miércoles, 23 de abril de 2014

Ciclovía, peatones y amas de casa desquiciadas.





La falta de una verdadera cultura vial en la ciudad hace que en percepción de cada uno de los ciudadanos sólo él tenga la razón.

Armando Enríquez Vázquez

Desde hace ya más de una década los diferentes gobiernos del Distrito Federal y delegaciones la entidad federativa, se han preocupado por promover el uso de la bicicleta en una ciudad en la que para muchas situaciones el uso del automóvil es un absurdo. Y el del transporte público una utopía, gracias a la pésima logística existente en los diferentes transportes públicos y concesionados. Además, en el caso de los microbuses son, por más lugar común que suene, un imperio de la impunidad permitido por todos los regentes y jefes de gobierno desde que tengo uso de razón.
Promover el uso de la bicicleta a través de carriles de uso exclusivo o por medio del sistema de la ecobici,  cuando se trata de ciertas distancias o en los famosos paseos dominicales instaurados por el GDF, han sido en general muy bien recibidos por la población y sobre todo por jóvenes.
Además de incentivar el abandono del automóvil, este tipo de medidas promueve el ejercicio tan necesario en la población en general. Desgraciadamente a todo acto de gobierno corresponde uno de protesta y otro de prepotencia por cada uno de los que se siente afectado.
Hace unas semanas en la Delegación Benito Juárez se implementó un carril para bicicletas a lo largo de algunas calles de las colonias Del Valle y Nápoles. La calle en la que vivo fue una de las elegidas para esta ciclovía.
Más tardaron los trabajadores de la delegación en señalar el carril para las bicicletas y marcar los nuevos cajones de estacionamiento que la vecina de un edificio nuevo colgar una manta a lo largo y ancho de las puertas de su estacionamiento:
Señor Delegado: La ciclovía no sirve para nada; no pasa ni una sola bicicleta, nos reduce un carril de automóviles y no puedo sacar mi camioneta de mi estacionamiento.
Por un momento me quede preocupado por la capacidad y habilidad de esta mujer para conducir y como habría conseguido una licencia para manejar, porque he visto pipas de Pemex y camiones de bomberos dar la vuelta sobre esta calle sin mayor problema, aunque por otro me quede pensando si no tendría como medio de transporte un clon de la limousine llamada La bestia del presidente Obama. ¿Por qué la señora y su camioneta son más importantes que el vecino de al lado y su bicicleta? Si bien es cierto que ha tomado tiempo el que los ciclistas encuentren la ruta que les fija la delegación, esto ha sido gracias a la nula información de un delegado que al parecer no sabe ni siquiera promocionar su obra. El problema es que como siempre muchos ciclistas hacen lo que quieren porque así es como se debe hacer.
Recuerdo hace un par de años cuando un grupo de ciclistas más furiosos que nazis frente a judíos leyendo la torah frente a un templo católico, decidieron bloquear la entrada de una estación de radio en Polanco, simplemente porque uno de los conductores se atrevió a decir que los ciclistas no tenían educación. Y la verdad es que los ciclistas no tienen educación, como no la tienen los automovilistas, los motociclistas, los peatones o los conductores del transporte público.
Tan irresponsable es el chofer de una pesera que juega carreritas por el pasaje, como el ciclista que va en sentido contrario o sobre la banqueta.
Los mexicanos somos especialistas en pedir que se haga justicia en los bueyes de nuestro compadre, o en mirar la viga en el ojo ajeno, cuando en el propio existe una construcción de 52 pisos. Los ciclistas no merecen ciclovías porque atentan contra los automovilistas, los peatones son felices con la ciclovía porque ahora ya tiene una extensión de la banqueta por la que pueden caminar,  los ciclistas tienen la ciclovía para circular en el sentido que les venga en gana y no de acuerdo con el sentido de la calle, los conductores de peseras tienen un carril más para rebasar sin preocuparse que vaya a venir un carro por él y así todos agradecen el beneficio que el aparentemente carril vacío les ofrece. Claro, todos menos la vecina que no puede sacar su camioneta.
La educación vial es nula. Los automovilistas creen que porque su inversión en el vehículo es mayor que la de los demás, se le deben otorgar todas las concesiones habidas y por haber, jamás ceden el paso al peatón cuando doblan en una esquina, creen que se pueden estacionar sobre los carriles destinados a transporte público. En doble, triple y cuádruple fila. Creen que tocar el claxon los convierte en una especie de patrulla o ambulancia ante la que todos deben abrir el paso, cuando lo más probable es que el señor, la señora o mozalbete al volante, se haya despertado 20 minutos tarde y aun así quiera llegar a tiempo al trabajo o la escuela.  
El motociclista cree que la ventaja de la moto es que puede ir zigzagueando, o en vías rápidas en las que su vehículo no tiene permitido circular. A muchos ciclistas les gusta circular sobre las banquetas, porque así se evitan el peligro de ser atropellados, y  muchos jóvenes irresponsables andan en la ciudad con sus bicicletas que no tienen frenos porque agregando nuevos elementos a  la aventura de un deporte extremo. El Transporte concesionado hace la parada donde se le da la gana y peatones piensan que se puede cruzar cualquier vía, no importa si trata de una calle sin tráfico o del periférico, por la mitad y en el momento que quieran.
Y como cereza del pastel están los camiones recolectores de basura deteniéndose donde mejor se les da la gana sin preocuparles entorpecer el tráfico de mediodía para esperar que toda la colonia, llegue arrastrando sus tambos de basura orgánica e inorgánica, cuando el servicio de basura debería, como en muchas ciudades del mundo, e incluso del país, operar únicamente en las madrugadas.
Todos al tomar la calle, sin importar de la manera en que lo hagamos,  somos unos cafres. Cuando hablamos de maneras de mejor convivencia en una ciudad, ya de por sí conflictiva, nos olvidamos que entre las muchas carencias educativas de nuestro país, esta la educación vial y los servidores públicos que hagan valer esas reglas. Porque eso sí, inevitablemente veremos que los primeros en romper todas las reglas de la educación vial son los funcionarios públicos que junto con sus autos llenos de escoltas se pasan altos y rebasan por la derecha que da gusto y jamás frenan frente al peatón. Policías estacionados en lugares prohibidos o transitando en sentido contrario, Ambulancias y patrullas que utilizan la sirena para abrirse paso en  los congestionamientos viales, no para llegar a atender una emergencia, si no para poder llegar rápido a comer. Autoridades faltas de criterio común y de autoridad para crear normas que eficienten las vialidades durante las horas del día.  
Espero que mi vecina aprenda a sacar su camioneta con el espacio menor que tiene o que tenga el sentido común de comprar un auto mucho más pequeño que la ayude a circular de manera más rápida por las calles de la ciudad. Claro que siempre queda la posibilidad de que lo que a ella le guste sea echar lamina, para que nadie trate de agandallarla en las horas pico de tráfico.

publicado en blureport.com.mx el 16 de abril de 2013
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