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martes, 17 de octubre de 2023

Enfermos por las drogas, el crimen del siglo.

 


Una serie y un documental devastadores que nos llevan a una serie de preguntas éticas, legales y de muchos otros tipos.

Armando Enríquez Vázquez

Todos hemos visto las imágenes de los adictos al fentanilo que se pasean como zombies por las calles de las grandes ciudades y los pequeños pueblos de Estados Unidos, hemos oído hablar de la crisis creada por los opiáceos y hemos visto  los cínicos congresistas estadounidense apuntar con su dedo flamígero y su discurso demagógico y patriotero hacía China y a nuestro país, acusándonos de ser el origen de esta crisis y si bien los grupos criminales de estas naciones han aprovechado las adicciones de la población del supuesto país más poderoso del mundo, lo cierto y triste es la incapacidad de esos políticos mediocres y corruptos por aceptar que la crisis inició y se gestó desde el centro de Estados Unidos con la venia de esos mismos legisladores por treinta monedas de las laboratorios norteamericanos.

Una serie y un documental estrenados en 2021, fecha importante de remarcar porque los hechos que se cuentan en ambos iniciaron a finales del siglo XX, cuando la farmacéutica Purdue, establecida en el estado de Connecticut en el norte de Estados Unidos, puso a la venta un analgésico a partir de un opiáceo que se conoce como OxyContin y cuyo ingrediente activo es ela oxicodona. La empresa lo anunciaba como un efectivo analgésico que a pesar de ser un derivado del opio no provocaba adicción en los usuarios o esta era menor al 1%, conforme las ventas del medicamento crecían Purdue implementó un programa de bonos y sobornos para que vendedores y médicos incrementaran la dosis del medicamento, mientras la compañía también ponía en el mercado presentaciones con mayor dosis del opiáceo.



El problema fue que el medicamento jamás fue probado y sí produce adicción. En un acto de corrupción y negligencia la agencia gubernamental encargada de aprobar los medicamentos, la FDA, aprobó el medicamento y la persona encargada de esta decisión pasó curiosamente a trabajar en Purdue en un cargo ejecutivo. Los dueños de la empresa médica desde los años 50, la familia Sackler, nunca cambió el objetivo de vender más medicinas, menospreciando los informes de adicción de los consumidores y algunos miembros del sector médico. Entonces un grupo de médicos, vendedores y charlatanes saltaron a la arena de las pseudo conferencias científicas para apoyar el medicamento y la farsa acerca de su inocuidad, se inventaron términos y explicaciones falsas como la pseudo adicción, en boca de personas sin escrúpulos que por unos billetes verdes vendieron esta falsa idea a comunidades de su país.

Aunque al final Purdue fue demandada, sus ejecutivos sentenciados y obligados a pagar multas millonarias, sus sentencias fueron relativamente de pocos años y los dueños no fueron tocados por el sistema judicial norteamericano, ni perdieron un solo dólar de su fortuna. De hecho el OxyContin, a pesar de que Purdue se declaró en quiebra, aún sigue a la venta, creando los mismos problemas entre la población; adicción, tráfico de medicamentos y violencia.

Esa es la primera parte del documental, pues una vez creado el antecedente nunca falta otro vivales que quiera repetir el esquema. John Kapoor un supuesto empresario, o mejor dicho otro hombre sin conciencia repitió el esquema de Purdue; sl crear una empresa a la que llamo Insys Therapeutics y una medicina sublingual llamada Subsys cuyo agente activo es nada más y nada menos que el fentanilo. En este caso, a diferencia de los miembros de la familia Sackler, Kapoor si fue arrestado y sentenciado. De la misma manera este capo de una mafia legal, fue sentenciado a tan sólo 5 años de prisión, a pesar del impacto social y económico que estos medicamentos han tenido en Estados Unidos.

El documental, producido por HBO, de casi cuatro horas de duración dividido en dos partes una para OxyContin y Purdue y la segunda para Subsys e Insys Therapeutics, fue escrito y dirigido por Alex Gibney y con una cámara que no adjetiva nos muestra los casos de sobredosis que se dan en casas y calles de las ciudades y pueblos de Estados Unidos para entrar en el tema de estos hombres y mujeres que respaldados directamente por los representantes del pueblo estadounidense medran con la salud de los habitantes y promueven adicciones destructivas por un puñado de dólares.



