lunes, 19 de enero de 2015

Angélica Morales von Sauer, pianista mexicana.



Esta es la historia de la más importante pianista mexicana del siglo XX, niña prodigio y talentosa interprete, totalmente desconocida y olvidada por los mexicanos.

Armando Enríquez Vázquez.

Nadie es profeta en su tierra, es un viejo dicho conocido y muy utilizado en nuestro país, donde el ver a un mexicano tener talento y triunfar, lejos de ser admiración de sus compatriotas, despierta envidias y rechazo.
Muchas veces encontrarse a un mexicano en el extranjero es peor que encontrarse con el más racista de los seres humanos. La historia de esta mujer parece estar marcada por ese hecho. Pero esto también genera rencores en los rechazados y se convierte en un círculo vicioso que puede terminar como en este caso en el olvido.
Angélica Euterpe Morales Arellano nació en Aguascalientes el 22 de febrero de 1911, en una época que el país se comenzaba a convulsionarse con el movimiento revolucionario. Su padre, Celestino Morales, que era violinista, murió de forma repentina a finales de ese año durante una gira que realizaba por Cuba, dejando a su mujer Dolores Arellano embarazada de una segunda hija. La educación de Angélica quedó a cargo de Dolores una mujer de la aristocracia de Aguascalientes a la que la Revolución fue dejando en la ruina. Pronto habrían de discutir el talento de Angélica como pianista. Como madre, Dolores Arellano, luchó por que su hija accediera la mejor educación pianística posible, a pesar de las dificultades económicas por las que la familia pasaba. Inició en 1921 una larga serie de peticiones escritas por ella y otras personas, empezando por los profesores de piano de Angélica, conscientes del talento de Angélica para tocar el piano y dirigidas al gobierno de la República y en específico al Ministro de Educación José Vasconcelos, buscando apoyo económico.
En las cartas la mujer pedía que su hija fuera apoyada por el gobierno mexicano para continuar sus estudios de piano en Europa bajo la supervisión del mejor maestro posible. El gobierno finalmente cedió y Dolores Arellano partió a Viena con sus dos hijas. Angélica estudió con el maestro Emil von Sauer, uno de los últimos discípulos vivos de Franz Liszt. Fueron la persistencia y testarudez de Dolores Arellano, la que logró sembrar la semilla que haría desarrollar y florecer los talentos de sus hijas. La menor de nombre Estrella fue una destacada bailarina de ballet.
El talento de Angélica quedó más que demostrado y debutó como ejecutante con la Orquesta Filarmónica de Berlín en 1926 y 1928 realizó un par de giras por México donde la crítica la recibió de manera fría y desdeñosa. Sin embargo, en 1929 se presenta en Carnegie Hall en Nueva York con gran éxito tras lo cual regresa a Viena. Para sorpresa de la sociedad austriaca Angélica se casa con su maestro Emil von Sauer, que le lleva más de cincuenta años de edad. Como esposa y protegida del músico esta promueve y consigue conciertos para su joven esposa.
A pesar de su talento y fama Angélica Morales jamás grabó un disco pues en su arrogancia y altanería decía que la música solo podía ser escuchada en vivo, que era el verdadero periodo existencia de la música.
 Durante la II Guerra Mundial el matrimonio von Sauer vivió en Austria y gozó de buenas condiciones de vida, seguramente simpatizando con el régimen Nazi.
Emil von Sauer murió en abril de 1942. Angélica viuda de 31 años y con dos hijos comienza a ver su fama disminuir tras la muerte de su esposo y en 1946 decide regresar a México dejando en Europa por lo menos a uno de sus hijos. Julian y Franz, a este último le impidió ser pianista.
Pero su experiencia en México fue catastrófica por un lado el frío recibimiento que le da crítica y la intelectualidad mexicana. Por otro lado su personalidad autoritaria y agresiva la enemistaron con muchas personas. Aunque algunos de sus argumentos son tan dolorosos como ciertos en especial los dirigidos a ese malinchismo tan mexicano que favorece siempre al extranjero sobre el nacional, situación que aun vivimos en todos los ámbitos de la vida nacional.
-Si me apellidara Moralowsky todo hubiera sido distinto.- declaró la pianista en cierta ocasión.
Angélica se trasladó a Kansas en 1955 donde la Universidad le ofreció una catedra. Dos años después se le otorgó una plaza permanente en la universidad. Angélica Morales Arellano se jubiló en 1973 a los 62 años de edad y murió el 16 de abril de 1996 en Stillwater, Oklahoma. Donde Angélica vivía y ofrecía conciertos en la Universidad de Oklahoma.
Curiosamente dos años antes el gobierno mexicano por fin le hizo una especie de reconocimiento al crear el premio trienal para pianistas que lleva su nombre.
La única grabación que existe de la pianista se realizó sin su conocimiento o consentimiento, editado por Orion en 1981 y se cree que algunas estaciones de radio nacionales tienen grabaciones de la pianista.
Se dice que Angélica Morales es la mejor pianista mexicana que ha existido y por desgracia para todos nosotros es desconocida.

publicado por mamaejecutiva.net el 12 de enero de 2015
Imagen lajornada.unam.mx