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viernes, 14 de septiembre de 2018

El cambio cosmético, corrupción y ego.




Una de las acciones de compensación más absurdas y egocentristas de nuestros mediocres políticos y sus pequeñas mentes dictatoriales es cambiar la imagen de entidades y del país, aunque sea sólo en el papel.

Armando Enríquez Vázquez

El pasado 11 de septiembre la Jefa de Gobierno Electa de la CDMX (Marca Registrada), Claudia Sheinbaum, anunció con esa perturbadora especie de sonrisa, muy similar a la de Largo el de Los Locos Adams, el concurso para un nuevo logo para identificar a nuestra ciudad. A lo largo de los dieciocho años que van del siglo la Ciudad de México ha cambiado no sólo de imagen, si no de nombre, todo gracias al ego y la corrupción que rodea a los gobernantes.
A principios del siglo el hoy Presidente Electo tenía un logo que incluía dos escudos históricos del Distrito Federal, con su lema: Gobierno del Distrito Federal México La Ciudad de la Esperanza, los taxis eran verdes y la capital del país se llamaba Distrito Federal. Cuando llegó Marcelo Ebrard los taxis cambiaron de colores por órdenes del Jefe Gobierno, a rojo y dorado, una combinación que ni a un daltónico se le ocurriría porque el rojo era demasiado quemado y el dorado bastante de estatua de casa de nuevo rico. La ciudad también cambio su imagen por una muy estilizada y garabateada del Ángel (Victoria en realidad) de la Independencia con la frase “Capital en movimiento”.
La llegada de Miguel Ángel Mancera una vez más cambió la imagen de la Ciudad, para empezar porque el nuevo Jefe de Gobierno se empecinó en cambiar el nombre de la ciudad de Distrito Federal al de Ciudad de México. Por lo que el Jefe de Gobierno cambió la imagen también de manera radical, cambió a la Victoria Alada por cuatro letras: CDMX. Desde 2012 nos acostumbramos a identificar a la Ciudad con las letras CDMX. Pero Mancera hizo de las cuatro letras algo más que su propuesta personal para identificar a la ciudad, creo una marca y las letras negras en mayúsculas CDMX se convirtieron en la marca del capital del país, de la misma manera que a nivel federal las letras multicolores que forman el nombre de México se convirtieron en la marca con la que la Secretaría de Turismo Federal promueve al país allende nuestras fronteras. Los taxis cambiaron una vez más el color de su carrocería por capricho del nuevo gobernante a blanco y rosa.
Ahora Claudia Sheinbaum, lanza un concurso para la nueva imagen de la ciudad, porque la señora como todos sus antecesores tiene que empezar a gobernar con acto totalmente ególatra, poner su sello en la ciudad como perro que orina un árbol para marcarlo como su territorio, eso en el terreno más primitivo del asunto y en el más humano porque el cambio de imagen siempre representa una oportunidad para la corrupción.
Si hay algo que reconocerle a un taimado y corrupto Miguel Ángel Mancera es que la marca CDMX en seis años de gobierno logró colocarse en el número 19 de reconocimiento a nivel mundial y la número uno entre las ciudades latinoamericanas. Esto de acuerdo con una nota en ejecentral.com que a su vez cita a una agencia mundial llamada Saffron, que es la encargada de hacer este tipo de estudios. Algo que está muy bien. Entonces la pregunta es la de siempre ¿Por qué la falta de humildad entre los políticos mexicanos para reconocer los logros de sus antecesores?
Esa izquierda tan opaca y llena de negocios que está por tomar las riendas de la Ciudad será incapaz en un sentido práctico superar ese único logró del Senador Mancera.
La señora Sheinbaum tendría que responder ¿Más allá de su ego y la corrupción que habrá de generar con la nueva papelería y difusión de su logo para nuestra Ciudad cuáles son las razones prácticas de cambiar un legado exitoso? El pretexto favoritos de estos burócratas de la Cuarta Transformación es siempre el reducir gastos. Puedo asegurar que al final de cuentas como siempre sucede con estos servidores públicos el caldo será mucho más caro que las albóndigas. Y eso que dentro del despilfarro de Mancera la marca ciudad parece haber sido un éxito.
Claro que con ese autoritarismo dictatorial stalinista que reviste a muchos de los miembros de la Cuarta Transformación la Jefa de Gobierno Electa jamás contestará esta pregunta a una ciudadanía que lo más probable es que tampoco pida explicaciones.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Cuando las historias ya no puedan ni deban contarse.



La Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó a los legisladores revisar las leyes de inversión publicitaria en medios, si esta cambia, la sumisión de la prensa frente al Estado lo hará también.


Armando Enríquez Vázquez
Con la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación instruyendo al legislativo a revisar y regular la inversión de los gobiernos en propaganda, ¿Qué tan fuerte es el golpe para los diferentes integrantes del mundo de la publicidad?
Según datos de Articulo 19 y Fundar la inversión solamente de Presidencia de la República en el área de publicidad entre 2013 y 2014 fue mayor a los 14,000 mdp un gasto que parece no haber ejercido ningún otro presidente mexicano en la historia. A esa cantidad debemos sumar el gasto de las secretarias, organismos descentralizados, gobiernos locales, estatales, instituciones como IMSS, ISSSTE e INE, así como los otros poderes del gobierno.
En materia de las entidades federativas, de acuerdo con la organización Fundar, curiosamente fueron estados como Veracruz, Michoacán, Chiapas, Sonora, Jalisco y Tamaulipas quienes no sólo gastaron de más, sino que sobrepasaron en más de 200%, los gastos aprobados por los congresos en materia de publicidad durante el año 2015, estados cuya corrupción y opacidad son descaradas.
En 2016 la inversión publicitaria en México superó los 570 mmdd y al inicio este año se auguraba un crecimiento mayor al 6.3%. Frente a esta cifra la inversión del gobierno federal o las de los gobiernos estatales parecen mínimas, pero en ciertos sectores, como los medios de comunicación abierta, estos recursos son básicos para mantener su operación.
Una inyección de dinero de la magnitud proveniente del estado no puede menospreciarse, como tampoco debe hacerse con el impacto que una reducción importante sobre esta cantidad produzca en la publicidad, por lo pronto la reacción al menos del presidente de la Cámara de Diputados ha sido por decir lo menos, fría ante la orden del poder judicial y en el ejecutivo se ha preferido guardar el silencio clásico de quien no quiere contar historias verdaderamente de horror que deben contarse.
Tampoco nadie del sector de la publicidad ha salido al quite del dictamen de la SCJN o por lo menos no lo he escuchado o leído. Lo cual no es de extrañar pues muchos de los publicistas han decidido vivir en el mundo ficticio que han creado y parecieran estar muy alejados de la realidad política y social que los rodea.
Sí el Congreso de la Unión decide legislar sobre el asunto, como tendría que hacer, más de una empresa se verá perjudicada y no me refiero a las grandes empresas de comunicación que reciben una muy buena parte de sus ganancias diarias por venta de aire a las diferentes dependencias del gobierno, sino a las agencias de publicidad, casas productoras, agencias de casting, estudios de grabación, empresas de renta de equipo, personal freelance, modelos y actores y hasta las casas dedicadas al catering que ganan dinero cada vez que a un secretario de estado o director de comunicación social se le ocurre grabar otra pieza de la abominable propaganda oficial.
Lo que puede ser el desastre para un sector, sin duda debe y puede resultar en beneficio de quienes verdaderamente necesitan que el Estado cumpla con sus obligaciones, para aquellos que no necesitan escuchar historias huecas que carecen de mérito para ser contadas. Sin duda resulta más importante la inversión directa en salud y educación, becas de posgrado y universidades por poner un ejemplo, que gastar lo que estas dependencias gastan en su propaganda.
Lo que nos lleva a reflexionar en el papel pasivo que los creativos y publicistas han tenido frente a la propaganda chabacana de Peña Nieto. Yo sé y entiendo que el cliente siempre pierde la razón, pero también creo en la responsabilidad de los profesionales de la publicidad y la necesidad de hacer entender a su cliente cuando una idea publicitaria en poco o nada ayudará a su producto, en este caso un gobierno federal que carece de credibilidad y cuando las historias que se deben contar deben ser más apegadas a la realidad. Sobretodo en un país donde la gran mayoría no aprueba la gestión del presidente. Si los priístas no han aprendido a decir no a triunfalismos vanos y mediocres, son los publicistas quienes en su ejercicio diario deben ofrecer creatividad, populachera si se quiere, como la del IMSS con su campaña de actividad física o la del sector Salud sobre los mosquitos y e Chicungunya con sus jingles simples, repetitivos y pegajosos que cumplen de manera perfecta con su función.
Una vez que la SCJN ha decidido en esta materia tarde o temprano los legisladores, los de oposición, en un principio, pondrán el dedo sobre el renglón y el golpe al mundo de la publicidad será mayor o menor, pero sin duda será. Muchas empresas y personas dedicadas a la publicidad y negocios afines enfrentarán una crisis y no necesariamente en un futuro próximo, porque en el 2018 todos en el mundo de la publicidad buscan una campaña grande, mediana, chica o diminuta para mantener sus empresas y carteras en números negros, haciendo creer a todos los demás que las historias de políticos, tranzas y con cara de niño de ojos grandes pintado por Margaret Keane, que en realidad ni nos importan, ni nos tragamos ya, son similares a las de todos los ciudadanos.
¿Está el poder legislativo a la altura del reto? ¿O como siempre los priístas votaran para defender su coto de poder y a sus serviles dueños de medios? Hay quienes creen que a los políticos como a los perros se le calla a periodicazos, pero los años nos han demostrado que son los dueños de diarios como Excélsior, El Universal o Milenio los que se callan en cuanto tienen inversión del estado en sus medios.
Tal vez un doloroso amanecer en junio o diciembre del 2018 habrán de hacer sonar finalmente las alarmas y prender los focos rojos de muchos publicistas que habrán de contar la historia de los tiempos en que gracias a la demagogia y opacidad de Peña Nieto se amarraban a los perros con longanizas y esas historias no siempre serán las mejores para contar.

