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jueves, 20 de abril de 2017

Preguntas sobre la movilidad en la CDMX.



La vialidad en la CDMX (Marca Registrada) es caótica y opaca pero nadie puede responder porque es esto.

Armando Enríquez Vázquez

Hagamos un ejercicio mental. Por un momento imaginemos que somos viajeros que llegan por primera vez a la CDMX (Marca Registrada), una vez en las calles de la ciudad enfrentamos la decisión de tomar un transporte para llegar al lugar que queremos visitar. Lo primero que debemos elucidar es ¿por qué hay taxis dorados con rojo por un lado y por otro, taxis de color blanco con rosa? ¿Unos mal pintados y otros peor, sin números que los identifiquen? ¿Acaso unos son más caros que otros? ¿Acaso unos son de una empresa y los otros de otra? Porque, finalmente, los carros se ven igual de destartalados y de las mismas marcas. Y esta tolerancia permite la existencia de taxis piratas que vuelven a este tipo de transporte en uno de los más peligroso.
Sí como visitantes decidimos utilizar el transporte público colectivo, llámese RTP, Metrobús, pesera o trolebús, ya sea operado por el gobierno o privado, lo primero que llama la atención es una vez más la gran variedad y diverso estado en el que se encuentran; camiones, nuevos, blanco y morado, más o menos confortables, que cuestan cinco pesos por los primeros 6 kilómetros, y seis pesos si el viaje es más largo, otros verdes menos cómodos, más viejos y menos cuidados y están otras unidades; destartaladas, que pueden ser verdaderas regaderas si es temporada de lluvias y hornos durante en estiaje, pero sobretodo son el mejor foco para contagiarse de tétanos por la cantidad de aristas oxidadas que amenazan al pasajero y a eso debemos sumarle que durante décadas la autoridad no ha creado un protocolo para estos vehículos que se pagaron hace más de veinte años y pertenecen a los deshuesaderos. Es ridículo como cada uno ofrece un diseño diferente y las incomodidades de uno otro son siempre parte del reto de moverse en una ciudad donde no existe una regulación, ni un interés por tener un transporte de calidad en la moderna CDMX (Marca Registrada), estas carcachas de la muerte cobran solo cincuenta centavos menos que el primero. A primera vista parece que existe un transporte para quienes deciden utilizar vías primarias como Insurgentes y Reforma, y otro de menor calidad y menor control para los que van por otras calles y avenidas; concesionado, de pésima calidad y sin control donde los conductores hacen paradas donde se les da la gana y hablan por teléfono celular, sin problema alguno. A los concesionarios no se les exige tener modelos recientes.
Otra característica que sorprenderá al visitante y a nosotros los chilangos nos parece algo normal, es la falta de un horario en los transportes públicos colectivos, siempre será parte de un acto de fe o de adivinación el saber cuánto tardará en llegar a el próximo Metro, Metrobús, trolebús o camión. O cuantas unidades pasaran en solo un minuto en las diferentes direcciones. A esto hay que sumar, la falta de sincronización de semáforos que redunda en mayor contaminación y una pésima movilidad en la ciudad. Las rutas pueden variar de acuerdo con el tráfico o el estado de ánimo del conductor. Las paradas, aunque son señaladas por la ley, quedan a discreción y el libre albedrio del conductor que puede tener entre 15 y 95 años de edad, sin que esto sea un impedimento, se les permite utilizar el celular al conducir, así como jugar carreritas con otras unidades para ganar pasaje y cambiarse de carril a voluntad, como si llevar a más de cuarenta personas no implicara una responsabilidad para estos cafres disfrazados de choferes y tolerados por la corrupción permitida por el gobierno central de la CDMX (Marca Registrada).
Pero si para el visitante peatón la CDMX puede resultar una experiencia surreal con final violento a mano armada, no es muy diferente para aquel que llega en coche a la capital del país. Lo primero es que muchas veces el visitante debe atravesar ese páramo de ladrones con placa que es el Estado de México, donde los cuerpos policiales y de tránsito son el mejor ejemplo de la impunidad que concede el PRI a sus servidores públicos con tal de mantener el miedo en la ciudadanía. Una vez cruzada la imaginaria línea divisoria que separa a la corrupción y la impunidad de la corrupción y el caos, el conductor se enfrentará a una ciudad que se mueve a una velocidad de 50 Km/hr, porque así si salen bien las fotografías del sistema de fotomultas que tanto le interesa al gobierno de la CDMX (Marca Registrada) que funcione. Pero además a pesar de existir un reglamento de tránsito de la CDMX (Marca Registrada) lo primero que llamara a atención del conductor visitante es que en la capital del país todo se vale. Los automovilistas se pueden estacionar en donde se les dé la gana, incluso sin importar la existencia de una franja amarilla en la orilla de la banqueta indicando lo contrario, en vías lentas, muy lentas o superlentas, porque eso de rápidas en esta ciudad es un eufemismo que sirve para describir calles con mucho tráfico a todas horas. En doble, triple y todas las filas necesarias. El automovilista a pesar de tener un límite de velocidad de 50 Km/hr, si encuentra 100 metros para acelerar a 340 Km/hr lo puede hacer, por eso luego las fotomultas salen borrosas y se termina multando a un taxista por no usar casco al conducir, historia que por absurda que pudiera parecer una más de las sorprendentes realidades de la burocracia citadina
Además de los automovilistas, ciclistas, motociclistas y peatones rompen todas las reglas establecidas en el reglamento de tránsito. Los ciclistas circulando por las banquetas o en sentido contrario como respuesta directa al temor al nulo respeto por parte de automovilista, los peatones caminando a media vereda debido a los diferentes obstáculos que las autoridades de las diferentes delegaciones van plantando, en ese compulsivo y opaco restaurar banquetas que tienen, por camiones y automóviles estacionados o descargando bienes o materiales de construcción obstruyendo toda la banqueta. Motocicletas y automóviles llegan a circular sobre las banquetas, en una ciudad que parece no tener agentes para imponer que se cumpla la ley, pues los hombres y mujeres vestidos con un chaleco amarillo se dedican única y exclusivamente a dirigir el tránsito, pero jamás los he visto imponer una multa, ni siquiera llamar la atención de un conductor en falta.
Las soluciones no son fáciles, tomando en cuenta que a la tolerancia de los agentes de tránsito debemos sumar, la total falta de educación cívica y de la nula responsabilidad de todos los involucrados, desde la señora que avienta su camioneta en contra de un policía en motocicleta que intenta sancionarla, espero que las cámaras de las multas la hayan captado. Hasta el peatón que por flojera decide que es más fácil cruzar el Periférico toreando carros, a subir y utilizar un puente peatonal.
Contaminación, doble no circula, pésimo transporte público, sobretodo el concesionado, al que el gobierno de la CDMX no puede, ni quiere ordenar. Semáforos en manos de agentes a pie, que desajustan todo el sistema, camiones de basura o reparto obstruyendo los carriles de contraflujo en horas pico. Obras de bacheo a plena luz del día.
¿No sería importante evitar que tanto camiones de reparto, como de basura, transiten durante el día como sucede en otras ciudades del mundo y del país? ¿No sería importante marcar muy bien las paradas del transporte público privado, que decide hacer paradas en cualquier lugar y a cualquier hora? ¿Obligar a los taxistas a utilizar cromática oficial rosa y blanco? ¿No es importante ejercer la ley en contra de ciclistas que van sobre la banqueta o en sentido contrario en las calles? ¿de multar a motociclistas que van zigzagueando por las vialidades? ¿No es hora de que los policías cumplan con sus funciones, sin importar una reacción negativa de la ciudadanía? ¿No es hora de que las autoridades dejen de limitar la acción de sancionar con la ley en mano? ¿Qué no quede en el anonimato la pésima operación de las cámaras fotográficas de la CDMX (Marca Registrada)? ¿Acaso no llegó ya el momento en que como ciudadanos también cumplamos con la ley, nos comprometamos con la Ciudad, en lugar de únicamente quejarnos? ¿pero sobre todo no llegó el momento de que el Jefe de Gobierno de la CDMX (Marca Registrada) deje de hacerse tonto y ponga los pies en la tierra, en lugar de soñar con su candidatura en 2018?

publicado en blureport.com.mx el 14 de abril de 2017

jueves, 4 de agosto de 2016

Una de policías.




