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viernes, 15 de mayo de 2020

Tamara de Lempicka la belleza del art deco




Entre los grandes exponentes de esta corriente de arte muy estilizado y figurativo se encuentra esta polaca que sobresalió por el erotismo en sus pinturas y vivió de sus retratos.

Armando Enríquez Vázquez

Para una mujer que vivió su vida al límite, que no conoció reglas, tal vez nada más lógico que terminar sus días en una ciudad que le niega un espacio al invierno y que sus cenizas fueran esparcidas en el cráter de un volcán.
Tamara de Lempicka nació con el nombre María Górska en Varsovia el 16 de mayo de 1898, en esos años Polonia era parte del Imperio Ruso, aunque la artista manipuló de tal manera su biografía que existen quienes dudan del lugar de nacimiento y de la fecha, sus mismas descendientes desconocen esos datos básicos. Lo cierto es que, siendo parte de una familia de dinero, vivió desde niña una manera muy cómoda, aun cuando sus padres se separaron cuando tenía cerca de 10 años, su lujosa forma de vida no cambió y fue enviada a estudiar a Suiza. A su regreso a San Petersburgo se enamoró y casó siendo una adolescente con un rico y distinguido abogado ruso al que conoció en la ciudad rusa de apellido Lempecki. La Revolución Rusa de 1917 puso a Tadeusz Lempicki en la cárcel y Tamara lo rescató, el matrimonio se exilió sin dinero, como muchos otros rusos, en Paris.
Tamara comenzó a pintar, tomó clases con Maurice Denis un artista decorativo de cierta importancia y André Lothe un pintor cubista. Tamara supuestamente había tomado ya clases de arte en la Academia de San Petersburgo. Comenzó a pintar para ganar dinero que le hacía falta a la pareja, tras el consejo de su hermana, la arquitecta Adrianne Górska que también se desarrolló en el art deco. Tamara además, tuvo una hija alrededor de 1919, a la que llamó María Krystina, pero a la que siempre llamó afectuosamente como Kizette. Kizette fue modelo desde la infancia de muchas pinturas de su madre. Lempicka es una de las mejores representantes de la pintura art deco. Sus figuras perfectamente definidas, solidas y con un gran peso dentro de la composición, estilizadas y estéticas la posicionaron como una artista importante dentro de la corriente y en el gusto de los ricos de la época. Lempicka pintó a Alfonso XIII, el derrocado monarca español y a la reina Isabel de Grecia. A Tamara no le costó trabajo regresar al ritmo de vida al que estaba acostumbrada desde su infancia. En 1931 Tamara se divorció de Lempicki.
Tamara de Lempicka retrató a la aristocracia francesa de entre guerras, en esa sociedad decadente que había sobrevivido a la I Guerra Mundial y que de manera egoísta y hedonista se dedicaba a vivir la vida de la mejor manera posible. Lempicka no actuaba de manera diferente y sus cuadros lo muestran, más allá de los retratos con los que se mantenía en un principio, La principal obsesión de Lempicka eran las mujeres desnudas.
Su bisexualidad, afición por las orgías, la cocaína y el champán, no le impedían trabajar por más de nueve horas en su estudio, creando sus imponentes pinturas. Mujeres en baños públicos, cuerpos femeninos voluptuosos y sólidos en sofás, sus retratos de mujeres son de una sensualidad innegable. La revista alemana Die Dame, la primera revista para mujeres en Alemania y la más popular de entre guerras en aquel país, publicó como portada una pintura que encargó a Tamara; un autorretrato de ella manejando, convertida en la imagen de la nueva mujer; atrevida, que nada le impide llevar a cabo tareas que se suponían exclusivas del hombre, pero al mismo tiempo mantiene su belleza como un punto importante. El cuadro hoy en manos de una familia suiza se llama Autorretrato en el Bugatti Verde es uno de los más importantes de Lempicka. En 1932 pintó Adán y Eva que es uno de los cuadros más importantes y representativos del art decó.
En 1934 se casó con un Barón húngaro; Raoul Kuffner. Con los tambores de guerra sonando en Europa a pesar de ser amiga de intelectuales fascistas y simpatizar con la ideología, Lempicka convenció a su marido de vender la mayor parte de sus propiedades en Hungría y poner su dinero en Suiza, con el tiempo la pareja emigró a Estados Unidos y Lempicka se sintió de nuevo en su ambiente, el frívolo y festivo mundo de Hollywood replicaba de alguna manera el ambiente al que la pintora se acostumbró en Paris. Su pintura cautivó por un tiempo a actores, productores y magnates norteamericanos. El paso del tiempo, el rescate de las corrientes vanguardistas de principios de siglo y las nuevas direcciones de la pintura fueron dejando el arte de Lempicka en olvido, hasta que en la década de los setenta se hizo una magna exposición en Nueva York con la obra de la artista.
Al finalizar la II Guerra Tamara de Lempicka reabrió su estudio en Paris en la Rue Machain. Cambió su estilo por uno abstracto, pero no logró la atención que tenía con su antiguo estilo art deco. En 1962 el Barón Kuffner murió de un infarto. Tamara de Lempicka se mudó a Houston, Texas donde vivía su hija Kizette.
La baronesa junto con Kizette y la familia de ésta se mudó en 1978 a Cuernavaca donde vivió hasta su muerte el 18 de marzo de 1980, por solicitud de la artista sus cenizas fueron arrojadas desde un helicóptero por Kizette al interior del cráter del Popocatépetl.
Su pintura la Bella Rafaella fue calificada entre los mejores desnudos del siglo pasado.

imagen it.wikipedia.org
                

lunes, 10 de febrero de 2020

Tove Jansson la mamá de los Mumin





Detrás de los exitosos personajes de libros, televisión y cine esta la mente creativa de esta artista finlandesa que creó y se desarrolló en otros campos.

Armando Enríquez Vázquez

Quién conoce a los Mumin siempre se pregunta en un principio ¿Qué son? Para muchos de entrada y con desconocimiento de la mitología nórdica los Mumin en un principio nos parecen hipopótamos, lo que resulta extraño es que el hábitat de esta familia de hipopótamos parece estar muy alejada de África y curiosamente situado en algo tan extraño para los enormes mamíferos como un bosque de coníferas. Eso se aclara cuando entendemos que los Mumin no son hipopótamos albinos, si no trolls. Estos trolls que nacieron de la imaginación de una extraordinaria y creativa artista finlandesa llamada Tove Jansson.
Tove Jansson nació en Helsinki el 9 de agosto de 1914, cuando la ciudad aun formaba parte del Imperio Ruso. Helsinki era la ciudad más importante del Gran Ducado de Finlandia. Su padre Viktor Jansson es un reconocido escultor finlandés, la madre Signe Hammarsten-Jansson, de origen sueco, fue diseñadora e ilustradora. La pareja se conoció en Paris y ante el estallido de la I Guerra Mundial huyeron de la capital francesa y se establecieron en Helsinki.
Tove la hija mayor del matrimonio, manifestó desde su infancia su interés por el arte, con el tiempo sus dos hermanos también se convirtieron en artistas. Tove se sentaba al lado de su madre y las dos trabajaban en sus proyectos. A los 13 años Tove Jansson publicó sus primeras ilustraciones en la forma de una historia que apareció en siete números de una revista llamada Lunkentus, La historia llevó por título; La aventura de Prickina y Fabian, y era la historia de dos orugas enamoradas en busca de un hogar. Un año después publicó una nueva historieta que tituló El balón de futbol que voló al Cielo. Otra historieta infantil escrita y dibujada por Tove en su adolescencia se llamó Palle y Goran van al mar. Muchos años después sus dibujos fueron periódicamente publicados por la revista Garm, en la que la joven satirizaba a políticos internacionales como Hitler y Stalin en plena II Guerra Mundial, sin medir o importarle las consecuencias de sus dibujos.
Tove estudió en las academias sueca y finlandesa de arte, así como en escuelas de arte en Paris. Al iniciar la II Guerra Mundial, Jansson regresó a Helsinki y vivió ahí durante la guerra. En un principio su mayor influencia, además de su madre, eran los impresionistas. Al mismo tiempo que trabajaba en su pintura, ilustraciones, y caricaturas, comenzó a desarrollar a los personajes que la volverían en una artista famosa: Los Mumin.
De acuerdo con su creadora el primer Mumin que dibujó, lo trazó después de una pelea con uno de sus hermanos acerca de Emmanuel Kant. Enojada se encerró en el baño y dibujó en la pared al ser más horrendo que pudo imaginar y escribió debajo del personaje: Kant. Con los años trabajó en suavizar los trazos de su dibujo y lo convirtió en los personajes que los niños adoran y que han marcado a generaciones a lo largo del mundo.
En 1945 apareció el primer libro de los Mumin; Los Mumin y la gran Inundación, seguida en 1946 por La llegada del cometa a la tierra de los Mumin. A lo largo de su vida Tove Jansson escribió nueve libros con los Mumin como personajes centrales. El último de ellos en 1971; El valle de los Mumins en noviembre.



