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miércoles, 6 de mayo de 2020

Chamuco en descenso.



Diablero logra mantener cierto interés por dos razones desde mi punto de vista; la primera es mantener el tema de la mitología mexica yel sentido negro del humor.


Armando Enríquez Vázquez

En el siguiente texto existen spoilers, continuar la lectura es bajo la responsabilidad del lector
Pasó más de un año para que Netflix estrenara la segunda temporada de Diablero, una serie chilanga acerca de lo sobrenatural que mezcla historias católicas con historias de la mitología mexica, jugando con ese extraño sincretismo en el que vivimos en México.
A pesar de que la primera temporada estaba bien armada lo que obviaba algunas fallas en la ejecución de la producción y otras tantas en el guion, la segunda temporada comienza a desmoronarse desde el segundo capítulo. Tal vez por eso la segunda sólo son seis capítulos de media hora y tardó más de un año en ser estrenada.
Algunas ideas son muy buenas y están bien ejecutadas y producidas. La mujer del puesto de la Lotería Nacional que da entrada al bar de Isaac El Indio, el diablero antagónico del protagonista y enamorado eterno de Keta, con su glitch. La salida del Mictlán a través de un excusado, el burdel de demonias dirigido por la Reina Lupe (Ela Velden) y la realidad-alucinación a la que se somete a la clientela para mostrar la miseria de la condición de algunos de ellos.
Tristemente se nota que muchas ideas no se pudieron realizar de manera adecuada, me imagino que el presupuesto otorgado por la plataforma fue insuficiente y ver al Ahuitzotl, que me recordó a los primeros monstruos de la televisión de superhéroes japonesas como Ultraman, de finales de la década de 1960, así como a las cintas de Godzilla de Ishiro Honda de los años 50’s, no me quedó más que recordar al patético fauno de la serie Witcher, también de Netflix. ¿Acaso la plataforma no tiene quién pueda hacer un buen CG, o máscaras, esto es un verdadero demerito en series que Netflix quiere vender?
Lo cierto es que Diablero logra mantener cierto interés por dos razones desde mi punto de vista; la primera es mantener el tema de la mitología mexica, la visión modernizada sobre la misma lleva buenas situaciones de buena comedia en la serie, como el asunto de presentar el primer piso del Mictlán con una trajinera de Xochimilco llena de diferentes personajes del folclor moderno chilango. Vale la pena mencionar que este sincretismo entre lo mexica y lo chilango hace que la serie sea muy atractiva y entiendo el problema de los regionalismos para audiencias globales, pero es una muy vieja receta utilizada en las series norteamericanas, algunas de ellas muy exitosas.
La segunda es las grandes actuaciones de algunos de los protagonistas que mantienen ese carácter tan urbano de la Ciudad de México con sus personajes populares. No cabe que la dupla de Elvis Infante (Horacio García Rojas) no sólo es un gran personaje, sino que la interpretación de García Rojas ha logrado crear un personaje que resalta en las series Mexicanas, por su originalidad y frescura a pesar de lo mal escrito de ciertos capítulos que abusan del chiste barato, que a su vez desvirtúa los buenos momentos de comedia y sarcasmo de la serie. En ciertos momentos los guionistas sólo pueden recurrir al pastelazo verbal. Es gracias a García Rojas que la serie se mantiene atractiva y junto con él su hermana Keta (Fátima Molina) se convierte en un personaje entrañable y que ha evolucionado de la primera a la segunda temporada. Isaac El Indio (Humberto Busto) junto con sus hijas Paulina (Dulce Neri) y Thalia (Mariana Botas) a pesar de que son los grandes patiños de la primera temporada, en la segunda fueron totalmente relegados por los guionistas a apariciones secundarias y sin importar esto logran ser un gran trío con muy divertidas intervenciones y una secuencia gloriosa donde El Indio, saca a su alter ego para ayudar a Elvis, Keta, Nancy y Ramiro, la médium Surileidi. De la misma manera los guionistas trataron de muy mala manera a los personajes de Nancy (Giselle Kuri) y de Ramiro Ventura (Christopher von Uckermann) al volverlos totalmente planos con un arco narrativo torpe y como de telenovela de Televisa. Nancy tiene una muy buena secuencia al inicio la serie tratando de ser normal y asistiendo a una cita romántica, que no pasa de ser un gracioso sketch, desvinculado del resto de la serie donde esta necesidad de Nancy por ser normal y la aceptación del ser que es, se plantea y resuelve de una forma que no parece conflictuarla y por supuesto mucho menos al espectador.
La segunda temporada de Diablero retoma el robo del hijo de Keta, Mayaken, y la necesidad de recuperar a Ventura del Mictlán, el costo de esto último lleva a Elvis al mayor sacrificio que se puede hacer, en beneficio de su equipo y lo que llevaba a un buen cliffhanger para la tercera temporada. El problema es que, con los resultados de un mal guion y una mala ejecución de los efectos especiales, las alas de Mayaken y los intentos que tiene por liberarse de las cuerdas que los atan, parecen espasmos epilépticos, así con ciertos miscastings como el ejecutor del poder eclesiástico, no sé si Netflix permitirá esa tercera temporada.
Yo vería una tercera temporada con gusto en espera de rectificaciones, porque creo que son más los aciertos que los fallos y vale la pena ver de nuevo a Elvis Infante, Keta, Nancy y ventura en su lucha contra el submundo mexica. Una de las cosas que parece comprobar que no habrá esa tercera temporada, es la miserable manera en que Netflix promovió la segunda temporada, algo un producto mucho más original e interesante que otras mediocres producciones nacionales para Netflix como La casa de las Flores una sencilla y vulgar extensión de las telenovelas de Televisa, o Ingobernable, la telenovela-basura de Epigmenio Ibarra. Así como a las afueras de la Torre Manacar había una figura del primer monstruo de The Witcher, serie bastante menos creativa que Diablero, que gozó de una propaganda exagerada en la ciudad, me hubiera encantado ver la trajinera del Mictlán en Paseo de la Reforma y una Lupe Reina en Insurgentes saliendo de la fuente de La Bombilla enfrente al monumento a la mano de Álvaro Obregón. Espero que Netflix si nos otorgue una tercera temporada.

