martes, 18 de noviembre de 2014

Le ganó el racismo al racista.



Durante los últimos años Barack Obama ha demostrado ser uno más de los enemigos de la comunidad latina, dentro y fuera de los Estados Unidos. 

Armando Enríquez Vázquez.

Enemigo de la migración e incluso impulsor de la violencia relacionada con el crimen organizado en nuestro país. Durante los últimos años Barack Obama ha demostrado ser uno más de los enemigos de la comunidad latina, dentro y fuera de los Estados Unidos. El martes pasado la comunidad latina le dio la espalda al presidente negro.
Por lo general al hablar de racismo e intolerancia racial nuestro referente común es la manera en que occidente ve principalmente  a los negros. Para los europeos y para sus descendientes, los negros fueron durante cientos de años, menos que animales y el trato que recibieron fue denigrante e inhumano. A los miembros  de los pueblos nativos de América al menos la iglesia católica les reconocía poseer un alma, pequeña, como la de un niño, pero un alma a fin de cuentas que impidió en algunos casos que se les tratara como se hizo con la población negra de África.
En Estados Unidos, el racismo condujo a una guerra civil  en el siglo XIX. Los estados del Norte y el presidente del país Abraham Lincoln intentaron reconocer los derechos y establecer la equidad para la población negra de ese país. Cosa que nunca se ha logrado al 100%. Hasta la década de los sesenta esta equidad fue una utopía en nuestro vecino del norte.
Cuando en 2008 Barack Obama se convirtió en el primer residente negro de Estados Unidos, el asunto del color de su piel lo convirtió desde el primer día de su mandato en el blanco preferido de la derecha, la ultraderecha y los medios conservadores de la unión americana. La crisis económica que marcó el inicio de la presidencia de Obama, su reforma en el sistema de salud en los Estados Unidos, en un principio su intento por mostrar una política pacifista, o al menos aligerar la promoción de la violencia de su antecesor en la región de Medio Oriente. Todo esto aderezado por la demagógica promesa de revisar las leyes migratorias de la Unión Americana, provocaron que los exagerados conservadores norteamericanos lo acusaran de comunista, de extranjero y todo los epítetos que de una manera políticamente correcta pudieran ocultar el verdadero motivo del rechazo de la sociedad WASP (Blancos, Anglosajones y Protestantes, por las siglas en inglés): El color de la piel del presidente.
La mayoría de los miembros de la comunidad afroamericana y de otras minorías, incluyendo a los descendientes de hispanoamericanos, mexicanos en una gran mayoría, que son hoy en día la primera minoría en Estados Unidos, pensaron que Obama se convertiría en el defensor de sus derechos. Seis años en la presidencia de Estados Unidos han puesto en claro que Obama es igual de racista que los blancos, que ataca a todos aquellos que no son negros. Sus roces con los medios conservadores blancos son igual de violentos que su política en contra de los habitantes al sur de la frontera norteamericana.
Esta vez, la ciudadanía norteamericana, sobretodo la población blanca decidió quitarles al presidente y al Partido Demócrata la mayoría del senado para que la oposición, en este caso el Partido Republicano, controle los dos órganos legislativos de la nación vecina. La sorpresa es que el gran aliado de los demócratas; la población de origen latinoamericano, se abstuvo en muchos casos de votar y en otros votó por los republicanos. A diferencia de las elecciones pasadas el Partido Demócrata no contó con el apoyo de la población de origen latinoamericano gracias al nulo interés que el gobierno federal, encabezado por Barack Obam, ha puesto en las demandas de este sector de la población que en las elecciones electorales de 2012 voto en 71% a favor de la relección del presidente.
Las razones de este descalabró se encuentran en las nulas acciones del presidente por implementar una reforma migratoria, sus claras declaraciones en contra de los migrantes centroamericanos, así como el deslindarse del problema acusando al gobierno mexicano, que es cierto no está libre de culpa, en casos como el del tren conocido como La Bestia. Las acciones claramente del mandatario norteamericano racistas incluyen el permitir a su gobierno  y altos personajes como el ex procurador Eric Holder el armar a los cárteles del narcotráfico lo que convierte al gobierno de este presidente racista en cómplice de las muertes de miles de mexicanos.
Hoy cuando el niño ya se ahogó el presidente afroamericano pretende tapar el pozo emitiendo una orden ejecutiva presidencial que facilita los procesos migratorios.

Estas elecciones de 2014, implican una lección para quien quiera en 2016 ser presidente de Estados Unidos; no se puede ignorar o pretender dar atole con el dedo a la población de origen latino. La reforma migratoria tendrá que reconsiderarse en los próximos años, porque en unas cuantas décadas será la población de origen latino, la que mande en Estados Unidos.

Publicado en blureport el 11 de noviembre de 2014 en blureport.mx
imagen: westernjournalism.com