En los años que pasaron entre el primero y el último libro muchas cosas le sucedieron a los Mumin y a Tove. A partir de 1954 a 1974 el diario inglés London Evening News publicó una tira cómica de los Mumin, a partir de 1960 la tira fue dibujada por Lars Jansson hermano de la creadora, porque Tove se quejaba de no tener tiempo dedicarse a la pintura. Aun así, se dio tiempo para publicar tres libros de tiras cómicas de los Mumin, hacer teatro y televisión con los personajes y escribir canciones de los Mumin.
Entre las cosas que realizó en paralelo durante los años de los Mumin, se encuentran el mural que Tove pintó en 1953 en la iglesia de la ciudad finlandesa de Teuva, en 1959 ilustró la traducción finlandesa de La caza del Snark de Lewis Carroll, tres años después 1962 ilustró la versión finlandesa de El Hobbit y, finalmente Alicia en el país de las maravillas en 1966. Realizó otro mural que se encuentra en un restaurante en el centro de Helsinki. Además, publicó una autobiografía en 1968 titulada La hija del escultor.
Cuando en 1971, el punto final llegó para los Mumin, Tove Jansson tenía todavía muchas cosas por crear. Siguió pintando y escribió libros para adultos; cinco libros de cuentos y cinco novelas entre las que destaca El libro del verano.  
Tove Jansson murió el 27 de junio de 2001 en su natal Helsinki. A lo largo de su vida Tove Jansson recibió diferentes premios; El Hans Christian Anderson en 1966, El Premio Finlandia de la Academia Sueca, en 1972, un premio que se otorga a los hablantes de sueco que viven en Finlandia y promueven la cultura en sueco. El premio Selma Lagerlöf en 1992. Entre muchos otros. En 2020 los Mumin cumplen 75 años.


imagenes: wikipedia.org
                arthive.com

viernes, 16 de noviembre de 2018

Rosa Rolanda una flor muy especial en la cultura mexicana.




Nacida en Los Ángeles, California esta artista, llegó a México del brazo de uno de los grandes artistas gráficos del siglo XX para vivir aquí y aquí desarrollar su talento.

Armando Enríquez Vázquez

Una vez más en esa vasta galería que representa a los artistas que habitaron en nuestro país durante siglo XX y a los que la crítica oficial de arte en nuestro país pretende opacar al presentar únicamente a tres muralistas y a la mujer de uno de ellos, hace poco me sorprendió conocer la obra de una extraordinaria artista que se dedicó a la danza, la pintura, la fotografía, el diseño de vestuario, entre otras cosas pues también se habla de ella como una extraordinaria cocinera.
Rosa Rolanda, cuyo verdadero nombre fue Rosemonde Cowan Ruelas, y a la que también se le conoce por su nombre de casada Rosa Covarrubias, en un principio Covarrubias llamó a su enamorada Rosa Rolando y fue años después Diego Rivera quien transformó el apellido Rolando por Rolanda, nació en la ciudad de Los Ángeles el 6 de septiembre de 1895, su madre era mexicana-americana, de nombre Guadalupe Ruelas. Rosa era una verdadera belleza y desde muy joven entró en contacto con diferentes artistas que influyeron a lo largo de su vida, ayudándola a desarrollar sus múltiples talentos.
Mientras estudiaba el bachillerato encontró su pasión por el arte, dedicada a las clases de danza impartidas por Marion Morgan, quien fue una coreógrafa de relevancia a principios del siglo XX en Estados Unidos. En 1916, un año después de haber terminado la preparatoria Rosa Rolanda fue seleccionada entre 300 bailarinas para viajar a Nueva York siendo parte del grupo de bailarinas de Morgan. El viaje a la Urbe de Hierro fue decisivo en la vida de Rosa pues rompió en ese momento con sus raíces en Los Ángeles, permaneció en Nueva York donde se dedicó a bailar en Broadway y viajó a Europa siendo parte de las famosas Ziegfield Follies. Rosa Rolanda era aficionada a la pintura y a la escultura y se movía en círculo de artistas neoyorkinos que incluía a Georgia O’Keefe, quien fue amiga de Rosa Rolanda durante toda su vida.
En 1924 conoció al artista gráfico mexicano Miguel Covarrubias, apodado “El Chamaco” otro de los grandes artistas mexicanos borrado por esa minimalista narrativa oficial de la cultura nacional. Rosa era diez años mayor que el pintor y caricaturista, en 1926 viajó con él a México, se casaron en 1930 y Covarrubias, además de presentarla en el círculo de artistas mexicanos; Diego Rivera, Frida Kahlo, Carlos Chavez, entre otros, la animó a desarrollar su pintura. Lo mismo hizo en su momento Tina Modoti, otra de las amistades que la norteamericana hizo en nuestro país, al incitarla a tomar fotografías. El mundo creativo de Rosa Rolanda se amplió. Sus pinturas que muestran la influencia de la obra de su marido y de Rivera, tienen una gran fuerza y representan esa mirada del extranjero que cuando no se conforma con el mexican curious, enriquece la visión del país, sus habitantes y costumbres por lo certero que se vuelve eliminando el paternalismo y autocomplacencia de muchos artistas mexicanos incluyendo a los mismo Rivera y Kahlo.
Los autorretratos de Rosa Rolanda muestran que la mujer era consciente de su belleza y como tal se representa en sus lienzos. Su retrato de Dolores del Río muestra a la diva del cine nacional como un ser etéreo, algo que la frágil figura de la actriz nos muestra de manera sutil a lo largo de su filmografía. Diego Rivera utilizó a Rosa Rolanda como modelo para algunas pinturas. Las abundantes fotografías que existen de la artista en Internet, entre ellas una llena de misterios realizada por Modoti, muestran esa belleza que se centraba en unos enormes y almendrados ojos suspicaces, sensuales y poderosos.  
En cuanto a la fotografía Rosa Rolanda se especializó en la fotografía de retrato y entre sus fotos existen algunas de Frida Kahlo recostada en el pasto que llaman la atención por que la pintora no está posando.



La pareja vivió en la Isla de Bali durante nueve meses, estudiando la cultura local. En 1950 Miguel Covarrubias fue designado director del departamento de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes, pronto se enamoró perdidamente de una bailarina 30 años menor que él de nombre Rocío Sagaón, algo que enfrió la relación amorosa de casi treinta años con Rosa Rolanda, separados, pero jamás divorciados, Rosa Rolanda sobrevivió a Covarrubias quien murió en 1957. Rosa Rolanda se quedó en México y continuó con su obra artística, así como relacionándose con el medio artístico que pululaba por la capital mexicana.
Como muchos extranjeros que llegan a México y se deslumbran ante muchas de las cosas que a nosotros nos parecen intrascendentes, Rosa Rolanda quedó fascinada por la cocina de nuestro país, por sus ingredientes y por sus sabores. Rolanda era una mujer que tenía un talento para cocinar de acuerdo con los que la conocieron y conocieron su cocina. En la cocina de su casa construyó un anafre de carbón y un metate donde ella misma se dedicaba a moler el maíz para hacer las tortillas. Para la artista la primera cocina del mundo era la china, la segunda la mexicana y la tercera la francesa.  
Rosa Rolanda murió en la Ciudad de México en 1970, el heredero de su obra fue su amigo el arquitecto Luis Barragán, quien siempre la alentó a continuar con sus creaciones, tras la muerte de Covarrubias. A pesar de sus desavenencias con Miguel Covarrubias Rosa Rolanda visitó la tumba de su marido semanalmente hasta su muerte.
Gracias a Juan Rafael Coronel Rivera la obra de esta más que importante artista grafica se ha ido revalorando y se montó una exhibición de la artista en la Casa Estudio de Diego Rivera en 2011.

publicado en mamaejecutiva.net el 5 de noviembre de 2018
imagenes udualpress.com
                pintorasmexicanas.blogspot.com

martes, 30 de enero de 2018

Elfriede Lohse-Wächtler la trágica historia de una genial pintora.



