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viernes, 6 de septiembre de 2019

El teatro del absurdo de Morena.




Si no fuera porque son políticos, miembros del partido en el poder, uno podría pensar que se trata del guión de una película o una serie en tono de farsa sobre el poder en México.

Armando Enríquez Vázquez

Escuchar al senador de Morena Martí Bartres desgarrarse las vestiduras porque el senador también de Morena Ricardo Monreal, le mapacheó las elecciones y fue destituido de la presidencia del Senado, es una joya de lo falsa que es la izquierda que estos políticos acomodaticios dicen representar. El senador Bartres asegura con ese tono de niño despojado de una paleta que él no quiere el poder, él se contenta con ser un senador más de la República. Sí es así, que se calle y se ponga a trabajar por el bien de México y no por el ego de los títulos. Claro que Monreal no es ninguna blanca paloma, quien desde su rincón se soba las manos y llama a la unidad pasada su tropelía. Después de que el presidente los regaño y nadie le hizo caso, Monreal ganó la disputa y el ardido de Bartres se fue de la mesa directiva sin siquiera darle la mano a la nueva presidenta de la mesa directiva del senado.
Las incongruencias mostradas en menos de un año por los miembros del partido en el poder en las cámaras legislativas, no son pocas, empezando con el mismo senador Bartres , que se proclama de izquierda, presumiendo ser un invitado de honor en la gala que se le hizo al pastor pederasta de la Luz del Mundo en nuestro maravilloso Palacio de Bellas Artes utilizado por estos mezquinos de la 4 T para demostrar que para la izquierda juarista que tanto clama el presidente y sus borregos, el estado laico es sólo una más de las imposiciones fifís de la derecha. O acaso ya se nos olvidó que ese poder legislativo que se supone independiente del poder ejecutivo inició sesiones hace ya un año al grito servil de: Es un honor servir, perdón, estar con Obrador.
En ese sentido la voracidad de los diputados de Morena quedó manifiesta cuando una sedienta del poder y la venganza como lo diputada Dolores Padierna quiso secuestrar la Cámara de Diputados al tratar de no honrar los acuerdos conla oposición y hacer lo que hizo el PRI por décadas hasta que personas que hoy pertenecen al partido en el poder como el mismo presidente lucharon por ganar esos espacios y alternancia en el poder legislativo, algo que Padierna y sus minions parecen olvidar y muchos desconocen. Lo peor es que el mismo coordinador de la bancada morenista el diputado Mario Delgado declaro en entrevista radiofónica, no nos vamos a agandallar de manera total. Lo que quiere decir que Morena reconoce que si hay agandalle. Una vez más el presidente manoteo sin que nadie le hiciera caso, porque fue el manotazo del diputado Múñoz Ledo el que puso orden en la cámara.
Un país con un gobierno de república bananera de principios del siglo XX, donde el Secretario de Salud nose ocupa de conseguir los medicamentos faltantes para la atención de pacientes, si no que por encargo y capricho presidencial se dedicara los próximos días en organizar los festejos de la Independencia del País.
