jueves, 19 de abril de 2018

Cuando el dinosaurio se mordió la lengua.




La intolerancia en boca de un presidente intolerante, cabeza de un partido intolerante resulta autocrítica en tono de humor involuntario.
Armando Enríquez Vázquez

“Gobierno que no acepta la crítica siembra intolerancia” esas fueron las palabras de Enrique Peña Nieto en uno más de sus actos de campaña a favor del desangelado José Antonio Meade y tras decirlas el presidente se limpió la sangre que comenzaba a manar de una de las comisuras de sus labios, tal vez de la derecha.
Suena muy mal que un presidente que se ha encargado desde su llegada a la oficina de Palacio Nacional en desaparecer espacios informativos utilizando la ley del garrote con el apoyo de timoratos y serviles empresarios de medios como Joaquín Vargas y Olegario Vázquez Aldir, se atreva a acusar a sus adversarios políticos de lo mismo que ha sido uno de los sellos del sexenio; la intolerancia.
Las respectivas salidas de Carmen Arístegui y Pedro Ferriz de Con de los espacios que conducían en radio estuvieron orquestada desde la intolerante oficina de un presidente que fue cuestionado desde que surgió su candidatura por ambos periodistas, ahora que esta en el ocaso de su presidencia y con la certeza de haber elegido al peor candidato para su partido, Peña Nieto pretende darse golpe de pecho atacando de manera indirecta la intolerancia marcada de Andrés Manuel López Obrador. Su ceguera política y arrogancia han provocado la caída de un candidato mal escogido, sin popularidad y desconocido al interior del partido que el Presidente de República dice representar, pero que en la realidad parece ser más ser parte de esa tan cacareada mafia del poder que en un principio parecía sólo una creación en la mente mártir del mesías tropical, pero que se ha vuelto una descarada realidad que no sólo encabeza Meade, si no que complementa maquiavélicamente un personaje tan deleznable como lo es Javier Lozano y ese trabajo sucio de atacar a Anaya y López Obrador que están efectuando Margarita Zavala y Jaime Rodríguez “El Bronco”, desde sus candidaturas independientes conseguidas a fuerza de trampas y dedazos del gobierno federal.
El sexenio de Peña Nieto se ha caracterizado por la intolerancia, intolerancia no sólo a la prensa, si no a la ciudadanía también, la ciudadanía que en su minoría eligió a este presidente que supuestamente representa y gobierna a todos los mexicanos. Peña Nieto ha despreciado a la sociedad civil y su voz en las redes sociales. La intolerancia surge desde la arrogancia y sordera política de uno de los presidentes menos populares y menos querido por los mexicanos.
Las palabras de Peña Nieto resultarían las normales palabras huecas oficiales si las hubiera pronunciado un presidente priísta de los años setentas, ochentas y hasta noventas, pero en la segunda década del siglo XXI, con las redes sociales, con algunos periodistas libres y columnistas críticos que son favoritos de muchos ciudadanos, Peña Nieto resulta un dinosaurio más, el producto más perfeccionado del viejo PRI, maquillado de algo que desde el inicio de su gobierno mostro ser falso, su interés por México.
La intolerancia del régimen príista y de su presidente quedan manifiestas en la poca importancia que le merece el sistema de justicia que permanece acéfalo, así como en la forma directa que ha decidido confrontarse con el gobierno soberano de Chihuahua, con el candidato Ricardo Anaya y la forma en que con amenazas acabó con el ex titular de la FEPADE.
Triste es la figura de un presidente que ha sido intolerante con los periodistas mexicanos, con los funcionarios, con los miembros de su gobierno, con la oposición que lo cuestiona y por otro lado ha resultado un lamebotas de Estados Unidos, bajo los intereses mezquinos de su secretario de Relaciones Exteriores, como tristes son los discursos que da tratando de darnos gato por liebre en uno de los sexenios que más se ha dañado a México, aún estamos por ver los saldos reales de tanta corrupción y avaricia. El peor, sin duda desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

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