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jueves, 21 de febrero de 2019

Salvat Ediciones y colecciones en el puesto de la esquina.




Esta centenaria editorial se ha preocupado por poner el conocimiento y el arte a la mano de todos en fascículos y libros fáciles de encontrar.

Armando Enríquez Vázquez

El puesto de periódicos de la esquina ha cambiado su valor, como muchas otras cosas en la vida, en los últimos treinta años y se ha convertido en el estanquillo fast de la vida diaria del godín, ofreciendo más dulces y cigarros sueltos que diarios y revistas aunque sigue siendo el lugar perfecto para qué diferentes editoriales hagan llegar fascículos y colecciones de objetos que atraen a las personas y que difícilmente encontramos en las tiendas donde con más solemnidad se venden revistas, ya por no hablar de las librerías. Estas ediciones por lo general se ponen a la venta con periodicidad quincenal o semanal.
Este tipo de materiales en entrega son más populares de lo que imaginamos, porque de otra manera no continuarían existiendo, claro ahora tienen diferentes agregados que antes no tenían y que se añaden al fascículo, así como temas llamativos que no se nos ocurre buscar en Internet, entre las editoriales que han hecho de este tipo de productos un sello esta Salvat. Ya en los años setenta recuerdo una maravillosa serie de fascículos para construir una enciclopedia de la vida animal que se llamaba “Fauna” y que al parecer es un verdadero ícono de la editorial y del negocio. También hubo una enciclopedia deportiva, el problema de estas enciclopedias era el tiempo que llevaba juntarlas, la editorial Salvat en sus orígenes se especializó en enciclopedias.
La historia de la editorial inicia el 13 de enero 1842 al nacer en Barcelona Manuel Salvat y Xivixell, miembro de una familia modesta Manuel se vio obligado a trabajar desde la edad de catorce años, inició su labor como aprendiz en una editorial dedicada a textos religiosos que era muy importante llamada Mugriña i Subirana. Salvat aprendió rápido el oficio, cuatro años después de haber iniciado ya era oficial en la imprenta. En 1862 dejó Mugriña i Subirana, algunas fuentes dicen por segunda vez, para irse a trabajar a la imprenta de Narciso Ramírez y en 1863 comenzó a trabajar en la imprenta de Jaume Jepus, en 1867 a Salvat le fue otorgada la gerencia de la imprenta. La experiencia de Salvat logró hacer crecer la empresa de manera significativa. Entre los clientes de Jaume Jepus estaba una empresa editorial formada por los hermanos Pau, Josep, Magdalena y Ramón Espasa y Anguera. Con el tiempo y la carga de trabajo la imprenta de Jaume Japus comenzó a quedar mal con sus clientes, entre ellos los hermanos Espasa, en 1869 Josep y Pau se asociaron por partes iguales con Manuel Salvat para crear una nueva imprenta que se llamó Espasa Hermanos y Salvat. En 1872 Manuel Salvat se casó Magdalena Espasa, hermana de sus socios.
En 1877 Pablo Espasa abandonó la sociedad, le empresa en un principio se mantuvo con el mismo nombre y solo cambió en 1880 por Espasa y Cía con un tercer socio Magín Pujadas un famoso litógrafo de la época, quien tres años después se separó de la sociedad. Para 1897 la sociedad finalmente se deshizo quedando dos empresas: Espasa e Hijos, por un lado y por otro Salvat e Hijo. Manuel Salvat integró a la empresa a su hijo mayor el arquitecto Pau Salvat i Espasa. Manuel Salvat murió el 26 de febrero de 1901, a los 59 años.
Pau Salvat i Espasa sucede a su padre en la dirección de la empresa, Salvat había nacido en 1872, el año de la boda de sus padres, estudió arquitectura y ejerció ambas profesiones; editor y arquitecto. Diseñó el, edificio que albergó las oficinas principales de Salvat en 1916, ubicado en la calle de Mallorca en Barcelona, donde aún está en pie y forma parte del patrimonio industrial de la ciudad. Bajo la dirección de Pau se editaron obras que dieron gran nombre a la editorial como el Diccionario Salvat Enciclopédico Ilustrado cuyos nueve volúmenes fueron publicados entre 1906 y 1914, así como el Diccionari de la Llengua Catalana en 1910. Pau Salvat murió en 1923 y fue sucedido por sus hermanos Ferran y Santiago.
Con el pasar de los años será Santiago quien se quede con la editorial y habrá de sufrir los tiempos negros posteriores a la guerra civil española dominados por la censura y la estulticia del dictador Francisco Franco. Pero también fue capaz a partir de los años 50 de diversificar el negocio al abrir filiales de Salvat en América Latina. Santiago murió en 1971, ya desde veinte años antes sus hijos Manuel, Juan y Santiago Salvat Dalmau entraron al negocio familiar y fueron los encargados de hacer de la editorial líder en la publicación de enciclopedias por fascículos para lo que compraron los derechos de una enciclopedia publicada de la misma forma por la editorial italiana De Agostini con la que se aliaron. En las décadas de los sesenta y setenta Salvat publicó 50 enciclopedias de diferentes tipos y colecciones de libros seriadas. No sé si recuerdan unos pequeños libros con pastas beige de cartón corrugado que en las parte interior tenía como imágenes de ruinas romanas y los títulos de la obra encuadrados en diferentes colores; rojos y azules. Aun se llegan a ver en las librerías de viejos por montones vendiéndose a 5 pesos cada uno. Yo no había caído en cuenta de que eran de Salvat hasta hacer la investigación y redactar este texto, mi abuelo me regaló siendo un pre adolescente, dirían ahora, “Los intereses creados” de Jacinto de Benavente y mi padre se enganchó con los anuncios de televisión y compró aquel primer libro de la colección y que por años permaneció en su biblioteca: “La tía Tula” de Miguel de Unamuno, que en su momento alcanzó la increíble cifra de un millón de ejemplares editados. Los hermanos Salvat Dalmau no sólo innovaron en el mundo de las editoriales en español, si no en la publicidad también y utilizaron como ya quedó claro la televisión, además de carteles e inserciones en periódicos para promocionar sus diferentes colecciones. Además, asociaron al libro nuevas tecnologías como audiocassetes y más tarde los CD. Llegaron a tener además de sus enormes imprentas en Barcelona y Navarra, otra en nuestro país, en Querétaro.
Las crisis económicas en Latinoamérica sobre todo en México pusieron en riesgo de quiebra a la editorial y en 1988 el gigante francés Hachette en busca de ganar los mercados de habla inglesa y española compró dos editoriales; Grolier y Salvat. Desde entonces la editorial catalana es parte del Hachette que a su vez en 1992 se unió con otra empresa, Matra.
Uno de los primeros logotipos de Salvat muestra a un hombre sosteniendo una enorme antorcha, parado sobre una rama de árbol con un libro atrás, en la otra mano un escudo muestra el nombre de “Salvat y Cía.” Hoy el logo se limita al perfil estilizado y sin gracia de un Pegaso. Los fascículos y diferentes colecciones con el sello de Salvat aun existen en los puestos de periódicos de nuestro país y de España.
 Da Agostini hoy es propiedad de uno de los rivales históricos de Salvat, Planeta.