Talentosa, excéntrica, apasionada, incomprendida al interior de su familia y del estado, el caso de Elfriede Lohse-Wächtler es ejemplo de la intolerancia y del horror de un gobierno totalitario.
Armando Enríquez Vázquez
En los momentos más negros del totalitarismo en la Unión Soviética a los disidentes se les calificaba de trastornados mentales y eran enviados a manicomios o lugares peores, lo mismo sucedía en Cuba, Elfriede Lohse-Wächtler fue víctima de uno de los sistemas más demenciales que padeció la Humanidad a lo largo del siglo XX; el Nacional Socialismo alemán encabezado por Adolfo Hitler. Su crimen ni siquiera fue ideológico, ante la mirada intolerante de la supremacía y pureza de aquel régimen el crimen de la artista gráfica fue su enfermedad.
Elfriede Lohse-Wächtler nació en la ciudad de Dresde, capital de Sajonia, Alemania el 4 de diciembre de 1899. Su familia era parte de la burguesía, la rebeldía de Elfriede enfrentada al pensamiento tradicional de su padre, la llevó en 1915, a los 16 años a abandonar el hogar familiar para buscar su vocación como pintora. Ingresó a la Escuela de Artes Aplicadas, tomó también clases con Otto Gussmann, pintor y diseñador alemán de Dresde que fue parte de los movimientos Art Deco, Art Nouveau y Expresionista, en 1919 entró en contacto con un movimiento cercano al dadaísmo establecido en Berlín, y también con el movimiento encabezado por Otto Dix y Conrad Felixmüller llamado la Nueva Objetividad y que tenía nexos también con el movimiento conocido en pintura, cine y arquitectura como el Expresionismo Alemán. Parte de esa rebeldía se manifestaba en su pelo corto y la pipa que fumaba. Sus estudios de las artes aplicadas le proporcionaron un magro medio de vida. Elfriede en esa época producía batiks y postales que vendía.
Elfriede rápidamente abrazó los temas de la nueva propuesta artística y además comenzó a tomar partido por las ideas socialistas muy en boga en una juventud desencantada y horrorizada por el legado de la I Guerra Mundial. Pronto, como muchos de sus contemporáneos a lo largo y ancho de la república de Weimar, Elfriede estaba pintando acuarelas y pasteles de los bajos fondos de Dresde y de paisajes urbanos. En 1921 conoció y se casó con el pintor y cantante de Opera Kurt Lohse, la pareja se mudó a Hamburgo ese mismo año.
La relación fue tormentosa, Kurt resultó un patán y vividor que acabó con las finanzas de Elfriede. La primera separación de la pareja se dio en los primeros meses del matrimonio. Kurt despreciaba o tal vez sentía enormes celos del talento de su esposa y se sabe que daba los lienzos en los que pintaba Elfriede a sus alumnos para que practicaran en ellos.
En 1929, la pareja se separó de manera definitiva, Kurt había encontrado un nuevo amor y había exprimido a Elfriede, no solo económicamente, si no espiritualmente. La pareja nunca tuvo hijos, solo abortos y embarazos fallidos. Mientras Kurt se dedicaba a su nueva pareja, Elfriede sufrió una crisis nerviosa que obligó a que fuera internada por unos meses en un hospital psiquiátrico. Durante su convalecencia, Elfriede, se dedicó a pintar retratos de otros pacientes del sanatorio. Esta serie de acuarelas que incluye algunos autorretratos de la artista es conocida como Friedrichsberger Köpfe.
En 1931, sin dinero y anímicamente destrozada Elfriede regresó a casa de sus padres. Tenía poco más de treinta y un año. Pero su padre no la toleraba y no podía entender a su hija y su carácter, así que en 1932 la internó al hospital psiquiátrico de Arnsdorf. Ahí Elfriede fue diagnosticada como esquizofrénica y permaneció hospitalizada.
Los Nazis llegaron al poder y con ellos una mirada destructora que fascinó a la mayoría de los alemanes quienes creían que el ascenso de Hitler al poder marcaba el triunfo y renacimiento de una nación alemana poderosa. Para ser poderosos, el régimen instituyó una política de pureza étnica, a Elfriede se le instó a someterse de manera voluntaria a la esterilización, Elfriede se negó y con ello quedo recluida forzosamente y de manera permanente en el hospital.
En 1935 llegó el divorcio y con ello una nueva recaída en su estado mental. Los médicos calificaron a partir de ese momento su enfermedad como incurable, por lo que se le esterilizó de manera forzada. Nunca más volvió a pintar. Su obra fue parte de todo lo que el régimen Nazi catalogó como “arte degenerado” y mucha de su obra fue destruida. En 1940, Elfriede fue parte de las personas con problemas mentales que bajo el programa de eutanasia del gobierno alemán denominado T4 fue asesinada en una cámara de gas del hospital psiquiátrico del Castillo de Sonnenstein, en su provincia natal de Sajonia, donde se experimentó y perfeccionó este tipo de asesinato masivo antes de ponerlo en uso en los campos de concentración con los prisioneros judíos.
Elfriede Lohse-Wächtler permaneció junto con otras pintoras alemanas de la época en el olvido, hasta que en la década de los años noventa su obra o lo que se ha podido recuperar de la misma fue expuesta en Berlín.



Una foto la muestra una seria joven perdida en un fondo gris, como un reflejo en un espejo, sola, desesperanzada. Uno de sus autorretratos con los rasgos firmes y agresivos del pincel muestra su mirada fija en algo que nunca sabremos que es, pero con esa aura de quien no sabe donde se encuentra.

publicado en mamaejecutiva el 22 de enero de 2018
Imagenes: weimarart-blogspot.com
                    fembio.org

martes, 31 de octubre de 2017

Lilia Carrillo digna representante de un movimiento artístico que nunca existió.



