Mostrando entradas con la etiqueta Titanes de Nueva York. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Titanes de Nueva York. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de abril de 2020

La clase 2020 del Salón de la Fama: Ed Sprinkle




Este defensivo de los Osos de Chicago llegó a ser conocido como “el hombre más malo del futbol americano”, pero su verdadero apodo era La Garra.

Armando Enríquez Vázquez

El Salón de la Fama del Futbol Americano decidió reconocer en el año del centenario a Ed Sprinkle un jugador de los Osos de Chicago, que jugó de esquinero, linebacker y guardia defensivo. Probablemente no hayas escuchado hablar de él, pues jugó para la franquicia de Chicago de 1944 a 1955, pero en sus días gracias a un periodista sensacionalista fue etiquetado como “El hombre más malo del emparrillado”, refiriéndose a él como un jugador que gustaba de golpear de más a sus adversarios, Sprinkle aclaró en una entrevista cuando ya estaba retirado que golpeaba no más que cualquier otro jugador aquellos años. Un jugador que pegaba lo más duro que podía en cada ocasión, algo que creo sigue siendo un requisito para un buen jugador de futbol americano. Golpear duro no quiere decir hacerlo de manera sucia, ni con el objetivo de lastimar al contrincante. Al interior del equipo y entre los aficionados de Chicago se le llamaba sencillamente La Garra, por ser un jugador extremadamente competitivo y rudo.
Ed Sprinkle nació el 3 de septiembre de 1923 en el pueblo de Bradshaw en Texas. Jugó para una pequeña universidad de Abilene en su estado natal llamada Universidad Hardin-Simmons y en los años de la II Guerra Mundial se destacó con la Marina de Estados Unidos. George Halas siempre buscando ganar talentos a los demás equipos, firmó a Sprinkle en 1944 fuera de reclutamiento de egresados universitarios.
Sprinkle debutó en la temporada de 1944 y de inmediato comenzó a cobrar fama como uno de los jugadores más agresivos de la liga, el legendario quarterback Y.A. Title en una entrevista una vez terminada su carrera declaró que cuando los quaterbacks jugaban en contra de los Osos, era necesario mantener un ojo en los receptores porque el otro debía vigilar a Sprinkle.
Halas estaba encantado con el jugador y con la forma en que detenía a los quarterbacks, a los corredores y receptores.
En 1946, los Osos de Chicago llegaron a la final de la NFL y enfrentaron a los Gigantes de Nueva York en casa de los Neoyorquinos, los Osos ganaron esa tarde por marcador de 24 a 14. Este es un juego que además de ser uno de los más físicos en la historia de los juegos de campeonato, se dice que tres jugadores de los Gigantes fueron lastimados por Sprinkle y el quarterback de los Osos, Sid Luckman, lo califico como el juego más violento de la historia, pero el juego es negramente famoso porque se descubrió un intento por arreglar el juego de campeonato, al menos dos jugadores de los Gigantes fueron sobornados para dejarse ganar por la mafia de apostadores de Nueva York.
El juego fue un gran juego y de acuerdo con Sprinkle fue el momento más brillante de su carrera y uno de los mejores juegos en los que participó.
A lo largo de 12 temporadas Sprinkle jugó 132 encuentros con el jersey de los Osos. Se retiró al finalizar la temporada de 1955. En 1962 regresó al futbol americano profesional como entrenador asistente de los Titanes de Nueva York de la recién formada AFL.
Ed Sprinkle una de las figuras icónicas de los Osos fue reconocido al interior de su equipo al ser incluido en el circulo de honor del equipo en 2009.
Ed Sprinkle murió el 28 de julio de 2014 en Palos Heights, Illinois.

Imagen: wikipedia.org

domingo, 14 de diciembre de 2014

Harry Wismer el polémico dueño de los Titanes de Nueva York.


