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jueves, 5 de mayo de 2016

La marca CDMX



La idea de identificar a la ciudad como una marca no es mala, el problema radica en lo mal planeado de la campaña.


Armando Enríquez Vázquez.

Desde que llegó Miguel Ángel Mancera a la jefatura de gobierno de la capital del país, una de sus obsesiones ha sido posicionar las siglas CDMX como identidad de nuestra ciudad. Crear la marca que identifique a la ciudad. Desde el 12 de marzo de 2014 las siglas y su uso por los próximos diez años fueron registrados por el gobierno de la Ciudad de México ante Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).
Hacer de una ciudad, incluso de un país una marca no es nada nuevo y los grandes éxitos en ese sentido se encuentran en el icónico I corazón NY, para la ciudad de Nueva York o el toro de Osborne en el caso de España. Ambos símbolos han sobrevivido a lo largo de los años sin importar los cambios políticos, lo que los ha fortalecido y hecho internacionalmente conocidos. El problema en nuestro país y con nuestros mezquinos políticos es que cada seis años lo hecho por el gobierno anterior se va a la basura, se queda en el olvido o sirve de excusa para emprender una cacería política de los antecesores. Los funcionarios de Mancera y sobretodo los publicistas a cargo del CDMX, no tienen ya mucho tiempo para lograr su objetivo.
La idea de identificar a la ciudad como una marca no es mala, el problema radica en lo mal planeado de la campaña. En el Zócalo capitalino se colocó un enorme CDMX donde jóvenes paseantes se toman fotos una y otra vez, pero nadie sabe porque el CDMX, pareciera que se responde únicamente a un capricho del gobernante en turno. En su momento otro supuesto líder de la izquierda nacional que ocupó la oficina de jefe de gobierno declaró a la capital de la República como la Ciudad de la esperanza. A la distancia otorgada por el tiempo, pareciera que esa esperanza fue únicamente la suya para lograr desde la jefatura de gobierno la presidencia de la República.
Sí pensamos en las siglas CDMX, nos encontramos con varias dificultades desde mi punto de vista, la primera de ella es que a pesar de que hoy en día, las generaciones más jóvenes están acostumbradas a abreviar palabras en los textos de sus conversaciones y posteos, sin embargo las generaciones mayores no están acostumbrada y en una primera lectura puede ser confuso para las generaciones mayores que no se sienten del todo identificadas con estas siglas que podrían ir más en las placas de un vehículo. que servir como identificador de una ciudad que se presume incluyente. Los mexicanos jamás hemos identificado a la ciudad de esta manera y las siglas que utilizamos por décadas para la ciudad, fueron aquellas que han sido eliminadas de un plumazo: D.F.
Sin embargo, el mayor problema, desde mi punto de vista, es la poca promoción de las siglas, que por lo general se utilizan a diestra y siniestra, lo que las hacen parecer como parte de la papelería oficial del gobierno de la ciudad más qué como la marca de nuestra ciudad.
En un tono rosa tan neutro y frio, que difícilmente emocionará a nadie, contrastado con negro. Así de impersonal y falto de emoción resulta el logo que Miguel Ángel Mancera escogió para promocionar a nuestra ciudad. 
Cuando el gobierno federal decidió como parte de la marca turística de nuestro país ese logo que tiene el nombre del país con las letras de diferentes colores y texturas, creo que lo que intentó hacer fue darnos la idea de un país alegre, lleno de matices y experiencias. El triste negro y rosa de CDMX tiene más connotaciones negativas que positivas, cuando si de algo podemos hablar de la Ciudad de México es de una riqueza cultural, histórica, gastronómica, en entretenimiento que no está representada en el triste logo implementado por el actual gobierno de la ciudad.
Aunado a eso la promoción de las siglas como marca y como identificación de nuestra ciudad ante los ojos de todos ha sido nula en el mejor de los casos o de una pobreza creativa que da pena ajena.
Durante el gobierno de Marcelo Ebrard había un video de la ciudad que mostraba el Palacio de Bellas Artes y un concierto en su salón principal del palacio, mientras se iba destacando la oferta turística de nuestra ciudad. Los dos gobiernos anteriores de la ciudad utilizaban a la victoria alada, que tiene más de cien años de ser parte de la ciudad, como parte de su imagen y de la imagen de nuestra ciudad. Para el gobierno actual la ciudad se reduce a letras en negro y rosa.
Crear la marca de una ciudad no se hace por decreto o utilizando hasta la saciedad las imágenes, siglas en este caso, que pretenden sintetizar a la ciudad, sino haciéndolas empáticas con los habitantes del lugar, con los visitantes que reconozcan apenas ver el logo, ese lugar idealizado que visitar o vivir. Los constantes fracasos de publicistas que han utilizado la imagen de diferentes actores y actrices para promocionar a los estados de la República son claro ejemplo de lo mal enfocada que se encuentra la promoción los destinos turísticos como marcas de consumo.
Intentar crear una marca de una ciudad o de un país requiere, como toda marca, de una campaña de publicidad exitosa. Una campaña que en el caso de tres años de CDMX ha sido nula. Ningún habitante distinguido, de los miles de ellos que habitan en la ciudad ha promovido la marca, ninguna de las diversas comunidades que lo habitan, las experiencias en la Ciudad de México no están ligadas a CDMX.
No basta con haber puesto desde la semana pasada una serie de posters en algunos vagones del metro, en sus andenes, unos cuantos espectaculares diciendo Adiós DF, Hola CDMX, hace falta mucha creatividad y muchas acciones de publicidad para que el sueño de Miguel Ángel Mancera de hacer de esas siglas la marca que identifique a la capital del país sea una realidad, de otra manera en tres años, cuando el nuevo gobierno de la Ciudad de México tome posesión, enfrentaremos nuevos cambios en la imagen oficial de la ciudad iniciando una nueva búsqueda por crear una marca de la capital del país.