Dentro de su generación fue la única artista plástica con una obra fuerte, original y trascendente, a pesar de que la encajonaron en un grupo artístico y hoy pocos la conocen.
Armando Enríquez Vázquez
Alguna vez al referirse a los llamados Contemporáneos Xavier Villaurrutia definió al grupo al que supuestamente él pertenecía como “un archipiélago de soledades”, esto se aplica a muchos otros movimientos artísticos de nuestro país en el siglo XX, donde lo único que tienen en común los integrantes es conocerse, ser amigos y tener edades similares.
Otro claro ejemplo de esta etiquetación de artistas mexicanos es la llamada Generación de la Ruptura, una generación que como tal y bajo ese nombre jamás existió, pero cuyos miembros tenían como denominador común el cambiar la plástica mexicana que durante más de treinta años se había visto invadida por el nacionalismo y una estética que como en algunos de los cuadros de Diego Rivera o de Frida Kahlo estaba más cercana del Mexican curious, que a la estética y se había rezagado en una zona de confort y del discurso oficial que poco o nada hablaba de un México moderno.
Artistas como Manuel Felguérez, José Luis Cuevas, Alberto Gironella, Fernando García Ponce, los hermanos Coronel entre otros y junto con todos estos hombres de estilos y formas de expresión tan diversas sobresalió una sola y excepcional pintora; Lilia Carrillo.
En su libro acerca de nueve pintores mexicanos, publicado en 2006 por la UNAM, el escritor Juan García Ponce escribió acerca de Lilia Carrillo:
“Lilia Carrillo es, esencialmente, una pintora lírica. Sus cuadros se colocan de una manera natural dentro de ese grupo de obras cuya esencia poética, siempre más cercana al terreno del canto que al del concepto, escapa a todo intento de interpretación.” (pag. 47)
Lilia Carrillo nació en la Ciudad de México el 2 de noviembre de 1930. A los 17 años estudió con el pintor Manuel Rodríguez Lozano, una de esas islas de soledad que formó al grupo de los contemporáneos. Tras el aprendizaje con el pintor decidió ingresar a la Escuela de pintura, escultura y Grabado La Esmeralda. Fue amiga de Remedios Varo y conoció a Leonora Carrington.
Su arte se alejó muy rápidamente de la tradicional Escuela Mexicana de Pintura y su pintura figurativa, cuyos máximos exponentes eran los muralistas y sus seguidores. Carrillo es la primera exponente del arte abstracto en México. Se casa por primera vez con el filósofo Ricardo Guerra en 1951 y junto con él parte rumbo a Paris ese mismo año. Lilia Carrillo continua con su creación pictórica en Paris, estudia en la Academia de La Grande Chaumiere, y en 1954 conoció al pintor Manuel Felguérez. En 1956 se divorcia de Guerra.
Al margen de su búsqueda de expresión artística y personal Lilia Carrillo tuvo que hacer pintura comercial; figurativa y cercana la de la Escuela Mexicana, así como artesanías que firmó con el seudónimo Felsa Gross, para mantener a los dos hijos que tuvo con Guerra.
Fue en la década de los cincuenta cuando Carrillo mientras tomaba clase de mural en el ex convento de San Diego sufrió una caída desde el andamio que le lesionó la espalda.
En 1958 fue una de las participantes en la Bienal Internacional de pintura y grabado, en la que se puso de manifiesto la intensión de la nueva generación de artistas plásticos mexicanos por hacer a un lado el arte de la ya decadente Escuela Mexicana de Pintura.
En 1960, se casó en Washington con Manuel Felguérez.
En 1965 participó en la convocatoria llamada Salón ESSO que auspició el Instituto Nacional de Bellas Artes. La convocatoria era la correspondiente regional para México y Centroamérica de una convocatoria a nivel del continente y que habría de finalizar con una exposición y selección de ganadores de todo el continente en Washington. Lilia Carrillo y Fernando García Ponce resultaron los ganadores, seleccionados por un jurado encabezado por Rufino Tamayo, entre otros y que puso al movimiento abstracto sobre el arte figurativo, la respuesta no se hizo esperar y se llegó hasta los golpes por las bravuconadas de uno de los pintores figurativos que no fue elegido; Benito Messeguer, sus seguidores en contra de los ganadores y miembros del jurado. En los números de los días 23 de noviembre y 30 de noviembre de 1991 de la revista Proceso, la eterna crítica de arte, Raquel Tibol publicó la crónica de esta bronca entre artistas e intelectuales. Curiosamente Lilia Carrillo y Benito Messeguer, junto con Felguérez, José Luis Cuevas, Francisco Icaza y otros pintaron el mural efímero sobre las láminas de zinc en Ciudad Universitaria en septiembre de 1968 y como apoyo a al movimiento estudiantil.
Al año siguiente se inauguró una exposición llamada Confrontaciones, que para algunos marcó la puntilla definitiva en contra de la Escuela Mexicana de Pintura. La obra de Lilia Carrillo por supuesto que formó parte de esta exposición tan determinante en la historia de la pintura mexicana del siglo XX.
Lilia Carrillo también incursionó en el diseño de escenografías y vestuarios para obras teatrales como Sonata de Espectros de Strindberg y La Dama de las Camelias dirigida por Jodorowski. En 1970.
En 1969 sufrió un aneurisma en la médula espinal, tras terminar unos murales para la Expo Osaka 70, lo que la obligó a pintar con menos frecuencia y la recluyó una temporada en el hospital y permanente a una silla de ruedas. Lilia Carrillo continuó pintando en lienzos más pequeños, a veces acostada en la cama a la que estaba confinada. Consecuencia de esta condición Lilia Carrillo murió el 6 de junio de 1974. Carrillo tenía 43 años. Los murales realizados para la Expo Osaka 70 se encuentran hoy en museo de Manuel Felguérez en la ciudad de Zacatecas.

publicado en mamaejecutiva.net el 23 de octubre de 2017
imagen; pintorasmexicanas-liliacarrillo.blogspot.mx

martes, 24 de octubre de 2017

Margaret Keane una artista víctima del machismo.



Margaret Keane es una pintora que estuvo y está de moda en ciertos círculos. Hace 50 años era explotada y plagiada por su esposo que firmaba los cuadros como suyos.

Armando Enríquez Vázquez

Recuerdo que durante los años setenta y ochenta nunca deje de burlarme de esas estampas naive y kitsch con niños, perros, gatos y novias abandonadas de enormes ojos, lo cursi y exageradamente sensiblero de estas imágenes siempre me provocan rechazo en diferentes niveles. Ahora sé que detrás de esta chabacanería se encuentra la obra igual de naive de una pintora americana que vivió como ella dice, “en prisión” durante más de diez años de su vida, siendo parte de un matrimonio lleno de abusos, de insultos y amenazas y lo peor de una alevosa explotación laboral por parte de un egocéntrico marido.
El nombre de esta artista norteamericana es Margaret Keane. Nació el 15 de septiembre de 1927 en la ciudad de Nashville, en el estado de Tennessee en Estados Unidos. Su verdadero nombre es Peggy Doris Hawkins. Desde su infancia se dedicó a la pintura, estudió en institutos locales de Tennessee y más tarde hizo su carrera en la en la Escuela de Moda Thraphagen en Nueva York. Los ojos siempre fueron una de sus obsesiones y como ella misma comentó en una entrevista de televisión en 1972 en un programa de la televisión local de Hawaii ya dibujaba ojos desde los diez años en los márgenes de sus cuadernos.
La joven, se crio en un ambiente cristiano, en específico metodista. Durante sus primeros años la gran influencia de su vida fue su abuela. Se dice que ya en la universidad era una mujer reservada e introvertida. En 1948 contrajo matrimonio con Frank Ulbrich con quien tuvo una hija y del cual se divorció y se mudó a San Francisco donde conoció a su segundo esposo; su némesis y al mismo tiempo el hombre que hizo su arte popular, Walter Keane.
La obra de Margaret se caracteriza por personajes con enormes ojos. Como ya dije, que parecen desamparados y tienden a provocar sentimientos de compasión y de ternura en las personas. Ese estilo que con el pasar de los años perfeccionó Margaret, llamó de inmediato la atención de Keane. Keane era vendedor de bienes raíces con pretensiones de pintor. Uno de los lugares que frecuentaba Walter era un centro nocturno de moda llamado The i hungry, además de ser uno de los lugares de moda en San Francisco, artistas como el legendario Lenny Bruce hacían lo que hoy llamamos stand up, se comerciaban también algunas obras de arte.
La obra de Margaret, firmada únicamente con el apellido de su segundo matrimonio, pronto llamó la atención, pero también le sirvió a Walter para presentarse él como autor de la obra. Mientras Margaret trabajaba hasta dieciséis horas encerrada en su estudio del sótano de la casa, Walter se dedicaba a la vida bohemia en San Francisco, incluso haciendo enormes fiestas y orgias en su casa y en la cama que compartía con Margaret.
Por un lado, mientras la obra de Keane era despreciada y objeto de burla por muchos miembros del sector artísticos, la gente compraba la obra de la pintora en postales y posters que se hacían de su obra. Personalidades como la actriz Natalie Wood y Jerry Lewis encargaron a Keane retratos y los compraron creyendo que él era el artista. La misma Margaret ignoraba las mentiras de Walter con respecto a la autoría de las obras. De los pocos artistas relevantes que se expresó en favor del trabajo de Margaret Keane fue Andy Warhol quien dijo que la obra no podía ser tan mala como pretendían los críticos cuando existía mucha gente que gustaba de los cuadros pintados por Keane. En una ocasión uno de los 10 criminales más buscados por el FBI compró un cuadro de Keane con un cheque falso. A pesar de que Keane nunca pudo cobrar el cheque, la pintura fue recuperada por una casualidad y devuelta a la artista.
La casi reclusión de Margaret duró hasta 1965, un poco más de diez años de vivir en una relación que poco o nada dejó a la artista salvo el ser explotada por su marido. Antes del divorcio Margaret se dio cuenta de lo que estaba haciendo Walter cuando en una cena una persona le preguntó si ella también pintaba.
Tras el divorcio, Margaret se volvió a casar, esta vez con Dan McGuire un periodista deportivo que trabaja para diferentes medios de California y Hawaii, y se convirtió en testigo de Jehová. Pasaron 5 años antes de que finalmente Margaret decidiera descubrir el fraude que era Walter. En 1970, durante una entrevista de radio cuando se le preguntó si su manera de pintar involucraba una pintura por zonas en las que Walter hacía algunas cosas y ella otras, Margaret respondió que de ninguna manera, que toda la obra era de su autoría y que Walter sólo las vendía. Obviamente Walter, negó esto y la acusó de ser una mentirosa a lo que Margaret, con el apoyo de periodistas y de la revista Life, respondió con un reto: Pintar en Union Square en San Francisco, a la vista de todo mundo y aunque Margaret se presentó en el lugar, Walter jamás apareció. Muchas veces se le preguntó a Margaret por qué tardo tanto en delatar la acción fraudulenta de Walter, a lo que ella ha respondido por el miedo que Walter le daba, incluso de acuerdo con la artista, el hombre llegó a amenazarla de muerte a ella y a su hija si alguna vez decía la verdad.



