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martes, 28 de agosto de 2018

El sueldo del Presidente, el sueldo de los mexicanos.



El hecho de que el Presidente Electo vaya a disminuir su sueldo en nada impacta en la vida diaria de los mexicanos.

Armando Enríquez Vázquez

Una de las promesas del Presidente Electo y que va en marcha a pesar de algunas voces de protesta, es la reducción de salarios de empleados federales de los niveles altos, incluido el presidente y que a pesar de querer involucrar a los miembros del poder judicial esto no va a ser posible y ya veremos que sucede con muchos miembros del poder legislativo.
Importante esta iniciativa, lo cierto es que está muy lejos de enfrentar de manera directa el problema y la afrenta real de millones de mexicanos. A la mayoría de los mexicanos que el Presidente Electo, los miembros de su gabinete y los altos mandos de las secretarias vayan, por orden del futuro Ejecutivo, a reducir sus ingresos nos es irrelevante. El verdadero problema es que durante más de cincuenta años la mayoría de los mexicanos hemos visto reducirse el poder adquisitivo de nuestro salario, bajo la mirada aprobatoria de los Poderes de la Unión en contubernio con los organismos empresariales.
Si el Presidente Electo piensa que el crear un tope salarial en la burocracia mexicana es un deber que ayudará a la transparencia y el bienestar del país esta bien. Yo creo que sucederá exactamente todo lo contrario; promoverá la salida de los mejores del gobierno, causando que mediocres y oscuros burócratas a ocupen puestos que les darán el poder para en una mayor corrupción. Pero, además, esa propuesta y esa discusión nada, absolutamente nada, tienen que ver con un poder adquisitivo que comience a cerrar las brechas entre los mexicanos en pobreza y las clases medias.
A un mayor poder adquisitivo, más posibilidades de desarrollo, menos hambre. La creación y empoderamiento de una clase media activa, proactiva, competitiva, creativa y propositiva sin duda impactará en un crecimiento mejor de México. A diferencia de la tendencia mundial de la reducción de horas de trabajo en busca de ciudadanos más felices, López Obrador propone el regreso a la jornada laboral de seis días, algo que muchas empresas, por ejemplo, en el ramo de los medios de comunicación tienen establecido bajo la mirada cómplice de la Secretaría del Trabajo que nada o poco ha hecho por los trabajadores de México, pero además sin compensar salarios por esas horas. En ese sentido pareciera que la idea de López Obrador es oficializar la explotación y por extensión la pobreza entre los mexicanos.
El PAN desde el cinismo de quien no supo gobernar y atacar estos temas en tiempos de Fox y Calderón, hoy insiste que desde su mini bancada legislativa promoverá lo que no se atrevió siendo gobierno; la desaparición de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y el apoyo a un aumento sustantivo del salario mínimo.
El Presidente Electo y los secretarios, desde mi punto de vista podrían ganar el triple de lo que propone Andrés Manuel y nadie pondría el grito en cielo, siempre y cuando el resto de los mexicanos viera sus ingresos aumentados y el gobierno sirviera como freno en los intereses mezquinos de empresarios y comerciantes, impidiendo las inflaciones que de manera mañosa y arbitraria imponen estos particulares tras cualquier alza por mínima que sea, anulando cualquier intento por revaluar el poder adquisitivo.
El bienestar y la igualdad tan cacareada por López Obrador debe pasar forzosamente por un mejor sueldo, un mayor poder adquisitivo para todos los mexicanos, de otra manera la llamada Cuarta Transformación será únicamente pan con lo mismo. La política de los partidos como PRI, PAN y PRD, crear bases, tribus o como vayan a llamarles los morenistas, basadas en el hambre y las necesidades más básicas de los grupos marginales que forman un enorme porcentaje de la población de mexicanos con el sólo propósito de asegurarse votantes y perpetuarse en el poder.
El gobierno debe, en ese sentido López Obrador tiene la razón, ser austero, sin embargo, esa austeridad no debe, ni puede ser impuesta al resto de los mexicanos, ni por decreto, ni por conveniencia, la democracia no tiene como objetivo privar a los ciudadanos de nada, si no todo lo contrario crear las condiciones ideales para que el ciudadano sea pleno gracias a sus decisiones y los medios para llevarlas a cabo sin la intervención del gobierno. Algo que espero le quede claro al Presidente Electo.

publicado en blureport.com.mx el 21 de agosto de 2018

lunes, 23 de abril de 2018

La hora del salario



Frente a los próximos debates es más que necesario poner sobre la mesa de discusión la cuestión olvidada oficialmente del salario mínimo.