La más soberbia en el discurso dictatorial de Morena es Yeidckol Polevnsky; una verdadera vergüenza para la política nacional. Alguien que se quiere presentar como la presidenta del partido en el poder de una democracia moderna de izquierda, en la memoria del país sólo despierta los recuerdos de los peores presidentes del PRI Nacional como Roque Villanueva. La desdicha es que los supera con la dictatorial actitud que mantiene, tan similar a la del abominable Diosdado Cabello de Venezuela, muchas veces la peor cara del poder no está en sus mandatarios, si no en la bola de roedores que se mueven a su lado baste recordar a Luis Echeverría en el 68, José Córdoba Montoya durante los años de Salinas presidente o Genaro García Luna en los de Calderón por nombrar algunos de una enorme lista de canallas que han polulado por los pasillos de Palacio Nacional y Los Pinos. Es impensable que en cualquier nación que se llama democrática, a excepción claro de Venezuela o Bolivia, el presidente nacional de un partido político se proclame a favor del ejercicio del poder de un gobernador a partir de mañosa y corruptamente alargar periodos electorales que anula el ejercicio democrático del sufragio. Violando el principio democrático del sufragio universal.
Otro ejemplo de este discurso maniqueo sucede al escuchar a Paco Ignacio Taibo II presumir de sus campañas y ferias de lectura; propaganda pura, cuando la realidad está en las estanterías a medio llenar de las librerías del Fondo de Cultura y una pobrísima oferta sesgada, cosa que nunca antes desde que tengo memoria sucedió. Una más de tantas contradicciones de esta administración preocupada por maquillar la realidad del país y no en resolver todos los problemas que prometió y que le trajeron tantos votos al hoy presidente. Es triste que alguien que es un buen escritor y se presume un intelectual de izquierda no haya podido resistir ser parte del poder corrupto mismo al que lleva toda su vida criticando. Lo que es peor ejercer el poder de idéntica manera; déspota y arrogante de otros en lugares claves de la cultura en administraciones pasadas.  
Y no es que los políticos mexicanos tengan una tradición de ser congruentes y mucho menos de ser honestas personas. Hoy tenemos a Rosario Robles quien como todos sabemos se ha acomodado en los mejores puestos, sin importar el partido, para usarlos de la peor manera para los mexicanos y de la mejor para ella, sólo basta recordar la manera prepotente con la que hace un par de años se coló a Milenio para exigir la cabeza de reporteros que habían escrito un reportaje acerca de los malos manejos de dinero de Sedesol y como el servil Carlos Marín despidió a la reportera Karen Cota. Pero estos de Morena eran los políticos que se suponía iban a venir a cambiar todo y patéticamente son sólo pan con lo mismo o con un relleno peor.
Una supuesta izquierda que sólo ha logrado humillar al ejército desde que era oposición y hoy que lo necesita, implementa acciones en las calles, no de la misma manera que Calderón o Peña Nieto, si no peores porque a decidido abandonar a los militares a su suerte ordenándoles no atacar a sus agresores y permitiéndoles a estos que sin problema despojen de sus armas a las fuerzas armadas, mismas que terminan en manos del crimen organizado. Un crimen que ni se acaba y mucho menos obedece a un presidente incapaz de poner orden en el país o al interior de su propio partido donde las ambiciones de personajes como Martí Bartres, Ricardo Monreal o Yeidckol Polevnsky los tienen ya futureando para las elecciones del 2024 o cómo quedarse en a la cabeza de diferentes Estados, así el caso de Polevnsky quien se ve en el palacio estatal de gobierno en Toluca destruyendo al Estado de México y creando una base importante de votantes para el 2024.
Vivimos un teatro con actores de cuarta que desgraciadamente augura muy altos costos para la democracia y la calidad de vida del país.


