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lunes, 5 de abril de 2021

Soberanía

 


Una de las falacias más indignantes de la demagogia oficial es la búsqueda de una soberanía nacional en materia de tecnología y ciencia. Pero no se otorga un peso en estas áreas.

Armando Enríquez Vázquez

El último fin de semana de marzo se llevó a cabo en la ciudad de Querétaro un evento llamado Vacunatón, en el que la Universidad Autónoma de Querétaro recaudó un poco más de su meta mínima de 5 millones para que los investigadores de la institución continúen con el desarrollo de la vacuna para Covid 19.

El máximo era de 20 millones y lo conseguido no fue siquiera la mitad de esta cifra. Si nos ponemos a pensar en lo que se va a gastar en las próximas semanas en campañas políticas, la deuda que nos está obligando el presidente a tomar con su PEMEXPROA para rescatar lo irrescatable, la inversión de 20 millones parece ridícula.

Eso sin contar la importancia que en muchos sentidos nos brindaría el desarrollo de una vacuna nacional; en materia de salud, de patentes, de independencia en temas de tecnológica y liderazgo.

Lo que es peor es la ceguera del gobierno del estado de Querétaro en apoyar los desarrollos locales y aun peor es la gestión que las autoridades de la UAQ han hecho de este logro surgido en sus instalaciones y gracias a los investigadores de la casa de estudios, con el poco ruido que han hecho de su investigación. Aquí tampoco la iniciativa privada, ni los laboratorios nacionales han tenido la visión de invertir en el desarrollo de esta investigación que de acuerdo con los investigadores a cargo esta por entrar a las fases definitivas que pueden demostrar la efectividad y viabilidad de la misma.

Lo que sucede en la Universidad Autónoma de Querétaro sucede en las diferentes universidades públicas e institutos de investigación científica de la nación: Las investigaciones no pueden avanzar porque los recursos federales están dirigidos a fomentar la ignorancia y la deserción escolar. Hoy bajo el gobierno de López Obrador ser nini, ya no es un problema, es una bendición que se recompensa con una beca.

El gobierno de López Obrador no termina de entender que en el siglo XXI la soberanía va más allá del respeto de la Doctrina Estrada y de la propiedad del gobierno sobre los recursos no renovables del país. Con su florero en la dirección del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, María elena Álvarez Buylla, que ha desdeñado a sus colegas y servil al presidente ha aprobado la desaparición de los presupuestos para la ciencia.

La soberanía que tanto cacarea el presidente no se puede alcanzar condenando al país a la dependencia de cualquiera de los bloques o ideologías del mundo. Su preferencia por las naciones totalitarias de América como Cuba, Venezuela o Nicaragua o su desprecio por las naciones que habían, tal vez de manera ventajosa, invertido en México solo demuestran que el presidente es incapaz de tener una visión nacionalista a futuro.

El ejemplo, si se quiere menor, no lo creo, de cualquier manera de los avances científicos logrados por los investigadores de la UAQ pone en evidencia, como decía al inició, no sólo la incapacidad del gobierno federal, o el local de partidos opuestos, si no de la rectoría y los encargados de la promoción de la Universidad que de manera mediocre y mínima se han dado a cacarear un huevo demasiado grande e importante no sólo a nivel nacional. La UAQ en vez de convertirse en punta de lanza en el tema de la Covid 19, ha preferido mantener el tema como un menor desarrollo tecnológico provinciano en el más peyorativo de los sentidos.

En México no hemos aprendido, no queremos saber vivir sin la batuta de papá gobierno. No queremos entender la frase de David Henry Thoreau: El mejor gobierno es aquel que gobierna lo menos. No queremos dar reconocimiento a nuestros científicos e investigadores hasta que ganen el premio Nobel cuando ya no necesitan apoyos, son autosuficientes.

Por eso nos va como nos va.

Fotografia centro de Querétaro de mi autoría. 

jueves, 11 de marzo de 2021

La vacuna queretana y la impasibilidad gubernamental.



La vacuna queretana y la impasibilidad gubernamental.

El oscurantismo promovido desde Palacio Nacional, CONACYT y la subsecretaria de salud, así como el desprecio de los gobiernos locales quieren minimizar los logros científicos de México.

Armando Enríquez Vázquez

Supongamos que México tuviera la capacidad de desarrollar una vacuna anti COVID. Supongamos que, en lugar de escuchar los lamentos de melodrama de López Obrador, México pudiera donar vacunas a países con una peor economía que la nuestra. Supongamos que, en lugar de un emulo de dictador nacido en el PRI, México tuviera un estadista, o un político mediano, consciente de no saber de todo, pero dispuesto a promover a los mexicanos y cantar sus triunfos.