Muchos horrores suceden en el transporte público...mientras el policía sigue lánguidamente viendo pasar gente frente a él o ella.

Armando Enríquez Vázquez

Entre los maravillosos textos de Jorge Ibargüengoitia, uno de nuestros mejores escritores, sobre nuestra cotidianidad, uno de mis favoritos es el del policía que atiende la caseta de entrada del condominio frente a la casa del escritor. Un policía dedicado y con su descripción de puesto muy clara, como lo presenta Ibargüengoitia; el hombre se limitaba a quitar y poner una cadena que permitía a los carros de los condóminos entrar o salir del conjunto residencial, sin importarle, ni intervenir en lo que sucedía a su alrededor, fueran robos, violaciones o situaciones de emergencia.
Después de casi cincuenta años después de escrita la crónica me sorprende como muchos de los policías siguen siendo fieles a cumplir al pie de la letra las órdenes que validan su existencia y su trabajo. Quienes acusan a los policías de cuadrados, de poco proactivos y creativos, todos aquellos que los marcan por su falta de improvisación olvidan que gracias a ser hombres y mujeres cuya misión y función les queda clara, no causan más problemas de los que ya son incapaces de resolver.
Teorizar sobre el asunto no parece justo para un policía que parado en una esquina conflictiva de la ciudad con su gorra y chaleco amarillo fosforescente a las doce del día cegando a los conductores mientras utilizan el silbato como si ocho millones de mexicanos los acosaran en un carro del metro. A simple vista se diría que está haciendo su trabajo.
Un policía de tránsito, con su chaleco amarillo, tiene como tarea la correcta circulación en la CDMX (Marca registrada) y es el único de todos los uniformados que pululan en nuestra ciudad, facultado para multar automovilistas. (Al menos en teoría, porque morder eso lo puede hacer cualquiera hasta con una cartulina enmicada de la secretaria de seguridad) Este buen oficial se limita a soplar en su silbato no sé cuántas horas al día y a mover brazos y manos. Lo que lo convierte, sin duda, en miembro de un cuerpo de elite en la policía capitalina al ser de los mejor ejercitados y con mejores pulmones de todo el cuerpo policiaco. Sin embargo, nunca he visto a uno de estos policías llamar la atención a un automovilista por detenerse sobre las zebras para peatones, obstruyendo el paso de los ciudadanos, como tampoco los he visto hacerle ver a un ciclista que la banqueta es para los peatones y mucho menos lo he visto levantar una multa, y eso es lógico, si están parados y no tienen patrulla alguna a su alrededor, no hay manera para que el amarillo agente pueda iniciar una persecución en caso de que el automovilista, motociclista o dueño de una bicicleta inicie una huida tras recordarle al policía que ya está grandecito para andar vestido de pollo radioactivo. Por más entrenados que tenga los pulmones después de ocho horas de sonar sin cesar el silbato difícilmente podrá correr mucho si lo que tiene ejercitado son los brazos y no las piernas. Por lo tanto, alegremente, conscientes de las limitaciones físicas y legales estos agentes se pasan su jornada laboral tratando de dejar sordos a miles de peatones que cruzan por las esquinas a las que ha sido asignados para agilizar el tránsito.
Sólo espero que los silbatos que el jefe de gobierno compró y reparte entre mujeres sean tan potentes como los de los policías, porque así, al menos el atacante de una mujer quedará sordo y aturdido el tiempo suficiente para que entre los demás pasajeros lo atrapen y lo entreguen al policía que escaleras arriba observa que nadie olvide como introducir el boleto para activar el torniquete.
Porque la misma dedicación y responsabilidad del policía amarillo la encontramos en los policías destinados a mantener el orden en las estaciones del transporte público. Por ejemplo, si uno ingresa a una estación del Metro existen tres elementos que están antes del torniquete que son infaltables; las taquilleras, la basura y los policías que lánguidamente ven a los pasajeros introducir el boleto en la ranura del torniquete, o presentar la tarjeta frente al lector y eventualmente abrir la puerta a todos aquellos que muestran su tarjeta de adulto mayor. Si escaleras abajo, en el andén hay vendedores establecidos con descomunales canastas de papas fritas, tablas llenas de donas o vagoneros que saltan de un convoy a otro, eso al parecer ya no entra dentro de su jurisdicción, como tampoco en la del jefe de estación que mientras simula monitorear cámaras de las estaciones a la vista de todos los ciudadanos que cruzan por los pasillos, romancea con una de la taquilleras que ha abandonado su puesto de trabajo, por lo que la otra taquillera ve horrorizada la fila de pasajeros que se va formando frente a su ventanilla, la gente mientras espera, limpia sus bolsillos en busca de cambio y tira la basura en el piso de la estación, mientras el policía sigue lánguidamente viendo pasar gente frente a él o ella.
Hace poco en el andén de la estación Coyoacán de la línea tres del Metro un indigente, de esos que han proliferado durante la administración de Miguel Ángel Mancera, estalló en un ataque alucinatorio y a gritos y mentadas de madre recorrió lo largo del andén tirando golpes y patadas al aire acto que lo llevó a quedar semidesnudo ante la mirada horrorizada de los usuarios que subieron sin importar como al siguiente convoy con tal de quedar a salvo del esquizoide personaje.
¿Dónde estaba el jefe de estación que monitorea las cámaras? ¿Había logrado su lúdico objetivo con la taquillera y por lo tanto bailaban horizontalmente escondidos de las cámaras? ¿El policía que mira pasar a los usuarios no escuchó los gritos desaforados del loco a tres metros de distancia? ¿Su jurisdicción termina donde acaban los torniquetes? Y una pregunta igual de importante ¿Por qué nadie barre la estación y recoge la basura?
Algo muy similar sucede en el Metrobús, donde la seguridad del usuario es todavía más precaria. Pero los policías muy disciplinados y sin importarle realmente su diámetro se paran junto a los torniquetes en los angostos pasillos de las estaciones convirtiéndose en una difícil prueba de obstáculos para muchos usuarios y más en horas picos que entran y salen mexicanos a la estación como si estuvieran comprando los juguetes de reyes en 5 de enero en las calles del centro o de Tepito. Algunos de estos policías deberían ser asignados al tránsito para que hicieran un poco de ejercicio.
Y no es que este mal que estén a la entrada cerciorándose que todo usuario pase la tarjeta, abriendo la puerta para todas la personas de la tercera edad o aguantando los insultos de aquellos y aquellas que pierden su dinero y la carga en la tarjeta porque no se tomaron la molestia de leer las instrucciones de uso de la máquina o porque son tan desesperados que creen que la máquina no sólo trabaja a la velocidad que ellos quieren, sino que tiene la obligación de adivinarlo y ha sido programada para hacerlo bajo ese concepto.
Pero el policía salvo que vaya a su locker, en el otro extremo de la estación a recoger sus cosas para dar por terminada su jornada de trabajo o a cobrarle algo al conductor de la unidad, no se digna a lo largo del día a recorrer esa distancia. Alguna vez me tocó ver a un grupo de mujeres indignadas bajarse de un Metrobús y manifestarse ante el policía de la estación, porque el clásico macho iba muy cómodamente sentado en la sección de mujeres. El policía de la estación se subió a la unidad ante el llamado de las mujeres y le pidió amablemente al individuo a que pasara a la parte trasera del autobús. Como respuesta el buen hombre disfrazado de policía recibió cualquier cantidad de mentadas de madre por parte del individuo, quien después de cansarse de insultar al policía le aplicó la ley del hielo a él y a las veinte mujeres enardecidas que escudándose detrás del uniformado que le gritaban que abandonara la sección de mujeres. El hombre no se cambiaba de lugar, el policía lo observaba impávido y las mujeres atrás le gritaban. En cualquier parte del mundo democrático y evolucionado, el policía agarra y le da dos garrotazos al individuo, lo saca esposado del transporte y el individuo se va directo a ser multado, mientras atrás las mujeres aplauden al recuperar su espacio en el autobús. En la Ciudad de México de Miguel Ángel Mancera, el chistecito costó más de media hora de retraso en la línea y setecientos usuarios en el andén estación esperando una unidad que los llevara a su destino y que, además, impedían el paso a otros setecientos usuarios que llegaban en el otro sentido de la estación y necesitaban abandonarla.
Pero más preocupante es que en las dos últimas semanas he sido testigo de situaciones que pueden terminar en tragedia en la línea 1 del Metrobús. La falta de lógica de quien coordine las corridas de las unidades y la falta de educación de los mexicanos provoca que lo que antes resultaba una broma al decir que el transporte público de la ciudad desafía las leyes de la física porque logra que más de dos o tres cuerpos puedan ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, se vuelve peligroso no solo por la masa de personas que esperando la llegada de la unidad se apelmazan en el andén y se empujan anticipando la llegada, lo que puede resultar en que alguien caiga frente a la unidad que llega y sea atropellado de mínimo.
No el peligro hacía adentro de la unidad es la presión que se ejerce en las personas que van paradas y que ya lo presencié provoca que las personas se desmayen por sofocación y la opresión que sufren. claro cuando la unidad llega a la siguiente estación por más que alguien grite; dejen bajar a esta persona que está muy mal. nunca falta el imbécil que se avienta hacía adentro del autobús y una vez adentro lance una sonrisa idiota de Ya ven como si entre, pendejos, o peor que se empujado al interior por otro que quiere entrar, pero no lo logra por estar demasiado atrás en la bola de personas.
El policía sigue su rutina y su trabajo viendo pasar el tiempo, la vida y a las personas por los torniquetes sin preocuparse porque la estación está cada vez más llena y sí puede ayudar en algo para lograr lo que los encargados de la logística de los camiones no entiende, ni sabe acerca estaciones y un transporte seguro. Entiendo y me queda claro que el policía no es culpable el sólo obedece ordenes, pues entonces, no estaría de más, que sus jefes les ordenen a crear situaciones seguras y a actuar como lo que son oficiales de la ley.
Es vergonzoso, cómo para las autoridades de la Ciudad de México, la vida humana es totalmente prescindible.

