martes, 23 de diciembre de 2014

De género.



Uno de los problemas crecientes en nuestro país y el clima de inseguridad está en los feminicidios y la falta de interés del gobierno por resolver estos crímenes.


Armando Enríquez Vázquez

Hace ya muchos años, décadas que en México se nos quiere hacer creer que desde el poder existe una política de defensa y promoción de los derechos y la igualdad de las mujeres. El colmo del cinismo oficial en los diferentes niveles de gobierno, ha llegado a crear institutos y organismos para las mujeres tanto a nivel federal como a nivel estatal, que son bonitas oficinas con funcionarias que no actúan acorde a la realidad del país sino a los que les dicta el poder. En el marco de una igualdad demagógica se proclaman acciones anti constitucionales como establecer cuotas de género para candidaturas y cargos públicos. Sin embargo al más importante de los problemas que tenemos en México en cuanto a género se refiere sigue siendo ignorado y muchas veces es obviado por las autoridades, federales, estatales, locales, eso sin contar al caso omiso que desde el poder legislativo de la nación.
Me refiero a los feminicidios, en México de acuerdo con un informe del INEGI, entre 2007 y 2013 la tasa de feminicidios en nuestro país se disparo de 1.9 a 4.4 casos por cada cien mil mujeres. Lo que da como resultado 14,955 mujeres asesinadas en  siete años, falta la estadística de este 2014.
Estas cifras son superiores, casi en un 100% al promedio mundial de feminicidios dado a conocer por la ONU a través de su oficina contra la droga y el delito. (UNODC, por sus siglas en inglés).
El Estado de México, Chihuahua y Guerrero, fueron durante ese período los estados donde un mayor número de mujeres fueron asesinadas. El Estado de México durante los años del gobierno del actual Presidente de la República que ya desde eses entonces ignoró el problema.
Existen diferentes voces que en el último mes le han  pedido al Congreso de la Unión, así como al gobierno federal y los gobiernos estatales declarar una alerta de género en diferentes estados de la federación.
Esto es porque existen ciertos patrones en algunos de estos feminicidios que harían creer al más obtuso de mente que algo está podrido en Dinamarca, o en este caso en nuestro país. Por ejemplo el hecho de una de cada tres mujeres agredidas en nuestro país sea agredida por personas diferentes a su pareja sentimental, seis mil de los casi quince mil asesinatos de mujeres se llevaron a cabo en la calle o en una carretera, esto es sus cuerpos fueron abandonados o tirados en estos lugares. Más de la mitad del total de las víctimas fueron mujeres de entre 15 y 34 años de edad.
Sin embargo, el silencio tanto de autoridades, como de legisladores y del poder judicial, los convierte en cómplices de los crímenes de género y que parecieran estar ligados a la trata y al crimen organizado más que a simples asesinatos del fuero común.
Pero esto, tristemente no puede sorprendernos, cuando el partido en el poder ha defendido a pederastas como Mario Marín y proxenetas como su presidente en el D.F. Cuauhtémoc Gutiérrez   de la Torre. El PRI ha sido incapaz desde su papel como autoridad estatal, local y federal de proteger a las mexicanas de estos crímenes desde los tiempos de los primeros feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Por otra parte el recién nombrado ombudsman mexicano Luis Raúl González Pérez dijo frente al presidente Peña Nieto que México no puede volver atrás, ni debe recuperar la engañosa normalidad previa a los indignantes hechos de Ayotzinapa y Tlataya. La verdad es que esa realidad anómala, manipulada, llena de oscuros y terribles acuerdos existe en nuestro país desde hace décadas. Que la manipulación de cifras, datos e información es uno de los pocos rubros en los que a lo largo de más de ochenta años los gobiernos de la República, los estatales y los locales han sido eficientes. En creer sus propias mentiras y en proteger a personajes muy cuestionables de la sociedad y la política. En los años y meses pasados no sólo están los ejemplos de los priístas, sino los panistas teniendo fiestas con narcotraficantes, de la defensa de a aquel hermano incómodo de Leonel Godoy, Nadie investiga si son ciertos los rumores que corren hasta en las redes sociales acerca de Gerardo Fernández Noroña financiando a grupos radicales y violentos.
Da vergüenza y provoca indignación escuchar los anuncios publicitarios de las cámaras de diputados y senadores cuando hacen mención a la equidad de género y verlos no hacer ni siquiera un pronunciamiento contra los feminicidios en nuestro territorio.
La gran excepción es Rosy Orozco que desde la tribuna legislativa en el sexenio de Felipe Calderón intentó promover legislar en contra de la trata, una labor que ha llevado a lo largo de su vida.
Son nuestras hijas, esposas y madres las que están en peligro cada vez que salen a las calles de México, para muestra están las dos estudiantes asesinadas la semana pasada en la Ciudad de México. Las decenas de crímenes que mensualmente se cometen en los municipios de Ecatepec y de Nezahualcóyotl, en el Estado de México. Las protestas de los habitantes de dichos municipios son ignoradas por el gobernador Eruviel Ávila de manera sistemática. Feminicidios que continúan sucediendo en  Ciudad Juárez y curiosamente, y de acuerdo con el INEGI, en los municipios de Acapulco, Chilpancingo e Iguala del Estado de Guerrero.
Los agravios contra la ciudadanía en nuestro país son muchos y muy graves. Pero desde la vista de los tres poderes de la nación parecen ser insignificantes y tolerables. Lo peor es que aun así tienen el descaro y el poco tacto político de decirse sorprendidos por las manifestaciones públicas en México y el mundo denunciando una política de estado que no ha funcionado ni funcionara mientras estos sordos y cansados misóginos sigan en el poder. De acusar a los ciudadanos de querer violentar el país y de separarnos a los mexicanos cuando ellos han sido históricamente los principales desestabilizadores de la economía y la armonía nacional.

publicado en blureport.com.mx el 17 de diciembre de 2014.
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