Una primera versión de este texto se publicó en roastbrief.com.mx el 21 de noviembre de 2017



jueves, 12 de enero de 2017

Donald Trump el pretexto para exhibir la estulticia.



La estulticia del sector de blanco, anglosajón y protestante, rural y/o obrero norteamericano y de su presidente electo exhibidas por dos campañas publicitarias.

Armando Enríquez Vázquez.

Pocas veces un hombre de tan pocas luces ha provocado tanta incertidumbre en la humanidad como Donald Trump. Pero más allá de lo que un candidato como él dice acerca del Partido Republicano, de un sector de la sociedad norteamericana y de la crisis de la democracia como la conocemos, hay que resaltar el ingenio con el que ciertas marcas, en especial dos marcas de cervezas hablan del candidato, de sus seguidores o de sus políticas. Como aún hay publicistas capaces de hacer un pequeño ensayo sobre la naturaleza humana al crear su trabajo.
El más creativo de estos comerciales contra Trump, es el de la cerveza Cucapá que como premisa tiene el que Trump pague las cervezas. Para ello y a manera de un pequeño documental, nos muestra a un mexicano que viaja con un cargamento de camisetas de propaganda a favor de Trump. La leyenda, que dice: Apoya a Donald, cambia con el sol por Donald el que lo lea y aparece una nariz de payaso.  
Vemos al vendedor llegar al aeropuerto de Los Ángeles y establecerse en una calle con su mercancía, después de vender unas cuantas camisetas un policía, le pide su permiso, al decirle que no lo tiene, el policía le dice pide levantar el puesto, apagar la cámara y marcharse. Finalmente, el vendedor se traslada a otra zona y con la ayuda de un Gringou buena onda logra el objetivo de vender las camisetas necesarias para pagarse la fiesta.
Lo interesante de este video es por un lado el demostrar ese sentido emprendedor de muchos mexicanos en situaciones adversas y que ha convertido a la comunidad mexicana en Estados Unidos en una de las más crecientes e influyentes a pesar de cualquier mensaje racista de anglosajones, negros y otros grupos de inmigrantes latinoamericanos como cubanos y puertorriqueños. Y por otro, ese lado casi zombie de los anglosajones más retrógrados al adquirir por adquirir bienes, en este caso por el simple hecho de tener el apellido del candidato.
Mi momento favorito del video es cuando uno de los compradores sonriente con su camiseta le pregunta al vendedor sobre su origen y este responde que es mexicano, la cara del comprador lo dice todo y muestra esa misma estulticia que caracteriza al candidato republicano.
Cucapá es una marca que inició en 2002 como una cerveza artesanal de Baja California, el nombre proviene de uno de los grupos étnicos de la región. El video de Cucapá es sin duda un excelente trabajo de publicidad, de BTL y un retrato involuntario de un cierto sector de la población norteamericana, del hedonismo americano pues vemos una joven que en lugar de interesarse por la mercancía invita al mexicano a pasarse por su recamara. Además del gringo amigo que ayuda a vender las camisetas con el único fin de participar en la fiesta. Existen también aquellos que insultan al vendedor por ofrecer mercancía de Trump.
En un formato más tradicional y con una ejecución ortodoxa se encuentra un comercial de Tecate donde un grupo de mexicanos y de norteamericanos se ven separados por un minúsculo muro que puede ser saltado en aras de la amistad, las relaciones entre ambos pueblos y por el amor común por la cerveza Tecate.
El mensaje es claro, en una franja de tierra donde la frontera no necesariamente está delimitada por la geografía, sino por traumas mentales, raciales o donde las relaciones entre los habitantes de ambas naciones son tan antiguas y fuertes como los siglos que tienen ambas naciones, muchas veces el mensaje de odio de un hombre mediocre e ignorante no basta para convencer a todos. Una frontera que ni siempre ha sido clara, ni definida a los habitantes de ambos países, basta leer algunas de las maravillosas novelas de Cormac McCormic, en especial la Trilogía de la frontera, y yo recomiendo el inicio de la misma que vale la pena leer y releer Unos caballos muy lindos, editado por Seix Barral.
La fuerza del mensaje en ambos comerciales es claro y políticamente contundente. Tristemente mucho más que el de nuestros institutos políticos o autoridades. Salvo el burdo grito futbolero en contra de Trump promovido por Nueva Alianza en su propaganda antes de las elecciones de este año, o del patéticamente tibio discurso de la Cámara de Senadores, al hablar del lenguaje de las trumpadas, ya sabemos cuál es la vergonzante postura oficial. 
Son los comerciales de la cerveza una muestra de cómo lo políticamente correcto no es necesariamente lo mejor para las relaciones entre personas y entre las naciones. Escribía burdamente uno de los escritores del exilio español en México; hay que llamar al pan, pan y al coño, coño. De manera tácita Cucapá y Tecate llaman estúpido a Trump al burlarse de sus ideas y poner en práctica, en el caso de Cucapá, un ejercicio que muestra lo complejo de esa relación de amor y odio entre los dos países.
A finales del siglo XX la revista Time dedicó uno de sus números a lo que llamó Amexica ese territorio que se extiende a lo largo de la frontera y a partir de esa línea imaginaria se extiende muchos kilómetros al interior en ambas direcciones y que nos habla y marca una forma de vida y de sociedad que vuelve a las dos naciones un mosaico y una mezcla difícil de separar y menos por la idea de un muro totalmente fuera de lugar y que sólo existe en la mente comunista y populista de la ultraderecha anglosajona y republicana.

