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miércoles, 27 de marzo de 2019

Las series mexicanas de 2018.



Las series nacionales estrenadas en 2018 merecen un revisión, frente pobre oferta de la televisión abierta, las plataformas de Internet y canales de paga crearon una oferta interesante para las nuevas audiencias mexicanas.


Armando Enríquez Vázquez

Las series mexicanas estrenadas en 2018 merecen un revisión, pues frente al desplome de los canales abiertos de televisión, las plataformas de Internet y los canales de televisión de paga crearon una oferta importante e interesante de series para las nuevas audiencias mexicanas, algo que no es común en un mercado dominado por un duopolio que apostó a la mediocridad y a la estupidez durante las últimas décadas.
Amazon y Netflix son los nuevos medios para ver producción nacional y como debe ser en un mercado de libre oferta tenemos series de chile, de dulce y manteca. Clarovideo que debería ser el gran distribuidor de trabajos mexicanos y en general de Latinoamérica ha demostrado con la excepción de “La Hermandad” ser productor de puras series anodinas incapaces de provocar interés entre la audiencia, a la que la empresa de Slim sigue considerando como ignorante, capaz de consumir lo que se le proponga y ha convertido a Clarovideo en un cero a la izquierda y en ese sentido ni que decir del mal chiste que ha resultado ser Blim, la plataforma de Televisa.
Canal Once ha producido a lo largo de los años series más interesantes y exitosas que las dos últimas plataformas mencionadas arriba, y en 2018 se estrenó en la televisora del Instituto Politécnico Nacional la temporada final de Paramédicos, probablemente la mejor serie del Once en los últimos años, que al final del sexenio olvidó esa forma de producir de calidad para gastar dinero en programas de opinión que eran intrascendentes en muchos casos y obligaron a las audiencias a abandonar la señal del IPN una vez más. HBO presentó también la temporada final de Señor Ávila. Ambas producidas por Lemon Films que se ha constituido como una de las más importantes y propositivas productoras de series en México, series de calidad, bien escritas y con temas variados.



Pero sin lugar a dudas una de las grandes sorpresas del año fueron las dos primeras producciones de Televisa para Amazon Prime, “Diablo Guardian”, basada en la exitosa novela de Xavier Velasco y la que sin duda fue una de las mejores series del año “Un Extraño Enemigo”, para mi gusto la mejor. “Un Extraño Enemigo” intenta contar el genocidio contra estudiantes y trabajadores de 1968 desde la mezquina e interesada política palaciega que encabezaron Luis Echeverría Álvarez y Fernando Gutiérrez Barrio. Un detalle en contra de la serie es que olvida la fuerza generada a nivel nacional por el movimiento, algo que no se había visto en México durante décadas, sobre todo porque los inconformes eran miembros de la creciente en ese entonces clase media del país, pero que ya no toleraban la dictadura disfrazada del PRI. El casting y las personificaciones son extraordinarias sobre todo en el caso del presidente Gustavo Díaz Ordaz y personaje que supuestamente es Fernando Gutiérrez Barrio interpretado por Daniel Giménez Cacho.
Fox también estrenó otra de las grandes series mexicanas del año y que bien vale la pena ver “Aquí en la Tierra” producida por Gael García. Una historia de corrupción política y espiritual con claras referencias al sexenio de Peña Nieto y a la clase política mexicana que en sus excesos se siente capaz de violar todas las reglas que sus antepasados impusieron para poder gobernar el país. La figura del poder detrás del poder es uno de los elementos más llamativos de la serie y siembra en el argumento ese panorama desolador y nada esperanzador que hace de la serie un parteaguas con los melodramas baratos y populistas de Epigmenio Ibarra.
Desgraciadamente gran parte del año en Netflix estuvo llena de malas series biopics mexicanas, aunque cabe aclarar que la de Luis Miguel fue todo un éxito y en todos lados se comentaba. Aunado a estos melodramas hay que sumar dos pésimas series hechas como para las audiencias tradicionales de la Televisa de Azcarraga Milmo; “La Casa de las Flores” y la infumable “Ingobernable” cuya segunda temporada es todavía peor que la primera, algo que parecía imposible de lograr pero que parece no haberle costado ningún trabajo a Epigmenio Ibarra.