 Por su parte, Hulu produjo la miniserie Dopesick que podríamos traducir como Enfermos por la droga, basada en el libro del mismo nombre de la periodista Beth Macy.  Estelarizada por Rosario Dawson en el papel de Bridget Meyer, una agente preocupada por las consecuencias adictivas OxyContin, al mismo tiempo agentes de la fiscalía del estado de Virginia hacen una investigación sobre denuncias que han recibido referentes a delitos, robos en farmacias donde lo único que se roban son el OxyContin.  Michael Keaton interpreta a Samuel Finnix, un médico rural de la zona minera de Virginia que receta la medicina y termina siendo consumidor y adicto al medicamento que en una especie de redención intenta ayudar a otros adictos junto con un médico que ha atacado el problema. Michael Keaton ganó varios premios por esta actuación incluido el Emmy, la miniserie mantiene a los nombres reales de los principales protagonista de la historia; tanto de los miembros de la familia Sackler, los ejecutivos y representantes del criminal laboratorio, así los de los persistentes fiscales de Virginia que se empecinaron en hacer relevante y visible esta historia.

También vale la pena resaltar la actuación de Michael Stuhlbarg interpretando a un Richard Sackler lleno de traumas y con una ambición desmedida.

Ambas producciones son poderosas y una revelación de que la tragedia que aqueja a la sociedad estadounidense tiene como origen su mismo país, su educación y una democracia que cada día funciona menos.

Más allá de la calidad de las producciones, quedan una serie de reflexiones. La primera parece una teoría de conspiración y  es algo muy hablado; el poco interés de la industria farmacéutica por curar, así como el desarrollo de medicamentos que únicamente atenúen las enfermedades, manteniendo los padecimientos crónicos que representen ganancias perpetuas para los laboratorios, claro ninguno tan infame como lo que hicieron Purdue e Insys Therapeutics. ¿O sí? En El crimen del siglo se documenta la existencia de grandes sembradíos de amapola, modificada genéticamente para que el opio sea más poderoso y se pueda recolectar desde el tallo de la flor, estos plantíos no son propiedad de ningún cartel o grupo criminal, son parte del desarrollo medico de Johnson & Johnson que se vende a otros laboratorios.

Cuando los representantes republicanos y demócratas, senadores estadounidenses, funcionarios de las diferentes administraciones y agencias gubernamentales, hasta el mismo presidente de Estados Unidos sin importar el partido apuntan a México o a China como el origen de su crisis sanitaria y económica, mienten todos y cada uno de ellos, porque el problema es de ellos y se expandió gracias a los corruptos gobernantes, en su mayoría blancos, anglosajones, protestantes y muy avariciosos que presumen haber sido electos y defender a sus votantes.

No es que no haya responsabilidad entre los grupos criminales mexicanos y/o chinos quienes han aprovechado el nicho creado por las farmacéuticas corruptas como Purdue, origen de esta tragedia social y sin castigo real.

El metro con que se mide a estadounidense y extranjeros no es la mismo. Aunque Purdue e Insys se declararon en quiebra y la segunda desapareció. Mientras cientos empleados perdieron sus empleos, miles de ciudadanos de Estados Unidos han muerto, se han convertido en adictos o en personas que incapaces, los Sackler no perdieron ni un dólar y John Kapoor piso la cárcel por unos pocos años, los capos de los carteles los condenan a cadena perpetua.

¿Acaso para la justicia norteamericana un genocida mexicano es más reprobable que un genocida estadounidense? Claro que sí incluso hoy lo vemos con el conflicto en Gaza, vale más la vida de un israelí con dinero que la de todos los niños pobres de Palestina.


publicado originalmente en charlacualqueira,wordpress.com  


miércoles, 8 de mayo de 2019

Memes, influencers y fraudes.



Ambos documentales son propuestas para hacernos reflexionar sobre una sociedad donde las nuevas generaciones de hombres y mujeres viven encerrados en una vida expuesta a la mirada de los demás. 



