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martes, 12 de mayo de 2015

Adela Sequeyro pionera del cine mexicano.




Actriz, escritora, directora de cine y hasta cronista taurina, Adela Sequeyro permaneció en el olvido como muchas mujeres ligadas con la historia cultural de México.
Armando Enríquez Vázquez
Entre las mujeres que iniciaron nuestro cine existieron actrices, escritoras, empresarias y directoras, que por la forma tan particular y manipulada que tienen los historiadores machistas para escribir la historia del cine nacional y en general del país desaparecieron de las páginas oficiales hasta que alguien más hurgó en la historia a conciencia. En este caso se trató de Marcela Fernández Violante quien redescubrió y rescató del olvido de la industria cinematográfica y de la historia cultural del país a Adela Sequeyro.
Adela Sequeyro nació en el puerto de Veracruz el 11 de marzo de 1901, su familia de clase media se vio afectada de manera drástica en su forma de visa por la Revolución que los obligó a mudarse del puerto al pueblo de Cuautitlán, cercano a la capital del país.
En un principio Adela se dedicó al periodismo donde firmaba con el seudónimo Perlita las crónicas taurinas que escribía para el Universal Taurino.  Además, Adela escribía para diarios como El Demócrata y trabajaba en el radio. Amiga de los estridentistas, uno de los movimientos artísticos de nuestro país más subvaluados, en especial de Manuel Maples Arce y de Árqueles Vela, Adela escribió y publicó poesía erótica, a principios de la década de los años veinte trabajó como actriz tanto en teatro como en las primeras películas de cine mudo nacional, entre las que destacó El hijo de la loca que también marcó su debut en el cine en 1923.
Con la llegada del cine sonoro la veracruzana tomó parte en películas como El prisionero trece de Fernando de Fuentes y Mujeres sin alma codirigida por Juan Orol. Al parecer fue entonces cuando comenzó a hacerse de nociones de dirección. Mujer de izquierdas fundó en 1935 junto con el famoso camarógrafo Alex Phillips, Ramón Peón y Mario Tenorio la cooperativa Éxito, firma que produjo un argumento, escrito por Adela, estelarizado por ella y que dirigió junto con Peón. De esta manera Adela hizó su debut como directora en el cine de nuestro país. La película se llamó Más allá de la muerte y trata de Yolanda una mujer que se siente relegada por su marido y se enamora de un torero. El melodrama no tuvo éxito en taquilla y Éxito desapareció. Poco de después, en 1937,  Sequeyro junto con su marido el actor  Mario Tenorio fundó una nueva cooperativa que esta vez se llamó Carola, esta vez Sequeyro dirigió sin asistencia de nadie un nuevo argumento suyo. La mujer de nadie, un melodrama sobre una mujer y tres amigos bohemios con los que ella se relaciona y al final abandona sin haber decidido por ninguno de los tres.
La mujer de nadie fue de nuevo un fracaso en taquilla. Sin embargo más de un crítico elogió la película de Sequeyro.
…precisamente lo que nos hace falta ante tanto charro, tanta china, tanto pulque y tanto tequila. Escribió el crítico de cine Rajena.
Adela en sus películas mostraba a mujeres sensuales, sexuales y que poco tenían que ver con el modelo sumiso y secundario impuesto a las mujeres no sólo en el cine nacional sino en la sociedad mexicana tan reaccionaria.
Al año siguiente, 1938, Adela consiguió dinero para producir y dirigir Diablillos de arrabal, un melodrama que tenía paralelismo con un serie norteamericana de la época al retratar a pandillas rivales de niños que hacen frente común para defenderse de un grupo de adultos. Una vez más la película fue un fracaso económico.  Adela se retiró de la dirección de cine, así como del guionismo y la producción. Solo regresó a los sets para actuar en dos películas más, en 1945  Los misterios del hampa de Juan Orol y en 1949 para la película de Julio Bracho La Posesión.
Tras el fracaso de Diablillos del arrabal, Adela regresó a escribir para diferentes diarios.

Adela Sequeyro murió el 24 de diciembre de 1992 a los noventa y un años de edad.

publicado en mamaejecutiva.net el 4 de mayo de 2015
imagen:wfpp.cdrs.columbia.edu

viernes, 30 de mayo de 2014

Josefina Vicens cronista taurina.





La gran escritora mexicana además de sus dos novelas, se dedicó también a la  crónica taurina bajo el seudónimo de Pepe Faroles.

Armando Enríquez Vázquez.

Porque afortunadamente la literatura no tiene que ser denuncia social, para eso están los periodistas, ni tampoco hiperrealismo desgarrado que ya para eso existe la nota roja. En México a lo largo de los siglos han existido grandes escritoras. Que con su imaginación y su talento nos han hecho vivir en mundos diferentes. Una de ellas fue Josefina Vicens, su obra literaria se reduce a dos novelas publicadas en un intervalo de 24 años, pero fueron suficientes como en el caso de otros escritores nacionales para convertirla en una de las escritoras fundamentales de nuestra literatura.

Josefina Vicens nació en Villahermosa, Tabasco el 23 de Noviembre de 1911. Tuvo cuatro hermanas y en alguna entrevista ella se definió a sí misma como la más mal portada de las cinco, siempre jugando a las canicas, al balero y soñando con ser un vagabundo, para ella las palabras maternas siempre fueron; Un día acabarás en la cárcel. Cosa que no sucedió.

