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martes, 28 de agosto de 2018

El sueldo del Presidente, el sueldo de los mexicanos.



El hecho de que el Presidente Electo vaya a disminuir su sueldo en nada impacta en la vida diaria de los mexicanos.

Armando Enríquez Vázquez

Una de las promesas del Presidente Electo y que va en marcha a pesar de algunas voces de protesta, es la reducción de salarios de empleados federales de los niveles altos, incluido el presidente y que a pesar de querer involucrar a los miembros del poder judicial esto no va a ser posible y ya veremos que sucede con muchos miembros del poder legislativo.
Importante esta iniciativa, lo cierto es que está muy lejos de enfrentar de manera directa el problema y la afrenta real de millones de mexicanos. A la mayoría de los mexicanos que el Presidente Electo, los miembros de su gabinete y los altos mandos de las secretarias vayan, por orden del futuro Ejecutivo, a reducir sus ingresos nos es irrelevante. El verdadero problema es que durante más de cincuenta años la mayoría de los mexicanos hemos visto reducirse el poder adquisitivo de nuestro salario, bajo la mirada aprobatoria de los Poderes de la Unión en contubernio con los organismos empresariales.
Si el Presidente Electo piensa que el crear un tope salarial en la burocracia mexicana es un deber que ayudará a la transparencia y el bienestar del país esta bien. Yo creo que sucederá exactamente todo lo contrario; promoverá la salida de los mejores del gobierno, causando que mediocres y oscuros burócratas a ocupen puestos que les darán el poder para en una mayor corrupción. Pero, además, esa propuesta y esa discusión nada, absolutamente nada, tienen que ver con un poder adquisitivo que comience a cerrar las brechas entre los mexicanos en pobreza y las clases medias.
A un mayor poder adquisitivo, más posibilidades de desarrollo, menos hambre. La creación y empoderamiento de una clase media activa, proactiva, competitiva, creativa y propositiva sin duda impactará en un crecimiento mejor de México. A diferencia de la tendencia mundial de la reducción de horas de trabajo en busca de ciudadanos más felices, López Obrador propone el regreso a la jornada laboral de seis días, algo que muchas empresas, por ejemplo, en el ramo de los medios de comunicación tienen establecido bajo la mirada cómplice de la Secretaría del Trabajo que nada o poco ha hecho por los trabajadores de México, pero además sin compensar salarios por esas horas. En ese sentido pareciera que la idea de López Obrador es oficializar la explotación y por extensión la pobreza entre los mexicanos.
El PAN desde el cinismo de quien no supo gobernar y atacar estos temas en tiempos de Fox y Calderón, hoy insiste que desde su mini bancada legislativa promoverá lo que no se atrevió siendo gobierno; la desaparición de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y el apoyo a un aumento sustantivo del salario mínimo.
El Presidente Electo y los secretarios, desde mi punto de vista podrían ganar el triple de lo que propone Andrés Manuel y nadie pondría el grito en cielo, siempre y cuando el resto de los mexicanos viera sus ingresos aumentados y el gobierno sirviera como freno en los intereses mezquinos de empresarios y comerciantes, impidiendo las inflaciones que de manera mañosa y arbitraria imponen estos particulares tras cualquier alza por mínima que sea, anulando cualquier intento por revaluar el poder adquisitivo.
El bienestar y la igualdad tan cacareada por López Obrador debe pasar forzosamente por un mejor sueldo, un mayor poder adquisitivo para todos los mexicanos, de otra manera la llamada Cuarta Transformación será únicamente pan con lo mismo. La política de los partidos como PRI, PAN y PRD, crear bases, tribus o como vayan a llamarles los morenistas, basadas en el hambre y las necesidades más básicas de los grupos marginales que forman un enorme porcentaje de la población de mexicanos con el sólo propósito de asegurarse votantes y perpetuarse en el poder.
El gobierno debe, en ese sentido López Obrador tiene la razón, ser austero, sin embargo, esa austeridad no debe, ni puede ser impuesta al resto de los mexicanos, ni por decreto, ni por conveniencia, la democracia no tiene como objetivo privar a los ciudadanos de nada, si no todo lo contrario crear las condiciones ideales para que el ciudadano sea pleno gracias a sus decisiones y los medios para llevarlas a cabo sin la intervención del gobierno. Algo que espero le quede claro al Presidente Electo.

publicado en blureport.com.mx el 21 de agosto de 2018

lunes, 23 de abril de 2018

La hora del salario



Frente a los próximos debates es más que necesario poner sobre la mesa de discusión la cuestión olvidada oficialmente del salario mínimo.

