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miércoles, 29 de abril de 2015

Insultante publicidad automotriz.



La poca seriedad de los creativos de ciertas agencias de publicidad da como resultado una publicidad grotesca y que insulta al consumidor. También la culpa es del anunciante que no da importancia a su producto.

Armando Enríquez Vázquez

En la década de los años sesenta que una agencia de publicidad pudiera conseguir la cuenta de una empresa automotriz representaba un gran logro. Por un lado, daba prestigio, podía incluso impulsar a la agencia a un nivel internacional, por otro provocaba la mirada de mucha gente en el mundo de los negocios lo que podía abrir la puerta para nuevos e importantes negocios.
Una cuenta automotriz bien llevada fue y es para algunas agencias un negocio a largo plazo. Las agencias ponían a sus mejores hombres para cumplir las expectativas de sus clientes en un negocio competitivo y que por lo menos cada año necesita vender nuevas unidades.
De una forma dramatizada todo esto lo vemos en una de las tramas secundarias a lo largo de la serie Mad Men. En el mundo real, la campaña que Bill Bernbach, Julian Koenig y Helmut Krone crearon para introducir el Volkswagen sedán en Estados Unidos, cambió el destino de la pequeña agencia llamada en ese entonces DDB, poniendo los cimientos de una de las más importantes agencias de publicidad de la segunda mitad del siglo XX.
De los tiempos de mi infancia y adolescencia recuerdo que la publicidad automotriz hacía mención a las cualidades y características del producto. Se lucía el auto o se contaba una pequeña anécdota acerca del orgullo de poseer el automóvil. Las versiones dobladas de los comerciales de televisión  de Volkswagen en Estados Unidos; uno el del cortejo fúnebre y la herencia, el otro de las maquinas que fallan llegaron a nuestro país y en ellas quedaba claro hasta para un niño que el Volkswagen era un auto eficiente, infalible y económico. En México se llevó a cabo una serie de muy vistosos comerciales en los ochenta y noventa. Recuerdo los de Mustang por carreteras americanas y que si no me equivoco fueron realizados por Pedro Torres para Walter Thompson. En este siglo Simón Bross realizó una emotiva campaña de despedida del Volkswagen Sedán. También la famosa frase: “¡Y la Cheyenne, Apá!” Son muestras de la creatividad que era común en la publicidad automotriz de nuestro país y que tenía que ver con el orgullo de poseer un vehículo de la marca anunciada.
Desgraciadamente parece que esta inventiva se encuentra a la baja, en los últimos meses me han llamado la atención una serie de comerciales automotrices, sobretodo radiofónicos, que ponen de manifiesto la mediocridad y falta de talento de publicistas y clientes para crear y elegir sus campañas.
El primero en asombrarme, pues me pareció increíble que una marca como GM que se levantó de sus cenizas en menos de una década, aprobara un comercial donde la idea principal asocia a una de sus marcas con la falta de ambición y metas, despreciando el esfuerzo, la tenacidad y disciplina de los tenistas. Al equiparar la preparación con el sencillo hecho de comprar un carro de la empresa para ganar boletos y de esta manera llegar al Abierto de Tenis de Australia. Si esa era la idea podía al menos haber comparado el esfuerzo para reunir el dinero para comprar el vehículo en cuestión con el del deportista profesional para alcanzar sus metas. Algo que no los hiciera ver como promotores de la mediocridad.
Renault, ha producido otro triste ejemplo, con un chillón e insultante: ¡C’est Magnifique!, que nada dice sobre los autos, y sí mucho de la incapacidad para resolver un comercial en 30 segundos. Hay dos versiones igual de estúpidas, la primera con dos personas discutiendo la correcta pronunciación de la frase, la segunda con una mujer al final que grita la frase con dicción perfecta, misma de la que adolece el locutor del comercial al principio pues con varias personas he comentado que el locutor parece decir Reloj y ni Renault.
Peugot ha producido un comercial con un variaciones de un  texto que pretende ser ingenioso, pero en realidad es tonto de: En Peugot las refacciones (servicio) son …. Y en el sur (norte, centro, ciudad) de México son… y dice exactamente lo mismo. Ni gracioso, ni ingenioso. La verdad es que da un poco de pena ajena escucharlo.
Finalmente en televisión me sorprendió la estulticia del creativo que ideó un comercial para Ford en el que habla del virus de la adultez y cómo este se elimina adquiriendo un carro de la marca de Ford que promociona el comercial.
Entiendo que más allá de las cualidades del producto, muchas veces se apela a sentimientos, al precio y a los sentidos del espectador. Hay un comercial de televisión promocionando el MIrage de Mitsubishi que creo que cumple muy bien su cometido llamando la atención del target joven al que va dirigido con los colores brillantes y la buena edición del comercial, sencillo, sin pretensiones, bien ejecutado y cumple con su objetivo. Lo que no se vale es partir de la base que la mala publicidad tiene el mismo éxito que la buena. A final del día no es lo mismo la comedia que el humor involuntario aunque los dos me produzcan una sonora carcajada.