Sabemos que desde el inició de la pandemia la UNAM, el Politécnico Nacional y el ITESM alianza con una empresa alemán, entre otras universidades han iniciado investigaciones para desarrollar vacunas que puedan producirse en el país y atender la demanda de un país que no tiene el poder económico para negociar contra las exigencias de las grandes farmacéuticas. Sabemos que el esfuerzo coordinado desde la UNAM necesita, de acuerdo con la nota del diario El Financiero del 11 de marzo de este año (1), 200 mdp para implementar la fase 3 de su desarrollo, que el gobierno federal no le proporcionará porque está muy ocupado tirando el dinero en sus siervos de la nación y otros proyectos electoreros. Lo que no es tan conocido es el desarrollo que la Universidad Autónoma de Querétaro tiene también de una vacuna contra la COVID.

La Universidad Autónoma de Querétaro ha desarrollado la vacuna anti COVID a la que se ha llamado QUIVAX17.4 que necesita entrar en la fase preclínica, pero no tiene apoyos de ningún tipo y la Universidad ha decidido realizar una jornada para recolectar los veinte millones de pesos necesarios para poder realizar el siguiente paso en el desarrollo de la vacuna contra la COVID. A diferencia de la UNAM que tiene una vitrina nacional y esperemos que consiga pronto los apoyos para entrar en su siguiente fase de experimentación, la UAQ está condenada a tocar dos puertas en las que no les responden, la del gobierno local y la del federal, para logra los recursos para continuar las pruebas de su vacuna. El evento diseñado por la UAQ para reunir fondos ha sido llamado Vacunatón y por medio de redes sociales y de posters se promociona en la capital del estado y el país, lo que desde mi punto de vista es una vergüenza para las instancias locales y federales.

Hoy tenemos que pensar que más allá de los planes mezquinos y los negocios de los políticos por mantener a México como un país dependiente y sin desarrollo científico y tecnológico, somos los ciudadanos los que debemos exigir un mejor México, es cierto la justicia social es importante, pero no es lo único y a lo largo de décadas se ha desarrollado también una población perteneciente a las clases medias que han cursado carreras científicas y técnicas, que merecen reconocimiento y apoyo a sus investigaciones. Desarrollar una vacuna implica mucho más que el sesudo nombre de Patria que el presidente y su inservible directora de CONACYT concibieron para la vacuna mexicana, ¡Claro, cuando la haya!

La ignorancia del presidente, el servilismo de sus servidores públicos y los negocios de todos estos traidores a la patria que prefieren ver hacía el extranjero, traer médicos cubanos para adoctrinar y utilizar a los mexicanos como conejillos de indias, aceptar vacunas sin razonamiento alguno como las rusas, mientras al mismo tiempo se olvida y menosprecia a los científicos mexicanos.

López Obrador que se ha quejado frente a la ONU por la inequidad en el reparto de las vacunas contra la COVID, debería de aclarar ante los mismos organismos internacionales que él y su gobierno no creen en la ciencia, mexicana al menos, y que su gobierno no ha hecho nada por apoyar el desarrollo de una vacuna mexicana en la que se trabaja en el seno de diferentes universidades públicas del país, la cual podría repartir en naciones con menos dinero.  

En su propaganda electorera Morena clama algo imposible; donar la mitad de su dinero para compra de vacunas y es que es imposible por un lado nadie puede comprar vacunas de no ser el gobierno federal y la segunda porque han donado tantas veces la mitad de su dinero a lo largo de su existencia que si queda algo comprara una vacuna.

Lo realmente importante en ambos casos es la falta de acción del gobierno federal, pero esto no disculpa a los gobiernos locales, en especial al gobierno del estado de Querétaro, por esa misma falta de apoyo y de visión, por su nulo apoyo a los científicos de la región. Qué Querétaro lograra una vacuna anti Covid repercutiría en la imagen del estado y del partido en poder que en este caso es el PAN. Pero no las visiones de enanos de los políticos no lo permiten. Ni que decir de las farmacéuticas nacionales mezquinas, mediocres y oportunistas en la mayoría de los casos, pues quieren vivir de fórmulas que ya son del dominio público antes que invertir en investigación trascendente. Y sin ninguno de los visibles inversionistas para el desarrollo de investigación.  

