miércoles, 29 de enero de 2014

Tecla de Iconio mucho más que una santa.




Existió una mujer que acompaño a Pablo de Tarso en la evangelización y que recibió autorización del apóstol para predicar la palabra de Dios. Se le ha borrado del canon oficial pero su huella está en los evangelios apócrifos.

Armando Enríquez Vázquez

Sin Pablo de Tarso no existirían las diferentes iglesias de Cristo como las conocemos, fue él quien predicó y propagó la palabra de Jesucristo a lo largo de un amplio territorio e intentó crear las reglas del cristianismo, sufriendo la persecución, el encarcelamiento, trqabajando como un guerrillero de la fe, o al menos eso parece y es lo que nos dicen aquellos que seleccionaron los libros que terminaron por formar el cuerpo del Nuevo Testamento. Lo cierto es que la importancia de Pablo dentro de la fe cristiana es incuestionable. Hoy quiero escribir sobre una mujer desconocida, para muchos, a la que uno de los libros apócrifos del cristianismo hace compañera de Pablo en el evangelio, esto es en esparcir las enseñanzas de Jesucristo, al menos en una parte de su largo trayecto.
Se trata de Tecla de Iconio. De esta joven se sabe muy poco y las únicas referencias que existen de ella se encuentran por una parte en los Hechos de Pablo y Tecla uno de los llamados Evangelios Apócrifos, que se cree fue escrito alrededor del año 190 de nuestra era y que sin embargo al parecer fue muy popular pues se han encontrado fragmentos tanto en copto que es la lengua que hablaban los cristianos egipcios, como en griego. Luego algunos de los padres fundadores de la Iglesia Cristiana la nombran.
Pablo murió alrededor del año 60 después de Cristo, la fecha varía de acuerdo con las diferentes fuentes y por otro lado por las diferencias existentes entre fechas que fijan la historiografía tradicional y la moderna. El hecho es que hay unos cien años entre la muerte del apóstol y la fecha de que datan los más antiguos fragmentos de los textos que narran la historia de Tecla. Se dice que en su misión evangelizadora Pablo llegó a la ciudad de Iconio en lo que hoy es Turquía. Allí comenzó a predicar la palabra de Jesucristo, su anfitrión fue un hombre llamado Onesíforo en cuya casa y a escondidas de las autoridades Pablo llevó a cabo sus sermones, entre los escuchas se encontraba una joven casadera, que estaba comprometida ya. Era Tecla, que observaba a través de la ventana mientras Pablo predicaba. Parece que los discursos que más impactaron a la joven fueron los de una vida ascética y de castidad, tal fue el impacto de los sermones de Pablo que la joven se negó a casarse, por lo que su madre de nombre Teoclia junto con su prometido juntaron a una turba y llevaron a Pablo ante Castelio, el gobernador de la provincia y lo acusaron de pervertir a las mujeres iconias con discursos sobre la abstinencia y la virginidad. Pablo fue encarcelado ese mismo día en lo que el gobernador decidía su suerte. Esa noche Tecla sobornó a los guardias de la prisión y trato de curar las heridas de Pablo, pero ante todo escuchó ferviente las palabras del apóstol, que la convencieron de convertirse a la fe cristiana. Ahí al lado del apóstol, en su celda la encontraron su madre y su prometido después de que Tecla había desaparecido toda la noche de la casa familiar. La indignación llegó a tal grado que lograron que Pablo fuera expulsado de la Iconio y Tecla condenada arder en la hoguera.