Armando Enríquez Vázquez

Entre las propuestas de los candidatos a la presidencia, sólo Ricardo Anaya ha puesto el dedo en la llaga en cuanto a la necesidad de incrementar los salarios de los mexicanos.
El candidato del PRI José Antonio Meade se la ha pasado hablando de esos programas sociales clientelares que tanto gustan a los vacuos políticos priístas y que en nada han ayudado a lo largo de las décadas a crear un bienestar estable para los mexicanos.
El espejismo de programas como Solidaridad, Prospera y otros lejos de fortalecer a los sectores más desamparados de la sociedad han servido únicamente para acrecentar la brecha económica entre los diferentes sectores de la sociedad mexicana y como una de las formas más viles para promover la corrupción, al final hemos visto este sexenio como se manipulan fondos para financiar de manera ilegal las campañas políticas del partido en el poder.
En el otro extremo están las promesas demagógicas e idiotas de Andrés Manuel López Obrador como bajarse el sueldo a la mitad que es finalmente una decisión propia que a los mexicanos nos debe de importar poco, porque no aporta absolutamente nada a solucionar el problema real de las clases a las que dice representar y que se centra en la pérdida del valor adquisitivo del salario.
El sueldo de los trabajadores mexicanos se ha convertido en un asunto que rebasa ya las fronteras del país y tiene un papel clave en los puntos que tanto canadienses como norteamericanos han puesto sobre la mesa de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Parece que la hora de enfrentar un tema que durante décadas los gobiernos príistas y panistas han evadido, los primeros con sus patéticos pactos de solidaridad y productividad, esa alianza entre el gobierno y los empresarios para enriquecerse a costa de sacrificar al trabajador mexicano, los segundos por la simple comodidad de argumentar ser de derechas, finalmente está llegando, Sólo en su momento Miguel Ángel Mancera intentó tímidamente abanderar el tema durante el presente sexenio.
También es necesaria la desaparición de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos cuya función es nula y sólo aparece una vez año, cuando se anuncia los aumentos burla a los salarios mínimos. El salario mínimo en México es de $88.36 MN lo que en dólares equivale 4.89 dólares norteamericanos y a 6.15 dólares canadienses.
Los salarios mínimos en los países socios del TLCAN son de 7.25 dólares en Estados Unidos, mientras que Canadá el salario en promedio, porque varía dependiendo de la provincia, se encuentra por encima de los 11.50 dólares. Claro hay que aclarar que mientras en nuestro país este sueldo se refiere a la jornada laboral de 8 horas en Canadá y Estados Unidos este salario es por hora, esta diferencia en las percepciones de los trabajadores de América del Norte es una de las acciones que vuelve atractivo a nuestro país para la inversión extranjera, pero también es uno de los factores que Trump utiliza para denostar al tratado y acusar a México de oportunista. La molestia de Canadá y Estados Unidos es más que lógica. Al interior del territorio nacional este mini salario es una de las causas principales de la desigualdad social y de la creciente brecha económica que imperan en nuestro país.
Las trapacerías de ciertos empresarios mexicanos, Secretaría del Trabajo y gobierno federal quedan manifiestas, siempre avaladas por los otros dos poderes de la nación. Ni los legisladores y mucho menos los jueces están dispuestos a trabajar en aras de obreros, campesinos y empleados, aunque presuman ser parte de un gobierno emanado de una revolución que nunca concluyó.
Quien quiera gobernar a México debe afrontar el tema de manera directa no con la palabrería estéril de José Antonio Meade, ni con los tapados de ojos al gato de Andrés Manuel. Sí este es uno de los temas claves planteado por nuestros socios comerciales para poder avanzar en las negociaciones de TLCAN, así como de suma importancia y justicia social para los trabajadores mexicanos, es necesario que este presente en el debate de los candidatos presidenciales y en su agenda diaria.
Por extensión debe ponerse sobre la mesa la desaparición de la CONASAMI que de nada o poco sirve y dejarla como un despacho de la Secretaría del Trabajo que es otro de los elefantes blancos del gobierno federal, una Secretaría incapaz de elaborar propuestas laborales inteligentes y que promuevan justicia y equidad en cuestiones de la materia para que el legislativo genere leyes. Claro que eso sólo sucede en países donde los legisladores son ciudadanos iguales a los que los eligen y no estos diputados y senadores que en materia de salario reciben lo que resulta una afrenta para los mexicanos, sin contar todas las canonjías y transas que desde curules y escaños ejercen sabiéndose protegidos por un fuero que los pone por encima del ciudadano común y corriente.
Esta es ya la cuarta campaña en la historia de México moderno en la que se vislumbra la existencia de una débil e imperfecta especie de democracia y es muy posible que el PRI pierda de nueva cuenta la presidencia, por eso muchos mexicanos exigimos temas reales en el debate y las agendas de los candidatos. No sólo la palabrería demagógica de siempre, las estupideces de programas del gobierno que encubren las transas de los gobernantes como ha quedado de manifiesto este sexenio en el que el partido en el poder se ha robado todo el dinero de los mexicanos y dejará en diciembre una deuda que no vemos desde tiempos de Carlos Salinas de Gortari, algo típico del PRI. Necesitamos estrategias y planes sobre puntos específicos si queremos ver un desarrollo de México que sea digno y prometedor para los habitantes del país.