La inversión en ciencia tiene que ser entendida en el más pragmático y económico de los sentidos como generadoras de patentes y de ingreso de divisas, no por nada el país que más patentes genera en la actualidad es China, la economía más importante del mundo. Es hora que pidamos a los legisladores que piensen en México y no en las elecciones. No es culpa nada más de Morena, el menosprecio por la ciencia en México es ancestral, pero el partido en el poder lejos de remediarlo ha agudizado el desprecio por la ciencia y la comunidad científica. Algo que queda muy claro con la falta de apoyos a los investigadores en tiempos de pandemia.

Te invito a que investigues sobre el Vacunatón y si puedes ayudar hazlo, si no por favor darlo a conocer entre tus contactos.

 

(1)      https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/para-vacuna-unam-hacen-falta-recursos-y-decision-de-estado 

fotografía de mi autoría 

lunes, 12 de agosto de 2019

La ciencia que ofende.




La diferencia básica entre un político y un científico es que mientras el primero pretende la gloria vana, el segundo va en persecución de la verdad.

Armando Enríquez Vázquez

Acabó de ver la serie de HBO Chernobyl, tras dar su testimonio en el juicio a los tres responsables del accidente nuclear el científico Valeri Legásov es arrestado por la KGB y el director de la misma le da un discurso acerca de la nula importancia de los científicos frente al “glorioso” lugar que la historia le tiene asignado a los políticos. De cómo son los políticos no sólo los verdaderos protagonistas del devenir humano, si no quienes con su burocrático dedo flamígero señalan a quienes deben ser recordados por la historia. En la mayoría de los casos esta premisa es clara y cierta hasta cierto punto, porque la historia es escrita por los vencedores. Pero en otros la verdad prevalece y con el tiempo, como en el caso de Galileo, hasta la Iglesia Católica, creadora de la Santa Inquisición, pide perdón frente a las evidencias innegables de su arrogancia.
En la historia reciente de México nunca nos habíamos acercado tanto a una época de oscurantismo y fanatismo de manera tan clara como hoy. La visión maniquea de Andrés Manuel López Obrador acerca de la ciencia y los científicos, es parte de su maquiavélica y melodramática manera de gobernar dividiendo a un México de por sí dividido. Sólo la mente de un fanático religioso puede menospreciar a la Ciencia de la manera en la que el líder de la 4T y presidente de México lo hace.
Como lo he escrito en otras ocasiones la ciencia es un motor de desarrollo y generador de riqueza importante, pero su gran pecado es que nunca ha obedecido las reglas dictatoriales de los ignorantes gobiernos totalitarios.
El presidente que admira a los pueblos latinoamericanos y en especial a los que se autonombran de izquierda como las dictaduras venezolana y cubana, debería aprender una cosa de la segunda, el desarrollo de la ciencia propia y en especial de la medicina cubana. La medicina en Cuba es punta de lanza a nivel mundial, minimizada y vituperada por las grandes farmacéuticas y sus intereses imperialistas. A diferencia de la isla caribeña que carece de materia prima y de insumos, que ha sobrevivido muchas veces gracias a los rublos primero de la Unión Soviética y hoy de Rusia, así como de muchos políticos corruptos mexicanos con intereses en la isla, México es un país extenso con diferentes ecosistemas y una importante reserva de recursos renovables y no renovables que en las manos de investigadores y científicos médicos, industriales y de todo tipo pueden ser una de las bases del desarrollo que tanto pretende, al menos en sus demagógicos discursos, Andrés Manuel López Obrador.
Una vez más la semana pasada el presidente se refirió de la manera más despectiva al trabajo científico, con el odio que desde su personal ignorancia le da que otros sepan más que él. De esa misma manera descalificó a los economistas y en muchas de sus razones puede tener razón cuando durante muchos sexenios se promovió la idea de la macro economía sobre la de la economía del país y el bienestar de los mexicanos. Pero las acciones y la corrupción que hasta el momento hemos visto en el gobierno de López Obrador no muestran un gran cambio.
Lo único que le interesa a la administración de Morena es restringir libertades, crear estructuras partidarias que acaben con la individualidad y sobre todo mantener la pobreza en toda la nación, para mantener el clientelismo. La titular del CONACYT es uno de los principales ejemplos de la guerra contra la ciencia y los científicos mexicanos. María Elena Álvarez Buylla, una burócrata que vivió a expensas de la UNAM, una mediocre funcionaria pública servil hasta la náusea con quienes la pusieron en el puesto y que parece desconocer la importancia de la ciencia. Su perfil y sus acciones la muestran como la clásica represora mediocre al servicio de sus amos. A lo largo de seis meses únicamente se ha dedicado denostar y atacar a sus supuestos “colegas” científicos, tal y como, aunque aún sin llegar a los juicios represores, por fortuna, como lo hizo la Unión Soviética con los chivos expiatorios a los que juzgó por un problema que tenía su origen una misera política burocrática y en la corrupción de una nación que se llamaba de izquierda y progresista y que lo único que lo largo de su historia supo hacer de manera metódica fue acabar con su población a partir de políticas dictatoriales y racistas.
La comunidad científica se ha manifestado en contra de la visión minimalista del presidente y su achichincle en CONACYT, y ha solicitado reunirse con él. Desgraciadamente con la soberbia y arrogancia que caracterizan al primer mandatario les ha negado audiencia. Sólo los acusa con todos los adjetivos peyorativo que son su arsenal oratorio. La negación acerca de la validez e importancia de la ciencia es sólo una patética extensión de la Santa Inquisición.
 Eppur si mouve…



