martes, 15 de septiembre de 2015

¡Este convoy sale de servicio y usted se aguanta!



Es preocupante como los capitalinos ya nos acostumbramos al mal servicio, Lo damos por un hecho.

Armando Enríquez Vázquez

En días pasados tuve la suerte de sufrir lo que sufren a diario los usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro; cuarenta minutos de espera en lo que se ven pasar convoyes que salen de servicio y la gente se amontona en los andenes, hasta que a los trabajadores de la estación se les da la gana dar el servicio, pero eso si todos policías y trabajadores se hacen de la vista gorda mientras en los andenes se lleva a cabo la vendimia de papas fritas. Esto en la estación CU cerca de las diez de la noche.
Cuando el Metro se detiene entre dos estaciones por más de cinco minutos, o cuando se detiene con las puertas abiertas en una estación, esperando que se atiborren los vagones de usuarios, de lo único que podemos hablar es de la incapacidad mental de los encargados para crear una logística que transporte al usuario de manera eficiente. El Metro presumió hace unos días de haber cumplido 46 años y es la última década que se ha convertido en una de las vergüenzas de transporte en nuestra ciudad.
Los problemas de los trabajadores se han agudizado en ese tiempo y a raíz del choque de convoyes del Metro el 4 de mayo pasado, no sólo se hizo patente la corrupción existente en los altos niveles de la administración del sistema, si no el contubernio que existe al interior del sindicato del sistema de transporte cuando tanto su líder sindical, Fernando Espino, como un grupo de choferes salieron a defender al causante del accidente, en el que hubo usuarios lesionados, acusando a Joel Ortega y olvidándose del usuario, Siempre es bueno aclarar que Ortega no es ninguna blanca paloma y como el chofer del convoy sigue libre y campechano desde su operativo en el News Divine que culminó en una tragedia.
Ya se fue Ortega, al parecer Espino puso al nuevo director del SCTM, pues lo destapó antes que el Jefe de Gobierno de la Ciudad lo hiciera, y el Metro sigue igual; vagoneros, carros sucios, falta de logística total en la corrida de los convoyes, una serie de dizque trabajadores sindicalizados que hacen que el Metro no sólo sea ejemplo del pésimo transporte público de la Ciudad de México, si no que parecen enorgullecerse de eso con sus actitudes y nula vocación de servicio. Pero lo que es más preocupante es que el usuario permita que se le trate como se le trata. A pesar de que el costo del boleto no es real, que el gobierno de la ciudad lo subsidia, aquel que llega al andén pagó por el servicio y todos los que laboran en el Metro y los aviadores que tiene el sistema viven del usuario, que además del boleto, paga otros impuestos que permiten la prebendas y salarios de tanto trabajador inútil.



Es preocupante como los capitalinos ya nos acostumbramos al mal servicio, Lo damos por un hecho, los trabajadores por su parte no tienen de que preocuparse, no hay quién los audite, ni existe sanción alguna que los condene. Son sindicalizados y eso los hace invulnerables. ¿O ya se nos olvidaron las diferentes imágenes que ciudadanos han compartidos en las redes de conductores del Metro ebrios sin que la autoridad del Sistema, ni el gobierno de la Capital haga absolutamente nada? El líder del sindicato ha sido acusado de desvíos de fondos, meter en la nómina del sindicato a boxeadores, pero como hasta hoy goza del fuero como asambleísta del DF y coordinador de la bancada priísta, puede burlarse de la ciudadanía y del tibio Jefe de Gobierno que ostenta la Ciudad.
Peor aún es el caso del transporte de pasajeros concesionado, llámense taxis y en especial microbuses donde a la autoridad de la Secretaría de Movilidad únicamente le interesa mantener la corrupción y muy poco le atañen la seguridad del usuario y la integridad de las unidades en las que como ganado es transportado por mozalbetes y otros individuos que difícilmente podrían obtener una licencia de manejo en cualquier otro país, pero en la Ciudad de México pueden aspirar a conducir convoyes del metro que es el único transporte que teniendo la vía libre frena y acelera como un microbús.
Unidades con muchos años de funcionamiento, de las cuales los dueños ya recuperaron la inversión de su compra con muchos creces y que sin embargo sucias, con los asientos rotos, llenas de goteras, siguen transitando ante la complacencia corrupta del jefe de gobierno y sus secretarios de movilidad y de gobierno.
Ni que decir de muchos de los llamados taxistas que consiguieron placas por su voto clientelar, y que no protestan contra los taxis piratas donde ocurre un gran número de asaltos y violaciones pero se quejan de la competencia de calidad y comodidad que ofrecen Uber y Cabify.
Cuando presumen a la Ciudad de México como un destino turístico de importancia, ni al jefe de gobierno, ni a su secretario de turismo se les ocurre pensar en la imagen nacional e internacional que ofrecen los microbuses ya no sólo por fuera sino por dentro. No existe una norma que regule el interior de estos transportes del inframundo donde los asientos son de las más variadas alturas y concepciones.
Yo sé que muchos capitalinos están enamorados de los gobiernos de supuesta izquierda que desde hace casi veinte años nos gobiernan, pero, ¿no es hora de aceptar que todos ellos se han enriquecido en su ejercicio del poder, como el PRI en su momento?
Como buenos políticos mexicanos han cobijado y desviado la atención de las corruptelas de sus compañeros y amigos. Que son los mismos chapulines chapuceros de siempre, como el caso de  Rosario Robles, a quién no le bastó con transar como jefa de gobierno de la Ciudad en complicidad con su amante Carlos Ahumada, sino que saltó al barco de Peña Nieto sin pudor alguno ante la promesa de un hueso desde el que aumentó directamente y gracias a ella la pobreza en nuestro país.
¿Qué pasaría si un día, sólo un día dejáramos de tomar el metro, y otro nos olvidáramos de los taxis y uno más de los microbuses? Únicamente como una muestra nuestra inconformidad con un sistema de transporte público y concesionado que es un asco, que con la mano en la cintura le paga a los inspectores y secretarios del DF para seguir operando impunemente, que lesiona los intereses y la salud de los usuarios; los arrancones y frenadas abruptas de metro y microbuses afectan directamente la espalda del usuario. De otra manera este gobierno no va a hacer nada. ¿Por qué de una buena vez no los empezamos a obligar a que actúen para nosotros que somos los que pagamos sus sueldos? 


publicado en blureport.com.mx el 11 de septiembre de 2011