publicado en roatbrief.com.mx el 4 de febrero de 2020
imagen Netflix

miércoles, 27 de marzo de 2019

Las series mexicanas de 2018.



Las series nacionales estrenadas en 2018 merecen un revisión, frente pobre oferta de la televisión abierta, las plataformas de Internet y canales de paga crearon una oferta interesante para las nuevas audiencias mexicanas.


Armando Enríquez Vázquez

Las series mexicanas estrenadas en 2018 merecen un revisión, pues frente al desplome de los canales abiertos de televisión, las plataformas de Internet y los canales de televisión de paga crearon una oferta importante e interesante de series para las nuevas audiencias mexicanas, algo que no es común en un mercado dominado por un duopolio que apostó a la mediocridad y a la estupidez durante las últimas décadas.
Amazon y Netflix son los nuevos medios para ver producción nacional y como debe ser en un mercado de libre oferta tenemos series de chile, de dulce y manteca. Clarovideo que debería ser el gran distribuidor de trabajos mexicanos y en general de Latinoamérica ha demostrado con la excepción de “La Hermandad” ser productor de puras series anodinas incapaces de provocar interés entre la audiencia, a la que la empresa de Slim sigue considerando como ignorante, capaz de consumir lo que se le proponga y ha convertido a Clarovideo en un cero a la izquierda y en ese sentido ni que decir del mal chiste que ha resultado ser Blim, la plataforma de Televisa.
Canal Once ha producido a lo largo de los años series más interesantes y exitosas que las dos últimas plataformas mencionadas arriba, y en 2018 se estrenó en la televisora del Instituto Politécnico Nacional la temporada final de Paramédicos, probablemente la mejor serie del Once en los últimos años, que al final del sexenio olvidó esa forma de producir de calidad para gastar dinero en programas de opinión que eran intrascendentes en muchos casos y obligaron a las audiencias a abandonar la señal del IPN una vez más. HBO presentó también la temporada final de Señor Ávila. Ambas producidas por Lemon Films que se ha constituido como una de las más importantes y propositivas productoras de series en México, series de calidad, bien escritas y con temas variados.