publicado en blureport.com.mx el 16 de abril de 2018

jueves, 31 de agosto de 2017

Salarios y jornadas laborales.



El empleo y la remuneración digna son un tema que ha sido apartado de la agenda nacional tanto por los partidos políticos, como por los voraces empresarios de nuestro país.


Armando Enríquez Vázquez

Este es un sexenio de verdades a medias. Es el sexenio donde más empleos se han creado, es cierto, pero la calidad de estos empleos es ínfima y México es el país con los peores salarios de toda Latinoamérica democrática. Las excepciones son los regímenes totalitarios de Cuba y Venezuela. Valiente consuelo.
México entró a renegociar el Tratado de Libre Comercio con la clara declaración, por parte del secretario de economía, Ildefonso Guajardo, de que los salarios en México no formaban parte de la negociación. Por más de cincuenta años los salarios no han sido parte de la agenda de los gobiernos del PRI, ni del PAN. Curiosamente el único que ha enarbolado el tema en los últimos seis años ha sido el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y escribo curiosamente porque en la CDMX (Marca Registrada) al igual que en el resto de la República el mayor número de empleos creados a lo largo del gobierno de Miguel Ángel Mancera han sido de la peor calidad. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Carlos Castañón, en una reciente entrevista radiofónica argumentó en contra del aumento al salario mínimo utilizando las mismas falacias que desde su fundación ha empleado este grupo para atacar a los trabajadores mexicanos y defender sus enormes ganancias.
El empleo y la remuneración digna son un tema que ha sido apartado de la agenda nacional tanto por los partidos políticos, como por los voraces empresarios de nuestro país. El poder adquisitivo del peso se ha pulverizado a lo largo de décadas de anuales y ridículas alzas al salario mínimo. En base a ese jornal de hambre se tasan el resto de los salarios en el país. El resultado es que su poder adquisitivo va a la baja, lo que impide a la población mantener en niveles adecuados de bienestar, algo que sin duda beneficia a los partidos políticos y en especial al PRI, que gracias a esta explotación de los mexicanos encuentra tierra fértil para sus tarjetas de Soriana, Rosa, y todos los chanchuyos que lleva a cabo en tiempos de campañas electorales.
Los sueldos en México son tan bajos, que un gran número de mexicanos ejercen dos o hasta tres actividades, no porque les guste trabajar, sino porque necesitan sacar a sus familias y a si mismos adelante en un país donde el presidente, el secretario de comunicaciones y transportes y el gobernador del Estado de México dan carta ancha a trasnacionales como OHL para subir los precios de las vías rápidas de comunicación, cuando ellos quieran y en el porcentaje que les dé la gana, sin que ninguno de los funcionarios mencionados tenga la vergüenza de explicar a la ciudadanía estas arbitrariedades. Es más aun nadie nos ha explicado sí se juzgó o detuvo a los familiares de los políticos priístas que se dedicaban a esclavizar a los pizcadores de fresas en Baja California.
Hace poco, el posible aspirante a la jefatura de gobierno de la CDMX y secretario de desarrollo económicos de la ciudad, Salomón Chertorivski, solicitó la desaparición Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), creada el 21 de noviembre de 1962, esta comisión tiene casi 55 de no servir absolutamente de nada a los mexicanos y si a las “concertacesiones” entre PRI y empresarios para aniquilar el poder adquisitivo justo de la población.  Tan es intrascendente esta comisión que su titular Basilio González Núñez, es presidente de la misma desde 1991, o sea que es un legado de la administración de Carlos Salinas de Gortari que se ha traspapelado a Priístas y Panistas a lo largo de más de 25 años. Nadie le ve valor político alguno al puesto y nadie parece haberlo reclamado como premio a su apoyo a algunos de los candidatos que resultaron presidentes.
