jueves, 24 de octubre de 2019

Bessie Coleman la pilota negra que voló antes que Amelia Earhart.




Víctima de la discriminación de género y racial esta valiente mujer viajó a Europa para poder realizar su sueño.

Armando Enríquez Vázquez

Como tantas otras historias de exitosas personas en Estados Unidos que fueron y son ignoradas y olvidadas a propósito por los racistas historiadores que han creado la historia de Estados Unidos, la vida y logros de Bessie Coleman permanecieron por años en el olvido.
Bessie Coleman, en esta época con sus logros y perseverancia hubiera estado en cualquier gala del ex presidente Obama y en los principales noticieros y talk shows de los medios norteamericanos, pero a ella le tocó esa época en que el racismo era menos disfrazado que hoy y en que las cuotas y ese absurdo que se denomina políticamente correcto habrían obligado a los reflectores en esta gran mujer de eso que maniqueamente y por etiquetar a los seres humanos se llama hoy afro-americanos.
Bessie Coleman nació el 26 de enero de 1892 en el pueblo texano llamado Atlanta. Hija de madre negra y padre miembro de las naciones nativas de Estados Unidos, al parecer Cherokee. Bessie y sus doce hermanos no tenían esperanzas de desarrollar sus aptitudes en una sociedad tan racista como la texana, a pesar de que padre decidió mudarse a Oklahoma en búsqueda de menor segregación y mejores horizontes, la madre decidió permanecer en Texas en el poblado de Waxahachie, y desde su infancia, Bessie, ayudó a su madre en la pizca del algodón y lavando ropa para terratenientes blancos. Pero Bessie además, en su poca experiencia educativa, sobresalió como una excelente alumna, que destacaba en las matemáticas y tenía la curiosidad de los grandes estudiantes. Con el tiempo y con ciertos ahorros, Bessie logró terminar sus estudios y en 1910 aplicó para la Universidad Industrial de Langston para negros, en Oklahoma.
Fue en la escuela donde oyó hablar de los hermanos Wright y también de Raymonde de Laroche que fue la primera mujer en obtener una licencia de pilota. Luego escuchó la historia de Harriet Quimby la primera norteamericana en obtener una licencia de pilota en Estados Unidos. Para desgracia de Bessie el dinero que le mandaban su madre y hermanas para la Universidad se fue acabando y ella tuvo que abandonar al finalizar el primer semestre. Bessie se va a vivir a Chicago donde vive su hermano mayor y en 1915 se graduó como manicurista, pero sus sueños de convertirse en pilota no desaparecieron nunca. Sin embargo, las escuelas de aviación de Estados Unidos no la aceptaban por dos sencillas razones; era mujer y negra.
En su trabajo como manicurista, Bessie, visitaba diferentes peluquerías. En una de ellas conoció al editor de un diario llamado Robert Abbott quien la convenció de que la única manera que tenía de aprender a volar era escribiendo a escuelas en Francia de la misma forma que lo había hecho otro afroamericano de nombre Eugene Bullard a quien se le negó la entrada en las escuelas de aviación de Estados Unidos por el color de su piel. Bullard terminó aprendiendo en Francia y hasta sirvió a la Fuerza Aérea de Francia durante la I y II Guerras Mundiales.
Bessie comenzó a escribir a diferentes escuelas en Francia y a ahorrar dinero para cuando llegara el momento. Bessie fue aceptada finalmente por la Société des Avions Caudron, una escuela propiedad de los hermanos Alphonse y René quienes además eran diseñadores de aeronaves.
Bessie viajó a Francia y en 1921 obtuvo su licencia como aviadora. Regresó a Estados Unidos con la idea de comprar un avión y poner una escuela de aviación para afroamericanos, algo que no le fue permitido, pero a partir de una serie de conferencias en las que mostraba las acrobacias que era capaz de hacer en un avión, gracias a estas conferencias se pudo hacer de un avión y creo su propio espectáculo aéreo donde ejecutaba las mismas peligrosas acrobacias que los pilotos hombres, vueltas de 360º y formaba figuras en el aire.
En febrero de 1923 Bessie tuvo un accidente aéreo en el que se rompió las costillas, una piernas y heridas en la cara, cuando se recuperó continuó con su carrera de aviadora y dando conferencias, además compró un nuevo avión y aseguró una presentación en Texas donde si los asistentes iban a estar segregados en gradas de un lado para blancos y otras para negros, Bessie se mantuvo firme que la entrada al lugar no fuera de discriminación.
En 1926 haciendo un vuelo de mantenimiento con su ingeniero que iba pilotando el avión, una herramienta se atascó en el motor del avión y este dio una vuelta, como en ese entonces los lugares de los pasajeros no tenían cinturones de seguridad y eran abierto Bessie cayó del avión y murió, el ingeniero no pudo controlar la nave y se estrelló. El también murió. Bessie tenía 34 años. Alrededor de 15,000 personas atendieron a su funeral en Chicago.
En 1977 un grupo de pilotas de Chicago creó un club de aviadoras con el nombre de Bessie y en 1995 el servicio postal de Estados Unidos imprimió un timbre en honor de la aviadora.
No fue sino hasta 2006 cuando Bessie fue admitida en el Salón de la Fama de la Aviación. Entre las muchas biografías que se han publicado sobre la pilota en la actualidad sobresale una novela gráfica publicada en 2007, escrita por Trina Robbins e ilustrada por Ken Steacy, titulada Bessie Coleman Daring Stunt Pilot.

publicado en mamaejecutiva.net el 15 de octubre de 2019

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