martes, 7 de octubre de 2014

Televisión chatarra y televisión de estado.



Inició el proceso de la licitación que llevará a que los mexicanos tengamos dos nuevas cadenas nacionales de televisión abierta y una cadena nacional del estado. El reto es muy claro: contenidos.

Armando Enríquez Vázquez

La semana pasada arrancó el proceso de licitación de dos nuevas cadenas nacionales de televisión abierta en nuestro país. Este suceso no se daba desde 1993, cuando se licitó IMEVISION. Dos hechos surgieron de dicha licitación. La creación de Televisión Azteca y por lo tanto la consolidación de un duopolio en materia de televisión abierta en México y por otro lado la desaparición de una cadena nacional de televisión abierta propiedad del estado mexicano.
El final de IMEVISION, fue el final de muchas corruptelas, pero también de propuestas diferentes a las de Televisa en cuestión de oferta de entretenimiento para los televidentes mexicanos. Baste recordar que José Ramón Fernández, su propuesta deportiva y su crónica que confrontó al monopolio otorgado por Luis Echeverría a Emilio Azcarraga, cambiaron la forma de hacer, ver y narrar los deportes y en especial el futbol en nuestro país. Es cierto que en los últimos 20 años y en especial durante los gobiernos panistas la oferta de las dos televisoras públicas que al menos se ven en el Valle de México; Canal 11 y Canal 22 se enriqueció y propuso opciones interesantes a los televidentes, lo apabullante es que el regreso del PRI a los Pinos y el nombramiento de los actuales funcionarios que dirigen ambas estaciones de televisión pública han demeritado lo que se hizo en los dos sexenios anteriores a partir de una programación poco interesante y creativa, muy similar a aquella de la televisión pública de los años setenta y ochenta del siglo pasado.
Ni que decir de los sistemas de televisión pública de los gobiernos de los estados que amarrados por presupuestos raquíticos y los egos inmensos de los gobernadores son sólo una carga a los erarios locales y una molestia más para el televidente que tiene que saltar una señal más con el control remoto.
Hoy la televisión abierta en general se encuentra en un estado de lenta agonía provocada por ella misma. Por un lado la televisión del estado sin una propuesta atractiva  para el espectador y por el otro, la televisión comercial de nuestro país incapaz a lo largo de décadas de superar fórmulas que resultan poco atractivas a los jóvenes, más cuando esos mismos espectadores tienen hoy al  alcance de su Tablet un mundo de entretenimiento por disfrutar. Series, webseries, videoblogs que hablan en su idioma, no me refiero al únicamente a contenidos en español, que responden a sus intereses y los temas que les llaman la atención.
Existe una línea muy clara entre la televisión comercial y la televisión pública. Por un lado horas de televisión chatarra, con personajes y conductores nefastos, contenidos que nada aportan al espectador y por el otro una televisión que por aburrida no la ve nadie a pesar de la calidad de los contenidos, una televisión que a veces no se cansa de emular el éxito de Cristina Pacheco y Aquí nos tocó vivir con historias de peluqueritos y carniceros de barrio, sin que se atreva, tal vez por su carácter de estatal, o tal vez porque en el fondo hay un Ismael Rodríguez en el alma de todo productor y director de televisión pública que le silba al oído como Pedro Infante a su Chorreada a ver tras el lente de la cámara más allá de Nosotros los pobre y jodidos mexicanos que anhelamos que la familia Azcárraga y sus sátrapas ejecutivos nos den la programación que nos merecemos.
Nuestra televisión pública muchas veces no va más allá de los talk shows, por baratos y sencillos de producir. Pero está muy lejos de competir con otras televisoras públicas mundiales como la BBC o TVE donde además de los contenidos culturales y los noticieros, el entretenimiento forma parte esencial de su producción. Basta ver la trascendencia de Dr. Who a nivel internacional o las estupendas series como Isabel o Los Misterios de Laura, hoy comprada y tropicalizada por NBC.
Todavía más triste que la postura de los directivos de Televisa o Azteca que se niegan a ver más allá de su avaricia y de la nula imaginación de sus coordinadores, directores o gerentes de contenidos, es ver como lo que debió de haber sido una propuesta fresca con la creación de un nuevo canal metropolitano privado a mediados de la década pasada, que sin pudor se ostenta como Cadena 3, sin realmente ser hasta el momento una cadena, no haya hecho otra cosa más allá de copiar los peores programas del duopolio y tratar de gastar lo menos en programación comprando series, películas y programas vigentes hace cuarenta años.  
El secretario de comunicaciones Gerardo Ruiz Esparza nos informó la semana pasada que entre 5 y 10 empresas son las que se encuentran interesadas en participar en la licitación. Vago dato, pero lo que es claro es que a diferencia de otras épocas cuando grupos extranjeros de telecomunicaciones se vieron interesados en invertir en los medios nacionales, hoy la oferta es únicamente de grupos mexicanos.
Aquellos grupos que sean los ganadores de esta licitación deberán enfrentar  no solo al duopolio, estarán en la obligación moral ante los mexicanos de demostrar porque y para qué querían la tener una cadena nacional. Ya que las leyes secundarias de la reforma olvidaron incluir normar los contenidos y la producción a los canales, esperemos que los nuevos concesionarios estén conscientes de que es la oferta de entretenimiento alejado de los actuales conceptos de Televisa y Azteca los que los puede llevar a ser líderes en ese mercado tan amañado. Lo que puede hacer que los años finales de la televisión abierta en México sean recordados con gusto.
Por su parte el OPMA (Organismo Promotor de Medios Audiovisuales, ya convertido en el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano,  gracias a la reforma en telecomunicaciones está destinado a convertirse en una nueva IMEVISION, es decir en la cadena de televisión abierta del estado mexicano y surge con esto una nueva posibilidad de crear series y programas alejados de lo que se produce actualmente en Canal 11 y Canal 22 que se encuentra completamente alejado una televisión pública o cultural moderna.
Hace muchos años que no veo más que los partidos de futbol americano por televisión abierta. Conozco algunas de las series que produjo el Once por que las vi en DVD, lo mismo que el buen intento de Azteca con Drenaje Profundo. Del 22 he visto La Dichosa Palabra y una serie sobre teatro en la que llenan gradas de acarreados como lo hacía Javier Solórzano en los ochenta en el canal trece.
Mucha de la programación es comprada por barata y efectiva en el malinchismo nacional.
El 22 y el 11 pueden mantener los perfiles que los funcionarios que los dirigen quieren manejar, al fin y al cabo son en el mejor de los casos canales de nicho, cualquiera que este sea, pero el OPMA deberá demostrar que en ese mover a México también se trata de mover lo que el estado entiende por entretenimiento con una cadena fuerte y atrevida, capaz de enfrentar lo que cualquiera de las otras cuatro cadenas le ponga a la misma hora.

Pronto habremos de verlo.

publicado en blureport.com.mx el 10 de septiembre de 2014
imagen:twigis.com