publicado en roastbrief el 8 de febrero de 2016

viernes, 20 de marzo de 2015

Los primeros Texanos de Dallas.




A lo largo de la historia de la NFL, la ciudad de Dallas en el Estado de Texas ha tenido tres franquicias de futbol americano profesional y el estado tres llamadas Texanos. Los Texanos del empresario Giles Miller fue la primera.
Armando Enríquez Vázquez.
Al finalizar la temporada de 1951 de la NFL, los Yanks de Nueva York fueron puestos a la venta, su dueño y fundador Ted Collins no podía ya con los gastos de la franquicia, que había fundado en 1944 y establecido en un principio en Boston.
Los Yanks jugaron en Boston hasta 1949, ese año cambiaron su sede a la ciudad de Nueva York y por dos años cambiaron de nombre por el de Bulldogs,  En 1951 cambiaron de nuevo de nombre a su original Yanks, para finalizar su historia con él. La franquicia fue puesta a la venta por la NFL. El comprador fue un grupo de empresarios de Texas, al frente de este grupo se encontraba un hombre llamado Giles Miller. Como resultado de esta compra el Estado de Texas tuvo por primera vez un equipo profesional de una de las principales ligas deportivas de Estados Unidos.
La idea que alentó a los empresarios a comprar una franquicia de la NFL, fue la gran popularidad que el futbol americano colegial gozaba en el estado. Como nombre se escogió el de Texanos, sobre el de Rangers que también estuvo entre las opciones. Como ciudad sede se eligió a Dallas y como estadio se estableció el Cotton Bowl que tenía una capacidad para 75,000 aficionados.
Junto con la franquicia, Miller adquirió a casi todos jugadores de los Yanks. Así como los colegiales que habían sido seleccionados por los neoyorquinos. La primera selección fue Les Richter, un guardia quien en 2011 fue electo como miembro del Salón de la Fama.
El entrenador Jim Phelan, fue un destacado jugador con la Universidad de Notre Dame y miembro del Salón de la Fama del futbol americano colegial desde 1973, pero su carrera como entrenador en la NFL resultó desastrosa.
Para muchos expertos en el deporte, los Texanos de Dallas de 1952 se encuentran entre los peores equipos en la historia de la NFL. Su historia no sólo es la de un equipo perdedor en el emparrillado, los Texanos nunca cumplieron las expectativas de Miller en la taquilla tampoco. Con un promedio de tan solo diez mil espectadores durante sus juegos en casa, Miller se declaró incapaz de cumplir con los compromisos económicos del equipo y después de siete derrotas, optó por regresar la franquicia a la NFL, que para los juegos finales de la temporada reubicó a la franquicia en Hershey, Pensilvania, aunque su único juego como locales en el final de la temporada lo jugaron en el Rubber Bowl en Akron Ohio.
En esa ocasión enfrentaron a los Osos de Chicago de George Halas. Era un día de acción de gracias en Estados Unidos, antes de los profesionales habían jugado un par de preparatorias locales con una mayor asistencia que el partido profesional. Los Texanos y los Osos sólo lograron atraer 3,000 aficionados al juego. Halas estaba tan confiado en la victoria de su equipo que decidió jugar con su segundo equipo, los Texanos sorprendieron al entrenador de Chicago y ganaron el juego por marcador de 27-23, logrando la única victoria de la temporada y de su historia.
Al finalizar el encuentro Phelan declaró:
Es muy difícil mantener los ánimos en un equipo como este, sin casa y sin público, un equipo que sólo juega para Bert Bell.
Bert Bell era el entonces comisionado de la NFL.
Los números de los Texanos pueden dar una buena idea de lo malo que fueron. En 12 encuentros de su única temporada los Texanos recibieron 427 puntos en contra una promedio de más de 35 puntos por encuentro. Lanzaron sólo 12 pases de anotación y 30 intercepciones. Los Texanos consiguieron anotar un promedio de 15.2 puntos por juego.  A lo largo de sus doce juegos los Texanos perdieron la posesión del balón en 55 ocasiones.
Al terminar la temporada de 1952, la franquicia desapareció. En 1953 una nueva franquicia surgió en la NFL; Los Potros de Baltimore. A pesar de que algunos insisten en que los Potros son la continuación de los Yanks y de los Texanos, el equipo de los Potros nunca han admitido ser parte de la historia de esa franquicia y tanto ellos como la NFL los consideran como una franquicia independiente.

Ocho años después dos franquicias compitieron por la afición de la ciudad de Dallas, los Vaqueros de la NFL y los Texanos de la AFL.

imagen: pasttimesports.biz