Junto con la CONASAMI, los legisladores deberían revisar la existencia de la Secretaría del Trabajo que en los últimos años se ha hecho de la vista gorda ante el aumento en horas de las jornadas laborales en nuestro país a diferencia de las tendencias mundiales, donde las jornadas laborales se están reduciendo y cada vez se ponen sobre la mesa ideas más radicales al respecto. La existencia de la Secretaría del Trabajo sólo es una excusa para crear una mayor burocracia y menor productividad al interior del Estado en nuestro país.
 Hace ya algunos años el empresario Carlos Slim puso sobre la mesa la idea de crear una jornada laboral de 3 días, pensando en que los trabajadores podían tener dos trabajos a la semana y así ganar mejores sueldos en una economía en la que el gobierno se encarga hacer menos productivos los negocios y menos interesantes los salarios. En la que los empresarios continúan con la idea de explotar al trabajador con largas jornadas laborales, pésimos salarios y ganancias estratosféricas por productos en su mayor parte mediocres o peligrosos para los mexicanos como refrescos y alimentos chatarra que tienen una inferencia directa en la crisis de salud que sufre México hoy. La discusión por la reducción de jornadas laborales se está dando hoy en países del primer mundo y tiene en mente también el que los empresarios frente a la tecnología no tengan que reducir sus plantillas de trabajadores y crear un problema social de proporciones catastróficas en las sociedades modernas. Finlandia mantiene un programa piloto para mantener una pensión que permita mantener un estándar de vida a trabajadores que han sido desplazados por la tecnología. Lo que es claro es que en México gobernantes y empresarios mantienen una actitud cobarde y mezquina tratando de tapar el sol con un dedo.
Las jornadas laborales junto con los salarios mínimos deben ser revisadas y en caso de ser necesario modificadas, en un país de verdades a medias, nadie está contando historias que importan contar como es la de la explotación laboral que, amparada por las autoridades locales y federales, sobretodo, afectan a los mexicanos el día de hoy. El mismo gobierno de la CDMX (Marca Registrada) explota a trabajadores como podemos ver hoy en el paso a desnivel de Río Mixcoac e Insurgentes, para construir y destruir una y otra vez una obra que en esencia debería estar ya concluida pero no es así.
Lo que es peor nadie a nivel nacional, local o las mismas autoridades escolares están previniendo a los jóvenes de lo que se espera en la evolución del mercado laboral, la robotización y mecanización de miles de puestos de trabajo. México es un país de verdades a medias porque la reforma educativa no prevé atacar estos problemas y retos que no están tan lejanos. Si hay o no Tratado de Libre Comercio, este es un buen momento antes de las elecciones, de obligar a los gobernantes a poner sobre la mesa los temas de los salarios y las jornadas laborales porque a pesar de ya conocemos la falta de propuestas del PRI y PAN, me gustaría conocer la postura López Obrador al respecto y la de partidos como Movimiento Ciudadano que ha sido el más propositivo en otras cuestiones a lo largo de este sexenio.


jueves, 23 de febrero de 2017

Salario mínimo y un pésimo gobierno.



Miguel Ángel Mancera, habló de la necesidad de aumentar el salario mínimo a por los menos $80.00 pesos diarios, si pienso en los cínicos diputados, senadores el salario mínimo debería aumentar a por lo menos ciento cincuenta pesos diarios.