publicado en blureport el 29 de julio de 2016

martes, 15 de septiembre de 2015

¡Este convoy sale de servicio y usted se aguanta!



Es preocupante como los capitalinos ya nos acostumbramos al mal servicio, Lo damos por un hecho.

Armando Enríquez Vázquez

En días pasados tuve la suerte de sufrir lo que sufren a diario los usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro; cuarenta minutos de espera en lo que se ven pasar convoyes que salen de servicio y la gente se amontona en los andenes, hasta que a los trabajadores de la estación se les da la gana dar el servicio, pero eso si todos policías y trabajadores se hacen de la vista gorda mientras en los andenes se lleva a cabo la vendimia de papas fritas. Esto en la estación CU cerca de las diez de la noche.
Cuando el Metro se detiene entre dos estaciones por más de cinco minutos, o cuando se detiene con las puertas abiertas en una estación, esperando que se atiborren los vagones de usuarios, de lo único que podemos hablar es de la incapacidad mental de los encargados para crear una logística que transporte al usuario de manera eficiente. El Metro presumió hace unos días de haber cumplido 46 años y es la última década que se ha convertido en una de las vergüenzas de transporte en nuestra ciudad.
Los problemas de los trabajadores se han agudizado en ese tiempo y a raíz del choque de convoyes del Metro el 4 de mayo pasado, no sólo se hizo patente la corrupción existente en los altos niveles de la administración del sistema, si no el contubernio que existe al interior del sindicato del sistema de transporte cuando tanto su líder sindical, Fernando Espino, como un grupo de choferes salieron a defender al causante del accidente, en el que hubo usuarios lesionados, acusando a Joel Ortega y olvidándose del usuario, Siempre es bueno aclarar que Ortega no es ninguna blanca paloma y como el chofer del convoy sigue libre y campechano desde su operativo en el News Divine que culminó en una tragedia.
Ya se fue Ortega, al parecer Espino puso al nuevo director del SCTM, pues lo destapó antes que el Jefe de Gobierno de la Ciudad lo hiciera, y el Metro sigue igual; vagoneros, carros sucios, falta de logística total en la corrida de los convoyes, una serie de dizque trabajadores sindicalizados que hacen que el Metro no sólo sea ejemplo del pésimo transporte público de la Ciudad de México, si no que parecen enorgullecerse de eso con sus actitudes y nula vocación de servicio. Pero lo que es más preocupante es que el usuario permita que se le trate como se le trata. A pesar de que el costo del boleto no es real, que el gobierno de la ciudad lo subsidia, aquel que llega al andén pagó por el servicio y todos los que laboran en el Metro y los aviadores que tiene el sistema viven del usuario, que además del boleto, paga otros impuestos que permiten la prebendas y salarios de tanto trabajador inútil.



Es preocupante como los capitalinos ya nos acostumbramos al mal servicio, Lo damos por un hecho, los trabajadores por su parte no tienen de que preocuparse, no hay quién los audite, ni existe sanción alguna que los condene. Son sindicalizados y eso los hace invulnerables. ¿O ya se nos olvidaron las diferentes imágenes que ciudadanos han compartidos en las redes de conductores del Metro ebrios sin que la autoridad del Sistema, ni el gobierno de la Capital haga absolutamente nada? El líder del sindicato ha sido acusado de desvíos de fondos, meter en la nómina del sindicato a boxeadores, pero como hasta hoy goza del fuero como asambleísta del DF y coordinador de la bancada priísta, puede burlarse de la ciudadanía y del tibio Jefe de Gobierno que ostenta la Ciudad.
Peor aún es el caso del transporte de pasajeros concesionado, llámense taxis y en especial microbuses donde a la autoridad de la Secretaría de Movilidad únicamente le interesa mantener la corrupción y muy poco le atañen la seguridad del usuario y la integridad de las unidades en las que como ganado es transportado por mozalbetes y otros individuos que difícilmente podrían obtener una licencia de manejo en cualquier otro país, pero en la Ciudad de México pueden aspirar a conducir convoyes del metro que es el único transporte que teniendo la vía libre frena y acelera como un microbús.
Unidades con muchos años de funcionamiento, de las cuales los dueños ya recuperaron la inversión de su compra con muchos creces y que sin embargo sucias, con los asientos rotos, llenas de goteras, siguen transitando ante la complacencia corrupta del jefe de gobierno y sus secretarios de movilidad y de gobierno.
Ni que decir de muchos de los llamados taxistas que consiguieron placas por su voto clientelar, y que no protestan contra los taxis piratas donde ocurre un gran número de asaltos y violaciones pero se quejan de la competencia de calidad y comodidad que ofrecen Uber y Cabify.
Cuando presumen a la Ciudad de México como un destino turístico de importancia, ni al jefe de gobierno, ni a su secretario de turismo se les ocurre pensar en la imagen nacional e internacional que ofrecen los microbuses ya no sólo por fuera sino por dentro. No existe una norma que regule el interior de estos transportes del inframundo donde los asientos son de las más variadas alturas y concepciones.
Yo sé que muchos capitalinos están enamorados de los gobiernos de supuesta izquierda que desde hace casi veinte años nos gobiernan, pero, ¿no es hora de aceptar que todos ellos se han enriquecido en su ejercicio del poder, como el PRI en su momento?
Como buenos políticos mexicanos han cobijado y desviado la atención de las corruptelas de sus compañeros y amigos. Que son los mismos chapulines chapuceros de siempre, como el caso de  Rosario Robles, a quién no le bastó con transar como jefa de gobierno de la Ciudad en complicidad con su amante Carlos Ahumada, sino que saltó al barco de Peña Nieto sin pudor alguno ante la promesa de un hueso desde el que aumentó directamente y gracias a ella la pobreza en nuestro país.
¿Qué pasaría si un día, sólo un día dejáramos de tomar el metro, y otro nos olvidáramos de los taxis y uno más de los microbuses? Únicamente como una muestra nuestra inconformidad con un sistema de transporte público y concesionado que es un asco, que con la mano en la cintura le paga a los inspectores y secretarios del DF para seguir operando impunemente, que lesiona los intereses y la salud de los usuarios; los arrancones y frenadas abruptas de metro y microbuses afectan directamente la espalda del usuario. De otra manera este gobierno no va a hacer nada. ¿Por qué de una buena vez no los empezamos a obligar a que actúen para nosotros que somos los que pagamos sus sueldos? 


publicado en blureport.com.mx el 11 de septiembre de 2011

domingo, 17 de mayo de 2015

Ciudadano Cero



El valor del ciudadano es nulo. Lo único que importa es la demagogia y los intereses partidistas.