Pero sin lugar a dudas una de las grandes sorpresas del año fueron las dos primeras producciones de Televisa para Amazon Prime, “Diablo Guardian”, basada en la exitosa novela de Xavier Velasco y la que sin duda fue una de las mejores series del año “Un Extraño Enemigo”, para mi gusto la mejor. “Un Extraño Enemigo” intenta contar el genocidio contra estudiantes y trabajadores de 1968 desde la mezquina e interesada política palaciega que encabezaron Luis Echeverría Álvarez y Fernando Gutiérrez Barrio. Un detalle en contra de la serie es que olvida la fuerza generada a nivel nacional por el movimiento, algo que no se había visto en México durante décadas, sobre todo porque los inconformes eran miembros de la creciente en ese entonces clase media del país, pero que ya no toleraban la dictadura disfrazada del PRI. El casting y las personificaciones son extraordinarias sobre todo en el caso del presidente Gustavo Díaz Ordaz y personaje que supuestamente es Fernando Gutiérrez Barrio interpretado por Daniel Giménez Cacho.
Fox también estrenó otra de las grandes series mexicanas del año y que bien vale la pena ver “Aquí en la Tierra” producida por Gael García. Una historia de corrupción política y espiritual con claras referencias al sexenio de Peña Nieto y a la clase política mexicana que en sus excesos se siente capaz de violar todas las reglas que sus antepasados impusieron para poder gobernar el país. La figura del poder detrás del poder es uno de los elementos más llamativos de la serie y siembra en el argumento ese panorama desolador y nada esperanzador que hace de la serie un parteaguas con los melodramas baratos y populistas de Epigmenio Ibarra.
Desgraciadamente gran parte del año en Netflix estuvo llena de malas series biopics mexicanas, aunque cabe aclarar que la de Luis Miguel fue todo un éxito y en todos lados se comentaba. Aunado a estos melodramas hay que sumar dos pésimas series hechas como para las audiencias tradicionales de la Televisa de Azcarraga Milmo; “La Casa de las Flores” y la infumable “Ingobernable” cuya segunda temporada es todavía peor que la primera, algo que parecía imposible de lograr pero que parece no haberle costado ningún trabajo a Epigmenio Ibarra.



Para finalizar el año Netflix estrenó “Diablero” una serie sobre demonios, curanderos y chamanes ubicada en la Ciudad de México el día de hoy, lejos de ser un melodrama o un drama pretencioso “Diablero” me recordó “Stan against Evil”. Una farsa sobre los temas sobrenaturales, producida por Morena Films, basada en una novela del escritor mexicano F. G. Haghenbeck titulada “El diablo me obligó”.
El casting del diablero es en general muy bueno y sin duda la actuación estelar de Horacio García Rojas en el papel de Elvis es uno de los grandes logros de la serie. García Rojas es un diablero, chamán de estirpe que saca demonios a posesos, quien como buen chilango se mueve en metro, camiones y es cabulero, lleno de recurso heterodoxos. Su auto esta en manos de “El indio”, el actor Humberto Busto, un hombre que organiza peleas clandestinas con posesos y quien antaño pretendió a la hermana de Elvis interpretada por la actriz Fátima Molina. Por alguna razón Elvis le debe a “El Indio” doce demonios. A la tercia se unen un sacerdote muy fresa y como sacerdote católico un hombre que lleva consigo algunos graves pecados interpretado por Christopher Von Uckermann y una joven posesa, Nancy, interpretada por Giselle Kuri, quién a voluntad deja entrar demonios en su cuerpo y sirve de comunicación entre los mundos. Todos unidos o desunidos para encontrar a una diablera, interpretada por la excelente actriz Dolores Heredia, obsesionada por terminar con el mundo a partir de un antiguo rito sincrético a partir de niños hijos de sacerdotes católicos. Elvis y compañía intentaran impedir este desastre.
“Diablero” no es la mejor serie mexicana, sin embargo, es una incursión sui generis en el género de terror mezclado con la comedia negra y la farsa. Uno de sus grandes aciertos más allá del casting, es el jamás perder tiempo en explicaciones sobre el universo que se construye al interior del mundo de la serie, algo que a los americanos les sale muy bien y que en el caso de Diablero está claro. Aceptas la premisa de la serie y sigues adelante o no y regresa a algo más convencional. Nadie te va explicar nada porque como espectador solo vienes a escuchar esta temporada y a lo mejor a engancharte para una segunda con ciertos cabos sueltos como el hijo desaparecido de la hermana de Elvis. O la extraña congregación de católicos encabezada por un obispo mentor de Uckermann y que se comunica con extraños entes a través de la más avanzada tecnología.
Diablero es una serie entretenida y muy divertida con muy buenos efectos especiales. Esperemos  haya una segunda temporada y que Netflix se de cuenta que existe un mercado para otras propuestas diferentes a los Biopics y las telenovelas políticas con pésimas anécdotas y desarrollo.



2018 nos da esperanza a que diferentes escritores, directores y actores surjan en series diferentes a lo que siempre se nos ha querido dar de comer y beber en un sistema de producción y distribución tan mediocre y corrupto como el que desde hace más de cuarenta años implementó Televisa primero y más tarde TV Azteca.

publicado en roastbrief.com.mx el 28 de diciembre de 2018
imagenes:    Netflix 
                   Amazon 
                   Canal Once
                   HBO