Sí no todos los publicistas dedicados a los autos pueden ser Bill Bernbach, por lo menos deberían tener el recato de no hacer quedar mal a sus clientes ante los ojos del posible consumidor.

publicado en roastbrief.com.mx el 16 de febrero de 2015
imagen deathtoStock.com

lunes, 17 de marzo de 2014

Pensar en pequeño y una carcacha.





Una de las más famosas campañas de publicidad en la historia comenzó mostrando el producto con un concepto que parecería negativo.

Armando Enríquez Vázquez.

Tras la victoria en la II Guerra Mundial, los Estados Unidos entraron en una época de crecimiento económico, quince años después de concluido el conflicto los norteamericanos se encontraban en la bonanza y comenzaban a vivir en la abundancia y el despilfarro. Presumían sus enormes autos de ocho cilindros con pesadas y ostentosas carrocerías.
En 1959 llegó a Volkswagen de América, formada 4 años antes con la intención de estandarizar los servicios de la armadora alemana en Estados Unidos, Carl Hahn que en ese entonces tenía 32 años de edad, su misión posicionar entre el público americano un auto que nada tenía que ver con los hábitos de consumo de los norteamericanos, eso sin contar que para muchos el Volkswagen Sedán era una invención del antiguo enemigo y personificaba la filosofía de Adolf Hitler: el auto del pueblo. Y desde este lado del Atlántico el Volkswagen Sedán era el auto del pueblo enemigo. 
Hahn, en compañía de su gerente de publicidad Helmut Schmitz, comenzó la búsqueda de la agencia de publicidad a la que encargaría de presentar el Volkswagen Sedán a los norteamericanos. De acuerdo con las  propias palabras de Hahn la búsqueda resultó muy decepcionante. Todas las grandes agencias presentaron campañas diseñadas para el automóvil alemán que dejaban mucho que desear. Fue entonces cuando decidieron buscar en agencias de publicidad más pequeñas, entre ellas DDB.
Formada diez años antes por tres hombres con ganas de cambiar la industria de la publicidad; Bill Bernbach, Ned Doyle y Maxwell Dane. Los dos primeros habían trabajado juntos en Grey y el tercero tenía una pequeña agencia de publicidad que desapareció cuando se asoció con Bernbach y Doyle. Su primer cliente fue una tienda departamental llamada Ohrbach’s. DDB se presentó ante los alemanes no con una propuesta de  campaña hecha para el sedán germano, sino con el portafolio de lo que habían hecho para sus clientes. Querían oir a los alemanes y a partir de eso desarrollar una campaña. Hahn y Schmitz con una buena impresión acerca del trabajo de DDB decidieron hacer de esta joven agencia la agencia de Volkswagen y no se equivocaron.


