferguson comenzó a correr motocicletas y se fue acercando también a una de las más atractivas novedades del siglo XX; la aviación.
Inquieto, moderno y rechazando su origen rural Harry voló por primera vez un avión en 1909, un avión construido por el propio Harry, y también se convirtió en piloto de automóviles de carreras. Pero dentro de él estaba el interés por mejorar los niveles de vida de los agricultores, así que, durante la I Guerra Mundial, comenzó a diseñar y patentar implementos y tractores que facilitaran la vida de los campesinos de Irlanda del Norte. Las innovaciones e inventos de Ferguson cruzaron el Atlántico y Henry Ford se interesó en el joven y lo invitó a trabajar con él, pero Ferguson prefirió su independencia y mantenerse en Belfast. En 1926, patentó su patente más importante, un sistema para los tractores que se sigue utilizando hoy día, mientras que en Canadá cuatro años después en 1930, Massey -Harris construía el primer tractor diseñado por la empresa.
Ferguson llevó a cabo un acuerdo únicamente de palabra con Ford para que este fabricara tractores con el sistema hidráulico de Ferguson. Esto con el tiempo terminó con un litigio que obligó a Ferguson a buscar nuevos proveedores.
La búsqueda terminó con la fusión entre Massey-Harris y Ferguson. En 1958 la empresa fijo su nombre actual Massey-Ferguson.
Harry Ferguson murió el 25 de octubre de 1960 en Gloucestershire, Inglaterra.
Desde 1994 Masey-Ferguson forma parte del corporativo de AGCO, una empresa dedicada a implementos, maquinaria y vehículos para el campo. 

publicado con otro titulo el 3 de agosto de 2017 en thepoint.com.mx
imagen Massey Ferguson.com