Publicado en roastbrief.com.mx el 3 de octubre de 2016
imagen: eldeforma.com.mx

jueves, 5 de mayo de 2016

La marca CDMX



La idea de identificar a la ciudad como una marca no es mala, el problema radica en lo mal planeado de la campaña.


Armando Enríquez Vázquez.

Desde que llegó Miguel Ángel Mancera a la jefatura de gobierno de la capital del país, una de sus obsesiones ha sido posicionar las siglas CDMX como identidad de nuestra ciudad. Crear la marca que identifique a la ciudad. Desde el 12 de marzo de 2014 las siglas y su uso por los próximos diez años fueron registrados por el gobierno de la Ciudad de México ante Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).
Hacer de una ciudad, incluso de un país una marca no es nada nuevo y los grandes éxitos en ese sentido se encuentran en el icónico I corazón NY, para la ciudad de Nueva York o el toro de Osborne en el caso de España. Ambos símbolos han sobrevivido a lo largo de los años sin importar los cambios políticos, lo que los ha fortalecido y hecho internacionalmente conocidos. El problema en nuestro país y con nuestros mezquinos políticos es que cada seis años lo hecho por el gobierno anterior se va a la basura, se queda en el olvido o sirve de excusa para emprender una cacería política de los antecesores. Los funcionarios de Mancera y sobretodo los publicistas a cargo del CDMX, no tienen ya mucho tiempo para lograr su objetivo.
La idea de identificar a la ciudad como una marca no es mala, el problema radica en lo mal planeado de la campaña. En el Zócalo capitalino se colocó un enorme CDMX donde jóvenes paseantes se toman fotos una y otra vez, pero nadie sabe porque el CDMX, pareciera que se responde únicamente a un capricho del gobernante en turno. En su momento otro supuesto líder de la izquierda nacional que ocupó la oficina de jefe de gobierno declaró a la capital de la República como la Ciudad de la esperanza. A la distancia otorgada por el tiempo, pareciera que esa esperanza fue únicamente la suya para lograr desde la jefatura de gobierno la presidencia de la República.
Sí pensamos en las siglas CDMX, nos encontramos con varias dificultades desde mi punto de vista, la primera de ella es que a pesar de que hoy en día, las generaciones más jóvenes están acostumbradas a abreviar palabras en los textos de sus conversaciones y posteos, sin embargo las generaciones mayores no están acostumbrada y en una primera lectura puede ser confuso para las generaciones mayores que no se sienten del todo identificadas con estas siglas que podrían ir más en las placas de un vehículo. que servir como identificador de una ciudad que se presume incluyente. Los mexicanos jamás hemos identificado a la ciudad de esta manera y las siglas que utilizamos por décadas para la ciudad, fueron aquellas que han sido eliminadas de un plumazo: D.F.
Sin embargo, el mayor problema, desde mi punto de vista, es la poca promoción de las siglas, que por lo general se utilizan a diestra y siniestra, lo que las hacen parecer como parte de la papelería oficial del gobierno de la ciudad más qué como la marca de nuestra ciudad.
