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miércoles, 12 de agosto de 2020

NOS4A2, la influencia y marca de Stephen King



Un claro homenaje de la novela de Stephen King Christine, publicada en 1983 y cuya versión cinematográfica estrenada ese mismo año y dirigida por John Carpenter, ahora con vampiros.

Armando Enríquez Vázquez

Como cada semana la advertencia; antes de adentrarse en la lectura existen spoilers en el siguiente texto. Lo recomendable es ver primero la serie y después leer.
Terminé de ver por Amazon Prime la primera temporada de la serie de AMC, NOS4A2, una manera muy milenial de escribir Nosferatu. Curiosamente la historia más que de un vampiro es la reinterpretación de otra historia ya contada en los años ochenta del siglo pasado; Christine de Stephen King y el título es un gancho de la más baja calaña.
King es, sin duda, el referente de una serie de historias perturbadoras que nos quieren hacer creer que son de terror, pero siempre he creído que son otra cosa, para bien o para mal. El mundo y personajes del King tienen que ver no con ocultismo, maldad y lo paranormal, si no con lo siniestro del alma humana. King que tiene 72 años no sólo es un prolífico escritor, si no que sin duda al desarrollar de forma tan personal y tan exitosa sus historias y su propia mitología ha influenciado a miles de otros escritores menores y alguno que otro no tan menor con su imaginación.
NOS4A2 no deja dudas de esta influencia de King. Esta serie no se trata de un payaso, el escritor de la novela, un hombre llamado Joe Hill de 47 años y evidentemente ávido lector de King, que escribió la novela homónima que da título a la serie, tomó como lugar de referencia a la infancia la Navidad. Como anécdota una novela de King y como referencia para llamar la atención el nombre de una de las más importantes historias de vampiros del cine. Aunque en la serie no haya seres de la noche que se alimentan burdamente de sangre.
Algunas cosas estan tomadas de las historias clásicas de vampiros. Así como Drácula y el propio Nosferatu de la cinta del expresionismo alemán tienen a su sirviente; Renfield. El pseudo vampiro de la serie Charlie Manx (Zachary Quinto) parece ser sólo un sirviente que lleva a cabo los deseos de su Rolls Royce que lo lleva por Estados Unidos abduciendo a niños y castigando con la muerte a sus padres. La historia no es de vampiros, es sólo una metafora sobre la pedofilia. Algo mucho menos atractivo que si se maneja como una historia de vampiros, o por lo menos para un público diferente.
Aunque Manx también tiene a su propio sirviente: Bing Partridge un inadaptado y asesino serial en ciernes que trabaja para Manx porque tiene la ilusión de entrar a la Tierra de la Navidad, aunque al final le queda claro que esto no sucederá. Bing Partridge es interpretado por el actor islandés Ólafur Darri Olafsson, quien hace el papel opuesto en las dos temporadas de la serie islandesa de Netflix Trapped, donde es un eficiente y bonachón inspector de policía. NOS4A2 no deja de ser una serie de la época; Van Helsing en la serie es una adolescente, Vic McQueen (Ashleigh Cummings) que huye de su realidad a través de un puente que construye desde su subconsciente y que pone en peligro el que el Manx tiene para llevar a los niños robados a la Tierra de la Navidad. Acompañada por una adivina Maggie Leigh (Jahkara Smith), McQueen intentará atrapar a Manx que ha raptado a un niño amigo de cada una de las protagonistas.
Pero el personaje central de la historia es el Rolls Royce, del modelo Wraith, producido por la firma automotriz entre 1938 y 1939, y que regresó a las calles con un nuevo modelo desde 2013 y se sigue produciendo. El de la serie es un modelo 1938 y es el verdadero vampiro y el vehículo que necesita Manx para abrir su puente y llegar a la Tierra de Navidad. Cualquier daño al automóvil se refleja en la condición física de Manx. Wraith significa espectro y muy específicamente al que se ve poco antes o después de la muerte del personaje en cuestión.
El homenaje por no llamarlo de otra manera es directo a la novela de Stephen King Christine, publicada en 1983 y cuya versión cinematográfica estrenada ese mismo año y dirigida por John Carpenter cuenta la historia un adolescente que compra un automóvil Plymouth Fury  (que también es un tipo de espíritu, vengativo en este caso) el carro que está poseído, a su vez posee al adolescente y se venga de sus enemigos, destruir al automóvil es destruir al joven.
Las semejanzas son demasiadas. Lo que diferencia a la cinta de la serie, no sé si suceda lo mismo en los libros, es que la serie tiene una estructura más sólida y por lo menos el personaje de Bing Patridge y la forma en que esta interpretado por el islandés Olafsson es extraordinaria. Quinto deja mucho que desear en su papel de Manx, que es sólo una mala caricatura, de una interpretación patética de un monstruo, tal vez por el exceso de maquillaje. La aparición del Manx en las diferentes secuencias no produce ninguna sensación a diferencia de Bing cuyo personaje es el único que tiene un desarrollo en la trama de la serie. Jahkara Smith tiene una actuación loable a pesar de que su personaje de pronto presenta fallas en la manera en que se escribió su arco dramático, mientras que Vic McQueen que debería ser un personaje de una fuerza espiritual y emocional excepcionales es lo suficientemente débil como para no poder evolucionar en la trama, sino simplemente sobrevive como una víctima de la que es muy difícil ser empático. Es mucho mejor el personaje de la madre de Victoria, Linda McQueen (Virginia Kull) una mujer de tal fuerza que su desmoronamiento apenas se nota en tics y vicios. Refugiada en su pragmatismo Linda McQueen evade sus decisiones de adolescencia y el pueblo mediocre y sin futuro en el que viven.

