martes, 25 de diciembre de 2012

En crisis pero gorditos



Es curioso en un mundo donde se resalta la crisis económica, uno de los focos rojos en la salud de la humanidad esta relacionada con el sobrepeso y los problemas de salud que esto representa.

Armando Enríquez Vázquez

A diferencia de lo que uno pueda pensar, hoy la peor crisis alimentaria que el mundo enfrenta, no es la hambruna, si no el sobrepeso.
La única región del planeta que enfrenta una grave crisis de hambre es África subsahariana, el resto del mundo enfrenta un crecimiento de una población obesa. Estados Unidos, Arabia Saudita, Australia, Sudáfrica, Argentina, Venezuela y por supuesto México tienen poblaciones que son obesas en más de un 50% llegando en algunos casos a más del 70%.
Poblaciones más boyantes, con una menor demanda de trabajo físico, más sedentarias y sin problemas para adquirir alimentos procesados que contienen cada vez una mayor cantidad de azúcares y grasas, que no son difíciles ni de comer ni de digerir, ponen el mundo al borde de uno de problemas más grandes de salud, que en los próximos veinte años habremos de ver. Los números de enfermos relacionados con la obesidad y el sobrepeso será tan grande de acuerdo a las proyecciones de diversos estudios, alrededor de una tercera parte de los habitantes del planeta tendrán diabetes, por ejemplo, que el problema deja de ser un problema de salud individual para convertirse en uno de los principales problemas que habrán de enfrentar los gobiernos del mundo y sus diferentes sistemas de salud.
El sobrepeso y la obesidad son factores definitivos en el desarrollo de algunas enfermedades como la hipertensión, la diabetes, así como ciertos tipos de cáncer. De acuerdo con estudios recientes la Organización Mundial de la Salud (OMS), atribuye el 44 % de casos de diabetes, el 23% de enfermedades cardiacas y más del 40% de ciertos tipos de cáncer al sobrepeso y la obesidad. La gordura más peligrosa es aquella en la que el cuerpo es redondo y la cintura es amplia, pues la grasa rodea a los órganos provocando inflamación y mal funcionamiento de los mismos.
El negocio no sólo esta en los fabricantes de alimentos chatarra y comida rápida sino augura un fuerte mercado para las empresas farmacéuticas que habrán en los próximos años de desarrollar y comercializar cientos de medicinas para controlar, que no para curar, a una población enferma que padecerá enfermedades crónicas o degenerativas.
En nuestro país los datos de sobrepeso y obesidad no son nada alentadores, hoy más del 50% de la población somos obesos, en el caso de la mujeres mayores de veinte años se ha incrementado el porcentaje del 71% al 73% en los últimos seis años. Desde 1980 el número de gente con sobrepeso y obesa en México ha aumenta en más de 30%.
A pesar de las campañas de prevención de diabetes por parte del IMSS y del combate de la Secretaria de Educación Pública en contra de los alimentos chatarra en las escuelas, batalla bastante ineficiente, la verdad es que los gordos, más allá de la eterna crisis y los números avasalladores de los mexicanos en condición de pobreza, vamos ganado terreno, y no sólo en los agujeros del nuestros cinturones, y podemos colapsar por completo el sistema de seguridad social en los próximos veinte años tan sólo con enfermedades relacionadas a la obesidad y el sobrepeso. El reto es alejar a los consumidores mexicanos no sólo e los refrescos, sino de todos los alimentos procesados que contienen altas cantidades de azúcar o sal, de conservadores químicos cuyos nombre parecen sacados de novela de ciencia ficción, además de ser impronunciables, y acercarlos a una alimentación sana y balanceada. Está bien el considerar un impuesto a la industria refresquera de manera similar al que se aplica a la industria tabacalera. Incluso habría que pensar en poner fotos de los efectos de la diabetes en las personas en los envases. La obesidad atrae a muchos “asesinos silenciosos”. Hasta los aztecas racionaban las tortillas a los niños conociendo los riesgos para engordar que estas representan.
Existe mucho por hacer en nuestro país que es el primer consumidor de refrescos en el mundo, más que los Estados Unidos y eso es mucho que decir. Se calcula que 728 vasos de Coca Cola fueron consumidos durante el año pasado por cada uno de nosotros, mexicanos, así que haga cuenta si le sumamos otros refrescos, pastelitos, papitas y demás comidas chatarras y sin contar el taco, la torta o gordita de chicharrón de la esquina “para engañar al hambre”. Eso es lo que enseñamos a nuestros hijos, lejos de enseñarles buenos hábitos alimenticios y no es que en el resto del mundo se haga pero…Mal de muchos, consuelo de…

Publicado en blureport.com.mx el 22 de Diciembre de 2012
Imagen: topnews.in