Armando Enríquez Vazquez

A menos de un mes de que se realice ese supuesto acto democrático llamado elecciones, ese día en el que los ciudadanos nos formamos, tomamos una boleta y estamos en teoría obligados a escoger entre Guatemala o Guatepeor, el radio y la televisión están llenas de spots que cubren todas las gamas de tonos que tiene el cinismo.
Un PRI que asegura saber gobernar con un país a la deriva; sin estado de derecho, sin estabilidad económica, sin libertad de expresión y sin seguridad alguna. Un país que durante doce años no pudo crecer por la postura revanchista y partidista de los senadores y diputados priístas que se opusieron a todo lo propuesto por los presidentes panistas, para que al llegar un presidente de su partido las propuestas panistas se volvieran las reformas de Peña Nieto.
Amarillos, azules, verdes, turquesas, anaranjados, toda una gama de colores que creen que la política se limita a una propuesta cromática antes que a una propuesta ideológica; ideas que vayan más allá de los lugares comunes.
A menos de un mes de ejercer la obligación y derechos de votar y ser votado y teniendo las pistas del circo mediático y partidista trabajando en un despliegue de esquizofrenia de colores, debemos tener muy en claro que lo que menos le importa a los políticos en el poder y a los partidos contendientes somos los ciudadanos.
El fin de semana pasada en la comunidad de La Pimienta, en Simojovel Chiapas dos niños murieron y otros treinta y siete resultaron afectados por vacunas aplicadas en el IMSS. Hasta hoy la respuesta por parte de las autoridades han sido torpes y chapuceras por no decir indignante. José Antonio González Anaya director del Instituto Mexicano de Seguro Social tiene el descaro y cinismo de declarar que el culpable es una bacteria que contaminó la vacuna al momento de aplicarse. ¿Alguien tiene que ser responsable del procedimiento? ¿Alguien tendría que responder de manera jurídica ante los padres que viven en angustia o en duelo? Pero el director de Instituto declara ni siquiera saber qué empresa surtió las vacunas, incluso llegó a minimizar la muerte de dos personas comparando el número de vacunas que aplica el Instituto con el mínimo porcentaje que estas muertes y niños víctimas representan. El Ciudadano para el IMSS no importa.
Cómo tampoco parece importarle al Gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, el estandarte del Partido Verde para contender por la presidencia en 2018 y del que tenemos tres años escuchando en cortes dizque informativos la efectividad de su gobierno, pero el gobernador no parece capaz de pedir un informe al IMSS o a la Secretaria de Salud, como tampoco de levantar el acta para la investigación en contra de la muerte de dos menores chiapanecos.
También la semana pasada conocimos las descaradas maquinaciones entre el directivo de una empresa española OHL de nombre Pablo Wallentin  y el secretario de comunicaciones y transportes del Estado de México, Apolinar Mena, donde la única realidad existente en nuestro país es para esta empresa y este funcionario es ese “factor cultural” como lo llama con la mayor desfachatez el presidente Peña Nieto; la corrupción. La víctima clara de las maniobras de soborno y fraude es el ciudadano que utiliza las obras que realizó esta empresa a los que se pretende cobrar por obras que no están realizadas y que no se van a realizar. Ninguna investigación, sanción o despido. Lo único fue una tonta declaración fuera de lugar del gobernador Eruviel Ávila diciendo prohibiendo subir las cuotas de los caminos de peaje que construyó la empresa española. ¿En aras de proteger a los mexicanos de esta empresa de hampones, no sería lo correcto que el gobierno le prohibiera a todas las instancias de gobierno no hacer negocios con esta empresa? Porque si el gobierno de Peña Nieto se la ha pasado alabando a todos aquellos inversionistas extranjeros que traen nuevos capitales y empleos al país, México no necesita que una empresa como OHL opere en nuestro país, En México existen constructoras con mucha mayor calidad y experiencia que estos bribones.
La semana pasada también,  el día cuatro, dos trenes del Metro de la Ciudad de México,  chocaron entre sí en la estación Oceanía del Sistema de Transporte Metro. El director del Sistema, Joel Ortega, con esa prepotencia que lo caracteriza no salió a declarar nada hasta el día 12 en que una comisión de la misma empresa declaró el accidente como una doble falla humana. Por supuesto no se dan nombres de los responsables, como tampoco se habla de las sanciones que estas dos personas enfrentarán por daños al transporte público de la Ciudad y mucho más importante a los usuarios que resultaron heridos, de los cuales algunos tuvieron que ser hospitalizados. Lo que si surgió de inmediato fue una declaración del líder del Sindicato del Metro, Fernando Espino, un viejo líder charro al que lo que menos le importa son los usuarios y el buen servicio del Metro, de lo contrario no se verían las anomalías que se ven en el sistema desde las taquillas hasta la logística de las corridas de los trenes, en el sentido de que no avala los resultados de la investigación. A final de cuentas esto no es más que un capítulo más de PRI vs PRD en la Ciudad de México donde nadie es responsable de nada como resultó en la penosa batalla campal de Cuajimalpa donde golpeadores del PRI se enfrentaron a golpeadores del PRD, sin importar si afectan o lastiman a la ciudadanía.
Un caso de menosprecio a la ciudadanía es estelarizado por los dos máximos árbitros de la contienda electoral, el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación quienes pasándose la Constitución y las leyes electorales por el arco del triunfo han decidido defender al Partido Verde, y con ello la posibilidad de que la alianza con el PRI en el Congreso de la Unión permita al presidente seguir haciendo de México el botín sexenal que tienen acostumbrado todos los partidos políticos. Ignorando una petición ciudadana que cuenta con más de ciento cincuenta mil firmas pidiendo la anulación del registro del Partido Verde en base a la ley electoral por la sistemática violación de las leyes que rigen la contienda. Esta petición al menos debería abrir una discusión a nivel interno en el Consejo General del INE, cosa que los mismos consejeros, empezando por un parcial Lorenzo Córdova, han desviado a otras instancias del Instituto.
Uno de los magistrados del TEPJF declaró a los medios que la democracia se basa en las leyes y las instituciones. Ese señor no sabe nada de democracia, la democracia se basa en la voluntad de la ciudadanía y no en aparatos burocráticos corruptos.
El gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, se atrevió a llamar actos vandálicos a lo que sin lugar a duda y ante la vista de todo el país fue una clara demostración de poder de grupos delictivos y la incapacidad de su gobierno para poner orden y garantizar la seguridad de los habitantes de su estado. La ciudadanía no tiene valor alguno, solo las declaraciones de las autoridades son válidas de ser reproducidas en medios corruptos y que a pesar de enrollarse en la bandera de la libertad de prensa, no son sino serviles transmisores del mensaje del grupo en el poder.

