martes, 20 de enero de 2015

Los pecados del diseño.



La delgada línea que divide un mensaje claro y entendible y el humor involuntario del mensaje.
Armando Enríquez Vázquez
Al diseñar, producir, escribir crear mensajes e ideas, existen siempre pequeños demonios que vienen a la mente y nos cuestionan constantemente sí lo que estamos haciendo realmente es lo suficientemente claro para las personas a las que va dirigido el mensaje. Sí colores, palabras, signos son adecuados y claros para el receptor.
Gracias a estos pequeños seres que nos atormentan los mensajes terminan cumpliendo su labor, en ocasiones además, se convierten en referentes entre los demás seres creativos de cómo se deben hacer las cosas. Pero en otras ocasiones o están de malas o tienen ganas de jugarnos una mala pasada, nuestra flojera o terquedad termina por hacerles caso y el resultado son cosas que están más cerca del humor involuntario que del diseño.
No sé cómo se llegó a la idea de las diferentes formas de crear los letreros que anuncian en una puerta el baño de hombres y el de mujeres. La idea básica y del por qué me parecen claras como a la gran mayoría de nosotros y podemos imaginar que las convenciones sociales de no compartir un baño con el sexo opuesto, se encuentran en la base de esta costumbre.
En algunos sitios todo se resuelve con una palabra sobre cada una de las puertas: Hombres. Mujeres. Caballeros. Damas. Debido a que en un mundo cada vez más pequeño hasta la puerta del sanitario de un restaurante, bar, museo, o tienda departamental necesita ser de fácil localización para extranjeros y para analfabetas, en otros ha intervenido el diseño para ayudar a una rápida identificación, tráfico y alivio de los visitantes.
Como parte de esta iconografía sanitaria, recuerdo haber visto durante mi niñez; una pipa en la puerta del baño de hombres y un abanico en el de mujeres. Hoy no faltaría quién tachara y buscase motivos para exponer en las redes sociales o demandar a los autores de estos símbolos de sexistas, discriminatorios y una serie más de estupideces más que los tiempos modernos han sembrado en las cabezas de esos noefascistas que piensan que ser políticamente correcto es lo correcto. Pero en fin ahí estaban en mi infancia, una puerta con una pipa y otra con un abanico. Nadie se ofendía en aquellos tiempos por los objetos que se relacionaban con cada género y muy probablemente hubiera resultado muy extraño ver a una mujer con una pipa y algo peor el ver a un hombre con un abanico por las calles de la ciudad de México.
Más tarde y como parte de una universalización, desconozco si acordada o no, desaparecieron las palabras y los símbolos que podrían ser considerados como discriminatorios en las actividades de género fueron reemplazados. Los símbolos se simplificaron y se redujeron a las siluetas estilizadas de un hombre, reconocible por los pantalones, y una mujer a la que delata la falda. Durante décadas estos personajes han diferenciado los baños para hombres y mujeres. Curiosamente ni feministas o grupos lésbico-gay han protestado en contra de esta simbología.
Claro que siempre existen los creativos que hacen variaciones o diseños estilizados en sus antros o lugares de negocio. Nada espectacular, nada que no pueda esperar uno si entiende la decoración del negocio en el que se encuentre.  

Pero algo raro está sucediendo, o al menos eso supongo, que ha provocado que en la estación del Metro Taxqueña la simbología universalmente aceptada haya sufrido un cambio. Hace unos días viaje a la ciudad de Cuernavaca y al ir hacia la Terminal de Autobuses del Sur de la Ciudad de México me encontré con estos símbolos para diferenciar los baños públicos.



No es un cambio estético, ni incluyente. Es algo, para mi más intrigante que plantea al menos dos posibilidades muy claras. La primera que la gente ya no sea capaz de interpretar el signo de la silueta de un hombre o de una mujer en una puerta. Qué cierto sector de la población piense que al interior de estos cuartos que ostentan la silueta se encuentra algo diferente es perturbador, ¿qué podría ser? ¿Muchos hombres y mujeres? O que la imagen de la silueta, resulte hoy en día insuficiente para definir las características de un lugar al que desde hace décadas habíamos podido identificar gracias a este símbolo.
¿Quién y cómo llegó a la conclusión de que los símbolos debían ser modificados? Sería bueno que alguien nos lo explicara. El hecho de que los dos personajes lleven sus manos a los genitales como en una pintura renacentista donde el sexo del personaje desnudo era oculto por la mano del personaje, a falta de ángeles pudorosos que con un velo cubrieran las partes pudendas del personaje, resulta torpe e insultante, es más que obvio que no necesitamos tocarnos los genitales para saber si queremos ir al baño.
¿Por qué una necesidad fisiológica habría de volverse motivo de pudor? Buscando signos tan rupestres en la simbología de los sanitarios me topé con algunos igual o más inquietantes gráficos que los del Metro Taxqueña. A principios del año pasado, antes de iniciar los juegos olímpicos de Sochi 2014, un atleta canadiense posteó en las redes sociales las instrucciones que para el excusado había en las habitaciones de la villa olímpica.



Como podemos observar estas indicaciones por grotescas que nos puedan parecer tienen como objetivo que los atletas olímpicos no hagan un mal uso del excusado. Qué no se utilice para vomitar, que el asiento no se utilice como plataforma para defecar de esa manea a la que coloquialmente conocemos como de aguilita y finalmente que nadie fuera a pensar, sobretodo tratándose de atletas acostumbrados a las inclemencias del frio, en el excusado como una especie moderna de hoyo hecho en la superficie de algún lado y fueran a intentar pescar algo de él.
El diseño utilizado para los baños del Metro Taxqueña no es así de específico, ni de escatológico.



Aunque ya metido en especulaciones perturbadoras acerca del símbolo y su interpretación, podría pensar que al interior del lugar en lugar de un baño, se atiende a pacientes que sufren de enfermedades venéreas pues al parecer causan cierta comezón en la zona de los genitales. Eso explicaría porque además los personajes parecen avergonzados de su situación. La inclinación de su cabeza así lo indica.
Espero que este tipo de diseño burdo y absurdo no comience a popularizarse en nuestra ciudad.

publicado el 12 de enero de 2015 en thepoint.com.mx