En un tono rosa tan neutro y frio, que difícilmente emocionará a nadie, contrastado con negro. Así de impersonal y falto de emoción resulta el logo que Miguel Ángel Mancera escogió para promocionar a nuestra ciudad. 
Cuando el gobierno federal decidió como parte de la marca turística de nuestro país ese logo que tiene el nombre del país con las letras de diferentes colores y texturas, creo que lo que intentó hacer fue darnos la idea de un país alegre, lleno de matices y experiencias. El triste negro y rosa de CDMX tiene más connotaciones negativas que positivas, cuando si de algo podemos hablar de la Ciudad de México es de una riqueza cultural, histórica, gastronómica, en entretenimiento que no está representada en el triste logo implementado por el actual gobierno de la ciudad.
Aunado a eso la promoción de las siglas como marca y como identificación de nuestra ciudad ante los ojos de todos ha sido nula en el mejor de los casos o de una pobreza creativa que da pena ajena.
Durante el gobierno de Marcelo Ebrard había un video de la ciudad que mostraba el Palacio de Bellas Artes y un concierto en su salón principal del palacio, mientras se iba destacando la oferta turística de nuestra ciudad. Los dos gobiernos anteriores de la ciudad utilizaban a la victoria alada, que tiene más de cien años de ser parte de la ciudad, como parte de su imagen y de la imagen de nuestra ciudad. Para el gobierno actual la ciudad se reduce a letras en negro y rosa.
Crear la marca de una ciudad no se hace por decreto o utilizando hasta la saciedad las imágenes, siglas en este caso, que pretenden sintetizar a la ciudad, sino haciéndolas empáticas con los habitantes del lugar, con los visitantes que reconozcan apenas ver el logo, ese lugar idealizado que visitar o vivir. Los constantes fracasos de publicistas que han utilizado la imagen de diferentes actores y actrices para promocionar a los estados de la República son claro ejemplo de lo mal enfocada que se encuentra la promoción los destinos turísticos como marcas de consumo.
Intentar crear una marca de una ciudad o de un país requiere, como toda marca, de una campaña de publicidad exitosa. Una campaña que en el caso de tres años de CDMX ha sido nula. Ningún habitante distinguido, de los miles de ellos que habitan en la ciudad ha promovido la marca, ninguna de las diversas comunidades que lo habitan, las experiencias en la Ciudad de México no están ligadas a CDMX.
No basta con haber puesto desde la semana pasada una serie de posters en algunos vagones del metro, en sus andenes, unos cuantos espectaculares diciendo Adiós DF, Hola CDMX, hace falta mucha creatividad y muchas acciones de publicidad para que el sueño de Miguel Ángel Mancera de hacer de esas siglas la marca que identifique a la capital del país sea una realidad, de otra manera en tres años, cuando el nuevo gobierno de la Ciudad de México tome posesión, enfrentaremos nuevos cambios en la imagen oficial de la ciudad iniciando una nueva búsqueda por crear una marca de la capital del país.

publicado en roastbrief el 8 de febrero de 2016

jueves, 30 de abril de 2015

Las campañas políticamente correctas.



De campañas sucias, vituperios y cinismo institucional.

Armando Enríquez Vázquez.