La serie cuya segunda temporada se estrenará a finales de junio, tiene algunos aciertos dentro de muchas fallas. Lo único que hay que esperar es la evolución de Bing, por lo demás la segunda entrega está cantada. Al final de la primera temporada Vic descubre estar embarazada, Manx en coma y el auto casi destruido. Adivinen que va a pasar.

publicado en roastbrief.com.mx el 11 de mayo de 2020
imagen AMC


martes, 4 de diciembre de 2012

Las tribulaciones del monstruo



El amor...
   Ni siquiera recuerdo lo que se siente, o como se siente...
   Irónicamente la gente piensa en mí como un ser lleno de pasión y por reducción al absurdo como alguien capaz de brindar amor, salvaje, bestial, efímero, apasionado, pero amor al final de cuentas. Cuando soy, únicamente, un depredador.
   Vivimos días extraños. Una época de abulia. Hoy, a diferencia de otros tiempos, sí permito que alguien descubra mi identidad, sin dudarlo se me entrega, me busca, se aferra a mí como el naufrago al madero. Me asecha y acosa. Yo mismo me sorprendo con este juego del cazador cazado. Extraños días en que vivimos. Vestidos de negro, con largos gabanes y dientes serrados, de plástico, o marfil en el peor de los casos. Falsos colmillos a veces pintados sobre los labios, caminan mis émulos, con una pedantería que va de la mano con su ingenuidad. Creen que sus ridículos disfraces forman parte de la seducción, de la que por supuesto no saben nada.
   Sin jactarme de nada puedo decir que la seducción la invente yo.
   Durante los primeros años de mi maldición me angustiaba alimentarme; forcejear con la víctima, oír sus agudos gritos que en ocasiones amenazaban con romperme los tímpanos, eso sin contar que la sangre contaminada por la adrenalina produce gastritis, ulceras y lo sume a uno en un estado de melancolía profunda. Claro, todas estas preocupaciones de salud han llegado con el paso de los años y la lectura de textos médicos que le han dado nombre y origen a mis dolencias. En aquellos tiempos lejanos, me preocupaba ante todo la estética. Los gestos, los llantos, las súplicas desfiguraban la esencia humana de las bellas mujeres que me servían de cena, eso disminuía mi apetito y me hacía sentir como un animal cazando y deglutiendo únicamente, comía de mala gana y entre remordimientos y sentimientos de inferioridad. Por eso tuve que inventar la seducción.
   Gracias a la seducción descubrí los placeres de la gastronomía. Comer es un arte. La preparación de los alimentos; los ingredientes y el orden en que deben ser combinados. Esperar el tiempo necesario para que la sangre se impregne de aromas y delicados sabores. La muerte súbita deja una sangre casi pura, que se puede perfumar con licores, frutas, especias. Es delicioso ver morir entre sonrisas y deseo. La sorpresa al aparecer en un rostro, llena de gracia el sacrificio.
   Debo aceptar, no sin cierta nostalgia, que hoy en día es fácil encontrar seres que desaparezcan gustosos conmigo en la noche. Nadie se espanta con el monstruo. Lo cual le quita el gusto a la comida. Nada hay mejor que ganarse el pan con el sudor de la frente.
   Hoy todas quieren beber cerveza que le da a la sangre un ácido sabor campirano, o peor aún beben refrescos dietéticos, que le dan a la sangre un desagradable sabor a goma de mascar. La absurda idea de las mujeres de hoy por ser exageradamente delgadas; Nutrasweet, Aspartame, Canderel, fructosa, sustitutos alimenticios, esteroides y pastillas para suprimir el hambre, complementos alimenticios hechos a partir de químicos que parecen pesticidas, todos me traen problemas digestivos. Aromas dulzones y vulgares, y yo, que a mi edad debo cuidarme de la diabetes.
