viernes, 7 de junio de 2013

Tres mexicanas en aviones.





La historia de la aviación de nuestro país marca tres historias distintas de mujeres; La primera mujer en volar en avión, la primera piloto mexicana y la primera mujer en obtener su licencia como piloto en nuestro país.
Armando Enríquez Vázquez.
En las historias de las primeras veces y las primeras personas, la aviación en México reserva tres lugares para las mexicanas que surcaron los cielos de nuestro país en aviones.
En orden cronológico hay que iniciar con Dolores Castillo en el Puerto de Veracruz.
Entre las tácticas de vuelo desarrolladas durante la I Guerra Mundial, un piloto alemán desarrolló una técnica llamada la vuelta Immelman, que con los años se convertiría en una maniobra acrobática entre los pilotos del mundo y que aun hoy se ejecuta en las exhibiciones acrobáticas de aviones. Consiste en elevarse de manera vertical dar un giro de 180°, así como rotar sobre el eje de la aeronave, para quedar en dirección contraria a la original.
En 1918, existía un mexicano capaz de hacer la Immelman, su nombre era Amado Paniagua, un joven militar hidalguense, no mayor de 22 años. Teniente de la incipiente Fuerza Aérea Mexicana, el 26 de Agosto de ese año, Paniagua, llevó a cabo por primera vez la vuelta Immelman en México. Meses después en Noviembre en una demostración de la Fuerza Aérea Mexicana en el Puerto de Veracruz, Paniagua intentó hacer la Immelman de nuevo, sin embargo algo salió mal, el Teniente perdió el control del biplano y se estrelló en las aguas del Golfo de México. Convirtiéndose en la primera víctima de la aviación mexicana.
Una joven, Dolores Castillo, encontró el cadáver del piloto que la marea había arrojado a las playas del puerto. Ella se encargó de limpiar de sangre el cuerpo, cerrarle los ojos y poner las  manos del aviador en cruz sobre el pecho. Así fue como lo encontraron las autoridades y sus compañeros aviadores.
A los pocos días cuando una comitiva fue a agradecer a la joven por su actitud, Dolores pidió que la dejaran subir a uno de los aviones, para ver lo que había visto el piloto mexicano antes de morir. Tal vez, impresionada e intrigada por lo que ella misma declararía décadas después, que al cerrar los ojos de Paniagua había visto que no había miedo en ellos, tampoco paz, sino otra cosa.
El  jefe de la zona militar telegrafió al presidente Carranza comunicándole la petición de la veracruzana, Carranza accedió, diciendo que era una forma de premiar el acto patriótico de la joven. Así, de acuerdo a esa forma caprichosa que tiene la historia de escribirse a veces, Dolores Castillo se convirtió en la primera mujer mexicana en ser reconocida por haber volado en un avión. Cumplió con su extraño anhelo de ver lo que había visto Paniagua, desde entonces popularmente se le conoció como Lola La Aviadora.  Se sabe por una entrevista que Excélsior le hizo en 1985 que Dolores Castillo seguía viva en ese año.
Pero existen datos de que en realidad no fue la primera mexicana en ser pasajera en un avión, entre los primeros aviadores de nuestro país, Miguel Lebrija en 1911 llevó en su avión a una mujer de nombre Esperanza Díaz Gutiérrez, de la que no se conoce más que el nombre y a la que el piloto, pienso le prometió El Cielo a cambio de algo más. Existe también otro argumento muy mexicano para llevar a cabo una acción de este tipo. El mismo Lebrija poco antes de morir, en 1913, habría llevado en diferentes vuelos a su mamá y a sus hermanas. Pero es la historia de Lola más apabullante, romántica, patriótica y enigmática para que su nombre quedara en la historia como la primera mexicana en surcar el cielo.
Y con esa misma caprichosa incoherencia que tiene la historia oficial, se ha olvidado a María Marcos Cedillo, hermana del caudillo potosino, Saturnino Cedillo, calificado por la historia del país como reaccionario y tal vez por eso su hermana ha sido olvidada. María Marcos Cedillo nació en 1900 en Palomas, Ciudad del Maíz , SLP.  María conoció en 1930 a la primera mujer que cruzó el espacio aéreo de San Luis Potosí; la estadounidense Florence Barnes, conocida como Pancho, algunas fotos la muestran con jorongo y sombrero de petate, como pintan los gringos a los mexicanos, una aviadora y aventurera que anduvo en México en tiempos posteriores a la Revolución. María Marcos inspirada por su amistad con Pancho Barnes y gracias a una escuela de aviación que extrañamente fundó su hermano en San Luis, al poco tiempo se convirtió en piloto. María volaba en grandes rutas a pesar del enojo de su hermano que calificaba a los aviones como máquinas del infierno y mucho menos le parecía que una mujer, en especial su hermana, los piloteara. Cómo afrenta a su hermano, María bautizó a su avión como Ángel del Infierno. El 5 de Junio de 1933 el Ángel del Infierno llevó a María a la muerte. La piloto no pudo controlar la aeronave en el viento y se estrelló en un cerro. Al enterarse de la muerte de su hermana, Saturnino Cedillo cabalgó hasta la ciudad para acudir al funeral de su hermana y vació la carga de su pistola contra los restos del avión. María Marcos Cedillo fue la primera piloto mexicana.
La historia de la aviación mexicana reconoce a Emma Catalina Encinas Aguayo como la primera piloto mexicana con licencia, la cual obtuvo el 4 de Diciembre de 1932.  Emma Catalina nació en el Mineral de Dolores en el municipio de Madera en Chihuahua, el 24 de Octubre de 1909. De chica fue enviada a los Estados Unidos a Estudiar, huyendo de la Revolución. En California quedó maravillada conoció los aviones. A su regreso a México entró en la escuela de aviación en Chihuahua de manera azarosa. Ya que una amiga de ella era novia del director de la escuela, el cual a su vez era hermano del gobernador interino del Estado el General Roberto Fierro Villalobos uno de los formadores de la Fuerza Aérea Mexicana, Encinas Aguayo se convirtió en protegida del General, poco después se trasladó al Distrito Federal donde terminó su instrucción en los campos de Balbuena. El 20 de Noviembre de 1932 presentó su examen de vuelo. El camino no fue fácil y se enfrentó al escepticismo machista de la época encabezado por su propio padre que la tildó de loca por querer ser piloto aviador, hasta mucha de la gente que se presentó en los campos de Balbuena ese 20 de Noviembre para verla estrellarse. Emma Catalina pasó el examen y el 4 de diciembre de 1932, la Secretaria de Comunicaciones y Obras Públicas le entregó su licencia de piloto aviador, convirtiéndose en la primera mujer mexicana en obtener este documento.
Emma Catalina abandonó su carrera al casarse y trabajó en puestos administrativos en aerolíneas comerciales y también se desempeñó como traductora en puestos públicos. Murió el 15 de Noviembre de 1990, casi 58 años de haber conseguido pasar el examen que le dio su licencia.


Publicado el 5 de Junio de 2013 en thepinkpoint.com.mx
Imagen: sanluis.gob.mx             
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