viernes, 7 de marzo de 2014

Gertrude de Arabia.




El legendario Lawrence de Arabia tuvo su contraparte en una mujer temeraria, exploradora arqueóloga, alpinista, espía, diplomática y ayudó a fundar Irak.

Armando Enríquez Vázquez.

La tarde del 12 de Julio de 1926 en las afueras de Bagdad se llevó a cabo el funeral de Gertrude Bell. Asistieron representantes del gobierno inglés y miembros del gabinete del gobierno iraquí, así como un gran número de Sheiks de las tribus nómadas del desierto árabe. Su cortejo fúnebre incluía a innumerables personas del pueblo iraquí que reconocían y agradecían lo que aquella mujer había hecho por ellos. Esa misma mañana el cuerpo de la fundadora del Museo de Bagdad, entre otras muchas cosas había sido descubierto en su recamara. Al principio las versiones oficiales se limitaron a decir, que el calor extenuante de Bagdad había por fin vencido al delgado y pequeño cuerpo de la infatigable mujer. La verdad es que murió de una sobredosis de pastillas sin que hasta la fecha se sepa sí lo hizo de manera accidental o no. Gertrude Bell tenía 57 años de edad y a lo largo de ellos fue la mujer occidental más influyente Medio Oriente. Su importancia en la formación de Irak como nación y de la imposición de Faysal I como rey de Irak en 1921 no tiene precedente y fue la pieza clave para la fundación del museo de Bagdad que habría de ser saqueado por los soldados norteamericanos en la guerra contra Saddam Hussein en 2003.
Gertrude Bell nació el 14 de julio de 1868 en el Condado de Durham en Inglaterra. Hija de una familia de la aristocracia inglesa, su padre, Sir Hugh Bell fue un Barón inglés. Su madre murió al dar a luz a su hermano menor, sucesor del título de su padre, cuando Gertrude tenía apenas 3 años de edad. Esto la hizo muy apegada a su padre y a lo largo de su vida, Gertrude consultó con él diferentes asuntos políticos. La familia no sólo era parte de la aristocracia de la época si no que poseían minas de hierro que abastecían a los astilleros ingleses.
A la edad de 17 años ingresó a Oxford en donde por su condición de género no se le permitió tomar algunas materias que se consideraban masculinas, pero Gertrude se contentó con estudiar historia. Siendo uno de los alumnos más brillantes en la historia de la institución y una de las primeras mujeres en graduarse en ella. Al terminar sus estudios Bell viajó a Terán, entonces capital de Persia, donde un tío de ella ostentaba un cargo similar al de embajador de Inglaterra. En 1894 publicó un libro titulado Persian Pictures con las impresiones de su viaje. Gertrude viajó por todo el mundo y además demostró ser una gran alpinista, cruzo los Alpes por sitios que se creía que era imposible. Alguna vez y debido al mal tiempo tuvo una caída que le impidió conquistar un pico en los Alpes y permaneció 48 horas colgada de una soga que sujetaban sus asistentes,  pero su pasión por los idiomas, la arqueología y el desierto le ganó a cualquiera de sus otros gustos. En 1909 conoció a otro arqueólogo inglés que habría de jugar un importantísimo papel en la formación de la liga árabe T.E. Lawrence conocido simplemente como Lawrence de Arabia y que como Bell era uno de los más brillantes egresados de Oxford.
A pesar de toda su actitud y actividad Bell fue Secretaria Honoraria de los anti sufragistas ingleses y decía que mientras las mujeres creyeran que su papel en la sociedad se limitaba a la cocina y la cama no estaban capacitadas para elegir ningún modelo de gobierno. Virginia Woolf alguna vez se refirió a Bell como:
Una ingeniosa mujer que tenía a todos bajo su poder, y lograba hacerte sentir  poco eficiente de una forma u otra.
Antes de la I Guerra Mundial Bell había participado en diferentes expediciones arqueológicas en Siria, Mesopotamia y Palestina, se había convertido en lingüista también y trabajó al lado del arqueólogo Sir William M. Ramsey en Binbirkilise, en el territorio del Imperio Otomano. Aprendió diferentes idiomas de la zona, lo que le permitió en su momento, no sólo hablar con los líderes de los diferentes grupos árabes, si no con las esposa de estos. Algunos de los Sheiks árabes, a pesar de considerar a las mujeres inferiores a los hombres se sorprendían por lo extraordinaria que era Gertrude Bell, lo que los hacía tratar de imaginarse cómo serían los hombres ingleses.
Al estallar la I Guerra Mundial Bell, pidió ser asignada a Medio Oriente cosa que le fue denegada por el gobierno británico, por lo que optó por enlistarse como enfermera de la Cruz Roja en Francia. Poco después la Inteligencia británica reconoció el valor de Gertrude y sus conocimientos sobre el desierto árabe, así como de algunos de los diferentes grupos étnicos que lo habitaban. Por lo que pidió a Bell servir como guía de las tropas inglesas a través de las tierras de Medio Oriente. Otra vez junto con T.E. Lawrence. Fueron los dos mejores espías con los que contó el gobierno inglés en la región.
Gertrude Bell ayudó al ejército inglés a crear los mapas que permitieron a los británicos llegar a Bagdad. En 1917 una vez que las tropas inglesas tomaron Bagdad, Bell fue enviada a la ciudad y se le concedió el nombramiento de Secretaria de Oriente. Una vez concluida la guerra Bell fue una de los orientalistas llamados por Winston Churchill para formar parte de la conferencia de El Cairo en 1921, cuya finalidad fue establecer las reglas de la política inglesa en la zona. Bell ayudó a trazar las fronteras de Irak al desaparecer el Imperio Otomano.
Una vez establecido el nuevo país y su favorito, el Rey Faisal, al que inculcó la importancia histórica de su país y su legado, proclamado rey de Irak, se dedicó a crear el museo de Bagdad, del cual estaba muy orgullosa y del cual fue nombrada, por el rey, primera directora.
Bell tuvo dos grandes amores en su vida el primero fue un joven que conoció en su primer viaje a Persia, pero su padre se opuso a la relación porque el joven no tenía dinero para casarse con una mujer del status de ella. Esa fue una de las razones por las que Bell terminó su viaje, cuando su padre le ordenó regresar a Inglaterra. Años después Gertrude Bell se enamoró perdidamente de Charles Doughty-Wyle, un militar inglés que para desgracia de Bell estaba casado y murió en la batalla de Galipolli dirigiendo a las tropas australianas en 1915. Bell nunca se casó.
En 1925 viajó por última vez a Inglaterra, donde supo de la muerte de su hermano. Regresó a Bagdad donde se sentía sola, los ingleses la habían abandonado, el rey Faisal también, pues ya no la necesitaba, y su familia había desaparecido. Inglaterra no era ya su patria y se sentía más iraquí que otra cosa, así que regresó a Bagdad. Su soledad era abrumadora. El final llegó ese 12 de julio.
La figura, la persona e importancia de Gertrude Bell, aunque oculta para los occidentales y eclipsada por la leyenda de Lawrence de Arabia, es de tal importancia que aun hoy es recordada en Irak, en los libros de textos de todas las escuelas del país.

publicado en blureport.com.mx el 28 de febrero de 2014
imagen:npr.org