   Mujeres de poca sangre y de mala calidad. La podríamos llamar una sangre light  que sólo causan en mi un hambre atroz. Las chicas robustas, avergonzadas de sus carnes que nada tienen que ver con las modelos de revistas y la televisión, prefieren quedarse en casa, lamentándose, consolándose con una dieta rica en grasas y harinas. Aquellas que se atreven a salir, hay que atraparlas temprano, porque para ahogar sus penas y darse valor ante la indiferencia de los hombres se emborrachan rápidamente desde temprano. Eso le resta todos sus encantos al juego de la seducción.
   Eso sin hablar ya de las que utilizan drogas. Como con los humanos hay vampiros que se han vuelto adictos a las y los adictos. Esos son los que primero perecen. Arrastrándose por las callejones ansiosos en busca de un mordisco cargado de heroína o cualquier droga.
   Antes una hermosa mujer de dieciocho años era un magnífico bocado. El siglo veinte me enseño que a los dieciocho las mujeres no existen, son sólo adolescentes, estudiantes. Una mujer de veinticuatro era entonces lo mejor que el género humano podía ofrecerme. Hoy ni los veinticuatro, ni los dieciocho, con ese maldito SIDA, niñas de trece o catorce, o la vida apacible y burda de un lejano poblado con mujeres rústicas y no siempre bellas.
   Pensar en que hubo un día en el que sentí placer, el más animal y primitivo placer por la curvatura de un seno, por la tersura de un labio, por el olor primigenio que emana de una mujer excitada, temerosa. Hoy sobrevivo buscando púberes que gritan y chillan recordándome a mis primeras víctimas. Hoy, a mí edad y a pesar de saber cómo cambian las convenciones sociales, me siento tres veces más monstruoso.
   Aquél maldito Van Helsing, estaría feliz de ver la merma en la población de vampiros. Antes que la paidofagia, muchos vampiros han decidido mudarse a vivir a pequeñas ciudades remotas o al campo donde tarde o temprano han sido descubiertos y destruidos. Sólo los vampiros nómadas han sobrevivido este tipo de existencia. Otros sabiéndose inmortales, no han sido precavidos y han bebido sangre a diestra y siniestra, contrayendo el virus del Sida, que nos destruye por inanición indirecta. Toda la sangre que beben, una vez que han adquirido el virus, es rechazada por el estómago. El hambre lleva a los vampiros a tal estado de desesperación y dolor que se pasan las noches vagando en busca de comida, vomitando toda la sangre que logran succionar a otros seres, así invariablemente los sorprende el amanecer y la luz del día se encarga del resto, o, peor aún, su aspecto famélico, las ropas llenas de sangre, su deambular nocturno, la descuidada lucha por alimentos cada vez más repugnantes y el nauseabundo olor que despiden terminan por delatarlos a los ojos siempre alerta de los cazadores de vampiros, que todavía, aunque suene inverosímil, existen.
    La existencia es finalmente una absurda rutina; dormir, comer, y volver a dormir. Entre uno y otro acto todos nos inventamos necesidades. Emociones, escrúpulos, ideas e ideologías, tareas. La resolución que al final es vana; la pátina del tiempo y el olvido se encargan de borrarla. Incluso aquellas que creen afectar a la humanidad entera, carecen de significado en la nocturna eternidad. Recuerdo a la amante de un olvidado, pero en sus días famoso, estadista. Llena de joyas, fatua, ostentando siempre un poder que ni siquiera era suyo. Sus encantos enmarcados por la petulancia y la crueldad la convertían en más atractiva al