Armando Enríquez Vázquez

No necesitábamos que nos lo dijera el dato el INEGI, para saber que una medida como el alza de los combustibles, la energía eléctrica y el gas provocaría un alza en la inflación del país.
Cómo tampoco necesitamos ser genios para saber que con la inflación en lo que va en los dos primeros meses del año ha quedado anulado el miserable incremento acordado por el gobierno federal y los empresarios al salario mínimo de los trabajadores del país.
Es cierto, que no todos los mexicanos ganan el salario mínimo, sin embargo, de acuerdo con la UNAM es más del 60% de los mexicanos, cierto también es que este sirve de referencia para el aumento de sueldos en los niveles superiores inmediatos y por lo tanto influye en las percepciones de un gran número de mexicanos.
La indiferencia del gobierno federal o de los gobiernos locales ante este hecho es solo una muestra más que la idea del bienestar nacional es lo que menos tienen en mente los políticos de la partidocracia nacional.
Hace ya algunos años que el Jefe de Gobierno de la CDMX (Marca Registrada), Miguel Ángel Mancera, habló de la necesidad de aumentar el salario mínimo a por los menos $80.00 pesos diarios, si pienso en los cínicos diputados, senadores y el consejero del INE Benito Nacif que se han manifestado en contra de la reducción de sus salarios y bonos porque como dijo el patético Javier Lozano del PAN, tendría entonces que salir a robar, que es lo que ha estado haciendo desde hace mucho tiempo, el salario mínimo debería aumentar a por lo menos ciento cincuenta o doscientos pesos diarios.
Los economistas, los políticos, los empresarios, pondrían el grito en el cielo y alertarían a la población con sus aliados en los medios de comunicación de los peligros que una medida así traería a la economía; Inflación desmedida y el peligro de la inestabilidad social serían las primeras estupideces que argumentarían. La verdad es que sería todo lo contrario si el gobierno por una vez gobernara y obligara a los empresarios a ser ellos los que en un principio y por primera vez se apretaran el cinturón. Y digo en un principio, porque a mayor dinero en la calle la economía interna tendría que crecer y se venderían un mayor número de bienes de todo tipo.
No es un asunto, como lo ha hecho el PRI en tantas ocasiones, de hacer billetes por hacerlos, lo que sabemos muy bien en lo que acaba y a quien enriquece, si no evaluar las posibilidades reales del monto de un aumento real del salario mínimo.
Desde la llegada de los tecnócratas a la presidencia de la República a finales del siglo pasado, los mejores pretextos para joder a los mexicanos han sido la macroeconomía y las situaciones internacionales. A partir de estas mentiras y de la alianza con el FMI y el Banco Mundial, en México es salario y en específico el llamado salario mínimo ha perdido su valor adquisitivo de manera sensible, incluso es uno de los generadores de pobreza en el país. De acuerdo con estudios de la UNAM en 25 años el salario mínimo ha perdido más del 70% de poder adquisitivo, al menos hasta 2013.
Sin embargo, las percepciones de legisladores, magistrados, funcionarios y demás burócratas que no tienen oficio, ni beneficio como los consejeros del INE, del IFT o del INAI alcanzaron niveles que resultan ofensivos para los mexicanos trabajadores.