publicado en thepoint.com.mx el 13 de febrero de 2019
imagen salvat.com

lunes, 11 de febrero de 2013

Esquinas con información



Son parte importante del paisaje urbano, de las mañanas y esperas para cruzar las esquinas de todos los chilangos.
Armando Enríquez Vázquez
Cuando por la mañana paso caminado por una esquina y me uno a aquellos que a vuelo de pájaro intentan informarse de las noticias del día anterior -noticias de todos colores-, además de aprovechar una miradita lasciva a la multitud de cuerpos semidesnudos, en las lluviosas mañanas de Junio, de desconocidas -por muchos conocidas-, lo hago más con ese espíritu de una vieja costumbre pavloviana que aprendí desde mi infancia al estar frente a un puesto de periódico, que por la necesidad de estar informado.
Mi abuelo paterno, todos los domingos llevaba a mi abuela a misa por la mañana. Mientras ella rezaba dentro de la iglesia, mi abuelo leía el periódico sentado al volante del carro. Mi hermano Gonzalo y yo en el asiento trasero leíamos comics del pato Donald, La pequeña Lulú, Pepita y Lorenzo, el conejo Serapio, que era Bugs Bunny, Andy Panda y el Pájaro Loco entre otros, que mi abuelo nos había comprado en el puesto de periódicos antes de llegar a la Iglesia. Era un rito familiar: Mi abuela a la iglesia, los hombres a cosas que no tenían que ver con ella. La única vez que me interesó la iglesia en aquellos días, fue porque en el transcurso de esa semana había leído en el periódico en casa, cómo en el interior del templo frente al que mi abuelo se estacionaba todos los domingos, a manera de escolta laico de mi abuela, se había suicidado una persona al estilo bonzo. Esa vez mi abuela se opuso a que entrara al templo.  Una semana después, los rezos de la abuela se trasladaron a otra Iglesia.
Unos años más tarde, los sábados por la mañana tenía que caminar al puesto de periódicos cercano a mi casa para comprarle el periódico a mi papá. Ahí me detenía por un momento, con avidez recorría los títulos de las aventuras en forma de comic; Joyas de la Mitología y otros similares que no eran de los superhéroes norteamericanos hoy tan valuados. Para eso estaba la televisión. Estaban también los fascículos coleccionables de animales salvajes; de las editoriales sólo recuerdo que una de ellas era Salvat, sin embargo eran españolas. Los fascículos salían a la venta cada semana y después de miles de años de compras semanales, cuando ya algunas de las especies mostradas en sus páginas habían pasado a la categoría de extintas, uno, finalmente, podía formar los trece tomos de una enciclopedia, recuerdo que había otra de deportes, con disciplinas tan practicadas y tan seguidas en nuestro país como la esgrima, el polo o el curling.
La revista Duda, cuyo lema era Lo increíble es la verdad, o algo por el estilo, fue mi primer acercamiento a la ciencia ficción de platillos voladores, extraterrestres y seres extraordinarios. Era una versión de esas revistas que hoy pomposamente se llaman Muy Interesante o Quo, sin la pedantería de creerse información confiable. Todo lo que se publicó en Duda, era verdad por el simple hecho de estar publicado en sus páginas: La oquedad de La Tierra, los viajes interplanetarios, las abducciones, los monstruos en lagos, lagunas y charquitos, y sin embargo con el pasar de los años al parecer, Duda resultó ser más seria y contener más verdades que El Excélsior de Regino Díaz o El Nacional. Duda era, orgullosamente nacional.