Su primera novela la publico en 1958. El libro vacío. Con ella ganó el Premio Xavier Villaurrutia. Octavio Paz no tuvo más que elogios para la novela de la tabasqueña que no volvió a publicar otra novela hasta 1982, Los años falsos.

La obra de Vicens es modesta en número, que no en calidad, como la de otros pilares de nuestra literatura. Escribir no le era sencillo a la autora de las dos novelas y para remarcar el hecho contaba que la última charla que mantuvo con Juan Rulfo junto a tazas de café. Rulfo le preguntó:

- Oye, Peque, ¿por qué no escribes otro libro?

Peque era como la llamaban sus conocidos. Puedo imaginar entonces a Vincens, levantar la mirada y desde la otra orilla de la taza de café responder al autor de Pedro Páramo:

-Oye, Juan, ¿por qué no escribes otro libro.

- Pues sí, ¿verdad?- Respondió Rulfo.

- Pues sí, ¿verdad?- Remató la tabasqueña.

Y de nuevo en el terreno donde la computadora de un tercero se mete en conversaciones ajenas, me puedo imaginar una sonrisa de complicidad entre los dos escritores y un escalofrío secreto que recorrió a ambos nada más de imaginar volver a enfrentarse a ese placer tortuoso y sufrido que para ambos parece haber representado una hoja de papel en blanco y una historia que contar en ella.

Pero además de sus dos novelas, la escritora se dedicó a otros géneros de la escritura para sobrevivir esto es al periodismo y el guionismo. Escribía una columna política bajo el seudónimo de Diógenes García. Escribió guiones de cine entre los que destacan: Las señoritas Vivanco, El proceso de las Señoritas Vivanco, ambas películas estelarizadas por Sara García y Prudencia Griffel  la primera basada en un argumento de los también escritores Elena Garro y Juan de la Cabada. Además ganó dos veces el Ariel al mejor guión, la primera vez en 1973 por el guión de la película Los Perros de Dios,  y en 1975 por Renuncia por motivos de salud.

En alguna ocasión declaró que el guionista debería ser el director de su propia obra de otra manera esta sufre muchas traiciones, y el guionista muchas frustraciones.

Fue presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas y vicepresidenta de la Sociedad General de Escritores de Mexico, entre otros puestos.

Literata de manera autodidacta, siempre le quedó claro que su oficio estaba por encima de su género: Voy a decir una cosa y la diré siempre que me pregunten por qué si soy una mujer mis personajes son masculinos, pues, porque estoy haciendo literatura y hay literatura buena o mala no hay literatura femenina o masculina. Declaró en una ocasión y otra vez dijo:

Los guiones no se escriben ni con las faldas ni con los pantalones, sino con la inteligencia. Y ésta no tiene sexo. No hay relación ni rivalidad, ni competencia. Escribo mejores guiones que muchos hombres y muchos hombres escriben mejores guiones que los míos. Cobro por ellos más que algunos hombres y algunos hombres cobran por sus guiones más que yo. Es inútil relacionar el sexo con este trabajo.  

Josefina Vicens en la década de mil novecientos cuarenta  escribió también crónica taurina y editó una revista en la materia que se llamaba Torerías  de la cual llego a ser directora general, para Vicens el toreo era una fiesta metafísica única, en la que campean la vida y la muerte. Sus crónicas aparecieron también en otra revista llamada Sol y Sombra. Sus colaboraciones iban firmadas bajo el seudónimo de Pepe Farolas.

Su estilo mordaz y crítico la llevó a verse envuelta en problemas, en alguna ocasión que escribió en contra de alguna faena de Carlos Arruza. Un boxeador amigo del torero amenazó con ir a las oficinas de Torerías y golpear a Pepe Farolas. Vicens recibió al púgil y lo invitó a platicar, tras unos minutos de amable charla, Josefina miró al peleador y le dijo; Me va usted a disculpar pero tengo una reunión, así que por favor comience a golpearme. El boxeador sorprendido por las palabras de la escritora la observó desconcertado, entonces Josefina le explicó que ella era Pepe Farolas y pues ya que él había amenazado con golpearla, adelante. Sobra decir que la golpiza no se llevó a cabo.

Su colaboración tenía un estilo en el que fotografiaba el ambiente alrededor del ruedo, ese que brinda el público desde las gradas, y no, precisamente, en ese estilo de sociales acerca de quienes se sientan en el primer tendido de sombra:

-¡El que sea decente que se calle!

No queremos decirle a usted el ruido que se armó en la plaza.

Escribió alguna vez en su columna. En esa misma ocasión consignó que alguien desde las gradas de sol le gritó a Agustín Lara al verlo sin María Félix:

- Agustín, ¿dónde dejaste a Doña Bárbara?

Y otro, comprendiendo la soledad del cadavérico compositor, le dijo:

- ¡Se sufre, hermano, se sufre!

Me gusta la historia de esta mujer de letras que disfrutó de su pasión por los toros como enfrento su temor de escribir novelas malas.

Josefina Vicens murió el 22 de Noviembre de 1988 y me gustaría que sus crónicas taurinas se recuperaran, y poder disfrutar de ellas tanto como ella de lo hizo de la fiesta.

Publicado en thepinkpoint.com.mx el 23 de mayo de 2013
imagen: red.ilce.edu.mx