jueves, 11 de julio de 2013

Políticamente correcto, éticamente cobarde



Ser neutral, pasivo y permitir atrocidades tiene que ver con ser parte de esa forma fascistoide que se nos quiere imponer desde el barbarismo del norte y otros países civilizados, que se denomina ser políticamente correcto.
Armando Enríquez Vázquez
Cada vez es más común que en aras de la libertad de expresión y de la tolerancia muchos abran sus oídos a sin sentidos e ideas absurdas. Creer que ridiculizar a perros y gatos vistiéndolos de seres humanos, monologar frente a ellos y torturarlos teniéndolos en espacios reducidos parece darle a esa gente el derecho de hablar en contra de aspectos  culturales de nuestra sociedad y nuestra nación como la lidia de toros, creyendo que son congruentes. Creer que un homosexual vale más en sus dichos y hechos que un heterosexual, es otro absurdo. No tendría, en teoría nada de malo organizar una marcha del orgullo heterosexual, por lo menos podría asegurar que seríamos más. Cómo sin duda lo es el pensar que un ciclista vale más que un automovilista. O de que un vegano crea que es mucho más valioso que un omnívoro. Los miembros más radicales de estos grupos de seres humanos tienen la arrogancia de ver a los demás vea como un nazi a un judío.
La vieja idea de Ibsen acerca de que las minorías siempre tienen la razón, esta malinterpretada y utilizada como escudo de una minorías basadas, no en la inteligencia, sino en razas, género, preferencias sexuales, incapacidades o gustos. Cuando lo importante al final del día es que todos somos seres humanos que nada de lo anterior debiera de importar.
La idea que en Estados Unidos sirve muy bien por su formación puritana  y su doble moral permite ese tipo de estupideces y da por resultado que un negro se vuelva un afroamericano y un chicano, un latino, ese una idea originada por los republicanos para dividir y fraccionar en algunos casos, en otros para nulificar el poder de ciertos grupos de seres humanos. El mismo termino latino, mas tarde cambiado por hispano, fue una contribución de Richard M. Nixon, bajo su presidencia para rasar a todos los hispano hablantes de los Estados Unidos  y neutralizar la fuerza del movimiento chicano que no olvidó jamás que en Texas, California, Utah, Nuevo México, Arizona muchos de sus habitantes menospreciados y discriminados eran originarios mexicanos de antes de que los sajones invadieran sus tierras en un intento por demostrar su superioridad. Los blanco de los Estados Unidos son Curiosos. Su nacionalidad, según ellos, es mestiza, siempre y cuando el mestizaje se dé entre descendientes de colonos europeos y sajones de preferencia. Más tarde se incluyó a los africanos, olvidando que la gran mayoría de los habitantes negros de la nación americana tienen las mismas generaciones que los blancos de haber llegado a Estados Unidos, a veces en los mismos barcos. Los asiáticos y los árabes. Y lo más preocupante después se ha extendido a grupos de diferente por su orientación sexual o sus diferentes gustos. Tratando siempre de crear palabras que en teoría hacen más humana y socialmente aceptable a dichos grupos. Cuando en realidad se trata de discriminar, de separar.
Esa herencia fascista y nociva para la sociedad está penetrando a nuestro país, donde la estulticia de muchos de nuestros compatriotas, muchos jóvenes, otros fascistas de origen, sin cuestionar nada alienta su llegada. En batallas y frentes tan absurdos como los veganos sobre los carnívoros o los ciclistas contra el mundo.
¿Qué hace más importante a un grupo que a otro? sus ganas de manifestarse, su exhibicionismo, su incapacidad de dialogar y por extensión de únicamente ser capaces de monologar a gritos en las calles.  
Los logros en materia de reconocimiento de igualdad en derechos de los diferentes grupos sociales son un logro que todos debemos celebrar, no una oportunidad para que el revanchismo y el odio se manifiesten en la dirección opuesta, como lo sugieren muchos líderes homosexuales, feministas, de diferentes grupos raciales  en otros países, en sus discursos, hechos y dichos revanchistas y estúpidos y llenos de odio contra otros seres humanos a los que les exigieron esos derechos, ante los que muchos tienen temor a manifestarse por creer que sería algo políticamente incorrecto.
Lo políticamente correcto es sólo una forma de maquillar y aprobar el fraccionamiento entre los seres humanos, la pulverización de la humanidad, con la aprobación tacita de una entidad que omnipresente, anónima y éticamente fascista. Ni que decir de esos pobres alienados que defienden los derechos de perros y gatos olvidándose de los niños miserables de nuestro país. ¿Qué sigue el derecho de las ratas y las cucarachas?
  
Publicado en blureport.com.mx el 9 de Julio de 2013.
Imagen: brucesallan.com