Armando Enríquez Vázquez

Entre las propuestas de los candidatos a la presidencia, sólo Ricardo Anaya ha puesto el dedo en la llaga en cuanto a la necesidad de incrementar los salarios de los mexicanos.
El candidato del PRI José Antonio Meade se la ha pasado hablando de esos programas sociales clientelares que tanto gustan a los vacuos políticos priístas y que en nada han ayudado a lo largo de las décadas a crear un bienestar estable para los mexicanos.
El espejismo de programas como Solidaridad, Prospera y otros lejos de fortalecer a los sectores más desamparados de la sociedad han servido únicamente para acrecentar la brecha económica entre los diferentes sectores de la sociedad mexicana y como una de las formas más viles para promover la corrupción, al final hemos visto este sexenio como se manipulan fondos para financiar de manera ilegal las campañas políticas del partido en el poder.
En el otro extremo están las promesas demagógicas e idiotas de Andrés Manuel López Obrador como bajarse el sueldo a la mitad que es finalmente una decisión propia que a los mexicanos nos debe de importar poco, porque no aporta absolutamente nada a solucionar el problema real de las clases a las que dice representar y que se centra en la pérdida del valor adquisitivo del salario.
El sueldo de los trabajadores mexicanos se ha convertido en un asunto que rebasa ya las fronteras del país y tiene un papel clave en los puntos que tanto canadienses como norteamericanos han puesto sobre la mesa de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Parece que la hora de enfrentar un tema que durante décadas los gobiernos príistas y panistas han evadido, los primeros con sus patéticos pactos de solidaridad y productividad, esa alianza entre el gobierno y los empresarios para enriquecerse a costa de sacrificar al trabajador mexicano, los segundos por la simple comodidad de argumentar ser de derechas, finalmente está llegando, Sólo en su momento Miguel Ángel Mancera intentó tímidamente abanderar el tema durante el presente sexenio.
También es necesaria la desaparición de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos cuya función es nula y sólo aparece una vez año, cuando se anuncia los aumentos burla a los salarios mínimos. El salario mínimo en México es de $88.36 MN lo que en dólares equivale 4.89 dólares norteamericanos y a 6.15 dólares canadienses.
Los salarios mínimos en los países socios del TLCAN son de 7.25 dólares en Estados Unidos, mientras que Canadá el salario en promedio, porque varía dependiendo de la provincia, se encuentra por encima de los 11.50 dólares. Claro hay que aclarar que mientras en nuestro país este sueldo se refiere a la jornada laboral de 8 horas en Canadá y Estados Unidos este salario es por hora, esta diferencia en las percepciones de los trabajadores de América del Norte es una de las acciones que vuelve atractivo a nuestro país para la inversión extranjera, pero también es uno de los factores que Trump utiliza para denostar al tratado y acusar a México de oportunista. La molestia de Canadá y Estados Unidos es más que lógica. Al interior del territorio nacional este mini salario es una de las causas principales de la desigualdad social y de la creciente brecha económica que imperan en nuestro país.
Las trapacerías de ciertos empresarios mexicanos, Secretaría del Trabajo y gobierno federal quedan manifiestas, siempre avaladas por los otros dos poderes de la nación. Ni los legisladores y mucho menos los jueces están dispuestos a trabajar en aras de obreros, campesinos y empleados, aunque presuman ser parte de un gobierno emanado de una revolución que nunca concluyó.
Quien quiera gobernar a México debe afrontar el tema de manera directa no con la palabrería estéril de José Antonio Meade, ni con los tapados de ojos al gato de Andrés Manuel. Sí este es uno de los temas claves planteado por nuestros socios comerciales para poder avanzar en las negociaciones de TLCAN, así como de suma importancia y justicia social para los trabajadores mexicanos, es necesario que este presente en el debate de los candidatos presidenciales y en su agenda diaria.
Por extensión debe ponerse sobre la mesa la desaparición de la CONASAMI que de nada o poco sirve y dejarla como un despacho de la Secretaría del Trabajo que es otro de los elefantes blancos del gobierno federal, una Secretaría incapaz de elaborar propuestas laborales inteligentes y que promuevan justicia y equidad en cuestiones de la materia para que el legislativo genere leyes. Claro que eso sólo sucede en países donde los legisladores son ciudadanos iguales a los que los eligen y no estos diputados y senadores que en materia de salario reciben lo que resulta una afrenta para los mexicanos, sin contar todas las canonjías y transas que desde curules y escaños ejercen sabiéndose protegidos por un fuero que los pone por encima del ciudadano común y corriente.
Esta es ya la cuarta campaña en la historia de México moderno en la que se vislumbra la existencia de una débil e imperfecta especie de democracia y es muy posible que el PRI pierda de nueva cuenta la presidencia, por eso muchos mexicanos exigimos temas reales en el debate y las agendas de los candidatos. No sólo la palabrería demagógica de siempre, las estupideces de programas del gobierno que encubren las transas de los gobernantes como ha quedado de manifiesto este sexenio en el que el partido en el poder se ha robado todo el dinero de los mexicanos y dejará en diciembre una deuda que no vemos desde tiempos de Carlos Salinas de Gortari, algo típico del PRI. Necesitamos estrategias y planes sobre puntos específicos si queremos ver un desarrollo de México que sea digno y prometedor para los habitantes del país.