Armando Enríquez Vázquez

En la vida en tiempos del Internet, muchos sienten que la fama y el dinero son inmediatos y definitorios. Excepciones las hay, pero por lo general los influencers viven de la constancia con la que suben sus contenidos y la calidad o atractivo de los mismos. Las audiencias mundiales están ahí, listas para seguir a quien, por razones desconocidas a las antiguas leyes de la mercadotecnia, llamen su atención. Influencers dispuestos desde su ambición y egoísmo a promocionar todo aquello que les genere dinero, sin ni siquiera cuestionar que significa asociarse a una marca o a un concepto. Influencers obsesionados con alargar sus quince minutos de fama repitiendo acciones y actitudes que al final se descubren tan solos como el noventa por ciento de sus seguidores.
Netflix estrenó dos documentales altamente recomendables con estos temas: “The American Meme” y “Fyre: The Greatest Party That Never Happened” ambos tratan sobre cómo el mundo de la comunicación y de los negocios ha cambiado a partir del Internet y difícilmente volverá a ser el mismo.
“Fyre: The Greatest Party That Never Happened” cuenta como la mente de un sociópata y la de aquellos a los que engatusa se embarcan en un enorme fraude a partir de redes sociales e influencers. Wiiliam McFarland, un carismático joven empresario nacido en New Jersey y quien sin duda podría estelarizar un remake de American Psycho, ideó junto con el rapero Ja Rule uno de los más grandes fraudes que se hayan llevado a cabo a través de Internet con la colaboración involuntaria de modelos e influencers a los que McFarland pagó o prometió pagar al crear un ficticio festival de música, cuyo nombre era Fyre y prometía ser el más exclusivo e importante evento musical de la historia.
Fyre, nació como una aplicación que permitiría agendar a celebridades musicales y de todo tipo para diferentes eventos, surgió de la mente maestra de un hombre que ideó vender la imagen de lujo y privilegios a un sector que desde el inicio de la idea estaba diseñado para atraer a como él lo dice en una de las escenas de juntas con sus colaboradores en el documental “a los perdedores que están en Internet”. A partir de una idea en una de dichas juntas el concepto evoluciona al concierto más elitista que se haya creado. En un inicio un promocional con las más importantes modelos del momento; Emily Ratajkowski, Kendall Jenner, Bella Hadid, Alessandra Ambrosio, Hayley Baldwin, Lais Ribeiro, entre otras en las playas de las Bahamas y un post que ellas mismas, influencers pagados y la propia gente de McFarland subieron en una fecha y momento determinado provocó que en menos de 24 horas se hubieran vendido los boletos para Fyre, el festival de música aunado a la App se volvieron virales. La gente compró de manera irresponsable boletos para un festival que ni los mismos organizadores tenían idea de cómo se iba a llevar a cabo, ni dónde, ni cuales en un principio eran las bandas que se presentarían en el escenario.
En un principio McFarland dijo que el festival se llevaría a cabo en una isla que había pertenecido a Pablo Escobar, lo que para él era otra forma de crear interés por el lugar. Pero su ambición y mentiras hicieron que se les vetara el utilizar dicha isla. Por lo que encontró otro lugar en Bahamas, mucho menos glamoroso para llevar a cabo su fraude y por supuesto no le avisó a ninguno de sus clientes.
Mc Farland es la imagen propia del americano millenial encarnada; egoísta, mezquino, ignorante, cínico y hedonista a lo que hay que agregar su mente brillante y su carisma. La historia y sus repercusiones legales no solo tienen a McFarland en la cárcel cumpliendo una sentencia de seis años de prisión después de haber iniciado una nueva estafa. Algunas de las modelos han sido citadas a declarar por su participación en el fraude al finalizar enero de 2019. Lo que queda claro es que la única gran fiesta que hubo fue la que llevaron a cabo McFarland y sus colaboradores más cercanos los meses que duró la preparación del falso festival la cual se patrocinó con el dinero de quienes compraron los boletos que iban de los 900 a los 45,000 euros. Más lo que se les hizo invertir aparte a los asistentes para tener ciertos privilegios cuando nunca existieron ni los servicios básicos que se le prometieron a los espectadores.