También entonces, con el tiempo de mi lado, descubrí el placer, culposo dicen hoy, en aquella época se llamaba simplemente morbo, de ver los titulares del Alarma. Cuerpos mutilados, vísceras en las banquetas, infantes con malformaciones abyectas, criminales de caras siniestras y siempre golpeadas, charcos de sangre y cuchillos manchados. Nada que hoy no podamos ver en la televisión en horario familiar.  En esos días, las revistas de ese tipo no estaban permitidas en las casas de “La gente decente”, que había estudiado; a lo mejor en las peluquerías sí.  Hoy se ven cosas más pornográficas en todos lados, como las revistas de chismes de la farándula.
Pasaron los años y entonces aparecieron, o mejor dicho ya estaban, ocultas a mi vista y mis intereses infantiles, las revistas porno; el Interviú, el Caballero que ofrecían las curvas y turgencias de los cuerpos femeninos y otras con nombres menos prestigiosos que ofrecían menos velos y más carne a la vista del “lector”. Esas que metí entre el colchón y la base de mi cama, para los momentos en que las hormonas adolescentes no me dejaban dormir. También vendían otros cuerpos más cubiertos en forma de poster como el de Farrah Fawcett que estaba en la puerta de mi cuarto.
Con el tiempo aparecieron nuevos periódicos, adornando los puestos, el Uno más uno y unos años despuésLa Jornada. Los primeros diarios en proponer formatos de tabloide al lector y no andar con las mil y estorbosas secciones  de dos metros de anchos que ni los brazos alcanzaban para abrirlas y que se leían compartidas en metro, camión y barras de restaurantes. Para cambiar la página había que cerciorarse primero si la persona de al lado ya había terminado de leer. Desaparecieron otros como el Novedades y El Nacional, éste último era el diario oficial del gobierno, como si la censura y las coerciones existentes entonces hicieran necesario un periódico del gobierno.
Los fascículos comenzaron a ser reemplazados primero por libros, extraordinarias y a veces sui generiscolecciones de literatura latinoamericana, de libros de historia, de filosofía; con los años aparecieron los dvd’s y cd’s, en el puesto de la esquina. Colecciones de ópera, ballet, los grandes de la música clásica en los puestos de periódicos de un país que difícilmente se aleja de sus mariachis y sus malos melodramas televisivos. Estampas de los álbumes Panini de los mundiales de futbol. Llegaron las crisis disfrazadas de la primera década del siglo XXI y más de un puesto de periódicos se convirtió en una versión entre el Oxxo más cercano y la tienda de la cuadra. Y como los chilangos hemos perdido la imaginación y la creatividad a fuerza de abstractas lecciones de economía y las impredecibles variaciones entre los grados de contaminación, la radiación solar y los encharcamientos como lagos, hoy los puestos de revistas y periódicos ofrecen junto a los ansiados, deseados cuerpos semidesnudos, a periódicos que difícilmente se venden, con tantos otros que se regalan y cumplen las funciones básicas de medio informar con la ventaja de no costar. A revistas de chismes baratos, libros, DVD; se ofrecen cientos de publicaciones de cocina. Desde las atractivas: Moles de México,  La cocina estado por estado, hasta aquellas que con sólo verlas se pregunta uno si alguien realmente las puede necesitar para cocinar: La Revista de los Jugos, Como preparar Gelatinas, hervir el agua. Claro, me imagino que después de leer el TV Novelas y otras similares hay que reaprender hasta como se exprimen las naranjas.
Los puestos de periódicos ahí están, repetidos, a lo largo y ancho de la ciudad, en todas las  colonias, en cada esquina a veces, al inicio y al final de la misma cuadra como exceso, compitiendo contra todos los demás, cualesquiera que sea el giro que tengan sus competidores; estanquillo, tienda departamental, tienda comercial. Los puesteros alegres y taciturnos atienden a su clientela, hoy en la mayoría hasta cigarros sueltos le venden a uno. Los puestos de periódicos, una estrella más de la Ciudad de los Palacios.

Publicado en palabrasmalditas.net en Septiembre de 2012