publicado en blureport.com.mx el 16 de abril de 2018

jueves, 31 de agosto de 2017

Salarios y jornadas laborales.



El empleo y la remuneración digna son un tema que ha sido apartado de la agenda nacional tanto por los partidos políticos, como por los voraces empresarios de nuestro país.


Armando Enríquez Vázquez

Este es un sexenio de verdades a medias. Es el sexenio donde más empleos se han creado, es cierto, pero la calidad de estos empleos es ínfima y México es el país con los peores salarios de toda Latinoamérica democrática. Las excepciones son los regímenes totalitarios de Cuba y Venezuela. Valiente consuelo.
México entró a renegociar el Tratado de Libre Comercio con la clara declaración, por parte del secretario de economía, Ildefonso Guajardo, de que los salarios en México no formaban parte de la negociación. Por más de cincuenta años los salarios no han sido parte de la agenda de los gobiernos del PRI, ni del PAN. Curiosamente el único que ha enarbolado el tema en los últimos seis años ha sido el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y escribo curiosamente porque en la CDMX (Marca Registrada) al igual que en el resto de la República el mayor número de empleos creados a lo largo del gobierno de Miguel Ángel Mancera han sido de la peor calidad. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Carlos Castañón, en una reciente entrevista radiofónica argumentó en contra del aumento al salario mínimo utilizando las mismas falacias que desde su fundación ha empleado este grupo para atacar a los trabajadores mexicanos y defender sus enormes ganancias.
El empleo y la remuneración digna son un tema que ha sido apartado de la agenda nacional tanto por los partidos políticos, como por los voraces empresarios de nuestro país. El poder adquisitivo del peso se ha pulverizado a lo largo de décadas de anuales y ridículas alzas al salario mínimo. En base a ese jornal de hambre se tasan el resto de los salarios en el país. El resultado es que su poder adquisitivo va a la baja, lo que impide a la población mantener en niveles adecuados de bienestar, algo que sin duda beneficia a los partidos políticos y en especial al PRI, que gracias a esta explotación de los mexicanos encuentra tierra fértil para sus tarjetas de Soriana, Rosa, y todos los chanchuyos que lleva a cabo en tiempos de campañas electorales.
Los sueldos en México son tan bajos, que un gran número de mexicanos ejercen dos o hasta tres actividades, no porque les guste trabajar, sino porque necesitan sacar a sus familias y a si mismos adelante en un país donde el presidente, el secretario de comunicaciones y transportes y el gobernador del Estado de México dan carta ancha a trasnacionales como OHL para subir los precios de las vías rápidas de comunicación, cuando ellos quieran y en el porcentaje que les dé la gana, sin que ninguno de los funcionarios mencionados tenga la vergüenza de explicar a la ciudadanía estas arbitrariedades. Es más aun nadie nos ha explicado sí se juzgó o detuvo a los familiares de los políticos priístas que se dedicaban a esclavizar a los pizcadores de fresas en Baja California.
Hace poco, el posible aspirante a la jefatura de gobierno de la CDMX y secretario de desarrollo económicos de la ciudad, Salomón Chertorivski, solicitó la desaparición Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), creada el 21 de noviembre de 1962, esta comisión tiene casi 55 de no servir absolutamente de nada a los mexicanos y si a las “concertacesiones” entre PRI y empresarios para aniquilar el poder adquisitivo justo de la población.  Tan es intrascendente esta comisión que su titular Basilio González Núñez, es presidente de la misma desde 1991, o sea que es un legado de la administración de Carlos Salinas de Gortari que se ha traspapelado a Priístas y Panistas a lo largo de más de 25 años. Nadie le ve valor político alguno al puesto y nadie parece haberlo reclamado como premio a su apoyo a algunos de los candidatos que resultaron presidentes.