Una primera versión de este texto se publicó el 31 de agosto de 2019 en blureport.com.mx

lunes, 4 de marzo de 2019

La corrupción moral y la moralina corrupta.



Uno de los argumentos utilizados a diario por el presidente en sus conferencias matutinas la desaparición de la corrupción, pero no esto no es cierto.

Armando Enríquez Vázquez

Los mexicanos tenemos tres meses escuchando al Presidente Andrés Manuel López Obrador a diario decirnos y recalcarnos que en México la corrupción ya no existe. Y pasando de alto la falacia de este decreto al mejor estilo de Karime Macías, la verdad es que esto no es cierto. Y no quisiera dudar de las extraordinarias intenciones del presidente, pero la verdad sea cierta esto no ha sucedido, porque aunque es cierto que la corrupción económica es y ha sido el mal mayor que hemos enfrentado los mexicanos desde hace décadas y que de ella han sido parte los priístas, los panistas, los perredistas, los de Morena en su momento como lo demuestra la actitud de Javier Jiménez Espriú con su prepotencia antes de ser funcionario y después el cínico actuar con respecto a su departamento en Houston, con esa actitud de prestanombres tan clásica del PRI y cuyo ejemplo más reciente fue Javier Duarte quien puso muchas de sus propiedades a nombre de familiares, familiares políticos y prestanombres para intentar engañar a los mexicanos y a las autoridades.
La cruzada del presidente en contra de la corrupción es loable, y él no se cansa ganso de recordárnoslo a diario. Pero la corrupción no sólo se manifiesta en las grandes cantidades de dinero que políticos y empresarios saquearon al país, también está en actos de omisión y encubrimiento, en pequeños actos que intentan pasar desapercibidos y que no representan en teoría problemas al erario, pero sí de conflicto de interés.
El presidente intenta a toda costa demostrar que su gobierno no es corrupto y concediéndole el beneficio de la duda, acepto que no existen sombras de corrupción económica hacía su persona y la mayor parte de los miembros de su gabinete. Pero en materia de corrupción moral, es el presidente el primer ejemplo de ella durante su sexenio.
López Obrador está decidido a acabar con la corrupción. Sin embargo, a los ojos del presidente es como un extraño mal que habita en el ambiente y afecta a principalmente a los fifís, quienes también pueden ser salvados y redimidos de este terrible mal a partir de decretos, porque en el caso del “Pueblo Bueno” la corrupción se cura con los billetazos, ni tan billetazos, de los programas sociales de la Cuarta Transformación.
Desgraciadamente Andrés Manuel López Obrador es también un hombre corrupto, no me refiero a que se agencie dinero de manera ilegal o incorrecta, en ese sentido el presidente es impoluto. A lo largo de más de tres lustros de investigaciones minuciosas, tanto por parte de los periodistas, como de adversarios y declarados enemigos políticos,  jamás le han comprobado absolutamente nada al presidente, a pesar de que siempre se ha rodeado de corruptos y avariciosos personajes como René Bejarano, Carlos Imaz, Ricardo Monreal, o todos esos secretarios resucitados de las filas del PRI de Echeverría, incluidos Manuel Bartlett, Porfirio Muñoz Ledo o Javier Jiménez Espriú o los nuevo/as como la directora del CONACYT que sin empacho nombró en un principio a personajes sin el perfil requerido para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología por instrucciones de la operadora política de Morena y diputada federal Dolores Padierna, o como sucede con las ternas nombradas a modo por el propio presidente para organismos como la CRE.
La verdadera corrupción de López Obrador es de índole moral, por una lado al nombrar, de la misma manera que hizo Vicente Fox, a su esposa en un cargo público pagado por el erario, eso se llama nepotismo y lo ejercieron priístas de los que despotrica el presidente como Carlos Salinas de Gortari con su hermano Raúl y otros priístas a los que López obrador admira como José López Portillo. Yo no dudo que la señora Beatriz Gutiérrez sea lo inteligente y capaz que nos dicen que es, pero no necesita ejercer un puesto público durante el gobierno de su esposo. Por otro al tratar de erigirse como líder moral del país invocando a Juárez, cuando muy probablemente el abogado oaxaqueño hubiera repudiado la visión mesiánica y religiosa del tabasqueño.
Esa corrupción moral es igual de perniciosa que aquella que tanto le molesta al presidente y misma que insiste en haber erradicado de un plumazo el pasado 1º de diciembre de 2018 con su llegada al poder. La corrupción tiene como característica la arrogancia manifiesta de quien se sabe con poder y poder económico para abrir o cerrar llaves de fortunas, creando así empresas y empresarios favoritos, la misma arrogancia de sentirse protegido por el manto presidencial y crear sin pudor comunicados idiotas e ignorantes al interior de la Secretaria de Cultura, la prepotencia de no licitar argumentando una emergencia nacional y al mismo tiempo demostrar una total ignorancia de las normas mexicanas de seguridad que tantos años se llevaron en crear para proteger a los ciudadanos de a pie como todos nosotros de vehículos peligrosos que en alguna ocasión provocaron situaciones de alarma al interior de la CDMX al volcarse como resultado de conductores irresponsables y mal entrenados.
La corrupción no sólo es dinero que pasa de la mano de un empresario a un político o de un político a otro para obtener favores, como sucedió en todos los gobiernos pasados del país. Cada vez de manera más descarada incluso durante el ejercicio del gobierno de la Ciudad de México, en tiempos del presidente López Obrador. La corrupción es también acusar, retener datos y negarse a llevar a cabo las investigaciones necesarias y legales para castigar a quienes desde el poder han lesionado los intereses de México y de los mexicanos desde puestos sindicales como en PEMEX, o los sindicatos de maestros o desde un escaño donde se jalan hilos para desestabilizar la economía de un estado de la federación con desconocidos y oscuros fines personales como se señala al senador Napoleón Gómez Urrutia.
La corrupción es justificar la toma de decisiones del gobierno, algo que el presidente más popular de este siglo no necesita hacer, a partir de consultas amañadas y a modo. López Obrador no necesita de esas artimañas y no las usa cuando se trata de hablar de estancias infantiles o centros de ayuda a mujeres maltratadas. Porque sabe que ni utilizando los mismo procedimientos opacos de consulta sobre esas cuestiones puede ganar.
Porque es corrupción también eliminar programas sociales a diestra y siniestra, de manera visceral e irracional sin ser capaz de cuestionar el papel que los diferentes servidores públicos de sexenios pasados jugaron en esta corrupción, y en su lugar crear clientela electoral. A tres meses de gobierno parece que todo cambia para seguir igual o peor.