Para finalizar el año Netflix estrenó “Diablero” una serie sobre demonios, curanderos y chamanes ubicada en la Ciudad de México el día de hoy, lejos de ser un melodrama o un drama pretencioso “Diablero” me recordó “Stan against Evil”. Una farsa sobre los temas sobrenaturales, producida por Morena Films, basada en una novela del escritor mexicano F. G. Haghenbeck titulada “El diablo me obligó”.
El casting del diablero es en general muy bueno y sin duda la actuación estelar de Horacio García Rojas en el papel de Elvis es uno de los grandes logros de la serie. García Rojas es un diablero, chamán de estirpe que saca demonios a posesos, quien como buen chilango se mueve en metro, camiones y es cabulero, lleno de recurso heterodoxos. Su auto esta en manos de “El indio”, el actor Humberto Busto, un hombre que organiza peleas clandestinas con posesos y quien antaño pretendió a la hermana de Elvis interpretada por la actriz Fátima Molina. Por alguna razón Elvis le debe a “El Indio” doce demonios. A la tercia se unen un sacerdote muy fresa y como sacerdote católico un hombre que lleva consigo algunos graves pecados interpretado por Christopher Von Uckermann y una joven posesa, Nancy, interpretada por Giselle Kuri, quién a voluntad deja entrar demonios en su cuerpo y sirve de comunicación entre los mundos. Todos unidos o desunidos para encontrar a una diablera, interpretada por la excelente actriz Dolores Heredia, obsesionada por terminar con el mundo a partir de un antiguo rito sincrético a partir de niños hijos de sacerdotes católicos. Elvis y compañía intentaran impedir este desastre.
“Diablero” no es la mejor serie mexicana, sin embargo, es una incursión sui generis en el género de terror mezclado con la comedia negra y la farsa. Uno de sus grandes aciertos más allá del casting, es el jamás perder tiempo en explicaciones sobre el universo que se construye al interior del mundo de la serie, algo que a los americanos les sale muy bien y que en el caso de Diablero está claro. Aceptas la premisa de la serie y sigues adelante o no y regresa a algo más convencional. Nadie te va explicar nada porque como espectador solo vienes a escuchar esta temporada y a lo mejor a engancharte para una segunda con ciertos cabos sueltos como el hijo desaparecido de la hermana de Elvis. O la extraña congregación de católicos encabezada por un obispo mentor de Uckermann y que se comunica con extraños entes a través de la más avanzada tecnología.
Diablero es una serie entretenida y muy divertida con muy buenos efectos especiales. Esperemos  haya una segunda temporada y que Netflix se de cuenta que existe un mercado para otras propuestas diferentes a los Biopics y las telenovelas políticas con pésimas anécdotas y desarrollo.



2018 nos da esperanza a que diferentes escritores, directores y actores surjan en series diferentes a lo que siempre se nos ha querido dar de comer y beber en un sistema de producción y distribución tan mediocre y corrupto como el que desde hace más de cuarenta años implementó Televisa primero y más tarde TV Azteca.

publicado en roastbrief.com.mx el 28 de diciembre de 2018
imagenes:    Netflix 
                   Amazon 
                   Canal Once
                   HBO

miércoles, 6 de febrero de 2019

Un extraño enemigo, una extraña producción.



“Un extraño enemigo” es una de las mejores y más interesantes producciones mexicanas de 2018, lo extraño la produjo Televisa para Amazon dando por entendido que BLIM no sirve para nada.