Junto con la CONASAMI, los legisladores deberían revisar la existencia de la Secretaría del Trabajo que en los últimos años se ha hecho de la vista gorda ante el aumento en horas de las jornadas laborales en nuestro país a diferencia de las tendencias mundiales, donde las jornadas laborales se están reduciendo y cada vez se ponen sobre la mesa ideas más radicales al respecto. La existencia de la Secretaría del Trabajo sólo es una excusa para crear una mayor burocracia y menor productividad al interior del Estado en nuestro país.
 Hace ya algunos años el empresario Carlos Slim puso sobre la mesa la idea de crear una jornada laboral de 3 días, pensando en que los trabajadores podían tener dos trabajos a la semana y así ganar mejores sueldos en una economía en la que el gobierno se encarga hacer menos productivos los negocios y menos interesantes los salarios. En la que los empresarios continúan con la idea de explotar al trabajador con largas jornadas laborales, pésimos salarios y ganancias estratosféricas por productos en su mayor parte mediocres o peligrosos para los mexicanos como refrescos y alimentos chatarra que tienen una inferencia directa en la crisis de salud que sufre México hoy. La discusión por la reducción de jornadas laborales se está dando hoy en países del primer mundo y tiene en mente también el que los empresarios frente a la tecnología no tengan que reducir sus plantillas de trabajadores y crear un problema social de proporciones catastróficas en las sociedades modernas. Finlandia mantiene un programa piloto para mantener una pensión que permita mantener un estándar de vida a trabajadores que han sido desplazados por la tecnología. Lo que es claro es que en México gobernantes y empresarios mantienen una actitud cobarde y mezquina tratando de tapar el sol con un dedo.
Las jornadas laborales junto con los salarios mínimos deben ser revisadas y en caso de ser necesario modificadas, en un país de verdades a medias, nadie está contando historias que importan contar como es la de la explotación laboral que, amparada por las autoridades locales y federales, sobretodo, afectan a los mexicanos el día de hoy. El mismo gobierno de la CDMX (Marca Registrada) explota a trabajadores como podemos ver hoy en el paso a desnivel de Río Mixcoac e Insurgentes, para construir y destruir una y otra vez una obra que en esencia debería estar ya concluida pero no es así.
Lo que es peor nadie a nivel nacional, local o las mismas autoridades escolares están previniendo a los jóvenes de lo que se espera en la evolución del mercado laboral, la robotización y mecanización de miles de puestos de trabajo. México es un país de verdades a medias porque la reforma educativa no prevé atacar estos problemas y retos que no están tan lejanos. Si hay o no Tratado de Libre Comercio, este es un buen momento antes de las elecciones, de obligar a los gobernantes a poner sobre la mesa los temas de los salarios y las jornadas laborales porque a pesar de ya conocemos la falta de propuestas del PRI y PAN, me gustaría conocer la postura López Obrador al respecto y la de partidos como Movimiento Ciudadano que ha sido el más propositivo en otras cuestiones a lo largo de este sexenio.