En el famoso Club de los Tontos que dio origen a la AFL, hubo un hombre que no alcanzó la fama de los otros y cuya franquicia cambió de nombre y de dueño a los dos años.
Armando Enríquez Vázquez.
Harry Wismer fue de todo un poco en el futbol americano, jugador, cronista, periodista y dueño de equipos de la NFL y de la AFL, a lo largo de una vida polémica. Fue un entusiasta de la creación de la AFL, consiguió los primeros contratos de televisión para la nueva liga y fue también el primero en perder su franquicia, a los dos años de haber iniciado la liga.
Wismer nació en Port Huron, Michigan el 30 de junio de 1913. Desde niño le llamaba la atención la fama y mientras secaba los platos de su casa prometía a su madre que llegaría el día en que ella no tendría que pagar ni una sola cuenta, que él las pagaría todas por ella. En su juventud su habilidad en los deportes lo llevó a ganar una beca para estudiar la preparatoria en Wisconsin. Jugó futbol americano para la Universidad de Florida por un año y después abandonó La Florida para jugar con la Universidad Estatal de Michigan. Debido a una lesión en la pierna se vio obligado a retirarse del emparrillado, pero el entrenador de la Universidad le consiguió un empleo como cronista de los juegos de la Universidad.
Gracias a su inquietud y a sus ganas de crecer, Wismer viajó a la ciudad de Detroit para conocer y entrevistarse con G. A. Richards entonces dueño de los Leones de Detroit y de una estación de radio, quien lo contrato por 10 dólares a la semana para hacer un programa sobre los Leones. Harry pedía aventón para viajar cinco veces a la semana desde la Universidad a la Detroit. Un año después de iniciar sus labores en radio, Wismer abandonó los estudios para dedicarse de lleno a la radio, Richards lo nombró entonces director de deportes de la estación.
Gracias a su pragmatismo y su interés en crear relaciones con gente importante Wismer se casó en 1941 con la sobrina consentida de Henry Ford; Betty Bryant. Un año después viajó a Washington donde otra estación de radio lo contrató para narrar los partidos de los Pieles Rojas de Washington. El primer partido que narró fue el legendario 73 a 0 que los Osos de Chicago infringieron a los Pieles Rojas y que hasta la fecha se mantiene como el record de la mayor paliza en la NFL. A lo largo de su carrera como cronista y comentarista de radio Wismer fue objeto de críticas por su poca atención al juego y su mucha invención a describir las actividades sociales en la tribuna.
Se cuenta que en una ocasión en un juego del ejército donde un jugador de nombre Doc Blanchard corrió setenta yardas para anotar un touchdown, Wismer confundió el nombre del jugador y dio el crédito de la jugada a otro llamado Glenn Davis, cuando finalmente se Wismer se percató de su error le informó a los radioescuchas que Davis le acababa de dar un pase lateral a Blanchard y este había conseguido la anotación.
Otro día mientras transmitía un encuentro de Play Off, Wismer, narró: Llega a la yarda treinta y cinco, sigue a la cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta, cincuenta y cinco… Una más,  así describió r una patada de intentó de gol de campo: Patea y es una hermosa patada, por donde se vea es espectacular y no es buena.
 Pero lo más criticado de las narraciones de Wismer era la facilidad con la que el cronista hacía que políticos y estrellas de cine aparecieran en las tribunas del estadio a pesar de que no estuvieran siquiera en la ciudad. Inventaba que el presidente de Estados Unidos se encontraba en las gradas.  Que algún actor de cine pasaba frente a él y lo saludaba. Wismer, además, al nombrar a las celebridades que acudían a los partidos incluía de repente en la lista de nombres el de algún amigo suyo.
Con el tiempo llego a tener un 25% de las acciones de los Pieles Rojas de Washington sin embargo sus desacuerdos constantes con Georges P. Marshall, fundador y dueño mayoritario del equipo lo llevaron a vender su parte. De acuerdo con Wismer, su principal diferencia se basaba en la disputa de Wismer para contratar jugadores negros, cosa que el racista de Marshall se negó durante muchos años a hacer hasta que finalmente la Liga lo obligó. Wismer también fue accionista de los Leones de Detroit, junto con otro de los futuros dueños de equipos en la AFL, Ralph C. Wilson Jr. quien sería dueño de los Bills de Buffalo hasta su muerte.
Wismer comenzó también a transmitir los juegos de la Universidad de Notre Dame y en 1953 participó en la producción de resúmenes de los juegos colegiales que eran transmitidos por la televisión americana los domingos por la tarde y se recortaban a 75 minutos de duración.
A finales de la década de cincuenta Lamar Hunt y Bud Adams que habían intentado sin éxito obtener una franquicia de la NFL y que habían decidido crear su propia liga se acercaron a Wismer, por sus contactos con la industria de la televisión para ver si le interesaba formar una franquicia de para su liga. Wismer aceptó y eligió la ciudad de  Nueva York para su equipo al cual llamó Titanes. Los contactos de Wismer lograron una negociación con la ABC que hacía viable las primeras temporadas de la AFL. De hecho estas negociaciones fueron la base para todas futuras negociaciones de la NFL.
Para muchos Harry Wismer era el hombre que mayores ganancias tendría dentro de la nueva liga, su equipo jugaba en la ciudad más habitada de Estados Unidos y tenía lo mejor de los contratos de televisión. Sin embargo, en su contra había tres cosas, la primera la importancia y antigüedad de la franquicia de la NFL; los Gigantes de Nueva York, después estaba la sede que Wismer consiguió para el equipo y que se trataba de los antiguos campos de Polo de Nueva York que se encontraban en muy mal estado y finalmente era que Wismer a diferencia de otro dueños de la AFL como Lamar Hunt, Bud Adams o Barron Hilton no tenía tanto dinero y su apuesta falló.
En un artículo de Sports Illustrated de 1962 que hablaba de los avances de la AFL se mencionaba a dos equipos que podían estar en graves problemas los Raiders de Oakland que tenían un equipo muy débil y muy mala asistencia a su estadio y los Titanes de Nueva York que tenían los mismos problemas y además a Harry Wismer.
La gente no asistió a los juegos como Wismer hubiera querido y él quedó en bancarrota. La Liga intervinó y se hizo cargo de los sueldos de los jugadores a finales de 1962, o sea tan solo la segunda temporada de la AFL. Para 1963 el equipo fue vendido por la Liga a un empresario de nombre Sonny Werblin que cambió el nombre del equipo por el de Jets y los traslado al Shea Stadium.
Harry Wismer quedó arruinado y se dedicó a beber, se mudó de regreso a Michigan. Escribió un libro llamado The Public Call It Sport, que pasó sin pena ni gloria. Estuvo envuelto en algunos proyectos deportivos, se le diagnosticó cáncer de cadera y sufrió un tratamiento que incluyó operaciones. Wismer terminó regresando a Nueva York, donde al no gozar ya de ninguna fama, su depresión y su alcoholismo se incrementaron. El 2 de diciembre de 1967 se cayó en las escaleras de un restaurante sufriendo una fractura de cráneo, al día siguiente murió a la edad de 54 años.

Imagen: en.wikipedia.org