Lo que es peor las cantidades multimillonarias que han sido robadas con impunidad por los ex gobernadores del PRI, del PAN, del PRD y servidores que hoy trabajan en ese adefesio llamado Morena, son ejemplo de que el dinero se puede utilizar en rubros que tienen que ver con las obligaciones de gobierno, pero estos sinvergüenzas que gobiernan prefieren guardar ese dinero en sus bolsillos y los de sus familiares y prestanombres. Ninguna autoridad judicial habrá de perseguirlos y el primero en aprobar este comportamiento es el jefe del estado mexicano Enrique Peña Nieto.
El caso más escandaloso, después de los gobernadores y la impunidad de la que gozan, son las cantidades de dinero que reciben los partidos políticos del erario público mientras por otro lado extienden las manos para recibir dinero de empresarios, incluyendo al desfachatado mesías tropical quien en su bipolaridad hoy sabemos que está aliado a grupos cercanos a Carlos Salinas de Gortari, a Televisa, a Slim y a todo aquel que quiera embarrarle la mano al corrupto y cínico tabasqueño. Que en su bipolaridad ha pasado de acusar al PRIAN, apoyar a Peña Nieto y después acusar sin pruebas reales a la marina de una masacre en Nayarit el fin de semana pasado con la caída del H2.
A lo largo de este siglo y sobretodo en el actual sexenio la incapacidad para brindar bienestar a los mexicanos, para brindar seguridad, para hacer de México un país próspero es clara. Existen casos en que la reactivación del consumo interno de un país se logra a partir de aumentar los salarios y congelar los precios. Algo que parece una herejía a los economistas simplones, medios de comunicación y gobernantes empecinados en ayudar a un crecimiento del sector empresarial basado en la avaricia y la usura de grupos bancarios y establecimientos que cada día ofertan créditos de altos réditos por cualquier producto o servicio.
No hace falta ser economista para entender la ley de la oferta y la demanda, como tampoco hace falta serlo para entender que a un mayor flujo de dinero en las calles, un mayor número de transacciones mercantiles, con más satisfactores cubiertos la población es más feliz, más proactiva, pero claro eso a los gobiernos de nuestra partidocracia ni les interesa, ni les conviene, desde López Obrador hasta Peña Nieto entre más puedan hacerle sentir a los mexicanos que su regalo-dadiva es un logro de la democracia, trátese de una tarjeta con dinero o del permiso para ir a saquear tiendas, es suficiente. Entre más ignorante y más hambreado el pueblo para estos corruptos mejor.
El mal gobierno y la falta de responsabilidad por parte de funcionarios y gobernantes van de la mano de la pésima calidad de vida de más del 60% de los mexicanos. Peña Nieto de manera consciente se niega a dar a los mexicanos una mejor calidad de vida, se empeña en hundir al país a fuerza de golpes como la destrucción de PEMEX, una serie de reformas fallidas incluida la educativa donde su secretario sólo atinó a terminar doblando las manos ante la CNTE, una serie de reformas encaminadas a enriquecerlo a él y a sus secretarios de una manera que resulta vergonzante. Una política interna en la que sólo piensa que él merece más dinero juntos con Javier Lozano, la diputada Susana Corella Platt y el desvergonzado consejero del INE Benito Nacif, entre muchos otros, que deberían poner ese sueldo en manos de una familia mexicana clase media baja para ver que alcanza para vivir y sobra para un par de meses más. Todo siempre a costa del sufrimiento de menos afortunados, siempre utilizando el salario de los desposeídos, como diría López Portillo, como una palanca más para ejercer su autoridad y su tiranía.
Ya es hora de decir no a una partidocracia que sólo ve por ella y por sus miembros. Es hora de decir si a México.

