miércoles, 15 de octubre de 2014

Espejo de nuestra sociedad en un carro del metro.


El pasado jueves 25 de septiembre fui testigo de cómo centenares de jóvenes de varias vocacionales del Instituto Politécnico Nacional tomaban por asalto y de manera pacífica las escaleras eléctricas de la estación Ermita de la línea 12 del metro, ante el asombro y de seis policías qué parecían más asustados, que con ganas de controlar la situación.

Armando Enríquez Vázquez

Minutos más tarde pude observar a otros adolescentes que viajando en los carros de la línea 2 preguntaban a los usuarios del sistema de transporte, si podían compartir con ellos la información que traían impresa en hojas de papel bond tamaño carta.
Lo estudiantes pedían en una cuartilla, a los mexicanos, voltear por un momento a ver como el gobierno federal y la hasta ese momento directora del IPN intentaban modificar los planes de estudio de la institución y destrozar así el futuro académico de los muchachos para volverlos en lugar de profesionistas, mano de obra calificada. Los muchachos argumentaban que las autoridades federales han escogido los CECYT (Centro de estudios científicos y tecnológicos) equivalentes a las prepas de la UNAM, como incubadoras de una nueva generaación de mexicanos que no aspiren a otra cosa que a maquilar. Por ello los muchachos pedían no hacer de las vocacionales instituciones para crear técnicos como en el CONALEP o el Colegio de Bachilleres.
El Instituto Politécnico Nacional fue fundado en 1936 por el presidente Lázaro Cárdenas y el secretario de educación Gonzalo Vázquez Vela, quién años antes y mientras se desempeñaba como gobernador del Estado de Veracruz creó la escuela socialista en el estado. El IPN era una respuesta al sueño de miles de jóvenes mexicanos para desarrollarse en la investigación y el estudio de actividades profesionales científicas y tecnológicas y junto con la UNAM, ha sido durante décadas la manera de crear esa masa de profesionistas que el país demandaba tras la Revolución. Ambas instituciones son pilares de la democracia y la igualdad entre los mexicanos.
La percepción las nuevas generaciones de cómo su sueño de crecimiento personal pretende ser arrebatado por el nada democrático gobierno de nuestro país, no está equivocada. Los políticos depredadores que desde tiempos de Miguel Alemán, el mal llamado cachorro de la Revolución, se han preocupado por sus negocios personales y el bienestar de las diferentes facciones y partidos políticos a los que dicen pertenecer, pero que en realidad creen de su pertenencia, poco han hecho por el crecimiento y el fortalecimiento de las actividades de investigación, desarrollo y creación tecnológica del país.
Los jóvenes que de manera serena se hicieron notar en el metro y de una manera más llamativa, pero de ninguna manera violenta, provocaron que el secretario de gobernación saliera a recibir su pliego petitorio y a escuchar sus razones. Jóvenes que son el futuro de México en el más demagógico sentido de la palabra, pero que en la más pragmática de las realidades son mujeres y hombres que quieren lo mejor para ellos y los suyos. Esos jóvenes son los que necesita nuestro país y nuestra sociedad.
A pesar de que ciertos periodistas oficialistas intentaron, como siempre desprestigiar a los estudiantes y sus demandas, identificando a los jóvenes con el mesías tropical y las huestes intransigentes de Morena.
El metro es sólo un reflejo de la sociedad en general y al lado de estos jóvenes ambiciosos, en el mejor sentido de la palabra, los vagones del metro confome el convoy se acercaba al centro de la ciudad se iba llenando de los llamados vagoneros, algunos de ellos de la misma edad que los estudiantes politécnicos, otros unos años mayores. Descastados del sistema, carne que alimenta a ese sistema de prebendas y votos comprados que tanto les gusta promover a los dirigentes de nuestros partidos políticos. Jóvenes y adultos acostumbrados a mendigar y exigir favores con los que extorsionan a los demás miembros de la sociedad, parias que son dedos de las manos de siniestros negocios de políticos y funcionarios públicos, quienes por un lado condenan la existencia de estos seres y las prácticas comunes de nuestro sistema político, pero por otro son los grandes administradores y beneficiarios de las mismas.
Así en un trayecto de unas cuantas estaciones convivieron dos expresiones de nuestro pais; los que anhelan un mejor futuro y los que se contentan con lo que tienen.
En lo personal refiero al joven contestatario, inconforme, con hambre de convertirse en un mejor ser humano, sin importarme su ideología, que a esas rémoras humanas a las que el sistema ha acostumbrado a sentirse y proclamarse víctimas, que se identifican a sí mismos con los personajes de los melodramas mexicanos de la llamada época de oro del cine mexicano y que creen que el gobierno y la sociedad en general estamos en deuda con ellos por el simple hecho de existir.

Pero más allá de esta anécdota en el Metro de la Ciudad, hoy debemos estar alertas de lo que sucede no sólo con los estudiantes del Politécnico, sino con los estudiantes y los jóvenes en general porque a nuestros políticos no les gusta mucho que se cuestione una autoridad que creen tener y que en realidad deberían entender es una facultad de servicio que les hemos otorgado con nuestro voto.

publicado en blureport.com.mx el 9 de Octubre de 2014
imagen: informador.com.mx