 El Ciudadano es un ente que se materializa en las fechas de elección para marcar una boleta con opciones de diferentes colores pero el mismo trasfondo, más allá de esa fecha somos un vil cero a la izquierda, lo que debería llevarnos a pensar muy bien como ejerceremos ese derecho el próximo siete de junio.

publicado en blureport.com.mx el 13 de mayo de 2015

miércoles, 8 de abril de 2015

Señores usuarios en esta ocasión…




Viajar en Metro es una experiencia nada grata, pero el gobierno lo sigue presumiendo como el más barato del mundo.
Armando Enríquez Vázquez
Siete de la noche en la estación Universidad del Metro. Dos andenes, tres vías para los convoys. Llega el metro en la vía central. Por un lado la gente baja y por el otro abordan todos aquellos que han esperado la llegada de los vagones por más de diez minutos, por lo que el andén esté repleto de personas que han visto llegar al menos tres trenes del metro por la vía de la extrema derecha y a los que no se ha permitido abordar a nadie, bajo la razón de que los trenes salen de servicio en ese momento. Policías preventivos de boina roja se encargan de que los vagones queden vacíos.  En el andén además de los usuarios se encuentra un vendedor ambulante sentado con una enorme canasta llena de bolsas de papas fritas. La gente ya atiborro el convoy del metro, sólo espera que se cierren las puertas para iniciar su viaje, en ese momento un nuevo tren llega por la vía de la extrema izquierda, abre las puertas y la gente desesperada por llegar a su destino sale corriendo del vagón ya lleno de la vía central hacia el vagón recién llegado, que más tarda en abrir las puertas que en cerrarlas y arrancar. Alguien debe de estar riéndose de su infantil estupidez. Lo peor de todo esto que es una práctica común en todas las estaciones terminales del sistema que cuentan con tres vías y dos andenes…
La publicidad del PRD presume que la Ciudad de México goza del transporte público más barato de la República lo que no implica que sea el mejor y sí abona en el hecho del pésimo servicio y del poco cuidado que las autoridades ponen en él.
Cuando hace unas semanas vimos en la cámara de diputados los dimes y diretes entre los serviles diputados priístas encabezados por Marco Antonio Calzada por un lado y Marcelo Ebrard que se niega a perder esperanzas para el 2018, por las irregularidades en la línea 12 del Metro, nadie puso sobre la mesa los verdaderos problemas que tiene el Sistema de Transporte Colectivo Metro: Calidad en el servicio, problemas muy graves en la logística, problemas sindicales y un parque vehicular que cada día deja más que desear, eso sin contar la falta total de respeto al usuario que es el que paga el pasaje y tiene derecho a viajar libre de los nefastos vagoneros.
 No, por un lado los priistas mostraron estar urgidos por descalificar a la supuesta Izquierda para posicionar al Partido Verde como tercera fuerza política y palanca para gobernar, mientras que pareciera que Ebrard necesita hacerse de fuero por si lo intentan investigar.
Cinco de la tarde. Estación Zócalo del Metro. La gente se arremolina en el andén, de vez en cuando una cabeza se asoma a la vía esperando a la distancia y oscuridad del túnel ver la luz que anuncie la llegada del convoy. Finalmente al llegar a la estación el Metro abre sus puertas y se da el consabido intercambio de empujones, miradas de enojo y hasta insultos entre los que suben y los que bajan. Pasado el momento el metro permanece con las puertas abiertas por más de cinco minutos permitiendo de esta manera que; Uno, los desesperados que van entrando al andén entren a fuerza y con el peligro de lastimar a alguien al vagón. Dos, que la siguiente estación vaya atiborrándose de más gente por la falta de continuidad en la corrida de los trenes y Tres, y muy importante, que los carteristas actúen. Policías o trabajadores del metro incluidos conductores pueden estar coludidos en estas decisiones idiotas y poco seguras que atentan únicamente contra los usuarios y su integridad
El problema del Metro no empieza, ni termina en las supuestas irregularidades descubiertas por el director del sistema Joel Ortega, quien hay siempre que tener en mente fue destituido en 2008 como jefe de la policía del Distrito Federal por Ebrard tras la pésima ejecución del desalojo de la discoteca News Divine el 20 de junio de ese año, en el que 12 adolescentes perdieron la vida y varios resultaron lesionados, algunos de por vida.
Joel Ortega quedó marginado de la política durante los siguientes cuatro años, el cinismo de la partidocracia que vivimos, lo revivió y lo puso al frente de la Sistema de Transporte Metro, bajo el manto protector de Miguel Ángel Mancera.
El Metro y sus estaciones están llenos de oscuros negocios personales y cuotas partidistas para las elecciones, empezando por los famosos vagoneros, mismos que de acuerdo con el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera habían desaparecido y que trabajan en todas las líneas del sistema incluso en horas pico cuando los vagones van a reventar, ellos caminan vendiendo sin importarles si en su camino atropellan a niños o discapacitados. Más dramático es el hecho y el peligro que representan los innumerables vendedores instalados de supuesta manera clandestina, quiero creer, aunque me resulta impensable que así sea, al interior de las estaciones; Invadiendo con sus productos pasillos, escaleras, incluso el área de andenes bajo la mirada despreocupadas de agentes de la policía preventiva y de los trabajadores del Metro, incapaces ambos de impedirlo o denunciarlo. ¿Habrá contubernio?
Taquillas con encargadas mal encaradas y groseras. Suciedad en estaciones y carros. En la estación Guerrero yo podría apostar que duermen muchos indigentes pues los olores son ofensivos como diría mi abuela y un sinnúmero de productos que van desde golosinas hasta las lámparas de mano pasando por los audífonos, libros, revistas y periódicos. Corta uñas, ligas para el pelo, tijeras y pinzas, carteras y folders plásticos, cinturones, separadores de hojas, curitas y tela adhesiva, masking tape, libros para colorear y diferentes mendicantes contando historias y exigiendo una moneda a los usuarios. Si uno viaja en el Metro por más de cinco estaciones y con el suficiente dinero puede hacerse de toda una gama de productos, eso sin contar que puede uno quedar casi sordo con la oferta que ciegos tienen de cumbia, rock en mi idioma y a veces en su idioma, baladas y música de protesta que me hace suponer que además de ciegos estas personas están sordas.
Cuatro de la tarde. Sábado. Estación Constituyentes del Metro. Tres jóvenes se suben al vagón en el recorrido a la estación Tacubaya arman una pequeña batería y conectan micrófono, guitarra y bajo a los amplificadores y las siguientes estaciones van dando un pequeño concierto en medio del vagón.  
Otra cosa de llamar la atención y prestarse a suspicacias, es como se ha desmotivado la promoción de la tarjeta única de transporte con la que el usuario puede pagar Metro y Metrobús, a cambio cada semana los boletos tienen un diseño impreso diferente. ¿De quién es ese negocio?
Al mismo tiempo que se investigan las irregularidades de la administración pasada en el Metro sería bueno que alguien pusiera la llaga sobre las innumerables irregularidades que aquejan al Metro hoy, y que involucran a redes de crimen organizado, vagoneros, policías preventivos, sindicato y trabajadores del STCM y las autoridades administrativas del mismo. Pero ante todo la estupidez de quien arma la logística, si esta existe, en la corrida de los trenes. Porque será el transporte más barato, pero no es atractivo ni para el turismo, ni para los ciudadanos.

publicado el 31 de marzo de 2015 en blureport.com.mx

miércoles, 28 de enero de 2015

Leer en el metro.



Una edición para que los usuarios del metro lean de boleto en los intolerables trayectos del sistema es una de las promociones más acertadas e ingenuas de las autoridades.
Armando Enríquez Vázquez
Desde el triunfo de la Revolución uno de los anhelos de los gobernantes es que los mexicanos lean. Desde la tiránica y arrogante visión de José Vasconcelos que pretendía que los campesinos mexicanos pasaran del analfabetismo a leer sin decir agua va a Platón y Aristóteles, hasta los muy importantes esfuerzos envueltos en esa inocencia que raya en lo absurdo de los compiladores de los libros de texto gratuitos de español que en su afán paraque los niños aprendieran a leer, estoy hablando de hace más de treinta años, olvidaban poner en contexto al autor, lo que hacía que en nuestra infancia supusiéramos no sólo qué Espronceda y José Juan Tablada estaban vivos, sino que eran vecinos de cubículo en las oficinas donde se redactaban los libros. Algunos lo seguirán pensando.
Ferias del libro van y vienen. Cada año se regalan libros en el día internacional del libro, campañas de promoción de la lectura y la verdad es que, al menos en la ciudad de México, la gente cada día lee un poco más. Muchos mexicanos leen en el transporte público, en los parques.
La tradición de editar desde el gobierno ha continuado, la SEP cuenta con una dirección de publicaciones. Qué muchas veces carece de la difusión de otras áreas del gobierno federal, pero que lleva a cabo una labor importante. Pero el gobierno del Distrito Federal desde la llegada de los perredistas hace casi veinte años se ha preocupado por promover la lectura, editando y regalando libros.
Recuerdo durante los años de Cuauhtémoc Cárdenas, largas filas en el Zócalo para hacerse de una copia de obras de John Reed y José María Remarque. Alguna vez encontré en Internet una serie de libros electrónicos que se publicaron bajo la supervisión de Paco Ignacio Taibo II auspiciados por el gobierno de López Obrador.
Ahora parece que para sobreponerse a esa experiencia traumática y engorrosa que es moverse en nuestra ciudad en Metro las autoridades del Distrito Federal y el nefasto director del Sistema de Transporte Colectivo Metro han decidido promover la lectura.