El mismo reto se repitió años después, pero esta vez dentro de un marco legal y la demanda de Margaret por una parte de las ganancias de sus pinturas. Walter había declarado que la única razón por la que Margaret había dicho que ella era la autora de las pinturas era porque creía que él había muerto. En 1986, una corte ordenó a los dos pintar un cuadro del estilo propio de los firmados por la artista. Una vez más Margaret se presentó en la corte con sus pinturas y realizó la obra mientras que Walter se disculpó por no poder hacer la net pues estaba lastimado del hombro. La corte falló a favor de Margaret y le concedió un pago de cuatro millones de dólares, cantidad que Walter jamás le pagó a Margaret.
Walter siguió con su vida dilapidada, alcohólico murió finalmente en el año dos mil. Margaret ha dicho en más de una ocasión que si bien la muerte de alguien es algo muy triste y más cuando se trata de alguien que fue tan cercano, la muerte de Walter fue para ella un verdadero respiro de tranquilidad. Margaret vive actualmente en Hawaii y tiene 90 años.
Puedo imaginar a la joven solitaria e introvertida pintando esos personajes de ojos cada vez más grandes y pasando de un estado de terror a un marido que la explotaba y abusaba de manera psicológica y física de ella, al de la tranquilidad que representaba su estudio, su único donde evadía la realidad por horas, y pintaba esos seres que desde sus ojos reflejaban toda la desesperación y tristeza que albergaba muy dentro de ella. Margaret al referirse a su estilo de pintura, escribió en un artículo que escribió para la revista Awake en 1975 y que tituló Mi vida como una artista famosa:
“Los ojos que pinto en mis niños son una expresión de mis más profundos sentimientos. Los ojos son las ventanas del alma”.
Tal vez por eso mismo, los enormes ojos de los personajes de sus obras tras la separación y la muerte de Walter Keane, muestren una mayor esperanza y serenidad.
En 2014, se estrenó la película Big Eyes del cineasta Tim Burton acerca de la vida de Margaret Keane. Burton es uno de los fans del arte kitsch de esta pintora. La canción principal de la película con el mismo nombre la interpreta Lana del Rey.

publicado en mamaejecutiva.net el 16 de octubre de 2017
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lunes, 29 de mayo de 2017

Las hermanas Sanromán artistas graficas del siglo XIX.



Antes, mucho antes de Frida Kahlo, la pintura mexicana ya tenía notables exponentes femeninos.
Armando Enriquez Vázquez

Siempre que hablamos o pensamos en las artistas gráficas nos limitamos a los últimos ciento diecisiete años de historia de México, como si antes del siglo XX no existiera alguna mujer con afición a la pintura.
En el México decimonónico tan conservador y tradicional, el papel de la mujer era de acuerdo con los hombres de la época en el hogar. Una mujer educada atentaba contra el decoro familiar y cabía la posibilidad de que fuera más culta e inteligente que el esposo, lo que realmente era, para los ojos de la época, un verdadero insulto a las buenas costumbres y a la institución familiar. A pesar de esta mirada y concepción machista del mundo, existieron mujeres en diferentes ámbitos que decidieron no hacer caso de las reglas absurdas que los hombres y la iglesia católica habían impuesto en los llamados círculos de buenas familias de nuestra naciente nación.
Algunas, como el caso de las hermanas Sanromán, lograron brillar fugazmente hasta el momento de casarse y aun en el claustro que suponía la vida de casada, continuaron con su actividad pictórica de la que pocos conocemos.
Las hermanas Sanromán eran originarias de Lagos de Moreno, Jalisco. Su padre era un acaudalado comerciante de nombre Blas. Alrededor de 1836 la familia Sanromán se mudó a la Ciudad de México. El interés por la pintura quedó de manifiesto en los archivos de la Academia de San Carlos, de la que el padre era benefactor a partir de 1850. No existe forma en que las Sanromán hayan podido estudiar en la Academia, ya que esta comenzó a admitir alumnas hasta el año de 1880. De lo que existe datos, es de la cercanía del pintor catalán Pelegrín Clavé, maestro y director en esos años de la Academia de San Carlos, quien realizó retratos de las tres hermanas; Juliana, María Josefa y Refugio. Se sabe que María Josefa fue su alumna, y probablemente Juliana también, lo que queda claro en el estilo de pintura que Josefa desarrolló y en las que la influencia del catalán resalta.
Sabemos que tanto Juliana, como Josefa participaron en la segunda y tercera exposición de la Academia de San Carlos y Josefa además lo hizo en la séptima y octava. Los temas que desarrollaron las hermanas Sanromán en su obra fueron básicamente bodegones, escenas interiores y pinturas religiosas. Josefa además realizó varios retratos.



Pero una de las pinturas que llama la atención de Josefa es una de las que presentó en la segunda exposición de la Academia de San Carlos y que tituló Interior del estudio de una artista y que muestra lo que podemos suponer era el estudio de las hermanas en la casa familiar. Juliana, por su parte, realizó una pintura de tintes arquitectónicos acerca del Interior de un convento de dieguinos, que presentó en la misma exposición. El cuadro muestra una escalera, el arco de la puerta que deja ver los arcos del piso superior y el cielo. Dos monjes conversan en la escalera, mientras que, en el extremo inferior derecho de la misma, un mendigo está sentado con una muleta y la cabeza vendada. En el extremo inferior izquierdo el descenso de la escalera al patio del convento y monje encapuchado que baja hacía él. Los cuadros son de sorprendente realismo y muestran la cotidianidad que las hermanas retrataban y la gran técnica con la que lo hacían.
Juliana se casó a la edad de 23 con un comerciante emigrado de Berlín de nombre Carl Hypolite Haghenbeck Braunwald, dedicado al negocio de las máquinas de coser. Juliana se retiró del mundo de la pintura para dedicarse al hogar y morir al poco tiempo. Curiosamente Carl se casó al poco tiempo con Josefa, con quien tuvo cuatro hijos. Josefa se retiró de igual manera del mundo de la pintura, pero en su hogar se dio tiempo para llevar a cabo retratos, tanto de su marido, como al menos de su hija María de Jesús.
Se desconoce con exactitud las fechas de las muertes de las hermanas Sanromán. Pero lo poco de su obra que se conserva es muestra de esas primeras mujeres que decidieron romper un poco las reglas sociales estrictas de la burguesía mexicana de mediados del siglo XIX.

publicado en mamaejecutiva.net 22 de mayo de 2017
imagenes: artnet.com
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martes, 21 de marzo de 2017

Olga Costa la pintora de origen alemán que pintó las frutas mexicanas.