“Fyre: The Greatest Party That Never Happened” es una reflexión no sólo sobre los estafadores que viven en Internet. Es, también, una demostración de cómo Interanutas e influencers han olvidado la esencia de Internet y la responsabilidad que se adquiere de ambos lados en su uso y confirmación de quien está del otro lado del mensaje o del dinero, de la responsabilidad de asociarse con marcas a diestra y siniestra por ganar dinero sin importar el mensaje detrás de la marca.
En “The American Meme” se habla de la responsabilidad que tiene un Influencer para no ensuciar su nombre, su reputación o su credibilidad con cualquier marca, pero también se reflexiona acerca de todo lo que se hace en Internet se queda en la red para siempre y con el tiempo puede resultar contraproducente para las personalidades de la red.
“The American Meme” resulta un documental aún más perturbador sobre la vida en Internet, en este caso de aquellos que han logrado a través de redes sociales, canales o plataformas propias convertirse en personalidades seguidas por millones de personas, desconocidos que viven una soledad impresionante que en muchos de los casos que los obliga a creer que la única manera de darle sentido a su vida es ser parte del espectáculo de su personaje favorito del Internet, como en el caso de las mujeres que acuden a los sitios donde se presenta Kirillwashere para ser humilladas por voluntad propia creyendo que se están divirtiendo.
Paris Hilton, quien se cuenta entre los productores del documental, Emily Ratajkowski, Kirill Bichutsky, Brittany Furlong, DJ Khaled, Josh Ostrovsky están entre las principales voces que dan vida al documental que va del furor y encanto de ser una celebridad al abismo de repetir la misma rutina durante años, de la creatividad y escándalo llamativo, al estigma de un mal video viral. Del crecimiento vertiginoso y el salto a la fama, al olvido y las consecuencias en la salud y las relaciones personales de los influencers que cierra el circulo y los lleva a lugares similares al vacío existencial de sus seguidores. A manera de contrapunto en el documental aparece un actor, modelo, director y escritor llamado Mathew Felker quien no tiene ninguna red social, ni interacción personal en Internet lo que no lo conflictúa y tampoco le ha impedido ser feliz y lograr las metas a las que se aspiraba antes de existir el Internet. Emily Ratajkowski se refiere a lo democrático que es Internet y que en muchas ocasiones fue el argumento de los primeros Hacktivistas como Edward Snowden y Aaron Swartz quien supuestamente se suicidó en 2013 después de hackear documentos de MIT, y así como es democrático y todo tipo de materiales se publican en Internet, son estos hombres y mujeres que lo han hecho su ambiente ideal para triunfar, quienes a veces lo denigran con lo idiota de su contenido, aunque argumentarán, sin poder rebatirlos que es lo que sus seguidores quieren, como en su momento el empresario mexicano Emilio Azcárraga Milmo defendió y promovió los contenidos mediocres y sosos de la televisión mexicana. Todos ellos conscientes de que los personajes que han creado en sus redes sociales son para sus seguidores tan reales que muchas veces devoran la individualidad del Influencer. Sin que la gente entienda la diferencia entre ese personaje que han creado para Internet, el cual no tiene ver en nada con el hombre o la mujer detrás de la cara en Internet y que no es cercano a lo que realmente son. Desgraciadamente poco o nada les queda por hacer, porque como algunos de ellos lo reconocen el tiempo de los influencers está por cambiar, si no es que por finalizar y su vida ha sido definida por esos minutos de fama virtual que los condena en tiempo y espacio.
Ambos documentales son propuestas para hacernos reflexionar sobre una sociedad donde las nuevas generaciones de hombres y mujeres viven encerrados en una vida expuesta a la mirada de todos los demás, quienes en su hedonismo, egoísmo y profunda soledad están dispuestos a sacrificar su humanidad, confiando ciegamente, además, en mucho de lo que se publica o aparece en las redes sin aceptar la responsabilidad de verificar la información antes de validarla ellos, creando confusión y el caldo de cultivo perfecto para vivales, falsas estrellas, mensajes mediocres y perversos, así como estafadores.

