lunes, 10 de enero de 2011

“¡Vivan las Caenas!”


Frente a un mundo donde la tecnología es la que domina a nosotros nos preocupan los fantasmas, los exorcismos y la superchería.


Armando Enríquez Vázquez


Siempre me ha llamado la atención ese grito del pueblo español que hundido en una guerra civil y como rechazo a José Bonaparte, Hermano de Napoleón, gritaba “¡Vivan las Caenas!, sin siquiera poder vocalizar bien la palabra “Cadenas”. Un pueblo que se negaba a librarse de un monarca absoluto, principalmente, yo creo que porque ni siquiera se había planteado antes de la lucha que era la libertad y mucho menos se imaginaba lo que era ejercerla. Necesitaban a ese Rey absoluto que los llevaba por los “buenos caminos de Dios”.
La ignorancia es sin lugar a dudas uno de los grandes males de la humanidad, algunos lo ven como una de las bendiciones de la misma, y uno de los principales motores de la desigualdad y de las injusticias. Hoy usamos computadoras, navegamos por Internet, vivimos en un mundo más pequeño y mejor comunicado donde casi todos los datos están al alcance de la mano y somos nosotros los responsables de darles un sentido, hoy somos en esencia igual de ignorantes que siempre.
Según una encuesta del CONACYT, los mexicanos desconfiamos de los científicos. El 57.7% creemos que son peligrosos por sus conocimientos. Casi todos los investigadores de la UNAM tiene cara de Lex Luthor. La mayoría creemos con más fervor en supersticiones que en los fríos datos de la Ciencia. Los médicos, clones de Mengele, parece que nos quieren ocultar los beneficios de la alcachofa, de Prostamax o de otros productos que según los comerciales son la panacea universal contra todos los males físicos. De ahí que el 38% de los mexicanos afirmemos que los OVNIS son naves tripuladas por seres vouyeristas que no tienen nada que hacer más que ver a una civilización menos evolucionada. Como los niños que ilusionados creían que los “Sea Monkeys” iban a desarrollar una sociedad en una pecera.
No es difícil encontrar grupos de personas que se reúnen y tienen juntas con lap tops o ipads, ¿Cuántas veces hemos visto parejas en restaurantes o cafeterías que en lugar de conversar entre ellos están texteando, o checando sus mails o twitters en su blackberries? ¿Está gente que lleva la tecnología hasta el grado de aislarse de la sociedad es la que no cree en la ciencia? ¿Acaso el artefacto que los tiene esclavizados es producto de la forja-laboratorio-línea de ensamble de un Vulcano tecnologizado?
Por supuesto México es un país pobre, sin educación y con una fe ciega. México es un país iletrado. Inmerso en una brutal guerra que consume recursos que podrían ser dedicados a la educación, la investigación o el desarrollo tecnológico. Inmerso en una corrupción que prefiere los Partenónes Particulares antes que ser la Atenas de por acá.
En la coyuntura de males por venir, están por un lado, las dolencias de la época las tendinitis, afectación del túnel carpiano, bursitis provocadas por el uso y abuso de las computadoras, las tabletas, los Blackberries y que reciben ya los novedosos nombres de “Síndrome de la Pantalla”, “Pulgar de Blackberry” efecto de la mente perversa de esos cientificos maléficos, por otro, la Arquidiócesis de México publicó la última semana de Diciembre del 2010 el manual “Líbranos del mal” dirigido a los exorcistas. En él se habla sobre el incremento de casos en los que personas se involucran en prácticas paganas y por ello después se convierten en víctimas de terribles sufrimientos que tienen como manifestaciones sufrimiento físico, posesión, ver siluetas, sombras, objetos que se mueven por si solos o como en el caso del sexto sentido ver gente muerta. Esto sucede sobre todo en los habitantes del Distrito Federal de acuerdo a las autoridades eclesiásticas. Las fuerzas del mal, según la Arquidiócesis, están presentes también en la guerra que se libra en el país. El stress, la mala alimentación, la diabetes, el sobepeso, la presión alta y sus consecuencias son obra del Maligno.
Los ritos de la ropa interior de colores, los borregos en las puertas, prender velas, son eficaces, según la mayoría de los mexicanos.
Los médiums, el Mercado de Sonora y las Limpias son muestra de que la gente quiere creer en el bienestar y la abundancia. Qué la gente no crea en la ciencia, en los científicos, pero si crea que se necesita invertir en la investigación, quiere decir que la gente quiere las cosas fáciles, sin esfuerzo y que otros las hagan por ellos, si se trata del Espíritu Santo mejor, y me recuerda una escena de “El esqueleto de la Señora Morales” donde Arturo de Córdoba ante la negativa de su esposa a tomar una aspirina porque le duele la cabeza, dolor que según ella le mandó el Señor como una prueba, le explica que Dios también creó a los científicos que desarrollaron la aspirina para acabar con lo dolores de cabeza.
Qué la Iglesia Católica nos quiera espantar con sus manuales y llame a los miembros del gobierno del Distrito Federal “Talibanes laicistas” es muestra clara de la intolerancia. Cuando en México le pese a quién le pese la separación de la Iglesia y el Estado está escrita en nuestra Constitución.
En Canadá una niña de diez años se convirtió en la persona más joven en descubrir una supernova. No fue gracias al Espíritu Santo, pero si al libre albedrio que le dio Dios para escoger la ciencia como su camino formativo y de inquisición.
Preguntar, dudar no tienen nada de malo, al contrario es la forma natural de crecer, de evolucionar. La ciencia y el desarrollo humano siempre partirán de una pregunta sin responder.
Tristemente México parece querer gritar desaforadamente ¡Vivan la Caenas!
Publicado en blureport.com.mx el 10 de Enero de 2011