La autora de uno de los cuadros más mexicanos que hay es una alemana que llegó a nuestro país huyendo de la intolerancia y se convirtió en una artista muy mexicana.

Armando Enríquez Vázquez

Cuando el 28 de agosto de 1913 en la ciudad de Leipzig la familia Kostakowski, recibió a su hija Olga en este mundo, el patriarca de la familia pensaba que su peregrinaje y migración, que había iniciado en Odesa, tras la persecución de judíos en Rusia había finalizado en Alemania. Nunca se imaginó que la migración acabaría en tierras mexicanas en 1925, cuando la familia desembarcó en Veracruz huyendo de la persecución política, el padre era violinista y comunista, había sido encarcelado en Alemania y estaba amenazado de muerte, en el oscuro amanecer Nazi en Alemania. Olga Kostakowski tenía doce años de edad al llegar a México.
Sin lugar a dudas, como a muchos europeos que llegaron a lo largo de la siguiente década, el colorido y lo exótico de México llamó la atención de la joven alemana. Muchos años después en 1951 pintó un gran lienzo llamado La vendedora de frutas, que recuerdo haber visto ya en la niñez, en los libros de texto gratuito en la primaria y que siempre ha llamado mi atención por la gran cantidad de elementos que tiene la maravillosa forma de captar la riqueza y variedad que se ofrece en un mercado. Las frutas son las que podemos encontrar en cualquiera de los mercados o tianguis de nuestros días, pero no en los supermercados cada día más llenos de frutas de importación y de una variedad tan pobre que cualquier marchante de un mercado popular solo puede carcajearse de ellos. El cuadro muestra plátanos machos, tabasco, morados, cañas, pitayas rojas y pitahayas, guanábanas, chirimoyas, guayabas, sandías, papayas, calabazas de castilla, aguacates, toronjas, piñas, cocos, tunas, chicozapotes, limas, cacahuates, zapotes negros y muchas otras demostrando la riqueza y abundancia de frutas que existe en nuestro país. En medio de la fruta, la vendedora orgullosa sostiene una pitahaya, una de las frutas más llamativas de nuestro país; con su piel rosa mexicano, su pulpa gris y los millones de negras semillitas en esa pulpa. En el extremo inferior derecho del lienzo aparece la firma de la pintora Olga Costa.
En el transcurso de esos años de su vida Olga Kostakowski, se había convertido en una artista y una mujer mexicana con apellido que, sin abandonar sus orígenes, castellanizó a una palabra que además recuerda su viaje por el Océano Atlántico para terminar en la costa veracruzana. Olga estudió en el Colegio Alemán en la Ciudad de México y dedicándose a la música, su padre era músico y la impulso a seguir una carrera en la música, pero al asistir al anfiteatro de la escuela Simón Bolivar los murales que ejecuto en Diego Rivera en ese lugar, llamaron de tal manera su atención que su vida cambió en ese momento, la pintura ocupó el lugar que hasta ese día ocupaba la música. En 1933 a los veinte años de edad se inscribe en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Academia de San Carlos. Aunque no concluye la carrera, conoce y se casa con el pintor y muralista José Chávez Morado y a pesar de compartir una vida con el pintor, jamás permitió que el arte de él influyera de manera notable en su arte. Olga estaba consciente de la individualidad del artista y de la importancia de su trabajo en solitario, lo que no le impidió ser miembro fundador del Salón de la Plástica Mexicana en 1949.



En 1945, Olga Costa llevó a cabo su primera exposición individual en la galería de Inés Amor directora de la Galería de Arte Mexicano.
En 1952, Olga Costas realizó su único mural titulado: Motivos sobre el agua. El mural realizado con mosaico italiano muestra a un grupo de sirenas que tocan instrumentos musicales. El mural se encuentra en el balneario de Agua Hedionda en las cercanías de Cuautla, Morelos. El Balneario, a su vez, fue construido por el arquitecto alemán Hannes Meyer quien fue el último director de la Bauhaus y quien llegó a México al finalizar la II Guerra Mundial.
Olga Costas también creó vestuarios para diferentes ballets y obras de teatro.  
A partir de 1966 junto con su esposo, José Chávez Morado se estableció a la ciudad de Guanajuato donde se convirtió en una promotora del arte mexicano y en abril de 1993 el matrimonio inauguro el Museo Casa Olga Costa – José Chávez Morado con más de 290 obras pertenecientes de la pareja. Fue Premio Nacional de Ciencias y Arte en 1989.
Olga Costa es una de las artistas más importantes del siglo XX en la plástica mexicana, olvidada en las últimas décadas, su obra es tan importante como la de otras artistas mexicanas de su época por ejemplo Frida Kahlo, Leonora Carrington, María Izquierdo, entre otras.
Olga Costa murió el 28 de junio de 1993.

publicado en mamaejecutiva.net el 13 de marzo de 2017
imagen: museoblaisten.com
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lunes, 2 de enero de 2017

María Izquierdo, la primera mexicana en exponer su obra fuera del país.



Muchas veces olvidada y hecha a un lado por los supuestos promotores de las pintoras mexicanas, María Izquierdo es sin duda uno de los pinceles más importante de nuestra nación.
Armando Enríquez Vázquez

Hablar de mujeres pintoras mexicanas del siglo XX, se reduce en algunos círculos, a esa visión de turistas de Frida Kahlo, a las surrealistas nacionalizadas Remedios Varo o Leonora Carrington, pero por lo general olvidamos a María Izquierdo.
En 1936 apareció en la Revista de Revistas, suplemento cultural de Excélsior, en el número del 23 de agosto Antonin Artaud escribió un texto sobre la pintora al que tituló; La pintura de María Izquierdo. Artaud escribió en ese artículo: Incuestionablemente María Izquierdo está en comunicación con las verdaderas fuerzas del alma india.
Pero Izquierdo ya había llamado la atención internacional del mundo cuando seis años antes se convirtió en la primera artista plástica mexicana en exponer el extranjero de manera individual. Esta extraordinaria artista actualmente pasa desapercibida frente a todas esas miradas que hoy se fijan en una de las parejas de Diego Rivera.
María Izquierdo nació en San Juan de los Lagos, Jalisco, el 30 de octubre de 1902. Su infancia transcurrió en Aguascalientes y Coahuila, estado en el que vivió en las ciudades de Saltillo y Torreón. María Izquierdo fue educada básicamente por su abuelo materno y en 1917 a los quince años de edad en medio del huracán de la Revolución, se casó con un general llamado Cándido Posadas Sánchez. En 1923, se mudó con su marido y sus hijos a la Ciudad de México y al poco tiempo se divorció, iniciando su instrucción artística en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1928. Pero Izquierdo no estaba hecha para los métodos ortodoxos de la academia y la abandonó para intentar aprender en heterodoxia de las diferentes escuelas al aire libre de la ciudad: En la Escuela Nacional de Bellas Artes conoció a Diego Rivera que dirigía la escuela en esos tiempos y a Rufino Tamayo con quien mantuvo una amistad y relación amorosa, y continuó pintando por su cuenta influenciada e influenciando a su vez al oaxaqueño. Rivera en el prólogo del catálogo de la exposición de la escuela describió a María Izquierdo cómo una de las grandes prospectos de la pintura en México.
En 1929, realizó su primera exposición individual en la Ciudad de México y al año siguiente fue invitada a exponer en el Art Center de Nueva York por Frances Flynn Payne,  quién era hija de un hombre que en ocasiones actuó como cónsul de Estados Unidos en remotas regiones del país y había pasado gran parte de su juventud en México acompañándolo, fue una mujer que desarrollo un gusto y conocimiento no sólo del arte de la época en nuestro país, sino que conoció a muchos de sus representantes, a ella se le atribuye también el haber presentado a Diego Rivera con la familia Rockefeller.  La exposición de la obra de María Izquierdo constaba de 14 pinturas al óleo.
De esta manera María Izquierdo se convirtió en la primera pintora mexicana en presentar una exposición individual en el extranjero, el curador René d’ Harnoncourt, conoció la obra de Izquierdo en esta exposición y decidió incluir la pintura de María Izquierdo en una gran exposición de arte mexicano, que el francés organizó para el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, ese mismo año, en la que se presentaron obras de Rivera, Tamayo, Orozco. Además de Izquierdo sólo otra artista mexicana fue incluida en la exposición; Isabel Villaseñor.
Comprometida con la causa de la izquierda, María Izquierdo fue una de las fundadoras de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios en 1933. Entre los artistas que fundaron la liga pro soviética se encontraban Juan de la Cabada, Efrain Huerta, José Revueltas, Pablo O’Higgins, Leopoldo Méndez, entre muchos otros.
En 1937 María Izquierdo llevó su obra a Paris y la exhibió. En 1938 conoció al pintor chileno Raúl Uribe quien se convierte en su promotor y del cual se divorció por el alcoholismo del chileno.
Una de las grandes decepciones de la pintora fue cuando en 1945, un consejo de artistas en el que se encontraba su antiguo maestro y amigo Diego Rivera, le canceló un proyecto para un mural para el Departamento del Distrito Federal, junto con el contrato que ella ya había firmado.
En 1948, María Izquierdo sufrió una embolia que le dejó como secuela una hemiplejía, la pintora tomó fuerza y pintaba con su mano sana. La pintora murió el 3 de diciembre de 1955 en la Ciudad de México a los 53 años de edad.
María Izquierdo alguna vez definió lo era ser mujer en el México de mediados del siglo XX: Es delito ser mujer y tener talento.
La mayor parte de su obra conocida se encuentra en colecciones particulares fuera de México y se sabe que otra parte está perdida.


