jueves, 3 de julio de 2014

Mea culpa y de todos los demás ciudadanos.





Cuando los políticos anteponen su agenda personal y partidaria a los intereses de sus votantes, la culpa no es de ellos si no de nosotros.

Armando Enríquez Vázquez

 Hace unas semanas un lector tuiteó a raíz de uno de mis  textos aparecidos en este espacio, que lo único que hago es denostar de manera sistemática a los diferentes actores de la clase política. Esto la verdad es que me ha tenido pensando acerca del tema, no me ha quitado el sueño desde luego, hay siempre razones más importantes para hacerlo que mi forma de ver a los políticos, la cual curiosamente es la de la mayoría de los mexicanos. Lo que si me puede preocupar es, el que a veces, estos textos se parezcan más a los viejos guiones de Doña Furibunda y menos a una visión de la triste y contundente realidad de México.
Llegué a la conclusión de que es cierto. He vilipendiado a políticos y a los poderes de la Nación, sobre todo al legislativo que solito se denigra, cuando pretende con sus comerciales propagandísticos de ambas cámaras en los medios, alabarse con boca propia lo cual todos sabemos resulta en vituperio. Y debo disculparme con los lectores por estos enfáticos ataques contra los políticos, pues en realidad ellos sólo hacen lo que es naturaleza; lo que les dicta su ambición, su codicia y su falta de vocación de servicio. Lo que les impone su lambisconería. Lo que les ordena su partido y los poderosos dentro de cada uno de las tres principales fuerzas políticas de la Nación. Pero indudablemente, no tienen la culpa. Así es la política de nuestro país, con dedos flamígeros que persiguen curas pederastas mientras que los políticos que cometen los mismos actos viles se libran de la justicia. Asesinatos que se resuelven de la nada y culpables que son inocentes de toda culpa. Un país de legisladores ignorantes de lo que están votando y otros muy bien informados que tratan de sacar provecho personal de los votos que ejercen desde sus curules o escaños.
Siempre me quedará grabada esa frase de López Portillo de que a un presidente de México se le olvida hasta como se abren las puertas. Siempre rodeados de lisonjas y adulaciones que provienen de su círculo cercano que no se atreven a contradecir al presidente.
Con dueños de medios que con tal de ganar prebendas en sus negocios, están dispuestos a pintar un país que no existe y donde se fabrican términos y eufemismos como el del bullying para distraer de lo que realmente están tramando en sus siniestras ruecas los funcionarios electos y los miembros del gabinete.
Es cierto, nacido de la rabia y de la impotencia de poder hacer algo contundente que cambie a mi país, me dedico a agredir a los políticos que no le pagan a los que trabajan en las instancias de sus gobiernos, a los que nos dicen que el país está creciendo cuando cifras y análisis de diferentes organismos internacionales dicen lo contrario, cuando el autoritarismo al que se pretende llegar es tan atroz e injusto que en Michoacán los gobernadores renuncia por twitter y agradecen al presidente y no al pueblo, o al menos al congreso local, el haberlos designado. Cuando se antepuso al crimen organizado sobre las autodefensas ciudadanas.
De ese malestar surge mi verborrea que agrede a los políticos. Es cierto ellos no son culpables. Los culpables somos todos los demás que les seguimos el juego de la supuesta democracia, que sólo es tal si ellos así lo dicen. Es culpa de todos nosotros que ejercemos nuestro derecho al voto, pero renunciamos a ejercer ese otro derecho que es obligarlos a cumplir promesas de campaña, a buscar el bienestar de la nación y de sus habitantes o en su defecto a renunciar.
Nosotros somos los culpables porque permitimos que los miembros del Congreso de la Unión se sientan mexicanos de primera y gocen de un fuero que ni se merecen, ni se han ganado y que siempre y a la primera de cambios nos han demostrado que lo utilizan para esconder cualquier cosa de marrullerías por llamarlas de una manera que no demuestre encono.
Nosotros, todos y cada uno de los cien millones de mexicanos que no pertenecemos al gobierno, ni a la clase política somos los culpables, porque sin importar a favor de quién hayamos sufragado en los procesos electorales. Siempre pareceremos plañideras y nos gusta quejarnos e indignarnos, pero hasta ahí. Sufrimos mucho y tenemos alma de mártires.
Durante la pasada campaña electoral presidencial escuché a un gran número de mexicanos decir con esa seguridad que la democracia da a los idiotas para hablar, no con este o aquel partido por lo menos robamos todos, por ese hay que votar. O sea que somos ante todo un pueblo de bandoleros que simplemente estamos pensando a ver a quien nos chingamos y no me dejaran mentir pero la mayoría pronuncia esas palabras en tono de orgasmo cuando ya se birló a otro ciudadano.
Soy culpable porque mi inconformidad, me lleva a actuar de la única manera que sé. Escribiendo y compartiendo con tres o cuatro lectores algunas ideas, que nos recuerden que la democracia, sí es cierta, emana, en teoría de nosotros. Jamás de ellos. La democracia somos nosotros, no el estado, no los partidos políticos y mucho menos los servidores públicos incluyendo al presidente.
Qué deberíamos tener la obligación de poder correr a los secretarios de estado o cualquier funcionario que nos mienta y quiera hacernos ver el traje nuevo del emperador. Qué podemos y estamos en nuestro derecho de cuestionar a todos los políticos hasta que las cosas nos queden claras. Que es nuestro derecho irrevocable vivir en las mejores condiciones todos y no un grupo de personas que ni siquiera trabaja todo el año.
Voy a intentar no volver a sonar iracundo, lo que si seguiré haciendo es gritar que el emperador va en cueros a pesar de que sus secretarios, senadores, diputados, gobernadores y sequitos de lectores de noticias quieran hacernos verlo ataviado de sedas y pieles.
Aunque pensándolo bien, para la forma en la que entendemos y ejercemos la democracia en el país, yo preferiría que esto fuera una monarquía absoluta, así por lo menos no nos quedaría otra que dedicarnos a trabajar y sacar el reino a flote. 

publicado en blureport.com.mx el 26 de junio de 2014
imagen: mexicomaxico.org