Armando Enríquez Vázquez

No cabe duda “Un extraño enemigo” es una de las mejores y más interesantes producciones mexicanas del año, lo extraño es que no la produce el mercenario de Epigmenio Ibarra, si no Televisa y está firmada por el mismo Emilio Azcárraga Jean y Bernardo Gómez, lo que manda una extraña señal en este momento político del país.
Pero primero, lo primero, “Un extraño enemigo” comete un pecado: minimizar el poder de los estudiantes, su poder de convocatoria y la validez de sus reclamos que se extendieron a otros sectores de la población, simplificando todo a un complot político para lograr la sucesión presidencial.
Esta visión parcial pinta de manera muy clara lo que debió haber pasado en la política palaciega de 1968 una año antes del que el dedo de Gustavo Díaz Ordaz señalara al elegido para sucederlo; puros personajes ambiciosos y mezquinos que manejaron el país por lo menos hasta el 1982 cuando dejó la presidencia el López Portillo, amigo intimo de Luis Echeverria Álvarez, la camarilla de ladrones y asesinos dirigió el país.
La serie pinta de cuerpo completo, con nombre y apellidos a los principales buitres y criminales políticos de la política del país y sólo evita el nombre de Fernando Gutiérrez Barrios, uno de los personajes más siniestros de la historia política del país, al llamarlo Fernando Barrientos. Los personajes principales de la historia están perfectamente retratados y el casting no pudo haber sido mejor. Hernán del Riego en el papel de Gustavo Díaz Ordaz es una de las mejores actuaciones de este año, sin duda. La personificación que hace Antonio de la Vega de Luis Echeverria es también extraordinaria pero la serie se basa en la extraordinaria actuación y caracterización de Daniel Giménez Cacho en el papel de Barrientos que hace difícil dudar de quien se está hablando: Fernando Gutiérrez Barrios.
“Un extraño enemigo” no es un melodrama chabacano y simplón, es una serie que muestra de una manera clara la forma maquiavélica y sin compromiso con los ciudadanos, en la que se movían los hilos del poder en tiempos del PRI.
El acercar a una generación que no lee, pero ve series a la historia reciente y terrible de México es una acierto, aunque ese no sea el propósito principal de la serie. Mostrar que los aparatos de inteligencia de gobierno eran y son capaces de infiltrar gente en los movimientos sociales para desacreditarlos o tener control de sus líderes, como sólo vemos en series policiacas norteamericanas, es un tema que pocas veces se ve en las producciones nacionales, y que sigue siendo vigente y real, como lo demuestran los recientes hechos en Ciudad Universitaria. Sin embargo, la serie, también cometió actos de autocensura, por ejemplo, al no mostrar el asesinato de la joven líder a manos de su amante. 
La ambientación, actuaciones y dramatismo de la serie son algo que no es común en las producciones de Televisa, la razón principal, es tal vez que ninguno de los poco capaces productores y guionistas de la empresa de Azcárraga Jean metió las manos en esta serie, y me da la impresión que mucho, al menos de la negociación de la misma sucedió bajo el corto reinado de Isaac Lee, el colombiano que sustituyo a José Bastón, que si bien demostró desprecio por el mercado nacional, diagnostico rápidamente que el principal problema de la empresa eran sus trabajadores y la mafia que desde tiempos de Emilio Azcárraga Milmo carecían de propuestas inteligentes y diversas para la televisión mexicana y que marcaron una empresa monopólica incapaz de desarrollar contenidos de calidad. Si Lee no hubiera fracasado en su principal misión: levantar los ratings de la empresa, muy probablemente “Un extraño enemigo” luciría el sello de TAO, la subsidiaria de Televisa que Lee creó para vender contenidos de calidad para Amazon, como los que no se producen en San Ángel o Chapultepec, y que firmó la serie “Diablo guardián”.
La dirección de Gabriel Ripstein, miembro de la dinastía Ripstein de cineastas, es extraordinaria y junto con el pool de escritores logra una serie muy efectiva que con las reservas de una empresa que durante los últimos 50 años ha servido de arma de propaganda estatal sobretodo en tiempos del PRI, no quiere comprometerse al 100% en contar la historia, pero deja bastante clara su postura actual acerca de quien en otro momento no sólo financió la empresa, sino que de una manera más directa de lo que quisieran reconocerlo creó a Televisa, cuando el mismo Luis Echeverría al que la serie pinta como lo que es un burócrata asesino, sin ningún merito más que el haber sido seleccionado por Díaz Ordaz para sucederlo, otorgó a Emilio Azcárraga Milmo el control de los canales 4, 5 y 8 para no tener él que lidiar con cuatro dueños de televisoras.
Llama la atención que a un par de meses, la serie se estrenó el 2 de octubre pasado, de salir Peña Nieto de la presidencia, un presidente que inventó y promocionó la televisora y que le dio en consecuencia gran poder político a la empresa de Azcárraga Jean, al nombrar por ejemplo a una hermana de uno de los vicepresidentes primero como Procuradora General de la Nación y después como Secretaria de la Función Pública, se haya vuelto de manera tan clara en contra de ese sistema que los convirtió en un monopolio que tanto daño ha hecho a México. Hoy que son tiempos de cambio o eso nos quieren hacer creer, y cuando Televisa ya consiguió el espaldarazo del Presidente López Obrador el mensaje de la producción y quienes aparecen como productores parecen quererse limpiar las manos de su involucramiento en la creación del regreso del PRI a Los Pinos hace seis años. En ese sentido Televisa me recuerda a todos los miembros de la Stasi, la policía política de la Alemania Democrática o espías Checos o Polacos que al caer el muro se dieron golpes de pecho tratando de ocultar las mezquindades de alma que eran evidentes para todos los demás.
Como sucede cuando la gente carece de visión y/o de creatividad, algunos de estos directivos de Televisa comienzan a hablar ya de una segunda temporada de la serie, lo que sinceramente a menos de que se hable del ascenso de Echeverria, la represión de su sexenio, el 11 de junio de 1971 y el nacimiento del monopolio televisivo en nuestro país, carecerá de valor.

publicado en roastbrief.com.mx el 12 de noviembre de 2018
imagen: Amazon