DDB preparó entonces la que es reconocida por muchos publicistas y mercadólogos como la mejor campaña de publicidad de todos los tiempos. Dos carteles para publicaciones impresas bastaron para que la gente hablara sobre el pequeño automóvil alemán y acerca de la campaña de publicidad con la que se daba a conocer. En todas las oficinas, fueran estas de publicidad o no, la campaña causó un gran impacto. La importancia fue tal que se construyeron exitosas carreras en el mundo de la publicidad, así como el desarrollo mundial de una, hasta ese momento modesta, agencia de publicidad y hasta libros se han escrito acerca de la campaña.
Los anuncios eran muy sencillos y si se fueran a publicar hoy por primera vez, poco o nada habría que modificarles. Las mentes creativas detrás de estos anuncios fueron el mismo Bill Bernbach quien los supervisó, el creativo Julian Koenig y el director de arte Helmut Krone.
El primero de los carteles muestra un Volkswagen sedan en la parte superior izquierda de la hoja. Todo el demás espacio está en blanco y como pie de página en el cuarto inferior de la hoja se lee el encabezado Think Small, (piensa en pequeño) contradiciendo toda la filosofía de un pueblo que tenía al mundo en sus manos después de haber ganado la II Guerra Mundial. Como en la mayoría de los anuncios de la época la frase iba a acompañada de un racional.
El texto ofrecía la serie de razones por las que el pequeño Sedán de VW debía ser tomado en serio y todas esas pequeñeces que lo convertían en la mejor elección del consumidor. Su pequeño consumo de gasolina y de aceite, el kilometraje que se obtenía por litro de gasolina, los reducidos costos de seguro de automóvil y el pequeño espacio que necesitaba para estacionarse.
El segundo anuncio era aun más atrevido y presentaba un Volkswagen Sedán del año en primer plano, abajo como titular se leía simplemente la palabra Lemon,  en inglés esta palabra se utiliza como sinónimo de un automóvil que da muchos problemas a su dueño, un automóvil con muchas fallas y que está a punto de volverse en chatarra.
Al pie de la palabra se explicaba que ese Volkswagen Sedán no había sido subido al barco para exportarlo a Estados Unidos por un diminuto rayón en la moldura de la guantera. Imperceptible tal vez para el comprador, pero no para el inspector de la calidad del auto. El texto detallaba cómo los 13,000 automóviles que se producían entonces en la planta de Wolfsburgo eran revisado a fondo por 3389 empleados y el hecho de que el vehículo aprobaba 189 puntos de supervisión daban al cliente la seguridad de que su auto se depreciaría menos que otras marcas y necesitaría menos mantenimiento.
El cartel terminaba diciendo: Nosotros eliminamos los limones y usted se queda con las cerezas.
Bill Bernach dijo alguna vez:  La lógica y analizar de más una idea, la pueden esterilizar y congelar. Esto es como el amor, entre más lo piensas, desaparecerá más rápido.
La campaña con su sentido del humor y lo novedoso sigue dando de qué hablar después de más de 50 años de haber sido publicada.
Tras el lanzamiento de la campaña Volkswagen comenzó a ser una marca conocida en los Estados Unidos y aunque las ventas de sus autos nunca superaron a las marcas locales, sí subieron de manera importante, 23% en el primer año, y para 1973 la producción mundial del Volkswagen Sedán llegó a más de 16 millones. Los vehículos de Volkswagen se volvieron símbolo de los años 60 y la contracultura en los Estados Unidos. La camioneta de Volkswagen, que nosotros conocemos como Combi aparece en muchas películas de la época como el transporte de los jóvenes.


En 1969 DDB llevó su estilo de publicidad a la televisión y creó comerciales memorables para la marca, como el que se llama Funeral y que también conocimos en la televisión mexicana de los años setenta en una versión doblada al español, en el que la voz de un millonario que va camino a ser enterrado va narrando las clausulas de su testamento y describiendo a familiares y amigos, a los cuales por despilfarrados no deja nada, hasta llegar a su sobrino que tras el cortejo de limusinas maneja un Volkswagen Sedán sin imaginar que él es el heredero de la toda la fortuna de su tío.
En 2009, para celebrar el cincuentenario de Think Small Volkswagen relanzó el cartel con un par de mínimos cambios, el Sedán sin una de las llantas y un asterisco con la dirección Internet promoviendo el sitio para refacciones originales.
Carl Hahn fue un exitoso directivo de Volkswagen. Fue Director General de Volkswagen de 1982 a 1993, actualmente tiene 87 años de edad. Helmut Schmitz en 1967 fue nombrado director creativo de DDB Düsseldorf, la primera oficina fuera de los Estados Unidos de la agencia de Publicidad. Bill Bernach murió el 2 de octubre de 1982 pero la agencia sigue siendo una de las más importantes del mundo.


Publicado el 11 de marzo de 2014 en thepoint.mx