lunes, 8 de julio de 2019

La ciencia necesita dinero, aunque le pese a la 4T



La directora de CONACYT parece ignorar que la ecuación más importante en la investigación científica sana de un país requiere de academia, gobierno e iniciativa privada.


Armando Enríquez Vázquez

Está muy bien que el presidente piense que nadie debe ganar sueldos onerosos, que nadie gane más que él es algo muy cuestionable. Lo que resulta inaceptable es que una mujer que hasta ahora sólo ha mostrado una mentalidad conformista y ridícula, más preocupada por comer bien que por administrar su despacho de manera óptima, como es la directora de CONACYT, Elena Álvarez-Buylla pretenda que ni siquiera la IP invierta en los centros de investigación del Estado Mexicano pretextando que esto impacta de manera positiva en los sueldos de los investigadores y según su pequeño cerebro; esto hace que los investigadores tengan un doble salario.
La directora de CONACYT parece ignorar que la ecuación más importante en la investigación científica sana de un país requiere de academia, gobierno e iniciativa privada, de otra manera la iniciativa privada que de todas maneras necesita investigación, desarrollará las investigaciones que le interesan como empresa y los beneficios que conlleva una investigación conjunta se perderán para las empresas públicas, pues las empresas privadas se quedaran con todas las ganancias económicas, pero más importantes de conocimiento, resultado de sus investigaciones. En el caso de las empresas transnacionales esa investigación se desarrollará en países que apoyen y fomenten esta actividad ganando de esta manera tanto económica, como en desarrollo científico y a las que las palabras de la mediocre funcionaria tienen sin cuidado.
Ese know how que queda en las instituciones públicas y ayuda a desarrollar otras investigaciones que impactan en políticas públicas, en patentes que se manifiestan económicamente en las arcas del gobierno, en el desarrollo de nuevos investigadores, en un diálogo científico nacional e internacional que retroalimente a investigadores y científicos, se perderá si la idea de la supuesta científica se materializa.
En el caso más inmediato, si el gobierno del presidente López Obrador no está interesado en fomentar la ciencia y la investigación, la participación de la iniciativa privada puede ayudar a conservar empleos, algo que a nivel nacional tampoco parece interesar al presidente, y mantener los centros de CONACYT a lo largo y ancho del país, algo que no le interesa conservar ni a él, y mucho menos a la funcionaria gourmet.
Sí el presidente ha pedido a diferentes empresarios el apoyarlo en el desarrollo de la infraestructura necesaria en el país y a otros simplemente les otorga contratos sin licitación alguna, porque no habría de pedir ese mismo tipo de inversión y de ayuda para la investigación científica y el desarrollo de nuevos productos y patentes. Si a pesar de que construir un camino no tiene ninguna ciencia para López Obrador y aun así acaba de agradecer al empresario Carlos Slim por ayudarlo a construir caminos en Oaxaca. ¿Por qué no habría de pedir ese mismo tipo de inversión y de ayuda para la investigación científica y el desarrollo de nuevos productos y patentes? La ciencia que no es cualquier cosa, como debería saber la funcionaria que dirige el CONACYT, requiere de inversión, y ella que es científica debería hablar con el presidente para qué si él lo desconoce, ella pueda hacerlo ver la realidad. Tristemente el servilismo y el buen comer le gana a esta señora.
A diferencia de la inversión en un camino rural o de una carretera, la inversión en investigación científica representa una verdadera derrama económica para el Estado por diferentes lados. Está demostrado que menos patentes es igual a mayor pobreza, la dependencia tecnológica y científica aumenta. Países como Estados Unidos, China, son líderes en la obtención de patentes y su economía es fuerte.  
El peor enemigo de la ciencia en México no vive en Palacio Nacional, si no que sienta en la oficina de la dirección de CONACYT.

imagen: DeathToStock.com