sequito de hombrecillos que la seguían por doquier y de los cuales ella abusaba. El desprecio que sentía por sus semejantes era tal, que como penitencia se obligaba a tratarlos. Existían rumores, que ella misma se encargaba de propagar, que decían que una sonrisa de ella influía más en el ánimo del político, que la petición de un ministro o la rigidez de la ley. La gente buscaba caer dentro de la gracia de esta dama para verse favorecidos por el mandatario. Todos creían saber que los caprichos absurdos de su gobernante estaban determinados por las pláticas y cuchicheos que se producían en la alcoba de los amantes.
   Debo reconocer, que a pesar de todo era una de las mujeres más hermosas que he conocido, y que durante las tres noches que la visité sentí una gran tribulación dentro de mí. Llegue a pensar que me había enamorado de ella; en salvarle la vida y desaparecer con ella, convertir a tan banal ser en mi compañera en la eternidad, afortunadamente las necesidades primigenias me volvieron a la cordura. La tercera noche, tras descubrir la perturbadora turgencia de su seno, lo hermosamente largo de sus piernas. El poblado vello de sus axilas. Decidí devorarla. Y mientras ella se pudría en su ataúd, sin que nadie la extrañara, el ministro seguía tomando las mismas decisiones arbitrarias, paseándose del brazo de una nueva amante.
   Los seres humanos y yo tenemos en común el correr tras todas las experiencias posibles, para después, con avara nostalgia recordarlas una a una, como quien cuenta y recuenta su dinero.
   Cuando me supe inmortal, creí posible encontrar en el desenfreno de saberme casi invulnerable, la satisfacción, el amor.
   Ahora, soy incapaz de recordar sí alguna vez amé o fui amado. En cambio, tengo presente el odio que la mayoría me tenía hasta hace poco. He sido perseguido desde siempre por el simple hecho de ser distinto. Hace mucho deje de distinguir entre la atracción y la estética. La belleza es búsqueda del esteta. La perfección obligación del cazador. Hoy en día las personas se acercan a mí en cuanto descubren mi identidad; pidiendo, rogando que les confiera la inmortalidad. Sólo a aquellos que son desagradables, vanidosos, mezquinos les concedo esta gracia, sabiendo que su propia estupidez los volverá más efímeros de lo que hubieran sido en su cotidianidad como mortales.
   Todo cazador debe ser desconfiado y certero.
   Llevo hoy la tristeza del insepulto, recorro cansado, apático esta existencia insulsa. Harto por momentos de la misma, pensando ilusamente que si ya lo he visto y experimentado todo.  
    Quisiera recordar el amor pero es en vano. Podrían decirme que es como una carcajada o como un dolor de muelas y lo creería. Tampoco eso lo recuerdo. Son, creo, necedades de viejo. Ya he demostrado a lo largo de más de dos mil seiscientos años que sin amor se puede existir. Pero es una curiosidad, como lo es tratar de recordar el sabor de la carne asada, o el refrescarse en las aguas del río a bajo el sol de mediodía.
    Mis obsesiones son sólo sueños decadentes de la senilidad; la curva del seno que precede al pezón. Y yo un vampiro, debo conformarme con insulsas e insípidas mocosas de rudimentarias voluptuosidades. Estas son épocas malas y las que vienen serán peores. Nada mejora nunca, me veo dentro de unos años devorando infantes chillones con sabor a orines.
   Por eso esta madrugada ante tan pútrido presente y un futuro desolador he decidido aguardar el amanecer. Recorrerlo en nombre de la desolación y la curiosidad.
publicado por thrpoint.com.mx 4 de diciembre de 2012
Foto: Flickr.com