publicado en blureport.com.mx el 15 de febrero de 2017

sábado, 24 de octubre de 2015

Salarios, esclavitud y las responsabilidades.



La semana pasada la OCDE reconoció las desigualdades existentes entre el Norte y el Sur del país y calificó de mediocre las estrategias del gobierno para combatir la pobreza.

Armando Enríquez Vázquez.

En México no basta con unificar el salario mínimo en todo el país. Este hecho es simple y llana demagogia de un gobierno que hace un año respondió de manera agresiva e intransigente en contra de la propuesta del jefe de gobierno de la Ciudad de México ante el llamado a hacer un incremento sustantivo al salario mínimo en nuestro país. Sobra decir que los voraces empresarios del país secundaron al Secretario del Trabajo y otros funcionarios que sin siquiera meditar sobre el tema descalificaron a Miguel Ángel Mancera.
El actual salario mínimo en México es un magro estipendio que en los últimos 25 años ha visto su poder adquisitivo disminuido en más de un 75%. Cuando el gobierno presentó este último proyectos de presupuesto federal al que llama base cero y con el cual según el presidente, el gobierno será el afectado por primera vez en los últimos sexenios y no los ciudadanos, no se nos ha explicado de cuanto se prevé que sea el aumento del salario mínimo. Porque una cosa es clara; sí, como anualmente este aumento va a ser calculado en base a la inflación, una vez más el perdedor es el pueblo, ese que a pesar de los programas sociales del gobierno ha visto crecer el número de pobres en este sexenio en más de dos millones de mexicanos. Un gobierno en pleno siglo XXI que no tiene empacho en promover y cobijar la esclavitud como la que quedó al descubierto en San Quintín, Baja California en abril de este año, caso que un principio causo desdén y represión por parte del gobernador panista de la entidad y de Alfonso Navarrete Prida secretario del trabajo y previsión social de la federación. Un gobierno más preocupado por vender la imagen al exterior que en el bienestar y la seguridad de los ciudadanos. Por que la verdad ya chole con la cantaleta de los recibos del teléfono y la luz, cuando ha diario desaparecen hombres y mujeres de sus hogares y su fotos promovidas por las secretaria de gobernación están en estaciones del metro, en el metrobús y en los canales de televisión y estaciones de radio, como si eso los fuera a regresar a sus casas. Por que ya chole con las reformas cuando por otro lado se permite la fuga de reos y no me refiero al Chapo, sino a Caro Quintero y otros que bajo el cobijo de las leyes y los gobiernos se fugan “de manera legal” de las cárceles del país.
La semana pasada la OCDE reconoció las desigualdades existentes entre el Norte y el Sur del país y calificó de mediocre las estrategias del gobierno para combatir la pobreza. La organización dejó esto en claro al presentar su informe Midiendo el bienestar en los estados mexicanos. La OCDE apunta que además del combate a la pobreza, el dar una mejor educación otro de los objetivos del gobierno debe ser la creación de empleos de calidad.
Las intenciones del gobierno al crear zonas especiales para la inversión y el desarrollo sólo muestra que el federalismo que tanto promueve el sistema político mexicano no existe. No se puede a partir del centralismo de siempre, donde los caprichos, contubernios y transas del presidente y los funcionarios federales ordenan donde se ha de invertir como un simple designio que nadie puede cuestionar hacer que el país crezca. El sureste de México es pobre y marginado porque así lo han decidido sus gobernantes al privilegiar la corrupción y las dádivas, y así lo han permitido sus habitantes por conveniencia o ignorancia.
En un sexenio donde a pesar de los razones estúpidas argumentadas por los líderes empresariales como Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, un verdadero sofista, en contra de un aumento digno al salario mínimo, creo que ha llegado el momento de que sean los empresarios los que hagan el sacrificio que la nación y sus conciudadanos requieren de ellos para que todos ganemos y tengamos una patria de justicia y sin pobreza. Me queda muy claro que una empresa o un negocio necesitan obtener ganancias para el dueño, pero no de la forma en que se hace hoy en día donde muchas veces el trabajador es tratado como simple ganado.
También me queda claro que a través de los sindicatos se cobija en muchas ocasiones a trabajadores capaces de acabar con la empresa en la que laboran por su actitud indolente, por su falta de capacidad, por su desinterés en ser mejores. Empeñados en acusar al dueño de todas sus desgracias.
Los culpables no son sólo los empresarios, en la ecuación entramos todos. Se deben fomentar las alianzas entre los empresarios, trabajadores sindicalizados y de confianza que beneficien a todos.
Desde hace unos meses uno de los hombres más ricos del mundo y el empresario más importante de nuestro país, Carlos Slim, ha venido proponiendo la creación de una jornada laboral de 3 días o de 33 horas, lo cual a principio puede sonar descabellado en un país que tiene graves problemas en su productividad y pésimas relaciones entre las partes gerenciales y administrativas de las empresas y los trabajadores. Yo no sé de economía pero en realidad una jornada laboral así creo que puede solucionar problemas importantes en el sistema laboral y en la sociedad. Abre la posibilidad al trabajador a contratarse en otra jornada similar en otra empresa, lo que le genera beneficios sin los actuales sacrificios que hacen muchos trabajadores que tienen dos y hasta tres empleos. Los empresarios por su parte al tener el doble de la fuerza laboral pueden impulsar una mayor productividad en sus empresas. Si bien es cierto que también genera el doble de gastos para el empresario, al tener el trabajador doble sueldo su capacidad de gasto es mayor, lo que debe verse reflejado tanto en el consumo como en el ahorro, atacando partes claves de salud económica del país. Entonces lo trabajadores no dependerían de las nuevas tiendas de rayas que son las tarjetas de crédito y las campañas maliciosas como El Buen Fin.
Todos queremos mejores condiciones de vida, lo que no podemos permitir es que desde las mismas ideas de siempre y los mismos intereses creados desde las cúpulas empresariales y el gobierno ofrezcan las mismas soluciones pensando en resultados diferentes a los que conocemos. Decía Albert Einstein que la demencia consiste en hacer una cosa una y otra vez esperando resultados diferentes, y demente es precisamente lo que pretende el gobierno de Peña Nieto.

publicado en blureport.com.mx el 19 de octubre de 2015
imagen DeathtoStock