lunes, 4 de julio de 2011

El futuro de la mal llamada revolución verde.




China produce el 75% de su energía eléctrica a través del carbón y su parque vehicular se incrementa en más del 20% anualmente, para la mitad del siglo China podría tener mil millones de automóviles en circulación. ¿Es real la revolución verde?





Armando Enríquez Vázquez



Hace un par de semanas comentaba esta idea de que, según algunos, la revolución verde no lo es y ser realmente parte de ella es un imposible, porque por una parte el consumo de combustibles fósiles que liberan los gases que propician el efecto invernadero no ha disminuido y por otro lado el engaño de muchas empresas por hacernos creer que han cambiado de tal manera sus procesos que ahora son totalmente verdes, como el caso de la botellas plásticas de las dos más grandes refresqueras.

Al hablar de los peligros y consecuencias que aun estamos por ver en el caso de Fukushima, una muy querida amiga decía que no fuera alarmista, que la energía nuclear es eficiente. La verdad es que tiene razón, de los 442 plantas núcleo eléctricas en operación conocemos sólo nueve grandes accidentes en más de sesenta años, los tres más memorables son; Three Mile Island en Estados Unidos (1979), Chernobyl en la antigua Unión Soviética (1986) y ahora Fukushima en Japón. En el caso de los accidentes la preocupación no reside la generación de la energía y la calidad de ésta, si no en la seguridad para contener materiales radioactivos liberados en los accidentes, así como la forma agresiva y determinante con la que contaminan aéreas del planeta por muy largos periodos de tiempo, una vez que se encuentran libres en la atmósfera.

Sin embargo, los países en desarrollo juegan un papel importante en el calentamiento global y sobre todo el aquél que está condenado a convertirse en la próxima potencia mundial; China.

Al hablar de China existen muchas dudas en cuanto a su modelo económico y su política acerca de los derechos humanos. Cómo buenos occidentales nos creemos dueños de la verdad y que le inequidad que llamamos democracia es la mejor forma de gobierno, pero vale la pena recordar que ni lo griegos en su época de oro y mucho menos los padres fundadores de los Estados Unidos, promotores de una “democracia indiana”, podrían entender este sistema pervertido que hoy gobierna a la mayor parte de los países de occidente.

Los chinos hoy obtienen la mayor parte de su energía eléctrica a través del carbón mineral y son el país que más utiliza el combustible cerca de un 26% del uso mundial. Sus medidas de filtración y cuidados del aire aun son pobres y radicales a pesar de si existir la preocupación de implementar nuevas y más eficientes maneras de reducir la contaminación.

El carbón también se utiliza en las fábricas chinas y hasta en los hogares. Pero existe otro gran factor para la contaminación en el país asiático; los automóviles. Para China como para otras grandes potencias, incluidos los Estados Unidos, la industria automotriz se ha vuelto una pieza clave. El gobierno chino la ha declarado como una de la “industrias pilares de la nación”. La venta de automóviles en la creciente clase media china aumenta a un ritmo de 20% anual, se calcula que para mediados del siglo habrá mil millones de autos en China y otros mil millones en el resto del mundo.

A pesar de que la legislatura china obliga a los fabricantes a poner a la venta motores que de un rendimiento de 35 millas por galón, unos 56 kilómetros por cada 3.78 litros, una meta que el gobierno americano le ha pedido a sus fabricantes de autos para el 2020, el problema radica en la infraestructura de caminos que es insuficiente para la cantidad de autos en las calles de las principales ciudades chinas y de las carreteras, lo que lleva a grandes embotellamientos y tráfico muy lento que mantiene millones de motores prendidos de una manera ineficiente y altamente contaminante.

Una de las maneras en las que China enfrenta el problema es con la prohibición de la circulación de automóviles en las grandes ciudades, lo que provoca una mayor venta de automóviles nuevos. El gobierno chino también tiene un plan de estímulos para la construcción de autopistas y carreteras que aunque al principio son muy eficientes con el crecimiento de la demanda de automóviles pronto se volverán obsoletas dando paso a una nueva época de construcción de infraestructura carretera, en un ciclo de nunca acabar.

Todo esto aunado a la deforestación en todo el planeta provoca que el dióxido de carbono no pueda ser reciclado por el ciclo de las plantas.

Las nubes chinas de contaminación circulan gracias a las corrientes de aire por el mundo y son fácilmente fotografiadas desde los satélites espaciales. En 2007 una gran nube de contaminantes procedente de China tardo una semana en cruzar el Océano Pacifico y alcanzar la costa oeste de Estados Unidos donde se le atribuyó el 15% de la contaminación de la zona. Hay que hacer notar que China no ha firmado ningún tratado para la reducción de emisiones de dióxido de carbono, de la misma manera que el compromiso de los Estados Unidos o Rusia con el tema es mínimo.

La revolución verde es más una pose que una realidad, yo propongo que pintemos todo de verde y con animalitos como se hizo con los camiones urbanos de la Ciudad de México durante los noventas para desviar la mirada de las columnas de diesel de los escapes a los mal proporcionados animales que decoraban las carrocerías. Eso si es ecológico.


Publicado en blureport.com.mx el 4 de Julio 2011