publicado el 5 de febrero de 2019 en roastbrief.com.mx
imagen Netflix

jueves, 14 de diciembre de 2017

Sportflix, Disney, Netflix y lo que falta.



Las cosas y los negocios cambian de manera constante en Internet y los oportunistas están a la orden del día.

Armando Enríquez Vázquez

No hay paso atrás; los nuevos medios de entrenamiento y de distribución de contenidos ya no están en los medios de comunicación convencionales y mucho menos en el más popular del siglo pasado; la televisión. Los movimientos más fuertes en cuanto a búsqueda y creación de audiencias, así como de negocios, se dan hoy en Internet.
Disney anunció que dejará de vender sus contenidos a Netflix. Disney es una de las más importantes productoras de contenidos a nivel mundial, no sólo por la empresa madre que representa una buena rebanada del pastel del mercado infantil, no sólo con sus programas de televisión y películas para televisión que por lo general se exhiben en sus canales, tampoco con toda la mercancía que crea alrededor de cada una de sus franquicias. Disney es mucho más que sólo películas para niños y parques de diversión. Disney es ESPN, el canal de televisión abierta de Estados Unidos ABC y sus filiales, la cadena A&E d televisión de paga, Marvel, Pixar y Lucas Film entre muchas otras empresas muy exitosas. En los primeros días de diciembre Disney ha anunciado la compra de una buena parte de Fox, incluidas las cadenas internacionales. Disney se prepara para atacar de manera frontal a Netflix, pues además se hará con la mayoría accionaria de Hulu que era otra de sus competencias potenciales en el mercado de Internet.
Por su lado, Netflix, sin lugar a duda es el gigante de Internet y además, el que con estrategias agresivas ha roto con los paradigmas del Internet, las series y el cine. Netflix ha provocado el cambio y la evolución de los medios, obligando a muchos medios y plataforma a bailar al son que dicta Netflix.
Amazon, Crackle, HBO, Hulu y FOX, estas dos últimas recién adquiridas por Disney, son algunos de sus competidores directos, mientras que en el mercado en español la competencia es tímida y mediocre, la encabeza Clarovideo y después con una audiencia mínima Blim. También los canales españoles RTVE y Antena tres ofrecen algunos de sus programas vía streaming. De acuerdo con una encuesta de Usuarios de Servicios de Telecomunicaciones, publicada en el diario El Economista, en México Netflix goza con el 70% de preferencia, Clarovideo con el 35% y Blim sólo el 3%.
El anuncio de la entrada de lleno de Disney en el mercado del Internet plantea la necesidad de que los pequeños, o sea todo aquel que no es Netflix, comience a prepararse a producir para competir.
Pero no sólo los contenidos de entretenimiento están en Internet, algo que sin duda se ha mantenido como el fuerte de los canales de televisión abiertos son los deportes, sobretodo la liga mexicana de futbol, llamada Liga MX, que goza de espectadores dispuestos a prender su aparato de televisión al menos dos horas a la semana.
Aunque existen ligas como la NFL, la MLB o la NBA que ya ofrecen a los aficionados servicios de streaming y muchos otros que son streaming pirata que hace que los aficionados a los deportes no dependan de estar conectados a su televisor para ver un partido, y tampoco se limita a un juego contratado por un director de programación o a lo que les alcanza económicamente a las empresas a contratar como sucede a Televisa con la NFL. El problema actual es que cada liga te cobra por separado su servicio lo cual se convierte para aquellos que gustan de más de un deporte en una renta alta.
En julio y agosto de 2017 se anunció en México acerca de una nueva plataforma mexicana en su origen llamada Sportflix la cual comenzaría a operar supuestamente a partir del 30 de agosto distribuyendo contenidos deportivos de las grandes ligas deportivas. El vicepresidente de esta plataforma; Matías Said, declaró en su momento que el servicio que tendría un costo de entre 20 y 30 dólares mensuales. Este hombre aseguró estar en contacto y haber conseguido ya acuerdos con Televisa, Azteca y otras empresas deportivas, así como con algunas ligas como NFL, NBA o NHL. En entrevista con El Economista, Said, habló de contar con unos 20 socios inversionistas de los que no reveló nombres aclarando que eso sucedería en el momento en que la empresa salga de manera pública a cotizar en la bolsa de valores.
Al intentar encontrar datos sobre quien o quienes son los dueños de esta nueva plataforma, la información es nula, y no me queda claro porque empresas como Televisa o TV Azteca habrían de arriesgar contenidos que son de los pocos que les aseguran audiencias hoy en día, a menos de que ellos sean parte de esta iniciativa.
Poco antes del supuesto lanzamiento de Sportflix, Fox Sports Latinoamérica salió a desmentir a Saíd sobre las supuestas negociaciones y acercamientos con la empresa. Puntualmente Fox Sports aclaró que sus contenidos son únicamente de su propiedad y nadie más tiene permiso para transmitirlos.
Ni TVAzteca, ni Televisa, ni ESPN se manifestaron al respecto. Said nunca salió a aclarar acerca de porque la plataforma deportiva por Internet nunca salió al aire y si tuvo suscriptores. El IFT tampoco salió a declarar nada al respecto como lo hizo su momento con ChivasTV. Sólo el IMPI inició investigaciones sobre la posible violación de derechos de autor, pero nunca se supo más al respecto. Los canales de paga, como Milenio que promocionaron la plataforma, mantuvieron el mismo silencio y Sportflix parece haber sido una estafa más contra los consumidores mexicanos de deportes. Sería interesante saber quién está detrás de Sportflix y las razones que tuvo para hacerlo. El sitio de Sportflix ya no existe.
La idea de Sportflix no es mala, muchos de los fanáticos de los deportes que conozco estaban más que entusiasmados frente a esta nueva plataforma. A principios de 2017 el director de la liga española de futbol declaró su interés por asociarse con Netflix para la distribución a nivel mundial de los partidos de la liga, olvidándose así de todos los pequeños contratos que hoy tiene que cubrir con diferentes empresas como SKY o Televisa.
La evolución de Internet y de las plataformas en busca de una mayor audiencia es y será el pan diario nuestro de productores, escritores, guionistas, creadores, publicistas, agentes y mercadólogos durante los próximos años y son este tipo de noticias y hechos los que nos abren o cierran nuevas oportunidades de negocio a todos, lo que hay que tener en cuenta es que nadie tiene claro cuándo, ni cuánto tiempo habrá de llevarle a las aguas asentarse y no debemos perder de vista que los vivales están sueltos.

publicado en roastbrief.com.mx el 14 de agosto de 2017. 
modificado el 14 de diciembre de 2017