Hace unos cuatro meses en una de las estaciones de la línea 12 un grupo de jóvenes con chalecos del GDF repartían un singular cuadernillo que contenía un poema de César Vallejo. Mas diseño que material de lectura, la tira con el poema de Vallejo era repartido por los jóvenes a todos los usuarios del Metro. Ya en los vagones la gente se olvidaba de la curiosa tira de papel y la guardaba más como una curiosidad que como material de lectura. 
La semana pasada al entrar al Metro en una estación de la línea 3, descubrí por primera vez en un librero, más bien una estantería plana, con muchos libros esperando que los usuarios los tomaran para leer durante su viaje en Metro. El libro editado en el peor papel del mundo se titula: Para leer de boleto en el metro y al parecer es el segundo volumen. Un joven parado frente a la estantería invitaba a tomar un libro leerlo y devolverlo antes de salir de la siguiente estación para que un nuevo usuario del metro pudiera leer durante su vía crucis en los túneles del Metro. Una vez tomado el libro, el joven obsequiaba al usuario un separador de hojas, lo que resulta contradictorio con la idea comunitaria e itinerante del libro.
La propuesta es loable, desgraciadamente ingenua. Lo más interesante del libro es que es una antología básicamente de autores contemporáneos importantes y muy atractivos para el lector; Jorge F. Hernández, Elmer Mendoza, Gerardo de la Torre, Cristina Pacheco, Luis Humberto Crosswhite, entre otros. Nada de autores pretenciosos que ahuyenten al lector.
Los textos breves cumplen la promesa del título y se leen muy a gusto durante el trayecto, siempre y cuando, se encuentre un sitio para sentarse, no tenga uno al lado uno de esos vagoneros que más que ciegos parecen sordos con su bocinita a todo volumen tocando a Leo Dan, Narco corridos o los éxitos del Rock. Si uno es buen lector puede terminar el libro en un solo viaje, gracias a las paradas eternas y constantes de los convoys.



Pero, aquí viene lo interesante, al terminar mi trayecto no encontré una estantería en la estación que marcó el fin de mi recorrido. Al parecer no todas las estaciones la tienen. Así que el libro me acompañó por a lo largo del día en mis actividades. De esta manera puedo imaginar muchos libros viajan hasta la casa del usuario y ahí se quedan.
De regresó a mi punto de partida noté que no había ningún libro ya en las estanterías y en cuanto dejé el ejemplar que traía en ella, un hombre lo tomó, sonrió y se dispuso a disfrutarlo. No he vuelto a ver un libro en las estanterías, lo que quiere decir que la gente se lleva el libro a casa. No está mal, siempre y cuando lo lean y no lo tomen porque sea gratis aunque lo arrumben en un rincón.
La idea de que los capitalinos podamos compartir libros en una de las peores experiencias que tenemos a lo largo del día es buena, ahora habrá que acostumbrarnos a compartir. Lo ingenuo también es que se imprimieron 200, 000 ejemplares del libro, lo que sí bien nos dice que por deafault es ya un best seller, en México las ediciones por lo general son de 5,000 ejemplares. Pero el número resulta ridículo para la cantidad de personas que utilizan el metro, el cual se calcula en más de cuatro millones y medio de viajes al día.

publicado el 19 de enero de 2015 en thepoint.com.mx 

martes, 20 de enero de 2015

Los pecados del diseño.



La delgada línea que divide un mensaje claro y entendible y el humor involuntario del mensaje.
Armando Enríquez Vázquez
Al diseñar, producir, escribir crear mensajes e ideas, existen siempre pequeños demonios que vienen a la mente y nos cuestionan constantemente sí lo que estamos haciendo realmente es lo suficientemente claro para las personas a las que va dirigido el mensaje. Sí colores, palabras, signos son adecuados y claros para el receptor.
Gracias a estos pequeños seres que nos atormentan los mensajes terminan cumpliendo su labor, en ocasiones además, se convierten en referentes entre los demás seres creativos de cómo se deben hacer las cosas. Pero en otras ocasiones o están de malas o tienen ganas de jugarnos una mala pasada, nuestra flojera o terquedad termina por hacerles caso y el resultado son cosas que están más cerca del humor involuntario que del diseño.
No sé cómo se llegó a la idea de las diferentes formas de crear los letreros que anuncian en una puerta el baño de hombres y el de mujeres. La idea básica y del por qué me parecen claras como a la gran mayoría de nosotros y podemos imaginar que las convenciones sociales de no compartir un baño con el sexo opuesto, se encuentran en la base de esta costumbre.
En algunos sitios todo se resuelve con una palabra sobre cada una de las puertas: Hombres. Mujeres. Caballeros. Damas. Debido a que en un mundo cada vez más pequeño hasta la puerta del sanitario de un restaurante, bar, museo, o tienda departamental necesita ser de fácil localización para extranjeros y para analfabetas, en otros ha intervenido el diseño para ayudar a una rápida identificación, tráfico y alivio de los visitantes.
Como parte de esta iconografía sanitaria, recuerdo haber visto durante mi niñez; una pipa en la puerta del baño de hombres y un abanico en el de mujeres. Hoy no faltaría quién tachara y buscase motivos para exponer en las redes sociales o demandar a los autores de estos símbolos de sexistas, discriminatorios y una serie más de estupideces más que los tiempos modernos han sembrado en las cabezas de esos noefascistas que piensan que ser políticamente correcto es lo correcto. Pero en fin ahí estaban en mi infancia, una puerta con una pipa y otra con un abanico. Nadie se ofendía en aquellos tiempos por los objetos que se relacionaban con cada género y muy probablemente hubiera resultado muy extraño ver a una mujer con una pipa y algo peor el ver a un hombre con un abanico por las calles de la ciudad de México.
Más tarde y como parte de una universalización, desconozco si acordada o no, desaparecieron las palabras y los símbolos que podrían ser considerados como discriminatorios en las actividades de género fueron reemplazados. Los símbolos se simplificaron y se redujeron a las siluetas estilizadas de un hombre, reconocible por los pantalones, y una mujer a la que delata la falda. Durante décadas estos personajes han diferenciado los baños para hombres y mujeres. Curiosamente ni feministas o grupos lésbico-gay han protestado en contra de esta simbología.
Claro que siempre existen los creativos que hacen variaciones o diseños estilizados en sus antros o lugares de negocio. Nada espectacular, nada que no pueda esperar uno si entiende la decoración del negocio en el que se encuentre.  

Pero algo raro está sucediendo, o al menos eso supongo, que ha provocado que en la estación del Metro Taxqueña la simbología universalmente aceptada haya sufrido un cambio. Hace unos días viaje a la ciudad de Cuernavaca y al ir hacia la Terminal de Autobuses del Sur de la Ciudad de México me encontré con estos símbolos para diferenciar los baños públicos.