Si hay un lugar común que nos debe ofender a los ciudadanos por sus falsos y puritanos golpes de pecho, es esa tontería de la que abusan los lectores de noticias cuando hablan con desprecio y horror de las campañas sucias de los partidos políticos.
En el planeta de la perfección donde los cándidos lectores de noticias viven, nadie puede agredir a nadie, no se vale sacar los trapitos sucios al sol de los políticos y mucho menos cuando estos pertenecen al PRI que amenaza a sus patrones y sus concesiones en los espectro mediáticos.
Las campañas sucias en teoría están plagadas de vituperios, de calumnias y falsas acusaciones. Pero decir y subrayar los errores y abusos del enemigo político no tienen nada que ver con una campaña sucia.
Desgraciadamente ni los medios, ni el INE parecen conocer la diferencia entre una verdad y una calumnia. Tal vez resulte molesto para la presidencia reconocer que 200 personas viajaron en el séquito del presidente en su visita a Londres, pero el número de personas está documentado. Probablemente a los estrategas de las reformas de Peña Nieto les reviente el admitir que el precio de la gasolina es mucho más caro que en Estados Unidos que no es un país productor, pero las cifras que marcan las bombas de las gasolinerías no mienten. Lo mismo debe suceder en el PAN al reconocer que su gobernador Padrés se mandó construir una presa en beneficio de sus tierras y las de sus familiares, Qué sus legisladores predican una moral digna del manual de Carreño y actúan con un libertinaje digno de la Francia de finales del siglo XIX. No que decir ya del PRD o peor aun de morena que no va en al último y con letras pequeñitas en lo que a corrupción y nexos con el crimen organizado se refiere y en eso baste recordar el caso iguala y las primeras referencias de Abarca y los miembros de morena.
Las decisiones del INE son una afrenta para todos los mexicanos. No solo no saben los consejeros distinguir entre la calumnia y los hechos reales, si no que desde el doble discurso de una falsa moral democrática pretenden retirar spots a manera de la censura de una dictadura, mientras el Partido Verde se burla de la constitución, de los mexicanos y del INE, al violar de manera repetida y sin pudor alguno las leyes electorales de nuestro país, sin recibir por parte de este más que amonestaciones y multas que cínicamente el partido paga con el dinero de los ciudadanos. Violar la ley de manera repetida y con conocimiento de causa equivale a la cancelación inmediata del registro. Sin embargo el Instituto y los consejeros encabezados por el Consejero Presidente Lorenzo Córdova se sienten más cómodos fungiendo como damas decimonónicas asustadas por las cosas que se dicen entre partidos, entre candidatos que ejecutando sus funciones.
A pesar del soponcio que le da a Córdova el escuchar estos spots, nada de lo dicho es falso, ni exagerado. Los ciudadanos somos los que debemos decidir si queremos votar por un partido con un presidente con relojes carísimos producto de años en la política u por el que proclama ser el defensor contra la corrupción pero llegado el momento agacha la cabeza y vota como le dice el partido en el poder. Es claro que el PAN solo sabe votar como el PRI se lo ordena y se mimetizan en el partido en el poder cuando les conviene como lo muestran sus spots de propaganda en contra uno del otro que son exactamente iguales. La gente no puede distinguir quien se anuncia si los azules o los rojos.
Esas campañas ideales con las que sueñan los consejeros del INE y los comentaristas de radio televisión y periódicos no puede existir en México, en un país donde la realidad nos sorprende cada mañana con actos de corrupción, de nexos escandalosos entre el crimen organizado y el PRI, cuando todos los días descubrimos que ha sido más fácil para operadores del gobierno encargados de lograr la paz, decidir por el asesinato. Cuando la prepotencia y la impunidad son nuestro pan diario. ¿Cómo espera el INE que las campañas hablen de propuestas y de ideas, sí los supuestos legisladores carecen en su mayoría de voluntad propia? Sí dependen de los caprichos y voluntades del presidente o de los presidentes de sus partidos en el último de los casos.  
En México no hay campañas sucias hay políticos sucios hablando de sus sucios rivales. Hay partidos sucios burlando de sucia manera las leyes de México. Que no nos confundan ni el INE, ni los lectores de teleprompter; la suciedad no está en las campañas sino en todos aquellos que con su mal ejercicio en la función pública, las legislaturas han hecho de nuestro país el segundo en el mundo en impunidad y tal vez el primero en cinismo.

publicado en blureport.com.mx el 22 de abril de 2015
imagen: betanews.com