miércoles, 9 de septiembre de 2015

Un hilito de sangre.




En México, debemos de plantearnos hasta donde tenemos que presionar para que los gobernantes y funcionarios públicos actúen conforme a la ley. 

Armando Enríquez Vázquez

Tras el besamanos del 2 de septiembre en Palacio Nacional sólo queda un doble mal sabor de boca y no puedo decidir cual deja el peor regusto; si el cinismo del presidente Enrique Peña Nieto que tras un discurso lleno de demagogia, populismo, decide atacar al populismo y la demagogia. Un discurso donde el presidente habló de transparencia y de los nuevos negocios para el grupo en el poder que en su momento el secretario de la función pública habrá de legitimizar con una investigación amañada como la que llevó a cabo en con el asunto de la Casa Blanca.
O el servilismo y actitud agachona de todos aquellos que asistieron a Palacio Nacional a actuar de paleros del presidente. Secretarios de estado, gobernadores, empresarios que son incapaces de articular un dialogo critico frente a la figura presidencial. Porque el presidente es sordo, ciego y muy hablador. El país no crece, no avanza y las palabras infladas del presidente no resuelven absolutamente nada.
El populismo del presidente habla de los esfuerzos del gobierno por hacer más con menos en 2016 y sin embargo nada nos dijo acerca de recortes de salarios en los altos mandos de este país, en una reforma política que elimine diputados y senadores plurinominales, nada se dijo de la reducción del aparato burocrático corrupto y opaco que durante décadas a sangrado la economía del país, nada dijo el presidente acerca de la eliminación del fuero que ha convertido a tantos legisladores, funcionarios y jueces en criminales con permiso. No nos dijo que tenga planes de recortar la inversión en la propaganda con la que su gobierno calla a dueños de medios y donde la transparencia del servilismo de la gran mayoría de los medios es directamente proporcional a esa inversión oficial en sus tiempos aire o páginas de los diarios. No nada dijo de eso pero si hablo de un tema de finales del siglo la salvación de dos especies del Golfo de Cortés;  la vaquita marina y la totoaba.
El presidente sí dedicó sin embargo un par de líneas a las redes sociales, y se refirió a ella como hace cincuenta años se hablaba de la amenaza comunista; como un lugar de falsas salidas. Ante la incapacidad del presidente de tolerar el aspecto democrático de las redes sociales que da espacio y lugar a las voces de todos tonos, matices y radicalismos, pero lo único que no puede negar el presidente y sus asesores es la incapacidad para poder ganar ese espacio por parte de él y de su partido. Más allá de los autoelogios de un presidente que convierte cada uno de sus actos en una más de sus torpezas virales, no existe una manera que el o sus asesores entiendan el poder de las redes sociales.   
México no dejará de ser un país tercer mundista, en tanto en el congreso existan voces retrogradas como las de la bancada priísta que no tolera las voces disidentes de la supuesta oposición. El discurso stalinista de la diputada del PRI Yulma Romero frente a la propuesta del Perredista Jesús Zambrano sólo demuestra su incapacidad para coordinar y ese espíritu priísta de no saber perder, de no reconocer y de ufanarse de su prepotencia, que se reafirma cuando al día siguiente el coordinador de la bancada priísta en San Lázaro sale con una disculpa tonta y conciliatoria que como siempre contradice sin pudor las acciones y palabra de su partido y sus miembros.
En estos últimos meses cada vez que Enrique Peña Nieto habla de populismo y demagogia, me parece notar que un hilo de sangre le corre por la boca. Más allá de si escuchamos o no su oratoria populista y demagógica, es el momento de voltear y ver que está pasando no muy lejos de nuestras fronteras. Frente a un escenario que nos ofrece tres años más de inmovilidad, de decrecimiento, de corrupción violencia creciente como lo demuestran los hallazgos diario de fosas a lo ancho y largo del país. Frente a una partidocracia incapaz de escuchar a los ciudadanos, lo que sucede en Guatemala, lo que pasa en Brasil son ejemplos a seguir por lo mexicanos.
Cuando a un presidente como Otto Pérez Molina en un país con una tradición de gobiernos militares y autoritarios renuncia frente a la presión de los ciudadanos por sus actividades criminales que lo han llevado a traicionar en su país. En México muchos secretarios y funcionarios traicionan al país a diario.
En México, debemos de plantearnos hasta donde tenemos que presionar para que los gobernantes y funcionarios públicos actúen conforme a la ley, lo que de ninguna manera es populismo, se trata de establecer ese Estado Derecho que el actual presidente de México tanto invoca y él y sus funcionarios han sido incapaces de crear.
Mal hicieron Fox y Calderón en hacer del día del Presidente una reunión de lambiscones que aplauden a tontos y ciegos. Que sano sería para el país el que el presidente tuviera el valor de plantarse frente a los diferentes grupos políticos y responder para bien o para mal a todas las corrientes y no protegido por su séquito de lambiscones y un pódium desde donde atacar sin atreverse a decir el nombre de López Obrador, acusándolo de lo mismo que ha sido la base de su administración; el populismo y la demagogia. Mientras el líder de Morena continua con el mismo discurso de hace quince años, el presidente apuntala su populismo en los millones de televisiones que regala para que la gente pueda ver la tele tras el apagón analógico, para que la propaganda oficial disfrazada de noticias y la que sirve para sostener a los medios de comunicación llegue directo a los sectores que ellos piensan son su clientela. Su demagogia en los spots propagandísticos de Mover a México.
Lo preocupante debería ser para el presidente que nadie le cree, absolutamente nadie. Su incapacidad para mover la opinión de México y los mexicanos a su favor es más contundente que todas las palabras vanas que aplauden sus funcionarios.


publicado el 4 de septiembre de 2015 en blureport.com,mx