No es un cambio estético, ni incluyente. Es algo, para mi más intrigante que plantea al menos dos posibilidades muy claras. La primera que la gente ya no sea capaz de interpretar el signo de la silueta de un hombre o de una mujer en una puerta. Qué cierto sector de la población piense que al interior de estos cuartos que ostentan la silueta se encuentra algo diferente es perturbador, ¿qué podría ser? ¿Muchos hombres y mujeres? O que la imagen de la silueta, resulte hoy en día insuficiente para definir las características de un lugar al que desde hace décadas habíamos podido identificar gracias a este símbolo.
¿Quién y cómo llegó a la conclusión de que los símbolos debían ser modificados? Sería bueno que alguien nos lo explicara. El hecho de que los dos personajes lleven sus manos a los genitales como en una pintura renacentista donde el sexo del personaje desnudo era oculto por la mano del personaje, a falta de ángeles pudorosos que con un velo cubrieran las partes pudendas del personaje, resulta torpe e insultante, es más que obvio que no necesitamos tocarnos los genitales para saber si queremos ir al baño.
¿Por qué una necesidad fisiológica habría de volverse motivo de pudor? Buscando signos tan rupestres en la simbología de los sanitarios me topé con algunos igual o más inquietantes gráficos que los del Metro Taxqueña. A principios del año pasado, antes de iniciar los juegos olímpicos de Sochi 2014, un atleta canadiense posteó en las redes sociales las instrucciones que para el excusado había en las habitaciones de la villa olímpica.



Como podemos observar estas indicaciones por grotescas que nos puedan parecer tienen como objetivo que los atletas olímpicos no hagan un mal uso del excusado. Qué no se utilice para vomitar, que el asiento no se utilice como plataforma para defecar de esa manea a la que coloquialmente conocemos como de aguilita y finalmente que nadie fuera a pensar, sobretodo tratándose de atletas acostumbrados a las inclemencias del frio, en el excusado como una especie moderna de hoyo hecho en la superficie de algún lado y fueran a intentar pescar algo de él.
El diseño utilizado para los baños del Metro Taxqueña no es así de específico, ni de escatológico.



Aunque ya metido en especulaciones perturbadoras acerca del símbolo y su interpretación, podría pensar que al interior del lugar en lugar de un baño, se atiende a pacientes que sufren de enfermedades venéreas pues al parecer causan cierta comezón en la zona de los genitales. Eso explicaría porque además los personajes parecen avergonzados de su situación. La inclinación de su cabeza así lo indica.
Espero que este tipo de diseño burdo y absurdo no comience a popularizarse en nuestra ciudad.

publicado el 12 de enero de 2015 en thepoint.com.mx

martes, 6 de enero de 2015

Moderbich y otros soundtracks de la ciudad.



La Ciudad marcha a un ritmo que le impone la selección discográfica del destino.

Armando Enríquez Vázquez
   
   Me encanta como de pronto el destino sonoriza nuestro caótico entorno citadino.
   Estación Zapata del Metro, 8:15 A.M. en un viernes. La gente se amontona en los andenes esperando llegar a tiempo a sus trabajos, a pesar de las caras hinchadas por los minutos extras que le robaron al despertador, delatan que ya van tarde, muy tarde. A lo lejos en el túnel se ve el faro del tren que viene mientras de fondo el sonido local toca Chattanooga Choo Choo, con la orquesta de Glenn Miller. Así es como en ocasiones la ciudad nos ofrece un soundtrack perfecto para las actividades que en ella se llevan a cabo y para matizar, contrarrestar, a veces ironizar sobre el estado de ánimo de sus ciudadanos, o al menos el de este observador,  sin que nadie de manera consciente contribuya a la ambientación de nuestra Ciudad, ya sea en su calles, sus lugares públicos o en ese marco parecido al de un monitor en el que de pronto se convierte el parabrisas del carro, manteniéndonos aislados del exterior y pareciera que de la realidad.    
   Hace algunos años, tal vez cuando el plantón de Reforma provocaba una serie de caos vial en las calles de alrededor, quizá al verme atrapado por alguna manifestación cualquiera, una de esas que son el pan nuestro de los capitalinos, en el Centro Histórico y  ante el embate de los claxons ininterrumpidos, originados en aquellos que caen dormidos o infartados sobre el volante del carro, decidí subir el vidrio de la ventana del auto y opté por intentar quedarme sordo subiendo el volumen a la radio, antes que enloquecer por el ininterrumpido llamado de los cafres que creen que en algún momento, y como por un efecto de resonancia, los ríos de manifestantes se disolverán en el éter al entrar en la misma frecuencia los pasos de los marchistas y el tono de su claxon. Entonces, del otro lado del parabrisas, apareció un contingente de esos que ya no se sabe si luchan por causas sociales o por egoístas y mezquinas razones personales de alguien que les dio una torta para marchar. Descalzos, con el cabello hirsuto y las caras de un tono cobrizo muy enrojecido por el inclemente sol de agosto, arrastrando el paso más que marcándolo.  En ese mismo momento en la radio comenzaron a sonar las notas de Pompa y Circunstancia de Sir Edward Elgar que con sus largos y muy peinados mostachos, parecía tratar de dar un orden al caos de manifestantes y automóviles anudados en las cercanías de Paseo de la Reforma.
  Entonces durante algún tiempo mi pasatiempo favorito mientras me encontraba en un automóvil era prender la radio y buscar estaciones al azar. La ciudad cobraba entonces una vida diferente. Traga fuegos vomitando llamas a ritmo de We didn’t Start the Fire o payasitos de esos de nalgas de globos  y mascaras de ex presidentes que ejecutan su rutina mientras en la radio el azar sintonizaba Send in the Clowns y del otro lado del camellón llegaban hasta el paso cebra más niños mal maquillados corren a las ventanillas de los autos con las manos estiradas. O un indigente que con un costal al hombro y que miraba asombrado a los autos detenidos frente a la luz roja quedó enmarcado por  Wild Horses.
   En el caso ser usuario del transporte público se trata de concentrarse en la música que viene escuchando el conductor, entonces se observa la cara del conductor y se le ubica como personaje  de la casi siempre melodramática canción que viene escuchando. Pubertos de exagerados mowhawks que en su pretendida rudeza caen en los brazos de Leo Dan o Lupita D’Alesio. O treintañeros que llevan la pasera a ritmo de reggaetón; frenando, rebasando y mentando madres de manera coreográfica con su ruido de acompañamiento.  Sí todavía hay paradas antes del destino, entonces hay tiempo para observar a los pasajeros, con calma y de manera discreta para que no vayan interrumpir su tarareo o simplemente para evitar ser confundido con un asaltante o acosador. Curioso como la mayoría de ellos entra de manera perfecta en trance con ese soundtrack que la Ciudad ofrece en ese momento.
  Taxistas que parecen salidos de una película de los cincuenta, de una ciudad de jóvenes rebeldes y que escuchan canciones de tríos.
   Ni que decir de esos pregones que siempre han ocurrido en la Ciudad y que hoy como nunca están presentes en todas nuestras calles, transformados y tecnologizados han cambiado la voz por la grabación que unifica y hace una sola voz por toda la ciudad que nos vende tamales de Oaxaca calientitos, o de esa mujer que como La Llorona recorre las calles ofreciendo comprar colchones, estufas y fierro viejo que vendan. Como moderno Señor de Tlacuache Cri – Cri, que ha cambiado el costal por una camioneta pick up para recorrer las calles de la gran ciudad.
   Otro de estos gags sonoros los pone el destino en la boca de aquellos que pasan a nuestro alrededor. En el dialogo de dos oficinistas que llegan a la taquilla de un cine a comprar los boletos para ver Rocky II y uno se niega a entrar porque: Siente muy feo cuando le pegan a Rocky. O ese casi indigente que lloraba inconsolable en un Delfín porque asesinaron a John Lemon.
  Hace ya muchos años cuando leí un cuento de José Agustín titulado El Nicolás descubrí la fuerza de una palabra al leer: Chingaputamadrazo. Así de fuerte, de seco, de contundente. A veces a esa contundencia se cuelga la ignorancia y lo naive. Hace poco caminando por las calles del Centro Histórico escuché a una jovencita que con subtexto de rabia incontrolable, le preguntó a otra de las chicas que iba con ella y caminaban a mis espaldas.
- ¿Entonces así se dice?
- Si. – contestó la otra.
-¡Ahí viene se lo voy a decir!- aseguró la primera.
-¡Vas!
   Como estaba distraído escuchando la conversación, la sombra o sombras que pasaron a mi lado no cobraron forma, ni personalidad alguna y sólo un sonoro, pero titubeante:
-¡Moderbich! - Salió de la boca de la adolescente a mi espalda.
Los pasos del grupo a las que imagino colegialas desaparecieron en carrera a mis espaldas y la persona blanco de tan artera y artificiosa palabra se pulverizó en la masa de transeúntes, antes, mucho antes de que llegara a voltear.
Y así, también, el soundtrack de esta gran ciudad a veces nos quiere recordar algo.
Caminando una mañana por Avenida Juárez un grupo de jóvenes y no tan jóvenes, amplificador en el piso, rastas canosas en la cabeza y muchas ganas de sonar como Roger Waters interpretaba y cantaba Wish you were here de Pink Floyd. Cualquier apunte sale sobrando…

publicado en palabrasmalditas.net en abril de 2014

domingo, 7 de diciembre de 2014

Lance Wyman diseñando en México.



