viernes, 13 de diciembre de 2013

La Letra con sangre entra.





Los resultados del Examen PISA 2012 son sólo una más de las vergüenzas del sistema educativo mexicano. Representan un reto para gobierno, sindicatos y particulares y la reforma educativa.

Armando Enríquez Vázquez

 En el pasado se utilizaba la frase La letra con sangre entra para justificar ciertos castigos físicos que los maestros utilizaban en los alumnos para ganar su atención e intentar de que aprendieran la lección. Hoy podría utilizarse como una metáfora necesaria para acelerar las acciones que autoridades y academia deben implementar para de manera introspectiva para asegurar el éxito de métodos educativos en los niños y jóvenes mexicanos, tanto en el sector público como en el privado. La sangre entendida no como represión, sino como un esfuerzo al máximo por acabar con los obstáculos burocráticos, sindicales y de corrupción que existen en el sector educativo.
La semana pasada se dieron a conocer los resultados del examen del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, PISA por sus siglas en inglés, a nivel mundial en 2012. Tristemente como en la mayoría de los estudios mundiales dados a conocer a lo largo de este año México reprobó de manera escandalosa, con peores resultados que países como Vietnam y Kazajistán. Los estudiantes mexicanos no saben de matemáticas, de ciencias y mucho menos saben o entienden que es leer, por eso a pesar de ser el país con más hispano hablantes nuestra industria editorial es una basura en comparación de la española o la argentina. Por eso a pesar de tener más de 110 millones de habitantes nuestro país no deja de ser una esperanza que jamás despega.
A pesar de los esfuerzos del gobierno federal de hacernos creer que una reforma educativa está en marcha, la realidad es clara, contundente y desalentadora. La reforma decretada este año, más allá de no proponer nada para mejorar la educación en el país, los autores y promotores de esta reforma se han limitado a negociar con un grupo disidentes de maestros que no están dispuestos a evolucionar, ni a mejorar y cuyo único objetivo se encuentra en afectar a la ciudadanía y de manera más directa a los estudiantes todo con tal de no soltar las prebendas y el sistema de inequidad que los sindicatos de nuestro país han forjado alrededor de personas incapaces de ver más allá de sus narices.
 ¿Cuántas generaciones de mexicanos están totalmente desperdiciadas porque desde tiempos de Salinas hasta el sexenio pasado el tema de la educación en México se limitó a satisfacer la ambición de líderes sindicales que prometían un número de votos en las elecciones, antes que a preocuparse por la educación? Innecesario ya hacer énfasis en Vicente Fox que en su vida ha abierto un libro, pero que se dedicó a consentir a Elba Esther Gordillo.
El problema de la educación, no es más que uno más de los que el país debe superar en esta encrucijada en la que nos encontramos. Pero es uno de los más importantes. ¿Cómo pretendemos ser un país emergente, si somos incapaces de generar a los mexicanos que darán sentido a la investigación científica? ¿No es absurdo que mientras el país es abrumado por una corrupción galopante y un analfabetismo tecnológico de una gran parte de los mexicanos, todos los espacios informativos dediquen tiempo a la banca de Mundial?
Lo peor es que a pesar de lo que muchos mexicanos piensen, la educación privada es igual de mala que la educación pública.
Será difícil mejorar sustancialmente si más allá de del decreto de la reforma no se establecen las leyes secundarias que aseguren un sistema educativo que propongan de manera clara las condiciones en que los maestros deban de llevar a cabo su labor educativa y si estas leyes no aseguran un futuro promisorio para los estudiantes. Además estas leyes deben contemplar las nuevas formas de educación y la validez que estas deben tener en un mundo donde los niños y jóvenes están más acostumbrados a la tecnología. Tal vez el aula de un futuro cercano no deba contemplar maestros sino monitores que ayuden a los estudiantes a aclarar dudas de una clase virtual.
 Es una vergüenza ser el último país en materia educativa de la OCDE y que en el inter las autoridades estén más preocupadas por validar los esfuerzos barbáricos de la CNTE en Oaxaca, por ejemplo.

publicado en blureport.com.mx el 9 de diciembre de 2013
imagen:dailymail.co.uk