Para @CUCOSOTO que me recordó a esta gran pintora olvidada.

Publicado en mamaejecutiva.net el 19 de diciembre de 2016
imagen: laberintos.com.mx

miércoles, 15 de junio de 2016

Remedios Varo viajera de tierras y mundos.


Una de las pintoras más importantes del surrealismo, llegó a nuestras tierras como muchos otros españoles, empujada por las olas del exilio de la Guerra Civil y valoró a su nueva nación.
Armando Enríquez Vázquez
Si Remedios Varo encontró en México su madurez artística e intelectual como afirma su última pareja sentimental Walter Gruen no lo sé, lo que, si sé, es que desde la primera vez que fui expuesto a su obra me sentí atrapado por ella por su profundidad y por su sentido del humor.
Esta extraordinaria pintora que nació muy al norte de España, en el pueblo de Anglés en Gerona el 16 de diciembre de 1908, habría de viajar por el mundo y sufrir de las tragedias que asediaron a Europa y España en el siglo pasado, para finalmente encontrar la paz y tranquilidad para trabajar en nuestro país. El lugar de su nacimiento, como el de todos los humanos fue un accidente geográfico, que en el caso de Remedios es más obvio por la vida semi itinerante de su padre que era ingeniero hidráulico. El nombre de Remedios le fue puesto en honor de la virgen de los Remedios por permitir a la familia tener una hija, ya que con anterioridad habían perdido a otra bebé.
Durante los primeros años de vida de Remedios, la familia viajó por diferentes lugares de España y de Marruecos gracias al trabajo del padre hasta que en 1917 se establecen finalmente en Madrid. A pesar de tener prohibido tomar los libros de su padre, Remedios, curiosa, leyó libros de ciencia, lo mismo que novelas, aprendió a utilizar algunos de los aparatos de su padre. Su padre la inscribió en la Academia de San Fernando en Madrid, cuya historia data del siglo XVIII y de la cual de acuerdo con la historia fue expulsado Salvador Dalí por rebelde, el año era 1924.
Remedios no fue expulsada, sin embargo, al finalizar sus estudios, en 1930, Remedios decidió casarse con su compañero el pintor Gerardo Lizárraga con tal de salir de un entorno familiar, y para cortar definitivamente el cordón umbilical, la pareja se mudó a Paris. En 1932, la pareja regresó a España, pero se instaló en Barcelona, dónde Remedios trabajó en una agencia de publicidad llamada Thompson. Ese mismo año se divorció de Lizárraga, con quien a lo largo de su vida sostuvo una amistad entrañable.
La relación de Remedios Varo con la publicidad continuó presente a lo largo de su vida y ya establecida en México muchos años después, creó toda una serie de dibujos para las revistas y calendarios de la farmacéutica Bayer. Sus ilustraciones para los calendarios de la empresa y su interpretación artística de ciertas enfermedades revelan esa concepción surrealista, propia y onírica de la realidad.



En España y a pesar de que Barcelona era en ese momento uno de los sitios culturales con más efervescencia en el mundo, también políticamente Barcelona era una incubadora de las nuevas ideas sociales. El estallido de la Guerra Civil Española lleva a la ciudad catalana al poeta Bejamín Peret. Peret, además de ser uno de los pilares de la literatura surrealista fue un hombre de ideas políticas de izquierda y llegó a Barcelona para luchar en contra de las fuerzas de Francisco Franco. Remedios Varo lo conoció y en 1937 junto con él regresó a Paris. Ya en la capital francesa Remedios Varo conoció a André Breton, Max Ernst, Joan Miró y a otra formidable pintora surrealista con la que coincidirá en su exilio en México; Leonora Carrington.  Según Walter Gruen en el texto de la biografía de Varo, en el sitio de la pintora en esa Francia convulsa llena de traidores y colaboracionistas Nazis, Remedios Varo fue encarcelada cerca de un año en 1939 sin que Gruen tenga claro el motivo, pues la pintora jamás habló mucho del asunto. En 1940 sale de París rumbo a Marsella del brazo de Peret y se refugia como muchos otros artistas e intelectuales en la mansión de Bel-Air.
En 1941, puede por fin abandonar Europa y llega a México. En nuestro país se rencuentra con conocidos como Gerardo Lizárraga y Leonora Carrington, con quien la relación se tornó en una estrecha amistada donde las artistas llegaron a creer poseer una sensibilidad única que las hizo durante mucho tiempo compartir a diario sus sueños, pesadillas obsesiones e ideas, además de aficiones comunes como la cábala, la alquimia, el tarot, la magia y otras. Remedios Varo conoce a otro grupo de artistas e intelectuales tanto nacionales como extranjeros entre ellos a Octavio Paz quien alguna vez dijo de ella; pinta lentamente rápidas apariciones. Conoce también al fotógrafo suizo Wolfgang Paalen y la heredera y mecenas suiza Eva Sulzer. Sulzer compró a Varo algunos de sus cuadros que más tarde heredaría a Gruner. A Marc Chagall con quien trabajó para el vestuario del ballet Aleko de Léonid Massine que se estrenó en el Palacio de Bellas Artes en septiembre de 1942.
En 1947, Remedios Varo y Peret rompen su relación. Peret regresó a Paris. Remedios Varo decidió permanecer en México por muchas razones, la primera es que no se sentía ni europea, ni española:



Soy más de México que de ninguna otra parte. Conozco poco España, era muy joven cuando viví en ella. Luego vinieron los años de aprendizaje, de asimilación en Paris, después la Guerra… Es en México donde me he sentido acogida, segura… Escribió.
Años después en un viaje a Paris escribió una carta a Gruner en la que dice: Hoy hace ocho días que salí (de México), ¡Dios mío!, qué deseos tengo de regresar, aunque ya no me siento tan mal, sin embargo, veo que definitivamente he dejado de pertenecer a estas gentes (los surrealistas) y a estas cosas, que no me interesan gran cosa y que mi vida, no sólo material o sentimental sino también intelectual, está ahí, en esa tierra que sinceramente amo con todas sus fallas, defectos y calamidades…
Viajó a Venezuela a finales de 1947 para reunirse con su hermano que se exilió en aquel país junto con su madre y estaba dedicado a la lucha contra enfermedades tropicales. Remedios por intermediación de su hermano consiguió un trabajo para describir a partir de observaciones microscópicas diferentes organismos patógenos que habitan en los mosquitos y dibujarlos. A finales de 1949 regresó a México, en 1952 se unió a Gruen y fue ese periodo el más productivo de su vida.
La obra de Remedios Varo es sorprendente y cautivadora, en algún sentido me recuerda a Magritte, pero tiene un detalle y fineza de la que carece el belga. Cuadros como Bordando el manto terrestre, Exploración de las fuentes del Orinoco, Papilla estelar, son sólo algunas de las maravillosas obras de la pintora.