El norteamericano nacido en Nueva Jersey dejó en nuestro país no sólo la iconografía de los Juegos Olímpicos de 1968, el metro y el Mundial de México 70. Corporativos e instituciones ostentan diseños de Wyman.
Armando Enríquez Vázquez.
Hace algunos meses escribí sobre la mascota desconocida del Campeonato Mundial de Futbol Soccer México 1970: Pico, y sobre Lance Wyman el hombre que lo creó junto con identidad de dicho campeonato de futbol soccer.
El mundial no fue la primera experiencia de Wyman con eventos deportivos internacionales, como tampoco lo era que estos se realizaran en nuestro país y él resultara encargado del diseño. Wyman es famoso, entre otras cosas, por el diseño que hizo para el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de 1968. Lance Wyman ha tenido a lo largo de su vida mucho que ver con nuestro país y con diferentes campos del diseño en él.
Wyman nació en Newark en 1937. Su padre era pescador y su abuelo era un vaquero del sur de los Estados Unidos que contaba al pequeño Lance, historias de bandoleros. Años después durante su adolescencia Wyman trabajó durante las vacaciones de verano de la escuela en diferentes fábricas de la región. Lo que lo hizo sensible a los sistemas de señalización que existían al interior de las fábricas.
Wyman estudió en el Pratt Institute diseño industrial y comenzó a trabajar para General Motors. En 1960 se graduó. A mediados de la década de los años sesentas y gracias a la amistad que hizo con Eduardo Terrazas y Peter Murdoch quienes colaboraban con el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez en el concurso de la imagen para las Olimpiadas de 1968, Wyman llegó a nuestro país para integrarse en el equipo. Según recuerda Wyman las instrucciones de Ramírez Vázquez fueron muy sencillas. México no podía aceptar en su imagen mundial al indio con sombrero dormido debajo de un cactus.
Wyman llegó a nuestro país sin saber nada de él, por lo que lo primero que hizo fue pasarse unos días en el Museo Nacional de Antropología tratar de absorber lo más sobre las imágenes prehíspanicas y entre algunos diseños de grecas, su amor por el Op Art, tan de moda en esos años y el conocimiento de los tejidos huicholes se enfrascó en crear la propuesta que integraba los cinco aros olímpicos, con la fecha en que se desarrolló la competencia y el nombre de nuestro país.
La propuesta de Wyman no sólo fue la ganadora, si no que a la fecha es una de las más reconocidas y comentadas dentro de la historia del diseño gráfico mundial. Pero el trabajo de Wyman no se limitó al logotipo de la competencia, junto con un grupo de estudiantes y egresados de la carrera de diseño industrial de la Universidad Iberoamericana, Wyman creó todo el sistema de comunicación de los juegos. En 1966, no existía aún la carrera de diseño gráfico en nuestro país. Wyman creó logos para cada evento que gracias a la sencillez y universalidad de la iconografía ahorraban a los organizadores el poner todos los letreros en tres idiomas; francés, inglés y español.
Ese mismo sistema de iconos fue implementado en los boletos de los eventos deportivos. Toda una tipografía fue creada.



Además Wyman diseñó el logotipo de la paloma de la paz y todo un grupo de iconos para los diferentes eventos de tipo cultural que se llevaron a cabo dentro de la misma Olimpiada.
Se emitió una serie de timbres postales que representan las diferentes disciplinas deportivas de la gesta deportiva a partir de siluetas de atletas ejecutando su deporte sobre fondos de colores muy brillantes. Pero además se emitieron timbres de carácter cultural, uno de los que más enorgullece a Wyman es uno con la efigie Martin Luther King el activista de los derechos civiles de los negros que había sido asesinado en Memphis unos meses antes. Este fue el primer timbre que se emitió en el mundo reconociendo la lucha del reverendo King.
En México 1968, fue también un año de descontento estudiantil, que terminó como todos sabemos con la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, ordenadas por el gobierno federal.
En muchos de los carteles de protesta a lo largo del movimiento, los estudiantes utilizaron el diseño de Wyman. Este hecho durante muchos años produjo en el diseñador una serie de sentimientos encontrados. Por un lado el hecho de que sus diseños fueran identificados con un gobierno asesino y represor lo hacían sentirse partícipe. Pero por otra parte no dejaba de enorgullecerlo el reconocimiento del posicionamiento de su trabajo como identidad de los juegos a pesar del mensaje demagógico que el gobierno de Díaz Ordaz hizo de los mismos.
En una entrevista que Wyman concedió a Emmet Byrne, el diseñador recordó como uno de los actos más subversivos y contundentes en materia visual del movimiento consistió en poner pintura roja en el centro de las calcomanías de la paloma de la paz que el gobierno de Díaz Ordaz había repartido a los comerciantes de la Ciudad de México para promover la naturaleza pacifica de los juegos.
Casi veinte años después cuando Wyman fue invitado a dar una conferencia a la escuela de artes plásticas de la UNAM, al final de la misma El director de la escuela le regaló al diseñador un libro llamado La gráfica del 68. El director le agradeció a Wyman entonces el haber creado diseños que permitieron a los estudiantes protestar contra el sistema y el discurso oficial. Wyman dice que en ese momento se sintió tranquilo y con ello cerró un ciclo de su vida.
Pero Wyman diseñó otro de los sistemas visuales de nuestra ciudad que nos acompaña a diario: la iconografía de la línea uno del metro. Wyman creo los iconos que sobreviven y con los que identificamos a las estaciones Chapultepec, Juanacatlán, Pino Suárez, Insurgentes, Cuauhtémoc, Candelaria de los Patos, La Merced, etc.
Wyman pensó en  iconos que dijeran al usuario sin importar si hablaba o no español el nombre de la estación y le dijera algo del barrio o locación donde está se encontraba.  Gracias a este trabajo Wyman diseñó después el del sistema del metro en Washington, así como la señalización de las rutas de otras ciudades y hasta de los zoológicos de Washington y de Minnesota.



En México diseñó también toda la señalización para la Nueva Central de Abastos de la Ciudad de México. Su trabajo también lo vemos a constantemente en diferentes empresas y organizaciones de nuestro país donde la imagen corporativa y los diseños de los logos fueron creados por Lance Wyman. El logotipo de la Tienda de Todo  es un trabajo que muchos de nosotros podemos recordar, Wyman lo ideo pensando en su amigo y compadre Matías Goeritz. El chapulín que coronó muchos años el edificio donde estaba el hotel Presidente Chapultepec enfrente del Auditorio Nacional es otro ejemplo. Pero entre los que sobreviven están los logos del Hotel Camino Real, las pastas La Moderna, Vanity,  y uno de los que más gusta a su autor el; de la empresa fundidora de tubería Hylsa donde el diseñador incorporó una olla de fundición a la H  del nombre de la empresa.
El museo del papalote y el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) también son diseño de Lance Wyman.

Actualmente el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) tiene una exposición sobre el trabajo del diseñador, armada por la curadora Pilar García, a la que vale mucho la pena acudir.  



publicado en the point.com.mx el 26 de noviembre de 2014