Ya en la pira, Tecla estaba lista para ser quemada, en los Hechos se narra como Dios se le manifestó en la figura de Pablo, pues este ya iba camino del destierro, los verdugos prendieron fuego a los leños y la hoguera ardió, sin embargo Dios salvó a Tecla y por medio de una fuerte lluvia que apagó el fuego que no había tocado a Tecla. Ilesa la joven partió en busca de Pablo al que encontró en el camino a Antioquía, ya en la ciudad comenzaron juntos a esparcir la fe cristiana. Tecla debe haber sido una mujer muy hermosa porque rápidamente llamó la atención de un personaje de importancia en la ciudad que le pidió matrimonio, pero Tecla lo rechazó con los argumentos de la palabra del dios en el que ella creía y que iba compartiendo por lo que las tierras de lo que es hoy Turquía. El hombre en su prepotencia intentó abusar de la joven. Tecla logró zafarse de su abrazo, este hecho provocó que en su ira el hombre llevara a Tecla ante las autoridades de la Ciudad. Tecla esta vez fue condenada a las bestias del circo, como muchos cristianos de la época, ante  los reclamos de las mujeres de la ciudad y en especial de una importante mujer que la acogió como una hija. Una vez frente a las bestias, una feroz leona se acercó a Tecla y le lamió los pies como un gatito y cuando osos y leones fueron soltados para devorar a la cristiana la leona la defendió. Una vez muerta la leona, Tecla se acercó al estanque del circo infestado de cocodrilos y decidió en ese momento bautizarse en esas aguas ante el horror de las mujeres que la veían desde las gradas y se sumergió en las peligrosas aguas, en ese momento todos los animales del estanque murieron. Desesperados, tanto el gobernador como el agraviado, decidieron finalmente amarrarla y arrojarla frente a una manada de broncos toros a los cuales se les colgó un hierro al rojo vivo cerca de los genitales para “enfurecerlos”. Lo único que lograron las autoridades de Antioquía fue que el hierro quemara las cuerdas con las que Tecla estaba amarrada y  pareció que nunca lo había estado. Tras esto el gobernador de Antioquía perdonó la vida de la joven y esta salió de la ciudad buscando una vez más a Pablo al que encontró en la ciudad de Myra de Licia, ahí le confesó a Pablo que se había bautizado y que pensaba regresar a Iconio, Pablo dio su consentimiento y le autorizó que fuera a predicar la palabra de Dios. Una vez en Iconio, Tecla ocupó el lugar de Pablo en la casa de Onesíforo predicando entre la creciente comunidad cristiana. Su prometido había ya muerto, pero Tecla convirtió al cristianismo a su madre, que aun vivía. Más tarde partió a Seleucia donde vivió 72 años en una cueva. Al final de su vida fue emboscada por un grupo de bandoleros que pretendía violarla, pero una vez más Dios se la salvó y Tecla desapareció en la montaña. Hay algunos fragmentos que dicen que su cuerpo fue llevado a Roma y se enterró al lado de Pablo.
Años después un grupo de hombres que creían ser representantes de Dios en la tierra decidieron que libros podían conformar el cuerpo del libro sagrado, y cuáles no. Los que fueron excluidos se conocen como evangelios apócrifos. Entre estos libros no reconocidos por la Iglesia se encuentran los evangelios de María y el de María Magdalena.
La historia más allá de lo religioso y de la fe que le quiera poner cada quién, me gusta porque muestra que en algún momento en los principios del cristianismos hubo una mujer rebelde al sistema en el que vivía y cuya rebeldía fue aceptada y autorizada por el propio fundador de la Iglesia para predicar el evangelio entre los gentiles, y sí creo en la palabra de los libros sagrados,  por Dios, a pesar de que si Tecla hubiera nacido siglos después la Santa Inquisición la hubiera intentado quemar una vez más, incluso hoy  las machistas mentalidades de sacerdotes y altos jerarcas de la Iglesia Católica creen que una mujer es incapaz de difundir la palabra de Dios desde el púlpito. Cosa que al parecer Dios no aprobaría, o no hubiera intercedido tantas veces por su sierva. En la imagen que ilustra este texto se ve como la Figura de Tecla ha sido censurada y descalificada por los cristianos al borrar sus dedos y sus ojos, mientras que Pablo permanece intacto.
Tecla de Iconio tiene una mayor veneración entre los Cristianos Ortodoxos que entre los Católicos, como era de esperarse. 

publicado en Thepinkpoint.com.mx el 24 de enero de 2014
imagen:commons.wikimedia.org