El 8 de octubre de 1963, Remedios Varo murió de un infarto en su hogar en la Ciudad de México.
publicado en mamaejecutiva.net el 6 de junio de 2016
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lunes, 6 de junio de 2016

Leonora Carrington la última de las surrealistas.

Nacida en Inglaterra y muerta en nuestro país, Leonora Carrington fue pintora, escritora, escultora y sobre todo uno de los pilares importantes del surrealismo.

Armando Enríquez Vázquez.

Una barca surcó en 2006 algunas cuadras de Paseo de la Reforma para detenerse en uno de sus amplios camellones, ahí en esa avenida emblemática de la Ciudad de México cerca del famoso edificio Reforma 222, la barca en sí es un cocodrilo y seres reptilianos, que nada tienen que ver con teorías de conspiración, van en ella. Son seres creados por una mujer que a su vez llegó a México en tren desde Nueva York, el año de 1942 huyendo de los nazis y de la guerra que asediaba Europa. Llegó del brazo de su marido el poeta y escritor Renato Leduc, al que conoció en la embajada mexicana en Portugal, quién a su vez accedió a casarse con la artista inglesa para poder ayudarla a salir de Europa. A su llegada a México se separaron para seguir cada quien con su vida.
México se convirtió en el país de Leonora Carrington, en él habitó y creó durante los siguientes 69 años, hasta su muerte en 2011, dejando en las calles y museos parte de su obra.
Leonora Carrington nació en Lancashire, Inglaterra el 6 de abril de 1917, hija de un acaudalado industrial, su infancia y juventud la vivió en opulencia, a pesar de ello y de las maneras aristocráticas que intentaban inculcarle en casa, Leonora fue expulsada dos veces de los colegios ingleses, entre ellos de uno de monjas que su madre, irlandesa, había escogido para ella, por lo que sus padres optaron cuando Leonora era aún una niña en enviarla a Italia a una academia de arte, lo que de la marcó, junto con los bosques que rodeaban su casa en Inglaterra y las historias celtas que su abuela irlandesa le contaba.
Llegado el momento de presentar a la joven en sociedad, sus padres buscaban que Leonora tuviera un pretendiente miembro de la aristocracia británica, así en 1934 Leonora hizo su debut en sociedad frente al rey Jorge V, algo que aburrió tanto a la joven que terminó escribiendo un cuento titulado La debutante, donde la joven protagonista intercambia su lugar con una hiena. La hiena crea un desastre en el evento social, mientras la protagonista se queda en su cuarto leyendo Los viajes de Gulliver.
 No tenía tiempo para ser la musa de nadie… Estaba muy ocupada rebelándome en contra de mi propia familia y aprendiendo a convertirme en una artista. Declaró la artista en alguna ocasión.
Sin saber cómo el azar y el deseo iban a jugar su papel, su madre le regaló un libro sobre uno de los movimientos artísticos que sacudía la ortodoxia de la academia europea; el surrealismo. Leonora se enamoró sin conocerlo más que a través de su obra del gran pintor alemán Marx Ernst. Dos años después cuando lo conoció ese amor se volvió carne y pasión. Claro que el padre de Leonora desaprobó esta relación entre la joven y el pintor que era mucho mayor que ella y además estaba casado. Las esperanzas del padre de casar a su hija con un noble inglés se desvanecieron. Ernst llamaba a Leonora, La novia del viento. Leonora y Max Ernst huyeron a Paris, se establecieron en la capital francesa mientras la II Guerra Mundial amenazaba al viejo continente. Al lado de Ernst, quién la impulsó a escribir y pintar, Carrington conoció a la nata y crema del surrealismo, además de otros importantes artistas del siglo pasado como Pablo Picasso. Max Ernst quien había abandonado a su esposa y a su patria en la que el Nazismo y la intolerancia reinaban, una vez que Francia se convirtió en un satélite sumiso de Hitler, fue arrestado en dos ocasiones, Leonora salió hacía España donde intentó hacer lobbying a favor de Ernst. Denunciando a Hitler, a Mussolini y al tirano español; Francisco Franco. Víctima de un fuerte stress, al que ella llamó con los años psicosis de guerra, fue internada en un manicomio en Santander, con el consentimiento de su padre. España fue una prisión para mí. Escribió en su libro de memorias. De ahí partió a Lisboa y ya casada con Leduc al nuevo continente. En Nueva York se rencontró con Max Ernst quien ahora tenía de amante a la millonaria Peggy Guggenheim.



Atrás de la Catedral de la Ciudad de México hay otra obra de la artista, una banca, de esas que un jefe de gobierno de esta ciudad encargó a diferentes artistas y terminaron decorando los camellones de Paseo de la Reforma, la banca de Leonora viajó por el mundo en varias exposiciones a su regresó a la capital del país encontró descanso junto a la Catedral. Los magos que conforman el respaldo de la banca parecen conspirar en contra de la vieja religión impuesta en los mexicanos dándole la espalda a la Catedral.
La Ciudad de México fue para Leonora, como para todos los europeos que han llegado a ella desde Cortés, una sorpresa y una delicia. Primero se instaló con Leduc en la colonia San Rafael, y según una entrevista que concedió en 1996 a Emilio Payán y Saúl Villa, asistió a muchas corridas de toros, donde lo que ella esperaba era cuando el toro saltaba al callejón y causaba un caos al interior del pequeño pasillo.
Poco después se mudó a Mixcoac que en los años cuarenta del siglo pasado era aún un pueblo separado de la ciudad. Leonora disfrutaba viajar en tranvía descubierto de Mixcoac al Zócalo de la ciudad. En México encontró también algún viejo amigo surrealista, a André Bretón y a la otra gran artista surrealista a la que las ondas trajeron a nuestro país; Remedios Varo.
En 1946, se casó por segunda ocasión. Esta vez con otro emigrante europeo, el fotógrafo húngaro Emerico “Chiki” Weisz, quien durante la Guerra Civil Española trabajó con Robert Capa, como su jefe de revelado.
En 1963, el gobierno federal le encargó un mural para el nuevo Museo Nacional de Antropología. Leonora Carrington pintó entonces un enorme oleo titulado: En el mundo mágico de los mayas, donde la artista pintó desde su muy particular punto de vista los mitos de los pueblos de la región sureste del país.
Amiga de Paz, de Aridjis, de Elizondo, de Poniatowska quien escribió una novela sobre la vida de la artista titulada Leonora. Carrington prefería la soledad de su casa estudio en la colonia Roma, que el bullicio de los salones de la intelectualidad.




Leonora Carrington, pintaba para ella, jamás para el público grande o pequeño, fue la última de los surrealistas en morir, lo que ocurrió el 25 de mayo de 2011 a los 94 años de edad. En una entrevista que le hizo Beatriz Espejo y que se publicó en la Revista de la Universidad de México cuando la escritora le preguntó acerca de ¿por qué había escogido el surrealismo?, Carrington contestó. Eso es una etiqueta. Hago lo que hago porque así los siento y lo veo.  En más de una ocasión se cuestionó con sus amigos más cercanos, como lo haría cualquier surrealista, si era ella realmente la que creaba sus mundos o si estos mundos eran los que la inventaban a ella, y claro daba más validez a esto último.

publicado el 30 de mayo de 2016 en mamaejecutiva.net
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