martes, 30 de enero de 2018

Elfriede Lohse-Wächtler la trágica historia de una genial pintora.



Talentosa, excéntrica, apasionada, incomprendida al interior de su familia y del estado, el caso de Elfriede Lohse-Wächtler es ejemplo de la intolerancia y del horror de un gobierno totalitario.
Armando Enríquez Vázquez
En los momentos más negros del totalitarismo en la Unión Soviética a los disidentes se les calificaba de trastornados mentales y eran enviados a manicomios o lugares peores, lo mismo sucedía en Cuba, Elfriede Lohse-Wächtler fue víctima de uno de los sistemas más demenciales que padeció la Humanidad a lo largo del siglo XX; el Nacional Socialismo alemán encabezado por Adolfo Hitler. Su crimen ni siquiera fue ideológico, ante la mirada intolerante de la supremacía y pureza de aquel régimen el crimen de la artista gráfica fue su enfermedad.
Elfriede Lohse-Wächtler nació en la ciudad de Dresde, capital de Sajonia, Alemania el 4 de diciembre de 1899. Su familia era parte de la burguesía, la rebeldía de Elfriede enfrentada al pensamiento tradicional de su padre, la llevó en 1915, a los 16 años a abandonar el hogar familiar para buscar su vocación como pintora. Ingresó a la Escuela de Artes Aplicadas, tomó también clases con Otto Gussmann, pintor y diseñador alemán de Dresde que fue parte de los movimientos Art Deco, Art Nouveau y Expresionista, en 1919 entró en contacto con un movimiento cercano al dadaísmo establecido en Berlín, y también con el movimiento encabezado por Otto Dix y Conrad Felixmüller llamado la Nueva Objetividad y que tenía nexos también con el movimiento conocido en pintura, cine y arquitectura como el Expresionismo Alemán. Parte de esa rebeldía se manifestaba en su pelo corto y la pipa que fumaba. Sus estudios de las artes aplicadas le proporcionaron un magro medio de vida. Elfriede en esa época producía batiks y postales que vendía.
Elfriede rápidamente abrazó los temas de la nueva propuesta artística y además comenzó a tomar partido por las ideas socialistas muy en boga en una juventud desencantada y horrorizada por el legado de la I Guerra Mundial. Pronto, como muchos de sus contemporáneos a lo largo y ancho de la república de Weimar, Elfriede estaba pintando acuarelas y pasteles de los bajos fondos de Dresde y de paisajes urbanos. En 1921 conoció y se casó con el pintor y cantante de Opera Kurt Lohse, la pareja se mudó a Hamburgo ese mismo año.
La relación fue tormentosa, Kurt resultó un patán y vividor que acabó con las finanzas de Elfriede. La primera separación de la pareja se dio en los primeros meses del matrimonio. Kurt despreciaba o tal vez sentía enormes celos del talento de su esposa y se sabe que daba los lienzos en los que pintaba Elfriede a sus alumnos para que practicaran en ellos.
En 1929, la pareja se separó de manera definitiva, Kurt había encontrado un nuevo amor y había exprimido a Elfriede, no solo económicamente, si no espiritualmente. La pareja nunca tuvo hijos, solo abortos y embarazos fallidos. Mientras Kurt se dedicaba a su nueva pareja, Elfriede sufrió una crisis nerviosa que obligó a que fuera internada por unos meses en un hospital psiquiátrico. Durante su convalecencia, Elfriede, se dedicó a pintar retratos de otros pacientes del sanatorio. Esta serie de acuarelas que incluye algunos autorretratos de la artista es conocida como Friedrichsberger Köpfe.
En 1931, sin dinero y anímicamente destrozada Elfriede regresó a casa de sus padres. Tenía poco más de treinta y un año. Pero su padre no la toleraba y no podía entender a su hija y su carácter, así que en 1932 la internó al hospital psiquiátrico de Arnsdorf. Ahí Elfriede fue diagnosticada como esquizofrénica y permaneció hospitalizada.
Los Nazis llegaron al poder y con ellos una mirada destructora que fascinó a la mayoría de los alemanes quienes creían que el ascenso de Hitler al poder marcaba el triunfo y renacimiento de una nación alemana poderosa. Para ser poderosos, el régimen instituyó una política de pureza étnica, a Elfriede se le instó a someterse de manera voluntaria a la esterilización, Elfriede se negó y con ello quedo recluida forzosamente y de manera permanente en el hospital.
En 1935 llegó el divorcio y con ello una nueva recaída en su estado mental. Los médicos calificaron a partir de ese momento su enfermedad como incurable, por lo que se le esterilizó de manera forzada. Nunca más volvió a pintar. Su obra fue parte de todo lo que el régimen Nazi catalogó como “arte degenerado” y mucha de su obra fue destruida. En 1940, Elfriede fue parte de las personas con problemas mentales que bajo el programa de eutanasia del gobierno alemán denominado T4 fue asesinada en una cámara de gas del hospital psiquiátrico del Castillo de Sonnenstein, en su provincia natal de Sajonia, donde se experimentó y perfeccionó este tipo de asesinato masivo antes de ponerlo en uso en los campos de concentración con los prisioneros judíos.
Elfriede Lohse-Wächtler permaneció junto con otras pintoras alemanas de la época en el olvido, hasta que en la década de los años noventa su obra o lo que se ha podido recuperar de la misma fue expuesta en Berlín.



Una foto la muestra una seria joven perdida en un fondo gris, como un reflejo en un espejo, sola, desesperanzada. Uno de sus autorretratos con los rasgos firmes y agresivos del pincel muestra su mirada fija en algo que nunca sabremos que es, pero con esa aura de quien no sabe donde se encuentra.

publicado en mamaejecutiva el 22 de enero de 2018
Imagenes: weimarart-blogspot.com
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